BALLIVIÁN, 6 DE AGOSTO DE 1934. (GUERRA DEL CHACO)



“Sigue el bombardeo, cada vez más recio y más monstruoso. Un estruendo de cataclismo llena el espacio y hay en el alba un negro horror de apocalipsis. Surge en nosotros la idea de que se libra una gran batalla. Francamente yo tengo miedo, y aseguro que mis camaradas también. Pero nadie dice una palabra, todos permanecemos in­móviles en nuestras camas. No tardamos en comprender que sólo se trata de unas salvas con que nuestro ejército saluda al clásico Seis de Agosto. Ha cesado el bombardeo. Ahora comienza un crepitar furioso de ametralladoras y de fusi­les. Esto dura poco. Se restablece la calma. Una banda de música ataca una alegre diana y muchas ametralladoras y muchos fusiles perforan nuestros oídos co­mo las agujas de innumerables máquinas de coser. Es que todos los soldados que hay en Ballivián saludan también al alba de este día de las glorias nacionales. Bien sabemos que se festeja el Seis de Agosto. Pero queda en nosotros la impresión del bombardeo con sus con­tornos de tragedia y de muerte”.

(REPETE—JESUS LARA Diario de un hombre que fue a la Guerra del Chaco) ©cortegosky

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