EN 1936 ASÍ SE CONMEMORABA LA INMOLACIÓN DE LA “SECCIÓN DE HIERRO”


HOY SE CONMEMORA EL PRIMER ANIVERSARIO DE LA LEGENDARIA "SECCIÓN DE HIERRO"

La Paz, Bolivia. La Razón / jueves, 20 de febrero de 1936.


La tragedia del Chaco ha pasado, pero la trayectoria del calvario histórico de éste, marca grandes figuras, entre ellas el "Héroe Nacional" Félix Méndez Arcos, el hombre legendario de la Campaña que conjuntamente con sus veinticuatro bravos, rindió la vida en el puesto del deber. La Patria les señaló el lugar y fué Iguiraru testigo de la epopeya más grande de la campaña Veinticuatro titanes detuvieron la avalancha sedienta de triunfos. El enemigo supo respetar los cadáveres de estos héroes que luego de recapturado el sector fueron transportados a esta ciudad.
Hoy se recuerda el primer aniversario del sacrificio de la "Sección de Hierro". Sostenerse muchachos dijo, Méndez Arcos y aquella sección se detuvo levantando así la tradición espartana de un puñado de valerosos soldados.
Hoy las 10 y 30, se celebrará en homenaje a estos servidores de la Patria una misa en la Basílica de Nuestra Señora de La Paz.
Al recordar el héroe máximo de la Campaña recordaremos también a los veinticuatro hombres que lo acompañaron.

Teniente Félix Méndez Arcos.
SOLDADOS.—
Emiliano Colque Berríos.
Valentín Barrios Molina.
Lorenzo Varga Paco.
Eduardo Araníbar Pérez.
Cleto Barrera Martínez.
Alejandro Zo. Choque Quispe.
Genaro Arispe Orellana.
Ruperto Hinojosa Nogales.
Enrique Chura.
Florentino Lanosa Alvarez.
Demetrio Fernandez Estrada.
Cruz Quispe Huicho.
Miguel Najva Cayo.
Timoteo Gonzalez Gutierrez.
Francisco Caballero Carpio.
Felipe Zárate.
Pedro Elías Arriola.
Cecilio Alvarez Velizaga.
Francisco Camargo Alegre.
Bernabé Zárate Marín.
Damián Vásquez Píllco.
Humberto Moscoso Castro.
Manuel María Roncal Erquicia.
Manuel Villica Nícacio.

AQUEL FATÍDICO VIERNES 14 DE FEBRERO DE 1879



Tomado de: La Dramática Historia del Mar Boliviano, de Valentin Abecia Baldivieso / Valentin Abecia López.

LOS DIEZ CENTAVOS

Cuando la concesión a la Compañía de Salitre llegó al Congreso el año 1877, para su aprobación, éste puso la condición de que debía pagar 10 centavos por quintal español de salitre exportado.
No se trataba de crear un nuevo impuesto sino de otorgar una concesión con una condición a una empresa particular de capitales ingleses y chilenos. El impuesto es de carácter universal, la concesión era particular.
La Compañía de Salitre, que se vio perjudicada, debía interponer su reclamación, conforme a los principios del derecho internacional privado, en Bolivia, prevaleciendo la ley del domicilio, pero reclamó ante el gobierno chileno en el cual habían accionistas de la Compañía.
El texto de la ley de los 10 centavos decía: “se aprueba la transacción celebrada por el ejecutivo en 27 de noviembre de 1873… a condición de hacer efectivo como mínimo un impuesto de 10 centavos en quintal exportado”.
La cláusula Cuarta del Tratado de 1874 manifestaba que “las personas, industrias y capitales chilenos no pagarían más impuestos durante 25 años”.
Sobre esta base el gobierno chileno sostuvo que se había violado el Tratado de 1874 lo que importaba “la ruptura del Tratado de Límites” (1).
Las autoridades bolivianas, sobre la base de un tratado complementario del 1884, señalaron que quedaba el recurso arbitral, sin perjuicio de ejecutarse la ley. Fierro respondió estar de acuerdo siempre que Bolivia se allanase a suspender la ley.
El gobierno boliviano, sin sopesar las circunstancias sociales de Atacama y la decisión chilena de ir a la guerra, dictó el Decreto de lo. de febrero rescindiendo el contrato con la Compañía de Salitre y suspendiendo la ley de los 10 centavos lo que significaba reivindicar el derecho boliviano a sus salitreras.
Ante esta decisión el día 8 se recibió un ultimátum de Chile y Fierro ordenó a Vilela: “retirarse inmediatamente”. Esta orden fue reiterada el 13 de febrero: “en pocas horas más, decía, el litoral que nos pertenecía antes de 1866 será ocupado por fuerzas de mar y tierra de la República y V.S. asumirá el cargo de gobernador político y civil de ese distrito.
El día 12 Villela había pedido sus pasaportes para abandonar Bolivia.

