Si decimos que el Gral. Hilarión Daza es el culpable de la pérdida del mar,
vamos por una línea falsa, por una historia a propósito repetida que reproduce
la misma historia que nunca estuvo perdida sino vendida, y donde Bolivia pecó
de una inocencia admirable desde antes de la guerra, cuando Chile envió a
cientos de espías para preparar una guerra inmoral con viciados hechos de
traición que hedían como un vaciadero de basuras, y donde la Bolivia patriota
luchó frente a la misma Bolivia chilenizada y contra todos los hechos insólitos
que ignoramos o conociéndolos no los tomamos en cuenta porque era más discreto
mirar a otro lado y distraernos con la noticia de que Daza ocultó la carta de
aviso de la invasión a Antofagasta por festejar el carnaval, una guasa
intencional que los chilenos urdieron, sabiendo que el “vuele ejército a Tacna”
que ordenó el Presidente del Perú, preveía la preparación del ejército que
recién partió el 16 de abril, dos meses después de la invasión.
Todos esos entretelones se pudieron absolver cuando Daza regresó a Bolivia
después de 15 años de exilio en Paris, pero el plan trazado por la pandilla de
Alfredo Ross, pariente de Agustín Edwards Ross, hijo de Agustín Edwards
Ossandon (que comenté en otra publicación), era matarlo a Daza en Uyuni, y huir
con la valija secreta gracias a la oscuridad de las farolas muertas en el
previo de las horas con las confidencias del Gobierno de Chile, del plan de la
Compañía Salitrera y la Ocupación de Antofagasta, que hablan de un concierto de
traiciones, de Aniceto Arce y de sus faenas infames, del servicio de espionaje
del Ministro de Guerra Gral. Othón Jofré, y de las cartas absolvedoras que unas
estaban en la valija robada por Ross, y otras en poder de Raquel Daza y
Gutiérrez, hija del Gral. Daza, casada con el chileno Germán Contreras
Sotomayor, agregado militar de la misión del embajador chileno Abraham König.
Es correcto entonces, indagar la historia sobre esta realidad compleja como
herederos de nuestro tiempo, donde aún se esconde el silencio.

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