EL ARRESTO DEL “WILLKA” PABLO ZARATE TERMINA CON UNA GRAN REBELIÓN INDÍGENA

Fuente: Entre la alianza y la confrontación: Pablo Zárate Willka y la rebelión indígena de 1899 en Bolivia. / Pilar Mendieta. Plural editores, 2010. // Foto: Anciano indígena andino boliviano, foto-postal de principios de siglo XX. // Para más historias: Historias de Bolivia.

El 11 de abril de 1899, el coronel Pando y su estado mayor, acompañado del piquete Murillo, ingresaron triunfales a la ciudad de Oruro. Un día después ocupo la plaza “todo el Ejercito de operaciones”. Al día siguiente entraron a la ciudad las fuerzas indígenas de Pablo Zarate, seguidas de cerca por las de Umala, comandadas por Francisco Mariño. Según informaciones proporcionadas por Eusebio Herrero: “Dos días después del combate del Crucero había hecho, la indiada su entrada triunfal a la ciudad de Oruro, quedando el vecindario aterrado ante esas hordas; para las que dicen que no han faltado mixturas y guirnaldas tributadas por el fanatismo político”. A pesar de la descripción “aterrada” de Herrero, lo cierto es que las fuerzas de Willka entraron de forma pacífica a Oruro y recorrieron las calles y la plaza de armas, donde fueron ovacionados por los vecinos. Después de los festejos, Pando y Willka se alojaron en el palacio prefectoral.
Pero el triunfo duro poco para los indígenas. Ese mismo día la Junta de Gobierno envió un circular a todos los párrocos y corregidores de los cantones para que pidan a los indígenas “volver a sus labores y a la vida pacifica que habían observado siempre; pues con el último triunfo obtenido no eran ya necesarios los servicios bélicos de la raza indígena”. En la ciudad de Oruro, el propio Pando exhorto a sus ex socios a restituirse a sus estancias y ranchos, al mismo tiempo que dispuso medidas de represión para frenar futuros brotes de rebelión. Es así que manda hacia Challapata al batallón Omasuyos con instrucciones de impedir la destrucción del ferrocarril. Por su parte, el batallón Independiente se acantono en Sora Sora, El Colorados en Sica Sica e Inquisivi, y el Victoria en Caracollo primero, Caracato y Luribay después.
Debido a la cercanía de la fiesta de La Cruz, a celebrarse el 3 de mayo, la Junta decidió prohibir la fiesta en los pueblos a fin de evitar conflictos con los indígenas. En Ayo Ayo se les previno a los indios de que se los recibiría a bala si pretendiesen entrar al pueblo para la celebración. (Telegrama de la Junta de Gobierno al corregidor de Ayo Ayo, fechado en 30 de abril de 1899). Con todo, no fue fácil contener el malestar indígena ya que, si bien es cierto que en muchos casos ellos volvieron a sus faenas cotidianas como por ejemplo los de Umala, hubo quienes, dispuestos a cobrar su participación en el triunfo, comenzaron a tomar acciones de hecho.
Con el derecho que les daba el haber sido aliados políticos de Pando y haber hecho posible el triunfo de la revolución, en la zona del Cercado de Oruro y en el sur del departamento de La Paz, de donde era originario, Pablo Zarate ordeno que todos los colonos queden libres y que desde ese momento las haciendas pasarían a convertirse en comunidades. En otras zonas, como0 el norte de Potosí, Feliciano Willka dio las mismas instrucciones y el hacendado Luis Rasquedo junto con Juan Chaca y demás propietarios de Llacsa Capuyo pidieron que se tomen recaudos en contra de las insubordinaciones de sus arrendatarios, que en combinación con los comunarios vecinos atacaron esa propiedad.
