PERSECUCIÓN POLÍTICA EN DICTADURAS MILITARES (1964-1982)

 

Los dictadores, Barrientos y Ovando.

Por: JULIO PEÑALOZA BRETEL / Publicado en La Razón el 25 de octubre de 2020.

Con René Barrientos Ortuño se inicia la era de las dictaduras militares en la República de Bolivia en 1964. Militar reconocido por su liderazgo natural en el seno de las Fuerzas Armadas, perteneció al ala de oficiales que profesaban simpatía por el Movimiento Nacionalista Revolucionario  (MNR) y el  hecho de haber sido vicepresidente de Víctor Paz Estenssoro marca con absoluta claridad la sociedad política civil-militar que habría de consolidar más tarde el líder emenerrista con quien fuera Ministro de Educación del gobierno de Barrientos, el entonces coronel Hugo Banzer Suárez.

Las biografías resumidas con marca Wikipedia, dicen que Barrientos nació en Tarata, Cochabamba, el 30 de mayo de 1919. Hizo sus estudios primarios en su pueblo natal para luego ingresar al convento de su pueblo, pero dejaría muy pronto los hábitos ya que sus gustos personales no coincidían con los de monje.

En 1938, con 19 años de edad, después de una discusión con el sacerdote superior del convento, Barrientos decidió abandonarlo con la idea de dedicarse a la carrera militar, viajando para ello a la ciudad de La Paz para ingresar al Colegio Militar del Ejército, de donde egresó como subteniente en 1943. Después realizó también estudios en la Escuela Militar de Aviación Boquerón (actualmente denominada Colegio Militar de Aviación). En 1945 estudió como piloto en los Estados Unidos de América, hecho que ya vislumbraba con toda claridad su relación de afinidad con las administraciones gubernamentales y militares imperiales.

Durante el gobierno del presidente Mamerto Urriolagoitia Harriague, Barrientos participó en la guerra civil de 1949 a favor del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), motivo por el cual fue dado de baja de las Fuerzas Armadas de la Nación. Tres años después, en 1952, fue reincorporado con el grado de capitán. Al crearse la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) como nueva rama del Ejército boliviano en 1957, siendo ya general, Barrientos fue nombrado comandante en jefe de la Fuerza Aérea de Bolivia.

Fue elegido vicepresidente de Bolivia acompañando al presidente Víctor Paz Estenssoro en su tercer gobierno, cargo del que se posesionó el 6 de agosto de 1964. En la huelga nacional del 29 al 31 de octubre, el vicepresidente Barrientos se encargó personalmente de reprimir a los obreros y mineros, y tres días después, el 4 de noviembre de 1964, perpetró el golpe de Estado que significaría traición a quien lo llevara del brazo a la candidatura vicepresidencial.

Barrientos se autonombró presidente de la Junta Militar (1964-1965), al año siguiente (1965) tuvo que aceptar un copresidente, el Gral. Alfredo Ovando Candía. En 1966, Barrientos fue elegido presidente constitucional, imprimiéndole a su gobierno un sello de desarrollismo económico. Favoreció a los campesinos y se enfrentó contra los obreros y mineros. En 1967 promulgó una nueva Constitución Política del Estado, que estuvo vigente durante 42 años, hasta 2009, cuando fue cambiada durante el primer gobierno del presidente Evo Morales Ayma a través de una Asamblea Constituyente.

El 7 de noviembre de 1966, se inició la guerrilla comandada por Ernesto Che Guevara. En marzo de 1967, casi medio año después de su llegada, el Che y su grupo tuvieron el primer choque con el Ejército boliviano en Ñancahuazú, en el departamento de Santa Cruz. René Barrientos y el jefe de Estado Mayor, Alfredo Ovando Candia, dedicaron todos sus recursos a aplastar al comandante Che Guevara. Contrariamente a lo que él esperaba, Guevara no recibió la ayuda del campesinado boliviano; por el contrario, estos daban un apoyo total a Barrientos.

En abril de 1967 fue capturado Regis Debray, intelectual francés socialista, amigo del Che; en octubre cayeron, fueron apresados o huyeron dispersos los últimos guerrilleros sobrevivientes; el Che, herido en combate, fue asesinado horas después en la escuelita de La Higuera, el 9 de octubre de 1967.

