Era principios del siglo; en Santa Ana del Yacuma, un bandolero sádico hacía de
las suyas en la región. Había matado a una criatura que lloraba agarrándola de
los pies y golpeándola contra el tronco grueso de un árbol; se decía que a su
madre la flajelaba. El bandido se llamaba Modesto Montenegro y no había un
macho que se atreviera a enfrentarlo.
Finalizaba el primer gobierno de Ismael Montes. Las autoridades de la sede de
gobierno, informadas de las atrocidades que cometía Montenegro, lo envía al
jefe de policías de La Paz, el famoso Tigre Cusicanqui(1), a que pusiera fin la
anarquía que reinaba en la región, debida a la permanente lucha de dos familias
principales del pueblo: los Cuellar contra los Roca, y viceversa.
Cusicanqui pacifica el pueblo, pero continuaban las malandanzas de Montenegro.
Un día se presenta ante el Tigre Cusicanqui, Gonzalo Montaño, un camba de bien,
que se ofrece aprehender a Modesto Montenegro. El Tigre pone a su mando un
piquete de soldados con la orden de traerlo vivo o muerto al bandolero, el que
nunca permanecía en un solo lugar dos días. Siempre estaba a la escapada.
A Montaño le informan que en la población cercana de Exaltación, Montenegro
está emborrachándose. Montaño, apresurado, se dirige al lugar; rodea la casa
donde el bandido está completamente ébrio. Lo maniata y lo entrega al Tigre,
quien le interroga, y al saber tanto crimen de labios propios del criminal,
ordena que lo amarren al cepo chino: lo estiran sobre la tierra a la altura de
dos gemes, amarrando sus extremidades a cuatro estacas. Al día siguiente
encuentran que el peso del cuerpo había desgonzados las articulaciones. El
hombre gemía de dolor. Entonces el Tigre ordena ponerlo en una canóa, diciendo
que lo llevaría a La Paz para ser juzgado. El se embarca en la misma río Mamoré
ordena al cacique que conducía la embarcación, que con Montenegro haga una
pelota en cuero de vaca. Lo amarran dejándole la cabeza afuera, pero con una
piedra dentro de la pelota. Lo arrojan al río y Montenegro se hunde en las
aguas muriendo ahogado.
Así murió uno de los bandoleros más crueles que tuvo el Beni, castigado por
orden de una autoridad tan cruel y sádica como el mismo bandido.
Referencias
(1) «La pavorosa Historia de Bolivia, tiene personajes inolvidables por la
crueldad, la persecución y el horror que ejercieron con sus conciudadanos. Uno
de ellos es Justo Pastor Cusicanqui, apodado «El tigre Cusicanqui», que durante
el período liberal hizo gemir al pueblo boliviano; así en La Paz como en el
Beni y en toda la república. Su historial de perversidades y abusos, esta en
«sitio de honor» al lado de Yañez, el Padre Ivar mexicano, el chileno Luis
Gayan Contador, Adhemar Menacho, un chuquisaqueño Orosco, y el célebre General
Claudio San Román, quienes y cada uno, durante el período presidencial al que
servían fueron esbirros despiadados que no les conmovían el llanto de los
hijos, ni la desesperación de las esposas de los políticos del bando opuesto,
menos la angustia de las madres. Todos, bandidos de triste memoria en los
Anales de la Historia de los tiranos que gobernaron a nuestro infortunado
país.» (Del libro «Anécdotas de gobernantes y gobernados» por Antonio Paredes
Candia)
Tomado de: Bandoleros Salteadores y Raterillos de Antonio Paredes Candia.
Imagen: Barraca sobre el Rio Beni.
