CLAUDIO SAN ROMÁN UTILIZABA SU CASA PARA TORTURAR OPOSITORES


Por: Tomas Molina Céspedes // Artículo publicado el 15 de mayo de 2015.

LA CASA DE FRANKENSTEIN
 
Nuestra triste historia política está llena de páginas de sangre y dolor. En estas tierras del Alto Perú hubo tiempos en los que era delito pensar diferente a los amos de turno en el poder. El opositor no era un adversario, sino un enemigo y, consiguientemente, era tratado como tal. Para vergüenza de nuestro país, tuvimos campos de concentración en los lugares más inhóspitos del país, donde se torturó y masacró a una juventud idealista que, con los sueños propios de su edad,  luchaba por una Bolivia mejor. En esos penosos años un tenebroso personaje, CLAUDIO SAN ROMÁN, brillaba por su maldad y crueldad con los opositores. La sola mención de su nombre helaba el cuerpo. El 4 de noviembre de 1964, cuando cayó el régimen que lo protegía, el pueblo asaltó su casa, encontrando con estupor en los sótanos del inmueble celdas lóbregas, estrechas y sin ventilación   con instrumentos de tortura, donde se sometía a verdadero suplicio a los opositores. Era tal la crueldad de San Román, que sin respetar su hogar, se llevaba trabajo a casa. Y, en las noches, mientras su esposa e hijos dormían, el verdugo sometía a verdadero suplicio a sus víctimas. Para que nunca más se repitan estos hechos, vale la pena recordarlos, por eso me permito ofrecerles la crónica de un periodista que visitó esa mansión maldita al día siguiente de su asalto y destrucción.

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