Durante su gobierno, Barrientos nombró al criminal de guerra nazi de la segunda guerra mundial Klaus Barbie —el Carnicero de Lyon— que se cambió el nombre en Bolivia a Klaus Altmann, presidente de la Sociedad Naviera del Estado (Transmarítima), que en la época contaba con un solo barco y que, según informaciones reservadas, se dedicaba al comercio internacional ilegal de armas. Barbie también fue nombrado por Barrientos asesor de los Servicios de Inteligencia de Bolivia. Particularmente elevado fue el número de víctimas durante su dictadura. Según Amnistía Internacional, solo entre 1966 y 1968 se ejecutaron varios asesinatos por parte de los escuadrones de la muerte. Incluida también la llamada Masacre de San Juan de 1967, en la que miembros del Ejército de Bolivia atacaron a la población de los centros mineros de Catavi y Siglo XX.

Cabe destacar que René Barrientos, llamado El General del Pueblo en un panegírico biográfico escrito por Fernando Diez de Medina, tuvo un amplio apoyo popular campesino; sin embargo, las distintas versiones biográficas de su trayectoria coinciden en afirmar que poco es lo que hizo durante su período, pues se dedicó más a la política y a trasladarse semanalmente a todos los distritos del país y especialmente en el departamento de Cochabamba, constituyéndose de esta manera en uno de los pocos presidentes que viajó a todos los departamentos del país.

Precisamente en uno de esos viajes, que le alejaba de la sede de gobierno, sufrió el accidente que habría de costarle la vida (según rumores nunca confirmados, un atentado). El 27 de abril de 1969, Barrientos había visitado el pueblo de Arque y cuando su helicóptero levantaba vuelo para retornar a la ciudad de Cochabamba, éste impactó con unos cables de postes de alta tensión, cayendo la nave a tierra e incendiándose inmediatamente. Barrientos llegó a fallecer en el accidente, así como su edecán de servicio y el piloto. Hasta la fecha no se ha despejado el rumor de que no se trató de un accidente, ya que otra versión afirmaba que la caída del helicóptero había sido provocada intencionadamente.

Inmediatamente después de la muerte de Barrientos, su vicepresidente Luis Adolfo Siles Salinas se hizo cargo de la presidencia de Bolivia, meses más tarde derrocado por el Gral. Alfredo Ovando Candia. El entierro de René Barrientos fue apoteósico, quizá muy comparable y similar al entierro ocurrido 104 años antes con el expresidente Manuel Isidoro Belzu, en 1865.

Principalmente Barrientos, Banzer y García Meza establecieron una línea de continuidad gubernamental autoritaria, apegada a las directrices establecidas desde el Departamento de Estado y el Pentágono estadounidenses. Convendría establecer analíticamente las ligazones que estos militares establecieron con partidos políticos con los que cogobernaron, pero que fueron fieles a una visión de país excluyente con fuerte vocación represiva contra las expresiones políticas y sindicales progresistas de izquierda, principalmente en sociedad con el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), la Falange Socialista Boliviana (FSB) y más adelante —con el Banzer democratizado— con el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). “Los políticos bolivianos tocaban las puertas de los cuarteles” era una frase muy extendida para caracterizar la relación entre militares y partidos políticos, aspecto que fue nítidamente evidenciado con un desprendimiento del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) que coauspicio la Masacre de Todos Santos (1979), golpe de Estado asestado por el que fuera ministro de Asuntos Campesinos y Agropecuarios de la dictadura banzerista, Gral. Alberto Natusch Busch.

A estos que gobernaron Bolivia durante cuatro décadas, entre Revolución Nacional, dictaduras militares y períodos democráticos formales los cubrieron distintos mantos de impunidad procurados por actores políticos de la época. El único que se atrevió a intentar impugnar histórica y políticamente esa impunidad fue Marcelo Quiroga Santa Cruz, jefe del Partido Socialista – 1, con una proposición acusatoria de un juicio de responsabilidades contra la dictadura banzerista en el parlamento nacional en 1979, osadía que un año más tarde le costaría la vida en las instalaciones de la Central Obrera Boliviana (COB), cuando un grupúsculo de paramilitares lo abatió con metralletas en mano (17 de julio de 1980), en pleno golpe de Estado encabezado por Luis García Meza, otro oficial de Ejército bendecido por Hugo Banzer Suárez.

