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IRUYA: UNO CONTRA TRES (Guerra contra la Argentina)



Por: Jorge Abastoflor Frey / 11 de junio de 2019.

Es 11 de junio de 1838 y la población argentina de Iruya amanece en estado de completa agitación. Voces de mando se escuchan por todas partes, llamando a las armas a los soldados bolivianos. Una División argentina enviada por el General Alejandro Heredia al mando del Coronel Manuel Virto, se ha presentado sorpresivamente en el lugar donde se encuentra acantonada la “Columna del General” del Ejército boliviano del Sur.
El General Heredia, héroe de la Guerra de Independencia, Gobernador de la Provincia de Tucumán y Protector de las Provincias del Norte Argentino, es el Comandante en Jefe del Ejército Argentino del Norte y le ha sido encomendada por el Dictador Manuel Rosas, Gobernante de la Confederación Argentina, la misión de enfrentar a Bolivia. Rosas había ordenado:
“…penetrar hasta la capital de Bolivia y tener por nuestro derecho el cerro de Potosí” (Abecia)
Heredia tenía una estrategia brillante. El Comandante argentino sabe que el Ejército boliviano del Sur se ha debilitado, porque sus tropas más importantes han retornado al Perú o fueron licenciadas por orden del Mariscal Andrés de Santa Cruz, para atender la inminente llegada de la Segunda Expedición Restauradora Chileno Peruana, que venía a destruir la Confederación Boliviano Peruana. Sabiendo de este debilitamiento, Heredia decidió dividir su Ejército en dos Divisiones: Una División amagaría la ciudad de Tarija, lo que obligaría a los bolivianos a movilizar el grueso de su Ejército del Sur para defender aquella plaza; la otra División atacaría a la principal fuerza boliviana de ocupación en el norte argentino, que era la Columna del General.
Vencida la Columna del General, Heredia llevaría a cabo una maniobra de “tenazas” con las dos Divisiones a su mando, para destruir en un ataque conjunto al Ejército boliviano del Sur, en las inmediaciones de la ciudad de Tarija. ¡Todo está saliendo según lo planificado! Sólo se necesita que el Coronel Virto tenga éxito en su ataque sobre aquel caserío, en el fondo de la quebrada, donde se encuentra la fuerza boliviana.
En el bando boliviano, la Columna del General está comandada por el Coronel Timoteo Raña. Es una fuerza de élite, conformada por soldados veteranos, que mantenía la presencia y control boliviano sobre el norte argentino con gran efectividad. ¡Pero ahora es diferente! Cavila Timoteo Raña. El Comandante boliviano sabe que el día de hoy debían vérselas con una División argentina bien organizada y pertrechada. Además, las tropas bajo su mando, aunque eficaces, no habían recibido refuerzos ni se le habían repuesto las bajas sufridas ¿Habría mermado su capacidad de combate? Se preguntaba Raña…muy pronto se sabría.
Una rápida observación de las tropas argentinas, le permitió al Coronel Raña constatar que el enemigo formaba en su vanguardia más de 300 jinetes de la temible caballería gaucha. Pero había algo más. Se podía divisar un grupo de soldados que ostentaban un orden particular y vestían casacas rojas que le eran familiares. Le tomó algunos segundos recordar, pero finalmente Raña cayó en cuenta de lo que estaba viendo: ¡Eran Voltígeros de Colombia! Pero ¿Cómo es posible? Se pregunta Raña. Sólo podía haber una respuesta: debían ser aquellos soldados que se rebelaron contra Antonio José de Sucre el año 1827, cuando el Libertador gobernaba Bolivia. Buena parte de ellos escaparon hacia territorio argentino al verse descubiertos y ahora volvían a aparecer. (O’Connor)
El enemigo era ciertamente formidable. Y el Coronel Timoteo Raña era consciente de su enorme responsabilidad. Si la Columna del General era vencida, nada impediría que esta División argentina avance sobre la retaguardia del grueso del Ejército boliviano del Sur, comandado por Otto Felipe Braun. ¡La suerte del Ejército del Sur dependía del resultado en Iruya!
El Coronel Virto, sabiendo que tiene tres veces más efectivos que los bolivianos, lanzó sus tropas en un ataque general. La División argentina se descolgó por la ladera como una poderosa avalancha destinada a destruir todo a su paso.
Pero el Coronel Timoteo Raña no se arredra y en lugar de tomar posiciones defensivas, ordena a sus hombres posicionarse al pie de las elevaciones para abrir fuego contra las tropas argentinas que descienden inexorablemente. Los soldados bolivianos disciplinadamente apuntan hacia las alturas y abren fuego. Entonces sucede lo imposible: las sucesivas descargas bolivianas debilitan la fuerza del ataque inicial hasta hacerle perder su eficacia.
Ante la aproximación final de los atacantes argentinos, los combatientes bolivianos retroceden en orden hasta el caserío de Iruya. Lo que sigue es la lucha calle por calle al interior de la población, donde los bolivianos combaten durante nueve horas, sin descanso, contra un enemigo que les triplica en número.
Al cabo de las nueve horas, las diezmadas tropas argentinas se baten en retirada. La victoria, en definitiva, favorecía a las armas bolivianas.
Las noticias de la victoria viajaron rápidamente a lomo de caballo por el norte argentino y por toda Bolivia. La magnífica resistencia de los soldados bolivianos en Iruya y su triunfo final mereció que el Gobierno boliviano exprese su reconocimiento a los protagonistas de la acción de armas. La Patria agradecida confirió a los combatientes unas medallas de metal precioso que llevaban en el anverso la inscripción “Iruya” y en el reverso la frase:
“Uno contra tres”

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Fotografía de Iruya vía www.lagacetasalta.com.ar

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