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MONTENEGRO: EL ASCENSO A LA GLORIA (Guerra contra la Argentina)


Por: Jorge Abastoflor Frey / 24 de junio de 2019.

Es 24 de junio de 1838, las tropas argentinas se encuentran parapetadas en posiciones defensivas escalonadas en las alturas de Montenegro. Los soldados bolivianos han marchado sin descanso por más de 100 Kilómetros hasta alcanzar a los argentinos, pero ahora deben ascender por la escarpada elevación para combatir. No hay descanso para los bolivianos, la orden es ganar la cima a cualquier precio. Pero ¿Quedarían energías para este último esfuerzo?
En las pasadas horas, las tropas bolivianas habían llegado a marchas forzadas hasta el valle de San Luis (Entre Ríos). Los soldados están muy cansados, pero están ansiosos por entrar en combate con los argentinos. Sin embargo, a su llegada al lugar en que fue reportada la presencia argentina, descubren que los invasores…han desaparecido.
Inmediatamente, el General Otto Felipe Braun ordena que partan exploradores para descubrir dónde se encuentra el enemigo. Mientras tanto, el Comandante en Jefe del Ejército boliviano del Sur lleva a cabo una inspección de sus tropas. El cansancio es extremo. Este Ejército ha marchado ágilmente desde Tupiza hasta Tarija y desde allí hasta el Valle de San Luis, sin descanso.
El anunciado ataque sobre la ciudad de Tarija no se había concretado y el Ejército boliviano del Sur se movilizó para dar encuentro a los argentinos. La situación era propicia porque los números de las tropas bolivianas se habían recuperado gracias al incasable trabajo del Coronel Eustaquio “El Moto” Méndez, quien había logrado reunir en menos de 20 días a dos batallones completos, procedentes de las regiones de Chichas y Tarija. ¿Quién podría rehusarse a la convocatoria del legendario Comandante de la Guerra de Independencia?
Además, los combatientes bolivianos estaban animados por la resonante victoria boliviana en Iruya, donde la Columna de General, al mando del Coronel Timoteo Raña, venció a la División argentina comandada por el Coronel Manuel Virto. Las tropas de Braun también deseaban hacer su parte.
Pero el General argentino Gregorio Paz igualmente había sido informado de la derrota argentina en Iruya y ahora se enfrentaba a la seria posibilidad de que la División a su mando fuese aferrada por las tropas del General Otto Felipe Braun y envuelta por la victoriosa Columna del General. El General Paz optó por retirarse, antes de ver copadas sus fuerzas en territorio enemigo. De esa manera, los argentinos se dirigieron hacia el río Bermejo por la ruta de Santa Ana y Padcaya. El Comandante argentino esperaba que el terreno abrupto desanimara a los bolivianos de perseguirle, pero si decidían hacerlo de todos modos, el propio terreno se convertiría en su fortaleza. Además, serían inútiles las unidades bolivianas de caballería, y esos soldados tendrían que desmontar para poder luchar. ¡No vendrán! Pensaba Paz. Pero si se arriesgan a venir ¡Mataremos a los que no hayan sucumbido al agotamiento!
El General Braun estaba empeñado en dar alcance a las tropas argentinas. Braun sabe que los argentinos, dentro de su propio territorio, se desvanecerían entre los cientos de caminos de herradura, sólo para reagruparse y volver a atacar, cuando las circunstancias les fueran propicias. Así había sucedido después de la victoria boliviana en Humahuaca. Y volvería a pasar, si esta División argentina no era destruida. Además, nadie podría garantizar que el éxito de convocatoria que había tenido “El Moto” Méndez podía repetirse.
Braun está absorto en sus disquisiciones estratégicas cuando se produce el retorno de los exploradores que había enviado. ¡Los argentinos fueron encontrados! Pero su repliegue los ha alejado 20 leguas (100 Kilómetros) del lugar en que se encuentran las tropas bolivianas. Braun observa sus tropas y sabe que la mayoría están exhaustos debido a las marchas forzadas. Debe tomar una decisión.
Entonces, Braun ordena que se conforme una columna compuesta por 471 infantes, los Escuadrones de Caballería “Coraceros” y “Dragones” y 25 jinetes de la Guardia Nacional. Este contingente debía continuar la persecución de la División argentina en el acto.
La marcha se hizo vertiginosamente y los elementos fueron crueles con la tropa boliviana. Muchos soldados se desplomaron exánimes por el esfuerzo. Algunos de ellos ya no se levantarían nunca más. Pero el sacrificio valió la pena. Las fuerzas bolivianas llegaron al río Bermejo, encontrando a los argentinos atrincherados en las alturas de Montenegro, en posiciones defensivas escalonadas que se extendían por cinco leguas (25 Kilómetros).
Dichas posiciones se hacían formidables debido a lo escarpado del terreno y la vegetación de la zona. Braun ordenó que la caballería desmonte y se una a la infantería. El Comandante boliviano desplegó una fuerza principal, que atacaría frontalmente los reductos defensivos argentinos, mientras que un puñado de combatientes escogidos, al mando del Coronel Francisco Burdett O’Connor, envolvía eficazmente al enemigo por el flanco derecho. Una a una debieron ser batidas todas las posiciones.
Sin embargo, la última línea argentina se sostenía firmemente con un gran número de infantes, apoyados por caballería. Para vencer esta última resistencia, el Coronel Sebastián Ágreda ideó una estratagema. Ágreda ordenó que sus soldados se quiten su capote y su kepí [gorra], para colgarlos en los arbustos de la zona y así simular una presencia estática de los soldados bolivianos. Entonces, con una parte de sus hombres, rodeó la línea argentina para caer sobre su retaguardia. La sorpresa de la maniobra ocasionó el desbande definitivo de los argentinos.
A pesar del cansancio, los soldados bolivianos persiguieron a los argentinos implacablemente hasta el río Cuyambuyo. La victoria boliviana fue total y el Ejército Argentino del Norte no se recuperaría de esta derrota. Bolivia había ganado la guerra contra la Confederación Argentina.
Marchas forzadas desde Tupiza hasta Tarija, después 20 leguas (100 Kilómetros) de persecución de la División argentina, y finalmente dar batalla por 8 leguas más (40 kilómetros) hasta conseguir la victoria (Braun). El General Otto Felipe Braun, victorioso, no dejaba de admirarse y de preguntarse íntimamente ¿Cuán asombrado estaría Filípides, que corrió 40 Kilómetros para dar la noticia de la victoria griega en Maratón, para luego morir?
Caía la noche en el campo de batalla, pero la gloria boliviana alcanzaba su zenit. Tres Ejércitos bolivianos controlaban todo el territorio que se encontraba entre las nacientes del río Amazonas y el Chaco Austral; entre las costas del Océano Pacífico y las riberas el río Paraguay. Bolivia dominaba en un espacio que era del tamaño del Imperio Romano durante el reinado de Diocleciano.
Nunca tanto había sido pacificado por tan pocos.

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