La democracia autoritaria o la continuación de Banzer en la vida política de Bolivia (de 1971-1978 a 1997-2001)

Las peculiaridades de la democracia boliviana permitieron que el Gral. Hugo Banzer Suárez consiguiera ejecutar un tránsito de su septenio dictatorial hacia la renaciente democracia inaugurada el 10 de octubre de 1982. De esta manera, se convirtió en el único militar latinoamericano fuertemente ligado al imperio norteamericano, por formación profesional y afinidad ideológica anticomunista, capaz de infiltrarse en la cancha democrática gracias a la fundación de su partido político —Acción Democrática Nacionalista— en 1979, lo que le permitiría continuar en el protagonismo de la vida política del país, respaldando al último gobierno de Paz Estenssoro (1985-1989), hacer sociedad política con quien fuera uno de sus perseguidos políticos en dictadura, Jaime Paz Zamora (1989-1993) y recibir la devolución de favores del propio Paz Zamora para finalmente convertirse en presidente democrático (1997-2001). En este contexto hay que leer a Banzer como al autócrata democratizado, que no pudo jamás sacarse el estigma de dictador con el que siempre se lo categorizará en términos históricos, fundamento que nos permite ensayar una mirada de su etapa como presidente electo, como extensión de sus prácticas autoritarias desarrolladas entre 1971 y 1978. Banzer dominó la escena política boliviana durante tres décadas consecutivas.

En ese marco de comprensión el gobierno democrático del Gral. Hugo Banzer Suárez (1997-2001) terminó confirmando que la genuina vocación democrática de Hernán Siles Zuazo y la UDP (1982-1985) permitiendo el desamarre absoluto de todas las fuerzas políticas progresistas y sindicales del país, encontraría en su sucesor, Víctor Paz Estenssoro, un muro de contención y el paradigma de la instalación de gobiernos sustentados en la gobernabilidad parlamentaria que su predecesor y excompañero revolucionario no había tenido, y en el uso monopólico de la violencia, respaldado en la legalidad del principio de autoridad, lo que hizo de los gobiernos de esta era democrática, indiscutiblemente legales, pero seriamente cuestionados desde la perspectiva de la legitimidad ciudadana.

Fue así que la democracia boliviana, entre 1985 y 2003, exhibió características de autoritarismo que encuentran sentido y explicación en la amistad política entablada desde 1971 entre Paz Estenssoro y Banzer, interrumpida momentáneamente por éste último en 1974, que se refrendó con el Pacto por la Democracia (1985-1989), primer gran acuerdo político de la derecha, todavía sin repartija del aparato administrativo estatal, que permitió la aplicación contundente del DS 21060 con el que se modificaban los tamaños y las correlaciones entre Mercado, Estado y Sociedad.

Si Paz Estenssoro fue el referente de los 50-60, con una reinserción electoral final en los 80, Banzer dominó el espectro del poder en una extensión de su gobierno dictatorial entre los 70 y el comienzo del siglo XXI. Bajo sus dos regímenes, de facto primero y democrático autoritario después, se consolidó la penetración del narcotráfico como variable de la economía boliviana y de la dependencia del poder imperial, formó parte de la galería de dictadores fascistoides de Sudamérica —en el marco estratégico militar de terrorismo de Estado denominado Plan Cóndor —, pudo sacarse de encima al líder del Partido Socialista – 1 (PS-1), Marcelo Quiroga Santa Cruz —que le iniciara un juicio de responsabilidades en 1979— con el asesinato que truncó su ascendente carrera, cometido por paramilitares que facilitaron el golpe de Luis García Meza, lo mismo que se deshizo de sus primeros socios políticos (MNR y FSB), suspendiendo de cuajo la actividad partidaria y sindical, quedando sacudido y liberado también de su camarada-rival, el Gral. Andrés Selich Chop, primer ministro del Interior de su régimen en 1971, torturado y asesinado en 1973 bajo la administración de su sucesor en las políticas de represión, Alfredo Arce Carpio, obsecuente y sombrío colaborador del entonces coronel.

Estricto con su línea de pensamiento, Banzer autorizó la eliminación de campesinos en las localidades cochabambinas de Tolata y Epizana (1974), sentenciados por comunistas, se abrazó en Charaña con Augusto Pinochet en el intento de un trueque territorial para una salida boliviana por puertos del océano Pacífico, que le permitiría recuperar su cualidad marítima, y encabezó la celebración del sesquicentenario de la fundación de la República (1975), tuvo como asesor al Carnicero de Lyon, el nazi Klaus Barbie (finalmente deportado, años después, en 1983), refugiado y protegido en nuestro país luego de la segunda guerra mundial, le tocó en suerte usufructuar del precio internacional del estaño que llegó a cotizar en $us 8 la libra fina, y otro de sus camaradas, el Gral. Joaquín Zenteno Anaya, fue asesinado en Paris —enviado a una especie de exilio dorado a la embajada boliviana en Francia luego de ser Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas—, por supuestos terroristas de izquierda en vendetta por el asesinato de Ernesto Che Guevara (1967), en el que habría participado en su calidad de oficial del Ejército.

