DOS CARTAS DEL GENERAL ELIODORO CAMACHO A SU ESPOSA


Tacna, diciembre 25 de 1879

Amada hija:

Hacen ya algunos correos que no tengo carta tuya, por lo cual no te culpo pues estoy cierto que andan extraviadas las amorosas que me has dirigido desde tu palacio encantado.
El General Daza ha resuelto regresar a Bolivia con su ejército de línea a castigar a sus enemigos que le hacen revolución. Los de la guardia nacional nos hallamos en los mayores conflictos sin saber cómo evitarle a la patria ese flagelo que acabaría por victimarla después de tantas plagas que han pesado sobre ella. Que Dios nos inspire lo mejor que convenga a los intereses de Bolivia y el honor de su ejército.
El General Piérola ha asumido la presidencia del Perú desde el 22 de éste. Me escribe muy satisfactoriamente delirando con la confederación grandemente. Si perdiéramos esta oportunidad, pasaría para Bolivia, quizá para siempre, la única ocasión en que puede ser grande y feliz.
Esta proporción puede romper Daza, llevándose su ejército a La Paz.
Tu compadre G. Flor te manda muchos recuerdos lo mismo que su señora. Está aquel de triunfo porque es el único del ejército boliviano que ha concurrido a la batalla de Tarapacá donde su batallón se ha portado con denuedo. 

Te abraza tu
Eliodoro.

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Tacna, marzo 7 de 1880

Amada hijita mía

Mucho placer me ha causado tus cartas de 15 y 20 del mes pasado que me han llegado en este correo.
Si la primera es lisonjera por la agradable impresión que te causó mi Manifiesto, la otra me ha llenado de satisfacción por la elevación de tus apreciaciones y la corrección del lenguaje. Así debieras escribirme siempre y hasta el compadre que la ha leído se ha quedado maravillado de tu talento e instrucción, sin echar de menos la "fluidez".
Háblame frecuentemente el lenguaje de aquéllas. Ya en el día, la mujer tiene algo más que zurcir medias; tiene que pensar en su patria y enseñar a sus hijos a adorarla. Nada importa que el caduco atraso de nuestros abuelos que se perpetúa entre gente que se llama joven, se ocupe en censurar con acritud ese movimiento de adelanto en la sociedades, hay que compadecer a esos infelices, despreciarlos y pasar adelante.
En comprobante de lo que te digo, te mando esa carta que no tiene por qué inspirarte celos (pues no van otras que te pondrían colorada) y verás qué lindo es que una mujer se levante sobre las trapisondas de la ropa y menestras de la despensa para ocuparse de la cosa pública, recordando que es un ser tan racional y tan completo como el hombre mismo.

Eliodoro.
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La Patria de Oruro, 15 de marzo de 2015, Cultural El Duende.
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Para más historias: Historias de Bolivia.

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