LA TOMA DE ANTOFAGASTA

Las débiles fuerzas armadas bolivianas no pasaban de 1.500 hombres, el tesoro nacional estaba vacío, se carecía de una flota y en 1878 se había desatado la hambruna por una sequía natural (2). El gobierno no tomó medidas para el potenciamiento militar (3). Los caminos hacia Atacama eran malos, los capitalistas ingleses, camuflados de chilenos, dominaban la situación en Atacama, la voracidad de la Compañía de Salitre, que formó su personal accionista, como vimos, en base de las primeras figuras de la política chilena, quería dominar al gobierno boliviano por
la fuerza.
En Atacama predominaba la población chilena. Walker Martínez decía: “si la soberanía es de Bolivia, las riquezas mineras, la industria, el comercio, la población casi entera es de ciudadanos chilenos” (4). Baptista dijo en el Congreso boliviano que la población de este país no pasaba del 7 por ciento. El conflicto social era indetenible, las autoridades bolivianas no eran obedecidas y las fricciones se sucedían a diario.
En estas circunstancias el 27 de enero de 1879, el “Blanco Encalada” llegó amenazante a Antofagasta, aunque las autoridades chilenas manifestaron que no querían definir el conflicto por las armas, ya existía el criterio de hacerlo.
Daza no comprendió la gravedad del momento, se confió en la alianza con el Perú creyéndola un instrumento que detendría la ambición chilena. Una vez creado el impuesto, frente a la soberbia de la Compañía de Salitre y a la actitud del gobierno chileno que consideraba que “se estaba guardando consideraciones indebidas a Bolivia” y que “no sería justo que hoy, cuando Bolivia viola sus compromisos, nosotros también nos desentendiéramos de los nuestros de manera que nuestros compatriotas víctimas de maquinaciones armadas contra ellos, consientan estos pagos”.
El 6 de febrero se había hecho conocer a la legación chilena en Bolivia el texto del Decreto de 10 de febrero, indicando que Bolivia estaba llana a acogerse al recurso arbitral. El día 8, el Ministro de Chile respondió con un ultimatum dando 48 horas para contestar “si se aceptaba el arbitraje previa reposición del statu quo anterior”. Al no recibir respuesta, el 12 pidió sus pasaportes para retirarse.
A las 4 de la tarde del 12 de febrero, el Cónsul boliviano en Tacna, supo que el Consejo de Ministros de Chile había dispuesto que el Cochrane y el O'Higgins “marcharan sobre Antofagasta llevando dos compañías de desembarco a cargo del coronel Emilio Sotomayor, jefe de la Escuela Militar, a tomar posesión de la ciudad”. (5).
La toma de Antofagasta, sin declaratoria de guerra, se produjo en la mañana del viernes 14 de febrero.

EL CARNAVAL Y LA OCUPACIÓN DE ANTOFAGASTA

Es evidente que la ocupación del día 14, de Antofagasta, por las tropas chilenas fue anunciada con anterioridad. El Cónsul boliviano en Tacna, Manuel Granier, supo el 12 de febrero (Hrs. 16) que el gabinete chileno dispuso esa ocupación. Esa noticia se supo en La Paz el día 15 (6).
El mismo Manuel Granier, el día 14, envió un aviso más concreto a La Paz por medio del “propio” Manuel Alaí, cuyo texto decía: “Tengo el sentimiento de transmitir a usted la fatal noticia de que el gobierno chileno ha resuelto la ocupación definitiva de Antofagasta”. Esa noticia llegó a La Paz el lunes 17 a horas 14. (7).
¿Qué previsiones tomó el gobierno boliviano frente a un clima de guerra anunciada? Ninguna en el orden militar.
El conocimiento por el gobierno boliviano de la violenta ocupación de Antofagasta ha sido objeto de discusiones. Eliodoro Camacho, Eufronio Viscarra, Vicuña Mackena, Dámaso E. Uriburu, para no citar sino a connotados políticos e historiadores de la época, sostuvieron que el bullicio del carnaval, que había comenzado el día jueves 20 (día de compadres) y que se prolongaría durante la semana que se iniciaba el lunes 24, no quiso ser perturbado por el presidente Daza.

Hasta aquí hemos visto los avisos del anuncio de una inminente ocupación de Antofagasta que Daza los recibió el 15 y 17 de febrero, antes del carnaval. Cuando en el hecho se produjo la ocupación militar (el 14) la noticia fue conocida en Arica el 19, al arribo del vapor Amazonas, Manuel Granier (ante el hecho consumado) envió la noticia a La Paz, Daza la recibió el sábado 22 (
😎
 de acuerdo a los documentos de la Cancillería boliviana.
La historia documentada no parece salvar a Daza de su responsabilidad.

Referencias:
(1) Alejandro Fierro en nota de 3 de enero de 1879 le decía al Encargado de Negocios chileno Pedro Nolasco Vilela: “el gobierno de Chile considera también conveniente que V.E exprese antes de retirarse al de Bolivia, que su negativa reiterada a suspender la ejecución de la ley de 14 de febrero de 1878, importará la anulación del tratado de 1874 y, en consecuencia, roto ese pacto con Bolivia, renacerán para Chile todos los derechos que legítimamente hacía valer antes del Tratado de 1866”.
(2) “No hay memoria en los anales de las desgracias públicas dice Castro Rojas de una calamidad más grande que la de 1878-79 que flageló al país con su sequía”
(3) El presidente Adolfo Ballivián en 1879 pidió al Congreso se le autorizara contratar un empréstito destinado en parte a comprar blindados ante la certidumbre de que Chile los había encargado. El Congreso negó la autorización.
(4) El predominio era evidente, las versiones señalaban que el 93 por ciento de la población era chilena, en Caracoles y Mejillones sucedía lo mismo.
(5) Bulnes Gonzalo.
(6) El Cónsul de Bolivia en Tacna, Manuel Granier, recibió el 12 un telegrama del Cónsul boliviano en Valparaíso Juan Granier, que decía (confirmando partes telegráficos anteriores): “Gobierno ordenado fuerzas reunidas en Caldera ir Antofagasta Litoral”. Esta noticia fue llevada de Tacna a La Paz por un “propio” llamado Juan Cáceres quien llegó a su destino el día 15.
(7) Juan Siles Guevara, según fuentes de la documentación de la Cancillería boliviana.
(8 ) Gastón Velasco ha efectuado un recuento minucioso de la noticia. Coincide en que el vapor Amazonas II llegó a Arica el 19, pero sostiene que desde Tacna hasta La Paz tardó 6 días (76 leguas), por tanto la noticia se supo en La Paz el martes 25 a las 11 de la noche.

Foto: Estación de Ferrocarril hacia Bolivia.