También fue violentamente abatido el expresidente Gral. Juan José Torres Gonzáles, a quién defenestró, exiliado en Buenos Aires, con indicios de haber sido víctima del tenebroso Plan Cóndor, y para no extendernos más en el certificado de antecedentes, incrementó la deuda externa que en 1971 registraba $us 460 millones a $us 3.000 millones para 1978.

Represión política y dictaduras militares: El recuento de los daños

Una investigación de la carrera de Historia de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) estableció los nombres y apellidos de al menos 627 personas que murieron en 18 años de dictaduras militares.

Esta cifra está incluida en un trabajo académico aún no concluido, fue presentada cuando se recordaron 38 años del asesinato político del líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz. La iniciativa responde al  proyecto Paseo de la memoria viva, que impulsa el Gobierno Municipal de La Paz junto con la carrera de Historia de la UMSA.

La investigación se inicia con la dictadura de René Barrientos Ortuño, quien lideró el golpe militar del 4 de noviembre de 1964 perpetrado contra Víctor Paz Estenssoro, quien se había habilitado para ganar elecciones, con acusaciones de violación de la Constitución Política del Estado por afanes prorroguistas. Desde ese año se restringieron los derechos y las actividades políticas, se produjeron frecuentes arrestos arbitrarios, torturas y asesinatos, como fue el caso del reconocido dirigente minero de Siglo XX (Potosí) César Lora.

“Fue una convocatoria entre investigación, interacción social y trabajo voluntario”, dice la docente y coordinadora del proyecto, María Luisa Soux, quien suscribe también que cuatro universitarios se sumaron a la idea: “Impacta volver a trabajar este tema, se dice que hubo muertos y desaparecidos, pero cuando les pones nombre y apellido, la situación es diferente”, dijo Soux a la periodista Ibeth Carvajal del diario La Razón.

Según el documento académico, el episodio de las dictaduras, dejó más de mil muertes, pero se identificó a 627 personas, como el caso de Santiago Anagua Mamani, un minero que fue masacrado por el Ejército en 1965, o Juan Bernardino Condori, niño de ocho años que murió en 1967 en la Masacre de San Juan.

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A diferencia de lo acontecido con los muertos y perseguidos políticos, producto de los gobiernos correspondientes a la Revolución de 1952, investigaciones históricas de estas características permiten llegar al dato estadístico exacto y concreto, y en lo posible, a los nombres y apellidos de todos quienes fueron perseguidos, desaparecidos y asesinados por defender y profesar ideas políticas “subversivas” de izquierda —socialistas, comunistas, con varios matices e intensidades — para el orden imperante inaugurado militar y dictatorialmente por el Gral. René Barrientos Ortuño en 1964, que tendría continuación ideológico-represiva con las dictaduras de Banzer (1971-1978) y García Meza (1980-1981):

Dictadura del Gral. René Barrientos Ortuño (1964-65; 1966-69): Cinco desaparecidos, dos muertos.  Masacre de San Juan (Mina Siglo XX, 24 de julio de 1967): 12 muertos. Asesinato de Ernesto Che Guevara (Ñancahuazú, Vallegrande, 8 de octubre de 1967) y otros 44 muertos (con asesoramiento y participación de la CIA, agencia central de inteligencia estadounidense).

Dictadura del Gral. Alfredo Ovando Candia (1966; 1969): Guerrilla de Teoponte, 18 desaparecidos, 49 muertos. 1970: Miembros de la guerrilla de Ñancahuazú, Teoponte y del Ejército de Liberación Nacional (ELN), 11 muertos, dos suicidios.

Dictadura del Gral. Hugo Banzer Suárez (1971-1978): 65 desaparecidos, 57 muertos.

Dictadura del Gral. Alberto Natusch Busch (noviembre, 1979): 145 desaparecidos, 77 muertos.

Dictadura del Gral. Luis García Meza (1980-1981): Asesinato y desaparición del cadáver de Marcelo Quiroga Santa Cruz, jefe del Partido Socialista – 1 (PS-1). Ocho asesinatos a dirigentes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en una casa de la calle Harrington de la ciudad de La Paz. Veintiún desaparecidos, 118 muertos.

Los responsables del proyecto “Paseo por la memoria” advierten que estas cifras de muertos y desaparecidos son susceptibles de modificación con el avance de la investigación que abarca desde 1964 hasta 1982, año en el que —exactamente el 10 de octubre— se inicia un tiempo político democrático interrumpido el 10 de noviembre de 2019 con la llegada de la senadora Jeanine Áñez a la sucesión presidencial inconstitucional producto de un golpe de Estado perpetrado contra el gobierno saliente de Evo Morales Ayma.

 

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