Noticias de Caracollo también dan cuenta de que los colonos de las haciendas se negaron a trabajar y sus cabecillas pidieron que estas haciendas se conviertan en comunidades. Por esos días, el cura de Caracollo escribió una carta al Arzobispo de Sucre renunciando a su cargo debido a los indios “lo tuvieron preso durante 12 días y sentenciado a muerte”. En otra misiva narra como su padre y sus hermanas tuvieron que ponerse de rodillas en la plaza del pueblo por haber presenciado la muerte de la señora Ignacia Castro de Bullain, dueña de la finca Caracollo. En el norte de Potosí, los disturbios prosiguieron hasta el mes de septiembre, cuando el subprefecto Armijo afirma que “si por ahora esta despejada la atmosfera en Carasi, recrudece en Micani y es de antiguo que Moscari y Tacarani, donde un cabecilla Juan de D. Jarro ha expropiado las fincas de esas regiones, repartiendo cosechas y propiedades entre los suyo”. Es decir, tanto Willka como los demás apoderados dieron por hecho lo prometido por los liberales en su discurso político y procedieron en consecuencia.
De ahí que el 23 de abril el vecindario de Irupana escribiera a la Junta pidiendo ayuda, ya que los indios de Inquisivi se hallaban sublevados amenazando con invadir el pueblo. En Caracoto, los vecinos denunciaron la llegada de los indios de la altiplanicie para sublevar a la quebrada. En Viacha cundió la alarma por los mismos motivos. En todos estos lugares los efectivos del ejército, dispuestos por Pando para reprimir las acciones indias, ejecutaron órdenes y tomaron presos a muchos indios, entre ellos a los de Mohoza, quienes fueron hechos prisioneros por el batallón Illimani. En un acto de vil traición para quien había sido su antiguo aliado, José Manuel Pando ordeno el arresto de Pablo Zarate, quien fue puesto en prisión a fines de abril de 1899. La tradición oral dice que antes de su detención, cuando se hallaba festejando el triunfo en Oruro, Zarate exigió a Pando el cumplimiento de sus acuerdos, sin que se sepa que es lo que este último contesto.
Respecto al segundo Willka, Cruz Mamani, el 23 de abril llego un telegrama a la Junta de Gobierno de parte del subprefecto de Sica Sica, quien comunicaba la muerte de Mamani. Según otros telegramas enviados a la misma Junta, Cruz Mamani fue detenido en Sica Sica por “andar sublevando indios”. Al parecer, el pretendía fugar cuando se le disparo y luego perdió la vida. El 26 de abril otro telegrama daba cuenta de que “Willca segundo fue enterrado”. La Junta de Gobierno deslindo responsabilidades diciendo que “es lamentable la muerte del Willca Cruz Mamani, pero tuvo la culpa queriendo fugar. Que se levante un buen proceso para evitar responsabilidades” (Telegrama del subprefecto de Sica Sica a la junta de Gobierno, 24 de abril de 1899). Otros apoderados que participaron en la revolución, como Manuel Pacajes, fueron también apresados después de haber estado, según la prensa, sublevando indios para convertir las haciendas en comunidades. A principios de mayo de 1899, es decir, ni un mes después del triunfo, la rebelión indígena estaba irremediablemente perdida, aunque para algunos todavía existía esperanzas fundadas en la alianza con Pando. Tal es el caso de los indios de Tacarani, en el norte de Potosí, que a raíz de las sesiones que realizaban los miembros de la Convención Nacional en Oruro en el mes de octubre de 1899, decidieron:
Reunir lo que llamaban rama, cantidad de dinero, para su abogado que debe marchar a Oruro como representante de ellos ante la Convención, tocándole verificar este triste papel al azuzador escapado de Tacarani Don Osvaldo Abastoflor.
Pasadas las horas de la crisis, ningún documento público se atrevió a hablar de la presencia india en el triunfo liberal. Según palabras de Condarco: “Nadie tuvo la lealtad de decir que los revolucionarios habían solicitado desesperadamente prestación de inmediato socorro a los indígenas y que los segundos acudieron en auxilio de los primeros compensando las desventajas de los revolucionarios y proporcionándoles grandes posibilidades de resistencia y victoria”. 

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