LA PENDENCIERA NOTIFICACIÓN DE KÖNIG DIRIGIDA AL GOBIERNO DE BOLIVIA


Fuente: Revista Nuevos Horizontes / El Diario, 14 de Marzo de 2017. 

ABRAHAM KÖNIG VELÁSQUEZ

Energúmeno chileno, ministro plenipotenciario de su país en La Paz. El 13 de agosto del año 1900 envió una Nota al Ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia que pinta de cuerpo entero la actitud matonesca de Chile para quedarse con el litoral robado a Bolivia en la Guerra del Salitre.
El 13 de agosto del año 1900, el embajador chileno en La Paz –un bravucón llamado Abraham König Velásquez− envió al Ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia Eliodoro Villazón una matonesca Nota conteniendo “las bases definitivas de paz con Bolivia” aceptables para el Gobierno chileno (König 1900, XXVII). Según el embajador, “las bases propuestas por Chile (eran) equitativas, las únicas compatibles con la situación actual… Deben ser considera-das no sólo como equitativas sino como generosas… Sería una verdadera desgracia que el Congreso Boliviano pensara de distinta manera” (König 1900, XXXIX).
Efectuaremos algunos comentarios sobre la comunicación cursada por König, la misma que Ud. puede leer en toda su extensión al final de este artículo.

CONTENIDO DE LA NOTA DE KONIG

Con el mayor cinismo, la Nota se refirió al “antiguo litoral boliviano” –ese mismo que desde 1842 Chile “reivindicó”– precisando König que “es y será para siempre de Chile” (König 1900, XXVIII). Es interesante anotar que duran-te cuatro décadas Chile se negó a aceptar la soberanía de Bolivia sobre el litoral al norte del paralelo 25. Sin embargo, tras ocupar por la fuerza de las armas dicho territorio, no tuvo inconveniente en denominarlo como el “antiguo litoral boliviano”. Al describir el trueque que quería efectuar Chile a cambio de “la cesión definitiva del litoral boliviano” (König 1900, XXVIII), el ministro sureño repitió en diez oportunidades el reconocimiento de Chile sobre la propiedad boliviana del litoral robado en 1879.
La Nota de König especificó a continuación las obligaciones que asumiría el Gobierno de Chile, destacando entre ellas la inversión de cinco millones de pesos en la construcción de un ferrocarril, la designación del puerto chileno que adquiriría el carácter de puerto franco y que serviría de punto de partida de dicho ferrocarril, y otras concesiones de carácter financiero.
El Gobierno boliviano respondió a las pretensiones chilenas y solicitó que en el posible tratado de paz constara la siguiente cláusula de salida soberana al mar:
“El Gobierno de Chile se obliga a ceder a Bolivia, de sus posesiones de la costa del Pacífico, el dominio perpetuo de una zona de territorio que comprenda uno de los puertos actual-mente conocidos, la cual zona, situada al norte de aquellas posesiones, se extenderá hasta la frontera boliviana” (König 1900, XXX).
Ante la propuesta boliviana, König respondió que se trataba de “una exigencia doblemente difícil y casi imposible de cumplir”. Repuso que desde las conferencias de 1884 entre Bolivia y Chile “quedo convenido… que una salida al Pacifico que produjera una solución de continuidad en el mismo territorio chileno, es inaceptable por su propia naturaleza” (König 1900, XXXII). Por supuesto, en la expresión anterior puede notarse la contradicción chilena que ya consideraba el litoral boliviano como territorio propio e indivisible, a pesar que recién se le cedería como consecuencia del tratado de paz sobre el que versaba la negociación.
König continuó perorando acerca de la posibilidad que Chile pudiera transferir Tacna y Arica a Bolivia, eventualidad que descartó excusándose que en ese momento aún no se había definido la soberanía sobre tales provincias. Además, adelantó que “Bolivia no debe contar con la transferencia de Tacna y Arica, aunque el plebiscito sea favorable a Chile… Chile no acepta la cesión de la zona y del puerto pedidos por Bolivia… No hay puerto que ceder” (König 1900, XXXV).
Tras definir la posición de Chile como ladrón territorial, el guapetón König se enfrascó en una majadera explicación del porqué Bolivia no necesitaba un puerto en el Pacífico. Según él, esto era así debido a que Chile garantizaba a Bolivia “libertad e independencia para sus comunicaciones de todo género”. Escribió el embajador sureño:
“Cabe preguntar aquí, señor Ministro, si Bolivia tiene necesidad imprescindible de un puerto en el Pacífico. Me atrevo a dar una respuesta negativa… Un puerto propio no añadiría nada al comercio ni al poder de Bolivia” (König 1900, XXXVI - XXXVII).
Y para refrendar sus palabras, König recordó que su país podía acudir al uso de la violencia, conducta seguida usualmente por la clase gobernante chilena en sus relaciones internacionales. Aplicando el lema chileno que cuando no se tiene la razón se debe usar la fuerza, el matón König explicó con claridad:
“En tiempo de guerra, las fuer-zas de Chile se apoderarían del único puerto boliviano con la misma facilidad con que ocuparon todos los puertos del litoral de Bolivia en 1879… Esto no es un vano orgullo, porque sabido es de todos los que conocen los recursos de mi país que su poder ofensivo se ha centuplicado en los últimos veinte años” (König 1900, XXXVII - XXXVIII).