LA TOMA DEL FORTÍN BOQUERÓN DESDE LA PERSPECTIVA DE MANUEL MARZANA O. (parte II)

 


Parte II (la primera parte se publicó en el anterior post)

En las páginas de “La Gran Batalla Memorias del General Marzana” el autor relata sus impresiones con respecto a la toma de Boquerón:

En Arce encontré a dos distinguidos jefes, amigos míos, en calidad de Delegados del Estado Mayor General en la primera línea, Tcnl. Angel Rodríguez y Mayor España, quienes, al tener conocimiento de lo ocurrido en Castillo, trataron de aconsejarme mayor serenidad, dejando las cosas al Altísimo, al tiempo y al espacio, y así transcurrieron 24 horas de una noche de furiosa tempestad; y un amanecer con lluvia torrencial que no permitía el tránsito de vehículos ni de las pocas tropas que ya llegaban al fortín Arce. Antes del medio día, la estación telefónica en comunicación con la del fortín Castillo, da comienzo a la información con algunos detalles acerca de la catástrofe que sufrieron nuestras tropas en su ataque al fortín paraguayo Boquerón, en la madrugada del 31 de Julio, llevado a cabo por el Destacamento que yo había dejado, en mala hora, un día antes... Habíase ordenado un ataque frontal sin los patrullajes antelados que son de rigor para un envolvimiento y sin conocimiento exacto del sistema defensivo contrario, ni de las válvulas de escape que tenía el enemigo preparadas de antemano. De esa manera se consumó, sin preparación y sin cálculo alguno del momento adverso de una horrible tempestad.

Juzgue el lector a través de la lectura de la orden de ataque y de sus resultados, y para ello, reproducimos a continuación, tales piezas de referencia:

“Destacamento AGUIRRE”- Orden 132.- 18.- hs. 30-VII-32.”

1. El enemigo se encuentra en posición en el Fortín Boquerón.- 2) Mañana 31-VII-32. el Destacamento atacará:
a) Batallón Cuenca por el camino Boquerón-Isla Poi con la misión de cortar la retirada del adversario.- b) Batallón Cárdenas por el frente. El ataque será precedido por un bombardeo aéreo a Hrs. 8 de la mañana y durará de 20 a 30 minutos. Terminado esto la infantería iniciará su ataque, al mismo tiempo ambos batallones.- Es preciso que a Hrs. 7.50 las compañías se encuentren en sus posiciones iniciales. A esta misma hora, para indicar a nuestros aviadores las posiciones ocupadas, colocarán detrás de cada unidad mosquiteros extendidos en lugares despejados. La aviación no iniciará este bombardeo si no ve estas señales. La señal de irrupción se dará por medio de cartuchos de iluminación, a la que la artillería cesará sus fuegos.- Durante la noche los batallones proveerán independientemente sus servicios de seguridad y exploración. La hora de partida para el batallón Cuenca, 4.30; para el batallón Cárdenas, Hrs. 5.00. 3) La patrulla de caballería al mando del Sargento Coll. tomando la senda Ramírez-Boquerón, impedirá la retirada del enemigo hacia Huijai, inmediatamente que pase el bombardeo aéreo.- 4) La sección Semack y sección Krupp quedan agregadas al batallón Cárdenas. La pieza Schneider estará a mis órdenes.- 5) Se instalarán dos puestos de socorro de heridos, uno principal detrás de la punta del monte, 1600 m. al SO de Boquerón y otro de circunstancia en el antiguo puesto boliviano a 2 km. de Boquerón.- 6) El bagaje del Destacamento quedará a órdenes del mayor Bravo; todos los vehículos quedan a órdenes del mismo jefe.- Yo me encontraré en el batallón Cárdenas.- Fdo.- Tcnl. Aguirre.- Fdo.- Subteniente Avila.- Ayudante".

En cambio, en el frente paraguayo, los defensores les salieron al encuentro en la forma siguiente: (Relato tomado del libro del oficial paraguayo, Heriberto Florentin, “Lo que he visto en Boquerón”, página 135).

Relato circunstancial del principal protagonista, Tte. Eulalio Facetti, que le hace al autor y comienza así:

“El 31 de julio al amanecer, recibí parte de mi puesto doble sobre el camino viejo de Boquerón-Isla Poi, que dos columnas de tropas enemigas avanzaban del lado Sur hacia nuestro fortín. Poco después y mientras despachaba una patrulla para confirmar la novedad mencionada, otro parte similar, procedente del puesto del Sub-Oficial instalado sobre el camino a Ramírez, informaba que una fuerte columna boliviana venía aproximándose hacia el puesto por el lado Oeste, casi en el mismo instante, un tercer parte informaba la aparición de otro grupo enemigo por lado de Yucra-(SO). No cabía duda de que se trataba de un ataque arrollador por una poderosa fuerza con un efectivo apreciable de mil hombres. Inmediatamente mis tropas ocuparon sus emplazamientos de combate en la posición principal. Coincidente con estos movimientos iniciales (serían las 6 Hrs.) apareció un grupo de 4 aviones que sobrevoló nuestro fortín arrojando sobre él algunas bombas, que felizmente cayeron fuera de la zona ocupada: al mismo tiempo dispararon también ráfagas de ametralladoras que tampoco surtieron efecto, salvo el desgaste moral que ocasiona a una tropa poco acostumbrada a esta clase de lucha. En los puestos avanzados empezaban ya los primeros cambios de tiros; ellos sabían muy bien lo que tenían que hacer, y no era casi necesario impartirles nuevas instrucciones para su desempeño, en tal emergencia. Al contrario, como habíamos previsto, bajo la presión de la fuerza contraria nuestros puestos se retiraban ordenadamente hacia la posición antigua, en donde resistieron momentáneamente, hasta que el avance enemigo puso en peligro su permanencia allí. Los bolivianos estimulados por la fácil empresa aceleraron la marcha, y muy pronto alcanzaron los lindes exteriores del antiguo reducto, o sea la orilla del bosque que cubre el fortín, ocupando la trinchera vieja del lado Sur y Sur-Oeste”. “Minutos después, algunos elementos avanzados ya cruzaban de largo la estrecha plazoleta en el interior del fortín, siguiendo rumbo hacia el interior del mismo la recta de Boquerón Isla-Poi; mientras tanto, los nuestros, que los habían precedido, se habían perdido en la recta carretera hacia el Este, levantando intencionalmente, una densa polvareda indicadora de una huída a todo trapo. Por su parte los bolivianos, convencidos del abandono total del enemigo, empezaban a llegar en grupos cada vez más densos; lo que al principio parecían pequeñas columnas de grupos de combate avanzando con cierta cautela, ahora eran secciones y compañías en orden cerrado que iban llegando al interior del reducto, ocupándose todo detalle de revisar las instalaciones y muebles encontrados en las casuchas abandonadas.

