![]() |
| Audiencia de Charcas |
Oruro y las dos provincias de su jurisdicción, Paria y
Carangas, fueron, durante la colonia, de economía predominantemente minera; la
fundación de la ciudad de Oruro se debió a la necesidad de estabilizar poblados
en los centros de explotación minera.
Los incas conocieron y trabajaron las minas de Oruro y los
españoles comenzaron a explotarlas alrededor de 1560.
Desde entonces, al igual que la división geográfica general,
se distinguen tres regiones mineras: Paria, Carangas y el asiento de Oruro.
En Paria, las primeras minas que comenzaron a explotarse
fueron las de Salinas de Garci Mendoza que, a comienzos del siglo XVII, ya
estaban casi completamente abandonadas. También existen noticias de minas
explotadas en Carangas durante la segunda mitad del siglo XVI; pero, sin duda,
el gran auge minero de la región empieza a partir de la explotación de la
serranía de Oruro.
El primer español del que se tiene noticia, dedicado a
explotar las vetas argentíferas de Oruro, fue el encomendero Lorenzo de Aldana,
quién las trabajó durante la década de 1550. Luego, la explotación fue
discontinua. La carencia de mano de obra obligó a no pocos mineros a abandonar
su empresa. Con el fin de siglo, llegó finalmente una mayor estabilidad en los
trabajos .
Los hermanos Francisco, Diego y Juan de Medrano, en 1595,
redescubrieron ricas vetas e iniciaron la dificultosa tarea de explotar los
cerros orureños. Impulsaron los trabajos atrayendo mano de obra con un buen
pago de jornal. Así comenzó el primer auge del asiento minero de San Miguel,
como fue bautizado por esos años. Llegaron personajes con capital, como don
Alonso Alvarez de Nava Revolledo, quien se asoció a los Medrano, y muchos otros
buscadores de fortuna. Diez años después, en 1605, habitaban en el asiento mil
trabajadores y cuatrocientos españoles.
El 20 de marzo de 1605, los pobladores de Oruro nombraron
precisamente a Diego de Medrano, «principal descubridor y poblador de estas
minas», como comisionado ante el Presidente de la Audiencia de Charcas o el
Virrey del Perú, para obtener el beneficio de la mita que tenía Potosí y para
conseguir la autorización para la fundación de la ciudad al pie de los
socavones. La entrevista se realizó con el Presidente de la Audiencia, quien
comisionó a Gonzalo de Paredes Hinojosa, corregidor de Salinas de Garci
Mendoza, para que emitiera un informe sobre las minas de Oruro.
El informe de Paredes Hinojosa y del experto en minas Diego
de Velasco fue altamente positivo, calificando a las «minas de mucha
consideración y aprovechamiento». Su informe favorable y el de la Audiencia
fueron enviados al Virrey de Lima; pero éste murió antes de tomar ninguna
providencia, produciéndose un interregno y conflictos de jurisdicción entre la
Audiencia de La Plata y la Audiencia de Lima. Sin embargo, pese al riesgo de
que sus actos fueran luego calificados de ilegales, la Audiencia de La Plata decidió
proceder a la fundación de la Villa de San Felipe de Austria, tarea que fue
encomendada al oidor Manuel de Castro de Padilla, quien, con gran pompa,
cumplió su cometido el 1º de noviembre de 1606.
La razón fundamental para la fundación fue, sin duda, el
auge minero que entonces se vivía en Oruro, el aumento acelerado de su
población y la riqueza de las vetas que daban la esperanza de un milagro de la
talla del descubrimiento de Potosí.
El auto de fundación, emitido por Castro de Padilla,
justificaba la fundación por mandato de la Audiencia de La Plata al haber
fallecido el Virrey y porque en «dicho asiento viese y visitase las minas de él
y constándole ser firmes, ricas y permanentes y de calidad...». Según su auto,
visitó la mayor parte de las vetas y minas ayudado de «personas prácticas» y
otras muchas que certificaron «ser las más ricas, estables y firmes que se han
descubierto en las Indias, demás de lo cual han hecho muchos ensayos por grueso
y menudo de ellas en diferentes ingenios, de que ha resultado por ser ricas y
prósperas...». Especialmente, alababa a las minas de Pie de Gallo y San
Cristóbal.