EL LADRÓN DICE QUE NO DEVOLVERÁ LO ROBADO

Tras aceptar implícitamente que Chile había utilizado parte de los recursos del salitre arrebatados a Perú y Bolivia para continuar su carrera armamentista y defender el territorio y propiedades robados en 1879, König llegó al final de su supuesta Nota “diplomática”. Es aquí donde König respondió con la mayor prepotencia y sinverguencería el pedido boliviano de salida soberana al mar. Escribió König las siguientes infames pala-bras:
“Es un error muy esparcido y que se repite diariamente en la prensa y en la calle, el afirmar que Bolivia tiene derecho de exigir un puerto en compensación de su Litoral.
No hay tal cosa. Chile ha ocupado el Litoral y se ha apoderado de él con el mismo título con que Alemania anexó al imperio la Alsacia y la Lorena, con el mismo título que los Estados Unidos de la América del Norte han toma-do a Puerto Rico. Nuestros derechos nacen de la victo-ria, la ley suprema de las naciones.
Que el Litoral es rico y que vale muchos millones, eso ya lo sabíamos. Lo guardamos porque vale; que si nada valiera, no habría interés en su conservación.
Terminada la guerra, la nación vencedora impone sus condiciones y exige el pago de los gastos ocasionados. Bolivia fue vencida, no tenía con qué pagar y entregó el Litoral.
Esta entrega es indefinida, por tiempo indefinido; así lo dice el Pacto de Tregua: fue una entrega absoluta, incondicional, perpetua.
En consecuencia, Chile no debe nada, no está obligado a nada, mucho menos a la cesión de una zona de terreno y de un puerto” (König 1900, XXXIX - XL).
Por supuesto, desde tiempo atrás la His-toria ha afecta-do la validez de los ejemplos sugeridos por König: tras la Primera Guerra Mundial, Alsacia y Lorena volvieron a con-formar parte de Francia, y en cuanto a Puerto Rico, si bien aún no tiene el carácter de nación independiente, al menos ha ad-quirido un status especial como Estado Libre Asociado de Estados Unidos.