Nadie se preocupaba de explorar o reconocer los alrededores; fuera de la patrulla que avanzó en persecución de los nuestros, ninguna otra fracción fue encomendada para informarse de lo que había en las proximidades.”

“Cuando nos dimos cuenta, una multitud abigarrada se había congregado en la placita, atronando con sus cantos, vítores y hurras, lanzando al mismo tiempo centenares de gorras por el aire en señal de júbilo por el grande y fácil triunfo alcanzado”.

“Mientras tanto, de nuestro lado la expectativa era enorme. Cada soldado, cada tirador, embelesado y perplejo ante semejante cuadro, no atinaba a fijar su puntería sobre un determinado blanco, buscando la ventaja de hacerlo sobre el grupo más denso y numeroso y que se presentaba propicio en el centro, cerca de la bandera, donde la multitud enardecida vivaba a la patria y a sus líderes”.

“Los servidores de nuestros seis fusiles ametralladoras emplazados convenientemente y con los cargadores bien repletos, esperaban tranquilos la voz de mando para arrojar una lluvia de acero sobre aquel racimo humano despreocupado e inconsciente del peligro que le acechaba. Algunos hombres, más impacientes, me incitaban para que disparase el tiro de aviso.. “Ahora, mi teniente”, me decían a media voz, cuando algún núcleo se presentaba en forma muy favorable para la siega; pero yo no me decidía a hacerlo temiendo que podía llegar más gente todavía, como estaba ocurriendo minuto a minuto; pero llegó un momento que no fue posible resistir la tentación de romper el fuego.

Un trío de jefes a caballo venían apareciendo por el lado de Yucra, cuya presencia fue saludada con grandes ovaciones, dando la impresión de que se trataba de personalidades representativas. Entonces.... di la señal convenida para romper el fuego.”
Tras el primer disparo vino una estruendosa explosión. Todos los fusiles ametralladora y todas los fusiles abrieron fuego simultáneamente. Aquello fue un tableteo infernal. El efecto que pueden imaginároslo, no hace falta describirlo. Sólo me basta decir que nunca he visto un cuadro semejante; es como si hubiera soplado un ciclón. Los que podían arrastrarse trataban de ganar las paredes macizas de los edificios y los que se hallaban imposibilitados de hacerlo se resignaban pidiendo clemencia a sus victimarios; los que lograron escaparse de la hecatombe, se apresuraron a ganar los montes en desesperada huida..."
"En una palabra, la sorpresa fue total, sembrando la muerte y el pánico en sus filas. Inclusive el mismo comandante Aguirre, había caído víctima de la emboscada juntamente con varios de sus oficiales... Poco después, una información de mi ala izquierda denunciaba la aparición de una fracción enemiga que había quedado afuera, por el flanco izquierdo, con la posible intención de cortar nuestras comunicaciones por ese lado... Creyendo haber cumplido con la misión y ante la aparición del nuevo peligro que podía creamos una situación incómoda, optamos por la retirada, aprovechando para el efecto el pique oculto que más adelante se confunde con el "pique Carayá", por donde nos encaminamos hasta el fortín de Isla-Poi, llevando a cuestas todos los materiales confiados a nuestro cargo".

Por su parte, el autor de la trampa preparada, entre otras referencias, relata lo siguiente: "Fue aquel 31 de julio, en que un poderoso destacamento al mando del Tcnl. Aguirre, avanzaba en pleno día sobre Boquerón bajo el amparo de una escuadrilla de aviones y precedido por una cortina de fuego de artillería, ostentando un excesivo poderío bélico capaz de impresionar al defensor más precavido"... (Pág. 133 de la obra antes citada).
El libro del oficial paraguayo Heriberto Florentin contiene además esta crítica:

"Después de escuchar la cruda descripción del actor principal y jefe de la defensa de Boquerón en la acción del 31 de julio, haremos una ligera crítica... Indudablemente que la maniobra defensiva de Boquerón, desarrollada tan hábilmente en su fase inicial, no fue completada. Faltaba el remache final para recoger el fruto material de tantos esfuerzos desplegados en su organización, que podría ser en este caso la captura de prisioneros y materiales diversos; para eso hubiera bastado la salida de una sola de las secciones en línea... En síntesis, la ingeniosa trampa funcionó bien, pero no fue aprovechada para explotar el éxito, perdiéndose así una hermosa oportunidad de completar el aniquilamiento del enemigo, pues aparte de los trofeos apreciables que se hubiera tomado, se hubiera conseguido el desalojo total del fortín, por lo menos por algún tiempo y hasta la reaparición de nuevos refuerzos. Sin embargo, este golpe audaz y sorpresivo ha servido como una advertencia a los bolivianos, de que la irrupción al río Paraguay no sería un paseo militar como muchos creían, obligándoles a frenar su impetuoso avance sobre el eje Boquerón-Isla Poi, que había empezado con la conquista del primero de estos fortines".
Tal fue la emboscada de Boquerón, que motivó el primer desconcierto del enemigo y dio origen a una instrucción particular del Alto Comando Boliviano; el generalísimo de aquel ejército recomendaba cautela a sus tropas en los primeros días de la campaña del Chaco en estos términos: “Deben tener especial cuidado de no caer en celadas de las que el enemigo está habituado a preparar. Tenemos la dolorosa experiencia del ataque a Boquerón el 31 de julio, en que una trampa hábilmente preparada por los defensores nos costó muchas bajas, aunque el resultado final fuera favorable para nuestras armas”.

