Era el tiempo en que los tranvías cruzaban la plaza Murillo, rumbo a San Jorge,
Sopocachi ú Obrajes. La Paz tenía encanto de una ciudad antañona.
Don Daniel era presidente en ejercicio. De carácter modesto, acostumbraba a dar
sus paseos sin guardias ni edecanes. Una tarde que el caballero se dirigía a la
cuadra del Hotel París, el bastón de Daniel forcejeaba en vano y el vehículo ya
se acercaba. Viendo esto el guardián del tránsito que en aquel tiempo se los
apodaba jachus, acercándose le gritó:
— ¡Ché, viejo cojoro, saca tu wastona, está cirqueta al tranvía.
—Ten paciencia hijo, ten paciencia respondía el presidente.
El conductor del tranvía, reconociendo que se trataba del presidente Salamanca,
paró el coche y personalmente, ayudó a Su Excelencia a salir del apuro.
Como cambian los tiempos, si se repitiera hoy día tal anécdota, el pobre
cuitado y sus restos serían cuarteado y arrojados a los perros.
Tomado de Anécdotas Bolivianas de Antonio Paredes-Candia.
Fotografías: 1) A. Morrison. 2) Julio Cordero.

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