15 DE ENERO 1871, MELGAREJO HUYE DEL PAÍS



 —15 de enero 1871— 

— El Gral. Mariano Melgarejo ataca las barricadas de la ciudad de La Paz organizadas por el Presidente Agustín Morales. Después de un sangriento combate, Melgarejo es derrotado y huye hacia el Perú disfrazado de campesino —


— Al cerrar la noche del 15 de enero de 1871, cuando la ciudad de La Paz ardía casi, el general Melgarejo emprendió su fuga, 

viéndose ya perdido del todo. Al llegar al Alto, cambió su caballo con el del general Valencia, lo que dio lugar a que la indiada 

sublevada, que hizo terrible carnicería esa noche entre los derrotados y prófugos, tomara al general Valencia por Melgarejo y le matara en el camino. Se apoderó luego del hermoso caballo chileno de éste, el "Holofermes", y le cortó las orejas, ya que no podía cortárselas a su dueño, que escapó y tomó ruta del Desaguadero.

— Mientras el pueblo de La Paz celebraba con extraordinario júbilo su espléndida victoria, el general Melgarejo, ese gobernante que durante seis años había ejercido un poder onmímodo y absoluto sobre Bolivia, tomaba el camino de la proscripción, tan pobre como el día en que, seis años antes, en Cochabamba, se había apoderado de la suprema Magistratura.

— Melgarejo no era hombre de guardar un centavo en su poder, carácter franco, abierto, generoso, botarate y derrochador, cuanto dinero percibió en su época de gobierno, lo derrochó entonces, con toda esa generosidad y ese despilfarro que acostumbraba desde su juventud, desde la clase de soldado raso. Rumboso y desprendido, verdadero soldado, despreciaba el dinero y tan pronto llegaba a sus manos, lo gastaba en sus caridades, en sus amigos y en sus diversiones, satisfaciendo rara vez sus propias necesidades.

— Melgarejo se dirigió a la bella y hospitalaria ciudad de Tacna, de donde, poco tiempo después, se fue a Chile, cuyo gobierno lo trató con las mayores consideraciones y le hizo abonar en el día los sueldos correspondientes a su alta clase de general de división del ejército chileno.

— Pudo entonces siquiera haber ahorrado algo; mas no lo hizo así, y se preocupó de buscar armamentos para un golpe  revolucionario que aun creía poder dar otra vez en su patria, donde, si tenía muchísimos enemigos, no dejaba de contar con algunos partidarios fieles y decididos.

— Sin embargo de tener algunas esperanzas al respecto, el general Melgarejo no era ya, por estos días, el hombre fuerte, alegre, de ameno trato, de sus buenos tiempos. Poseído de la doble y amarga nostalgia de la patria y del poder, su carácter se tornó más serio meditabundo y melancólico.

— Le hacían falta los aires de la patria, las presiones de un poder omnímodo, los acordes de sus clarines de guerra y las músicas marciales de su invencible ejército y los cariños de la mujer que tanto había amado doña Juana Sánchez, que, ya, separada de él, vivía entonces en Lima.

¡Que pensamientos cruzarían por la mente de ese hombre extraordinario, una tarde que, ante el sol poniente, en la bahía de  Valparaíso, se le vio solitario y triste, contemplando el vaivén de las olas y la majestad del mar, grande como sus ambiciones, amargo como sus desengaños y profundo como sus pasiones!

— Después de corto tiempo de permanencia en Chile, Melgarejo volvió al Perú y se dirigió a Lima, donde entró en pleito con la 

familia Sánchez por cuestiones de intereses. (Dichos y Hechos del Gral. Melgarejo - T. O`Connor D`Arlach).

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