LOS LÍDERES DE LA REVOLUCIÓN NACIONAL


Artículo publicado en La H Parlante el 13 de abril de 2020.

El Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) fue fundado en 1941. A la cita concurrieron 12 hombres. Muchos de los integrantes de esa lista cayeron en el olvido, a pesar de haber hecho aportes memorables al proceso de cambios detonado en 1952. Hay que ir conociendo un poco de todos. 
Los más destacados, sin embargo, resultaron ser cuatro (foto): Walter Guevara, Víctor Paz Estenssoro, Juan Lechín Oquendo y Hernán Siles Zuazo. 
Cada uno de ellos merece una biografía completa, una mirada profunda desde una perspectiva más distante y equilibrada. Paz, Lechín y Siles las tienen (aunque no gusten), Guevara, hasta donde sabemos, no. Una comparación entre sus personalidades también sería fascinante. Estos hombres aprendieron a quererse primero y a odiarse más tarde. 
Paz fue nombrado jefe del partido en los primeros años. El subjefe fue en principio Rafael Otazo, pero finalmente fue Siles quien se quedó con el puesto. Lechín asentó su fuerza en la Federación de Mineros y de ahí, en la COB. Guevara en cambio fue el primero en organizar su propio partido y disputar el liderazgo con Paz. 
Aún cuesta definir mejor sus rasgos. Paz fue un frío pragmático, un hombre sin grandes remilgos morales, capaz de todo y al mismo tiempo, un gran calculador. Siles fue exactamente lo contrario, un espartano, un asceta, un cerebro de la conspiración y un maestro de la logística. El dueño del aparato partidario. 
Mientras Paz era solo cerebro, Siles parecía ser solo corazón. El primero manejaba piezas en un tablero, el segundo, cuidaba las amistades y nunca hablaba de sí mismo. 
Guevara fue el más formado de todos, un intelectual y un cosmopolita, ideal para dirigir la cancillería. Siempre luchó por implantar sus ideas, un cuerpo de pensamiento sólido, apoyado muchas veces por el marxismo. Aunque se pensaba que era la derecha del MNR, otros aseguran que era un pirista doctrinal, no en vano, cochabambino. 
¿Y Lechín?  Un picaflor, como diría su hijo. El líder sindical era un maestro de las relaciones humanas. Fue la persona que siempre debes invitar a una cena si quieres que todo el mundo salga contento. Lechín era un torbellino de simpatía y un perfecto seductor entre las damas. Ahí también residió su debilidad. Era indisciplinado y hedonista. 
Es posible que todo directorio revolucionario requiera del concurso de estos cuatro modos de ser. Es posible que si uno de ellos faltara, las cosas no funcionarían. 
¿A quién más añadir en esta lista?  ¿A Ñuflo Chávez, el líder agrario y ariete de la izquierda del MNR?, ¿al siempre leal Federico Álvarez Plata?, ¿al enigmático José Cuadros Quiroga?, ¿al Chueco Céspedes?, ¿al recordado Montenegro? 
 Cuesta creer que Bolivia haya necesitado a un Herbert Klein para conocer los orígenes de la Revolución y no tenga realmente a nadie que indague sobre su desarrollo y declive.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Con la tecnología de Blogger.