Necesario es reconocer que ambos adversarios, bolivianos y paraguayos, no tuvimos muchas veces el acierto de actuar en el sentido de explotar hasta el final -pase lo que pase- el fruto de nuestros preparativos para una acción de armas A. ó B. De mi parte, en lo que concierne a la acción de armas en la madrugada del 31 de julio en Boquerón, puedo afirmar, naturalmente sin ninguna pretensión de infalibilidad, que de no haber habido el caso de la trampa preparada por los paraguayos, no hubiera tenido aplicación si se empleaban en el asalto al citado fortín. las previsiones que debían haberse adoptado si teníamos el propósito de aplicar nuestros métodos. En efecto, desde un comienzo y como lo demuestra el hecho de haber dispuesto con antelación patrullajes y reconocimiento intensos y a fondo, con gente seleccionada y audaz, la ubicación de puestos de vigilancia del enemigo, exploración y reconocimiento de los caminos y sendas de retirada. Y, con todos estos cálculos profundamente meditados, teníamos la intención de presentarnos en silencio, en la noche, y sorprender a la tropa en medio sueño y en lo posible sin tener que disparar un solo cartucho. Tal vez de esta manera hubiéramos tenido que lamentar pérdidas de ningún lado, puesto que estudiábamos cuidadosamente con todos los oficiales y con patrulladores que conocían palmo a palmo el fortín que debíamos capturar, cerrándole al enemigo sus válvulas de escape por todos los medios posibles, llegando a la conclusión de que ese era el camino más eficaz y menos peligroso para nuestras fuerzas.

Acaso, también, en este caso habría sido innecesario emplear nuestra aviación y tal vez ni la propia artillería, que dicho sea de paso, nada tenían que hacer en una acción de escasa significación en que intervinieron 300 soldados bolivianos contra 120 paraguayos, con el sólo resultado de advertirles a éstos con la ostentación de un aparatoso bombardeo y con el cual no se consiguió nada efectivo.

Ahora bien, si la operación que habíamos planeado, madurada con el mayor celo y esmero, pudiera parecerle a alguien una fantasía, me remito en su caso a la Historia de la Guerra del Chaco, en la cual se han contemplado hechos más o menos análogos, increíbles y sorprendentes a veces, en los diferentes encuentros de bolivianos y paraguayos. 

EL CAMBIO DE MANDO DE MANUEL MARZANA POR LUIS E. AGUIRRE ANTES DE LA TOMA DEL FORTÍN BOQUERÓN (parte I)

 


Es ampliamente conocida la heroica defensa de Boquerón por las tropas bolivianas en septiembre de 1932; sin embargo, los hechos que precedieron a este episodio suelen ser poco abordados. El 31 de julio de ese mismo año, Bolivia tomó el fortín paraguayo 'Boquerón'. Un detalle desconcertante de esta maniobra es que el comandante del destacamento, Manuel Marzana, fue relevado apenas un día antes. El 30 de julio, el Tcnl. Luis E. Aguirre asumió el mando, una decisión que generó una profunda molestia en Marzana. Paradójicamente, Aguirre resultaría herido durante la toma del fortín y fallecería poco después, devolviendo el liderazgo a Marzana que será la gran figura junto a sus hombres en septiembre de dicho año.

En las páginas de “La Gran Batalla Memorias del General Marzana”, el protagonista de la defensa de Boquerón, relata sus impresiones y de cómo vivió los acontecimientos, sobre este intempestivo relevo de mando, Marzana deja notar su extrañeza y su enojo, el texto dice:

Cumplida la ocupación de Castillo, el Destacamento esperaba recibir alguna orden expresa desde Muñoz, aclarando la situación: pero la orden no llegaba, como si el Comando estuviera a la distancia de la Luna. Como es natural en casos semejantes, por iniciativa propia, reforcé mis puestos adelantados que se internaban hacia Boquerón, habiendo ordenado con anterioridad, el traslado del Segundo Comandante de Arce a Castillo, con instrucciones de organizar patrullajes en forma intensa en todos los alrededores de Boquerón, la ubicación de los puestos adelantados y principalmente el reconocimiento de los caminos Boquerón-Isla Poí, que van casi paralelos, y de la senda a Huijay (Carayá), con oficiales escogidos y clases seleccionados que ya hubiesen hecho anteriormente exploraciones en la región indicada; de tal manera que, para el caso de la ocupación de Boquerón, estos elementos estuvieran en condiciones de guiar a nuestras tropas para cortar con mayor seguridad la retirada de toda la fracción enemiga ocupante en Boquerón.

Además, se recomendó en forma muy particular hacer un caminamiento de la picada Ramírez-Boquerón, con el fin de fijar su distancia en forma más o menos precisa, tarea innegablemente fundamental para calcular el avance de las tropas, si fuera posible, con precisión cronométrica.

El Sr. Tcnl. Cuenca nos da parte de que todas estas misiones han sido cumplidas y que se encontraban todavía en pleno trabajo los subtenientes Inofuentes, Juan de Dios Guzmán y el igual Solares, baquanos del Chaco, el Suboficial Orosco, chaqueño éste y otros más. Quedé completamente satisfecho de que mis órdenes venían cumpliéndose en la medida de mis deseos. Veía, por otra parte, que tanto la tropa como los oficiales mostrábanse pletóricos de entusiasmo, abrigando la esperanza de poder llevar a cabo con éxito la próxima misión que se les encomendará.