LAS CONTRADICCIONES CHILENAS EN LA NOTA DE KÖNIG

El documento chileno incluye algunas contradicciones que deben hacerse notar:
1. König (1900, XXXI) indica en la Nota que su “gobierno está animado de los mejores propósitos”. Sin embargo, más adelante reconoce que “aún en el caso de que mi país deseara vehementemente dar cumpli-miento a las aspiraciones de Bolivia (de salida soberana al mar), no sabría cómo realizarlas” (König 1900, XXXVI).
Puede obtenerse la conclusión que Chile estaba animado de los mejores propósitos, pero obviamente no en relación a Bolivia, sino con respecto a los empresarios ingleses y chilenos que se apoderaron de las salitre-ras y territorios robados a Bolivia y Perú desde 1879.
2. Tratando de enaltecer las intenciones chilenas reflejadas en los tratados firmados con Bolivia en 1895, König reconoce que ese año Chile estaba dispuesto a “conceder (a Bolivia) lo más rico de las provincias de Tacna y Arica” (König 1900, XXXIV). Sin embargo, escribiendo cinco años después de suscritos dichos instrumentos interna-cionales, el matón sureño informa que “el pueblo chileno, tiene sobre Tacna y Arica ideas uniformes muy distintas de las que manifestó públicamente en mayo de 1895” (König 1900, XXXVI). Por ello, califica a los tratados y protocolos de 1895 como “pactos prematuros, muertos antes de nacer” (König 1900, XXXIV).
Se concluye, por tanto, que para Chile es normal desconocer lo convenido en un trata-do o protocolo internacional en los casos en que el pueblo “cambia de ideas” con respec-to a dichos compromisos. Cuando esto suce-de, los tratados se convierten en prematu-ros, muertos antes de nacer. ¿Qué les pa- rece, mis estimados lectores? Hoy, aplican-do la lógica del ministro chileno, Bolivia podría decir exactamente lo mismo sobre el Tratado de Paz de 1904. Sin duda, intere-sante postulado el de la relatividad de los tratados desarrollado por el cowboy chileno König...
3. König afirma que lo que Bolivia está pidiendo es “una angosta faja de territorio estéril y un puerto enclavado en ella”. Chile no puede acceder a ello, por lo que el “di-plomático” sureño pregunta si vale la pena para Bolivia –por esta negativa– arriesgar “la buena y perpetua amistad de Chile” (König 1900, XXXVIII).
Más bien, la pregunta habría que plan-teársela a Chile. ¿Vale la pena para Chile arriesgar “la buena y perpetua amistad de Bolivia” sólo por no concederle “una angosta faja de territorio estéril y un puerto encla-vado en ella”? ¿Cómo respondería el lector esta interrogante?

EL CINISMO DE LA OLIGARQUÍA CHILENA

Tras revisar la Nota del matón Abraham König Velásquez puede apreciarse la ma-nera cínica cómo procedieron los gobernan-tes chilenos a comienzos del siglo XX bus-cando oficializar el robo del litoral boliviano. Ésa es también su manera de maniobrar el día de hoy.
Por eso, es indignante ver cómo la propa-ganda chilena a hecho circular la versión que las negociaciones entre Chile y Bolivia que condujeron al Tratado de Paz de 1904 fueron fraternales y sólidas, y que dicho Tratado no fue forzado ni impuesto a Bolivia por amenaza. Para echar al cesto de basura semejantes slogans publicitarios chilenos, baste recordar las “amistosas” palabras del matón König comunicadas al Gobierno de Bolivia en el año 1900:
“En tiempo de guerra, las fuerzas de Chile se apoderarían del único puerto boliviano con la misma facilidad con que ocuparon todos los puertos del litoral de Bolivia en 1879… Esto no es un vano orgullo, porque sabido es de todos los que conocen los recursos de mi país que su poder ofensivo se ha centuplicado en los últimos veinte años” (König 1900, XXXVII - XXXVIII).
Así de “fraternal” y “amistosa” era la oligar-quía chilena con Bolivia en el año 1900 y también lo es hoy. El “diplomático” König era de los que proclamaba a los cuatro vientos su des-precio por Bolivia, llamándola “Bolivia país salvaje”, “Bolivia país inválido”, “Bolivia Estado inconcluso”, y “Bolivia proyecto no consolida-do”, entre otras bellezas. König también califi-caba su conformación como nación indepen-diente como “el absurdo de la creación de Bolivia”. Constantemente, similares adjetivacio-nes son utilizadas contra Bolivia por la propa-ganda política de la oligarquía chilena.

OBRAS CITADAS
König Velásquez, Abraham. 1900. Nota del Plenipo-tenciario de Chile. En Donato Lanza y L. La política boliviana y las pretensiones de Chile, pp. XXVII-XL.
Lanza y L., Donato. 1901. La política boliviana y las pretensiones de Chile. La Paz: Imprenta y Litografía Paceña.
Petite Collection Américaine. 1919. Frases chile-nas. París, pp. 40-41.
Ilustración: Revista Argentina Caras y caretas 1900. / Caricatura ironizando la prepotencia chilena de esos años.
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