EL “KANKA” KUNDT



El ejército boliviano que combatía en el Chaco era obra de Hans Kundt. Era el ejército que desfilaba en formaciones perfectas los días de recordación cívica. Era el ejército que hizo maniobras en el altiplano susceptibilizando a los gobiernos de Chile y Perú. Era también el ejército que nunca había sido preparado para la emergencia de una campaña en clima tropical y territorio boscoso.
Una gran muchedumbre recibió a Kundt a su llegada a La Paz el 5 de diciembre de 1932. El pueblo, desilusionado de la actuación de los jefes que hasta entonces habían conducido la campaña, prendió sus esperanzas en el popular “Kanka”.
En el Palacio de Gobierno, el jefe civil que por demasiado teórico estaba fracasando como gobernante y el jefe militar que por exceso de empirismo iba a fracasar como estratega, se entendieron rápidamente. Para una victoria absoluta se requería tiempo y un sacrificio de vidas y recursos económicos que sería peligroso imponer a un país débil y pobre como Bolivia. Lo que se necesitaba era ganar unas pocas batallas de importancia en el terreno militar al menor costo posible, para que sobre esa base el gobierno completase el triunfo en el terreno diplomático.

- “Bolivia debe ganar esta guerra, señor general –habría dicho el presidente– Me aterra pensar en las consecuencias de una derrota”.
- Si hay justicia divina y todavía hay justicia humana, la victoria será nuestra –declaró el militar. “Solo necesito 25.000 hombres”.

Hasta entonces, las operaciones, tanto del lado boliviano como del Paraguayo, se habían realizado con movimientos tácticos de radio reducido, con maniobras encomendadas a destacamentos o divisiones. El general Kundt eligió como primer objetivo de su estrategia el fortín paraguayo Isla Poi, de donde irradiaba toda la actividad enemiga, resolviendo conquistarlo mediante una ofensiva de los dos cuerpos del ejército bajo sus órdenes. Su directiva, fechada en Villa montes el 27 de diciembre, determinó lo siguiente: “el objetivo de nuestras operaciones debe ser un ataque concéntrico de ambos cuerpos de ejército. El Primer Cuerpo con el centro de gravedad en el ala derecha y el Segundo Cuerpo en el ala izquierda, en lo posible con la tendencia a cortar las comunicaciones del enemigo que conducen al río Paraguay”. Los dos brazos de la maniobra debían converger hacia Isla Poi tomando el Segundo cuerpo los fortines Corrales, Toledo y Fernández y el Primer Cuerpo el fortín Nanawa.
Kundt asumió personalmente la dirección de la batalla y anunció con solemne seguridad que Nanawa caería en sus manos hasta el medio día del 20 de enero.
El combate comenzó a las 6 de la madrugada del 20 con intenso bombardeo de la artillería y la aviación, seguido por el avance de los infantes en busca de sus correspondientes objetivos. Al atardecer los atacantes formaban un semicírculo delante de Nanawa. El tercer destacamento que tenía la misión más difícil (salir a la retaguardia enemiga), se retrasó en su progresión de la víspera por causa de una lluvia torrencial y chocó contra el flanco derecho paraguayo fortificado en una isla de bosque. Durante los días 20, 21, 22 y 23, los tres destacamentos ejercieron fuerte presión desde los puntos que habían alcanzado, pero sin hacer mayor mella en la defensa. Se siguió peleando intermitentemente las jornadas siguientes sin alterarse la situación. Kundt ordenó que donde fuese posible se acortasen distancias, cavándose zanjas de aproximación a las trincheras enemigas. Con el tesón característico de su raza, no quería reconocer su fracaso y preparaba ya un segundo ataque a Nanawa. Su honor iba en ello. Un júnker alemán, graduado en la escuela militar prusiana, no podía darse por vencido ante un coronelcillo sudamericano educado en la escuela militar francesa.

Tomado de: La Guerra del Chaco, de Roberto Querejazu Calvo.
Fotografía: Hans Kundt (Getty Images)

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