Sentimiento muy natural y lógico, pues todos ellos sabían y conocían de cerca mis desvelos y mi preocupación por organizar con la mayor eficacia posible una operación exitosa con la unidad que se había confiado a mi mando y para que ella pudiese dar los frutos con los medios tan limitados que se tenían a la mano. Por suerte la composición táctica, oficiales y tropa, homogénea en su conjunto, tenían confianza en su jefe y debían esperar de él su buena dirección, pues eso era lo decisivo. Pero las cosas no ocurrieron conforme a nuestro deseo, como vamos a relacionar a continuación:

"Llaman al teléfono desde Muñoz. Habla el Jefe de Estado Mayor de la IV División, Mayor Carlos Peñailillo y dice: “Pasado el medio día, espérase la llegada a Castillo del Tcnl. Luis E. Aguirre”. No indicaba el objeto. Como es natural pensamos y suponíamos todos en Castillo, que se trataba de que el mencionado jefe, podría ser el portador de órdenes escritas para el ataque a Boquerón y que probablemente, tenía la misión de cooperar como oficial de enlace en ésta y en futuras operaciones, como se había pensado originalmente.

Fácil es imaginar la extraordinaria sorpresa que causó a todo el Destacamento, el hecho insólito y cómo debió impresionar en grado superlativo a oficiales y tropa, que no podían comprender mi suplantación, pues esto era lo que iba a ocurrir, cuando después de dejar el camión que lo condujo, el Tcnl. Aguirre, con palabras duras y secas, se expresó con indisimulada insolencia: “Vengo a hacerme cargo del comando de este Destacamento”; y ordenando: “Reúna Ud. a jefes, oficiales y tropa para hacerme reconocer e indicarme en qué dirección se encuentra el enemigo en Boquerón” …

Tales frases desacostumbradas entre jefes de jerarquía, me desconcertaron momentáneamente y debí anotarlas luego en mi diario con profundo dolor.

Este jefe, joven, engreído por sus cordones y discos de oficial de Estado Mayor, no tuvo tino ni serenidad en su trato, siendo así que yo merecía distinción en mérito a mi grado y cargo, porque llevaba sobre los hombros muchos años más de servicio que él, con seis o más años en fronteras del Norte y Noroeste de la República. Por otra parte, el rango de Jefe de un Destacamento Combinado en acción de guerra, me estaba siendo suplantado nada menos que frente al enemigo.

Ante tal decepción, me hice amargas reflexiones, acerca de los móviles de este cambio. ¿Cuál sería el criterio que guiaba al Comando para incurrir en un atropello semejante? dirigido a la dignidad de un alto Jefe del Ejército, quién venía cumpliendo su deber con devoción y disciplina, soportando incluso incontables penurias de restricciones sin límite conforme tenemos anotado líneas arriba y además, debiendo soportar los desatinos de quienes no conocían nuestra situación, por estar ubicados a centenares de kilómetros de distancia de las operaciones inmediatas? ¿Qué valor tenía entonces esa disposición del comandante de la IV División, disponiendo un cambio de comando en forma tan ignominiosa.? Sin tener en cuenta que fui destinado a comandar el glorioso Regimiento No. 301 de 30 de Abril de 1932, por la Orden General No. 301 de 30 de Abril de 1932. firmada y rubricada por el Presidente Constitucional de la República y por el Jefe del Estado Mayor General del Ejército… Algo más el propio Comando Divisional había mandado organizar el Destacamento Marzana... ¿Como era posible entonces, que a las pocas horas cambiase de opinión y mandase denominar al mismo destacamento con diferente nombre?... Y todo ello mediante telefonemas desde Muñoz. Un cambio de destino y mi traslado al servicio de etapas, con residencia en Arce, sin antes haberse enterado de la situación delicadísima en que se hallaba el Destacamento, a poca distancia del enemigo, bien pudo haber ocasionado un lamentable desorden. No dejó de quebrantarse la moral de las tropas, dada la situación de nerviosidad que ya existía. Un nuevo comandante que no conocía a nadie, mucho menos el terreno y las circunstancias donde debía actuar, con la misión de atacar al enemigo a una distancia de 7 kilómetros, incuestionablemente tuvo que causar el terrible fracaso que vamos a describir a continuación. Pero, antes de hacerlo, concluimos con la "opereta del relevo de guardia que se hace como en un cuartel".

No deseando ofrecer a la vista de las tropas un espectáculo negativo, contuve mis impulsos imponiéndome la serenidad indispensable ante lo acontecido y manteniendo limpia e incólume la disciplina militar, disponiendo la formación en cuadro de las tropas, para proceder de inmediato al reconocimiento del nuevo comandante, quien portaba como credencial un oficio.
Una vez concluida la ceremonia, tomé de inmediato el mismo camión en el que había llegado el flamante comandante, para trasladarme a Fortín Arce, donde debía tomar a mi cargo el puesto de aprovisionamiento de las fuerzas en acción de ataque, comandadas por el Crnl. Enrique Peñaranda. Partí con el ánimo destrozado y lleno de extraños presagios y dolorido por alejarme de mis tropas que las dejaba en situación azarosa.

Fotos: Luis E. Aguirre. y Manuel Marzana.