Los mineros de la nueva Villa se sintieron muy complacidos
por la fundación y coparon los principales puestos del poder local. Francisco
de Medrano fue elegido alcalde ordinario, Diego de Medrano, procurador general
y Alonso Alvarez de Nava y Revolledo, Mayordomo de las Rentas. El cabildo
comenzó a funcionar el 3 de noviembre de 1606. El 9 de noviembre de ese año se
elaboró allí un pliego de diez y siete peticiones al fundador de la Villa. De
éstas, las principales referidas a la minería eran las siguientes: El azogue
debía valer 60 pesos, 10 pesos menos que en Potosí, por estar Oruro más cerca
de Arica; debían concederse 3.000 indios de las provincias de Paria y Carangas
como mitayos y que de esas provincias no vayan a servir mita a ningún otro asiento
(entiéndase Potosí); los señores de minas e ingenios de Oruro debían tener los
mismos privilegios que los de Potosí y, finalmente, que los pobladores de la
Villa en el momento de la fundación sean considerados, como lo establecían las
leyes en vigencia, hijodalgos. Sobre los títulos y honores, Castro de Padilla
emitió ordenanzas aceptando la petición; pero, aunque consideró justo lo del
azogue y lo de la mano de obra, no proveyó nada, sino que lo remitió a la
Audiencia para que fuera ella quien proveyese.
El sistema de mita nunca fue aprobado para Oruro, fue un
privilegio de Potosí. A pesar del entusiasmo del descubrimiento y de la
fundación y a pesar de la consolidación de Oruro como el segundo centro de
producción minera en la Audiencia de Charcas, muy pronto se comprobó que Potosí
continuaba en primer lugar.
Después de fundada la Villa, continuó la polémica en Lima y
en La Plata y se dieron muchos y diversos pareceres sobre la ley de sus metales
y todo lo concerniente a la labor minera. Ésta fue la razón fundamental para
que tanto la Audiencia de Lima como la de La Plata enviaran comisiones para que
realizaran una investigación exhaustiva. La primera envió a Diego de Portugal,
cuyo informe positivo consolidó la confirmación de Lima para la fundación de la
Villa. Entre otras cosas, informó que se estaban trabajando 207 minas con 900
indios -la mayor parte voluntarios-, que el rendimiento de las minas oscilaba
entre tres y nueve pesos por quintal y que estaban en pleno funcionamiento
cinco ingenios en Paria, cinco en Sepultura y tres en Sora Sora.
La Audiencia de La Plata envió, meses después, a Felipe de
Godoy, quien hizo una importante «relación del asiento, minas y población de
San Felipe de Austria, llamado de Oruro». Ésta proporcionó importantes datos
sobre los cerros y las vetas, la mano de obra, el azogue, los ingenios y los
propietarios de minas.
De acuerdo a Godoy, los cuatro cerros principales de Oruro (de este a oeste): Pie de Gallo, La Flamenca, La Colorada y San Cristóbal, «están poblados de muchas y diversas vetas, particularmente el de San Cristóbal».
Los siguientes cuadros, elaborados con base en el informe de
Godoy, dan una idea resumida de la intensa actividad minera en Oruro a
principios del siglo XVII.
Por la parte del pueblo, se abrieron 3 socavones dirigidos
al cerro: El primero, dirigido a la veta Pie de Gallo, del propietario
Francisco de Escóbar. El segundo, dirigido a la veta de San Miguel, del
propietario Diego Alemán. El tercero, dirigido a San Pablo, del propietario Rui
González.
Se abrieron dos socavones:
El primero de propiedad del escribano Pascual de Tudela y de
Juan de Chorocamendia.
El segundo de Juan Bautista Bascopie, los dos dirigidos a la
veta de La Flamenca.




No hay comentarios:
Publicar un comentario