EVOCANDO EL AÑO 1932

 


(E. Dantés 1933)

Las calles de la ciudad estaban atestadas de gente que llegaba y llegaba en pos de noticias ratificatorias de los últimos acontecimientos. Las pizarras distribuidas en las diferentes esquinas de la Plaza Murillo se encontraban rodeadas de ciudadanos ávidos por enterarse de las disposiciones tomadas por el Estado Mayor. Más allá de cada una de las pizarras se formaban corrillos que comentaban sobre probables llamamientos de reservistas, mientras en otra esquina se organizaba una manifestación de protesta contra el invasor, la que iba engrosando a medida que recorría las principales de la ciudad para rematar frente al Palacio de Gobierno, pronunciando discursos patrióticos algunos de los que formaban parte de la manifestación; luego se presenta en uno de los balcones del Palacio S. E. el Presidente de la República, y dirigiéndose al pueblo dice, más o menos: La Nación acaba de ser ultrajada con el ataque a una de nuestras posiciones en el Chaco, por nuestro vecino el Paraguay. El Gobierno está tomando las medidas necesarias y el pueblo debe confiar en él. Una Nación que no sabe hacer respetar sus derechos, no merece ser Nación y un Gobierno que no puede hacer respetar los derechos de una Nación, no puede ser Gobierno.
La prensa del día siguiente registraba las comunicaciones de todos los ámbitos de la República, protestando contra el vecino invasor y manifestando que todos se hallaban listos para presentarse al primer llamamiento.
El llamamiento fue hecho a los pocos días y se comprobó con los hechos la protesta que hiciera el pueblo, pues tanto los reservistas comprendidos en el llamamiento como los voluntarios, llenaron los locales destinados a la concentración.
David, que como todo buen patriota, se presentó a solicitar su participación, recibió la “jerga”.
Cuando regresó donde yo le esperaba, abrazándome me dijo:
—Felicítame, hermano; ahora puedo decir que soy boliviano; he de ir a vengar la sangre derramada por nuestros hermanos en Fortín “Mariscal Santa Cruz”.
—Te envidio —le contesté— no puedo hacer lo mismo que tú, porque aún no me toca; no puedo dejar a mi familia sin amparo, pero ya me tocará el turno y estaré a tu lado. Adelántate tú y conquista un laurel para la historia de nuestra Patria.
Y cada vez que veo un patriota vestido de “jerga”, me dan ganas de enrolarme y correr a departir el sacrificio, juntamente con nuestros hermanos.
Mi amigo David viajó con su regimiento. Ahora se encuentra en Campo Jordán, él me ha escrito lo siguiente:
“Mi recordado amigo: Hace dos meses que me encuentro en plena campaña; he combatido en varios fortines; felizmente no me han herido hasta hoy. Ultimamente he tomado parte, juntamente con mi compañía, en un contra-ataque al enemigo; lo hemos batido y ante el empuje nuestro los “pilas” no han tenido más que hacer que retroceder; tomamos algunos prisioneros y fusiles. Estoy orgulloso. No quisiera dejar de combatir, porque después de cada encuentro siento una satisfacción grande al comprobar nuestra superioridad vigorosa y fuerte. No tenemos jefes; los que nos dirigen y nos comandan son camaradas; se exponen a los mayores peligros para evitar que caigamos. ¿Cuándo vendrás? Aquí está tu puesto. No tardes; la Patria cuidará de tu señora y tus chicos. Ven pronto. Porque quizá cuando quieras hacerlo ya será tarde; no necesitarán de tus servicios. La campaña habrá terminado. Ya me veo de regreso a mi pueblo, desfilando al compás de marchas marciales, triunfales. Con la satisfacción de haber cumplido con mi deber, como todos.”
Cuando lei por primera vez la carta de David, mi gran amigo, lloré de alegría y también de orgullo, porque también produce orgullo tener un amigo como David, un amigo con el corazón bien templado y el alma de acero.
¿Cuándo será el día feliz en que llamen a la categoría del 17? No lo sé. De lo que sí estoy seguro es que cumpliré mi deber.

Texto tomado de: Chaco Boreal Semblanzas y Hechos reales de la Guerra 1932 - 1935.
Foto: Despedida al Chaco (Luis Ramiro Meave)

CAER PRISIONERO EN LA GUERRA DEL CHACO

(Fragmento)

El soldado que caía prisionero ya no era considerado como un combatiente, era alguien que estaba a merced de sus captores, si tomamos en cuenta el pensamiento griego sobre los prisioneros de guerra, que seguía vigente en el tiempo de la guerra del Chaco. El trato que recibían los prisioneros de guerra al momento de ser capturados, dependía en gran medida de las circunstancias y de la actitud de sus captores, muchos de los cuales no tuvieron contemplaciones para con los cautivos. Puede determinarse esto a través de los testimonios recabados, debido a que algo que sucedió desde la captura de los primeros prisioneros hasta el último instante de la guerra, fue que la gran mayoría de los recién capturados eran despojados de todas sus pertenencias, siendo estas sustraídas por sus captores y si los captores respetaban alguna pertenecía personal del cautivo o en su defecto dejaban algo, los siguientes soldados paraguayos que encontraban en su camino les arrebatarían, comprarían o intercambiarían sus pertenencias por alimento o agua. Así lo expresan varios excombatientes que dan fe al saqueo que sufrieron por parte de los paraguayos. Entre estos testimonios están las experiencias del entonces soldado Daniel Espinar, quien relata:
“Apenas me han agarrado, me han sacado todo, mi piripipi, mi frazada, mi morral y han revolcado todos mis bolsillos, yo callado estaba, algunos pilas seguían apuntándome con sus fusiles. (…). los pilas venían y sabían que allí nos pagaban socorro en plena guerra, será 30 pesos, 30 bolivianos, ya no me acuerdo, aquí en el pantalón guardábamos, en ese bolsillito que hay, los paraguayos ya sabían eso, y manejan el cuchillo y el puñal, añe menbui se llama en guaraní, ¡chaz! Le cortaban (el bolsillo) y se lo sacaban, a todos los prisioneros, ellos sabían que teníamos eso. ”(Espinar, 2014).
Por su parte, Nicolás Montaño recuerda que: “Cuando los paraguayos me han capturado, todo me han sacado, me han quitado las cartas que tenia, todas mis cositas se lo han agarrado, he querido reclamar, pero me han amenazado con pegarme, así que me he callado nomas.”(Montaño, 2014). El soldado Juan Nina efectivo del regimiento “Rocha” 31 de infantería, quien cayó cautivo en la batalla del Carmen, rememora: “Cuando me han capturado, los pilas, todito me han quitado, papeles, ropa, hasta mis chocolateras, lo bueno es que no han querido mis abarcas y con eso me he estado todo el rato.”(Nina, 2014). El soldado Damián Muñoz, componente del regimiento “Beni” 16 de infantería, quien cayó cautivo durante la defensa de Villamontes en marzo de 1935, atestiguó algo que lo dejó impresionado: “parecían desesperados los pilas, apenas me han tomado prisionero, todo me buscaban, como si estuviera escondiendo algo, me han quitado todas mis cosas, casi me quitan mi uniforme, pero su oficial no ha dejado que me desnuden.”(Muñoz, 2014). Esto mismo lo vivió el grupo del suboficial Luis Ricalde al momento de su captura, él asevera que: “los pilas nos quitaron todo dejándonos descalzos y casi desnudos.”(Velarde, 1976, pág. 271). El Sargento Bravo: rememora: “La patrulla enemiga cayó sobre nosotros y nos molió a golpes, cortes de bayoneta, golpes de culata y latigazos, luego nos desnudaron, nos quitaron la ropa, el dinero y todo cuanto teníamos.” (Especial, 1935, pág. 8 ) En su texto “¡Alto al fuego!”, Luis Azurduy transcribe testimonios de algunos prisioneros bolivianos, uno de ellos es Lorenzo Rodríguez, capturado en la batalla de Campo Vía, que en su declaración ante la sección III del Comando Superior Boliviano expresa: “…Después de estar en poder del enemigo lo primero que hicieron los paraguayos fue sacarnos los zapatos, la ropa, la caramañola e incluso la ropa interior.”(Azurduy, 1935, pág. 153).

Texto extraído de: LOS PRISIONEROS BOLIVIANOS EN LA GUERRA DEL CHACO Y SU RELEVANCIA EN LA POST GUERRA. 1932 – 1946 Tesis de Grado para obtener la licenciatura en Historia UMSA, de: Airton Laureano Chambi Ocaña. (Pags. 89 – 90)

Imagen: Recorte del periódico La Razón del 8 de marzo de 1936, donde se informa de la deportación de un funcionario del gobierno paraguayo que cometió todo tipo de abusos contra prisioneros bolivianos.

UN BANDOLERO BENIANO EN EL SIGLO XX


Era principios del siglo; en Santa Ana del Yacuma, un bandolero sádico hacía de las suyas en la región. Había matado a una criatura que lloraba agarrándola de los pies y golpeándola contra el tronco grueso de un árbol; se decía que a su madre la flajelaba. El bandido se llamaba Modesto Montenegro y no había un macho que se atreviera a enfrentarlo.
Finalizaba el primer gobierno de Ismael Montes. Las autoridades de la sede de gobierno, informadas de las atrocidades que cometía Montenegro, lo envía al jefe de policías de La Paz, el famoso Tigre Cusicanqui(1), a que pusiera fin la anarquía que reinaba en la región, debida a la permanente lucha de dos familias principales del pueblo: los Cuellar contra los Roca, y viceversa.
Cusicanqui pacifica el pueblo, pero continuaban las malandanzas de Montenegro. Un día se presenta ante el Tigre Cusicanqui, Gonzalo Montaño, un camba de bien, que se ofrece aprehender a Modesto Montenegro. El Tigre pone a su mando un piquete de soldados con la orden de traerlo vivo o muerto al bandolero, el que nunca permanecía en un solo lugar dos días. Siempre estaba a la escapada.
A Montaño le informan que en la población cercana de Exaltación, Montenegro está emborrachándose. Montaño, apresurado, se dirige al lugar; rodea la casa donde el bandido está completamente ébrio. Lo maniata y lo entrega al Tigre, quien le interroga, y al saber tanto crimen de labios propios del criminal, ordena que lo amarren al cepo chino: lo estiran sobre la tierra a la altura de dos gemes, amarrando sus extremidades a cuatro estacas. Al día siguiente encuentran que el peso del cuerpo había desgonzados las articulaciones. El hombre gemía de dolor. Entonces el Tigre ordena ponerlo en una canóa, diciendo que lo llevaría a La Paz para ser juzgado. El se embarca en la misma río Mamoré ordena al cacique que conducía la embarcación, que con Montenegro haga una pelota en cuero de vaca. Lo amarran dejándole la cabeza afuera, pero con una piedra dentro de la pelota. Lo arrojan al río y Montenegro se hunde en las aguas muriendo ahogado.
Así murió uno de los bandoleros más crueles que tuvo el Beni, castigado por orden de una autoridad tan cruel y sádica como el mismo bandido.

Referencias
(1) «La pavorosa Historia de Bolivia, tiene personajes inolvidables por la crueldad, la persecución y el horror que ejercieron con sus conciudadanos. Uno de ellos es Justo Pastor Cusicanqui, apodado «El tigre Cusicanqui», que durante el período liberal hizo gemir al pueblo boliviano; así en La Paz como en el Beni y en toda la república. Su historial de perversidades y abusos, esta en «sitio de honor» al lado de Yañez, el Padre Ivar mexicano, el chileno Luis Gayan Contador, Adhemar Menacho, un chuquisaqueño Orosco, y el célebre General Claudio San Román, quienes y cada uno, durante el período presidencial al que servían fueron esbirros despiadados que no les conmovían el llanto de los hijos, ni la desesperación de las esposas de los políticos del bando opuesto, menos la angustia de las madres. Todos, bandidos de triste memoria en los Anales de la Historia de los tiranos que gobernaron a nuestro infortunado país.» (Del libro «Anécdotas de gobernantes y gobernados» por Antonio Paredes Candia)

Tomado de: Bandoleros Salteadores y Raterillos de Antonio Paredes Candia.
Imagen: Barraca sobre el Rio Beni.

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