¿QUE OCURRIÓ AQUEL 27 DE MAYO DE 1812 EN LA COLINA DE SAN SEBASTIÁN? (COCHABAMBA)


Por: Jose Antonio Loayza. / Este artículo fue publicado originalmente en Siglo y Cuarto Documentos Históricos, el 26 de mayo de 2018. // Foto: Monumento a las heroínas de la Coronilla en la colina de San Sebastían, Cochabamba. 

No existe un testimonio de lo sucedido en la colina de San Sebastián el 27 de mayo de 1812 por las mujeres de Cochabamba, a excepción del siguiente relato: 

RELATO DEL SOLDADO FRANCISCO TURPIN AL GENERAL MANUEL BELGRANO, SOBRE LOS SUCESOS DEL 27 DE MAYO DE 1812

Jujuy, 4 de agosto de 1812
Señor general:

Francisco Turpin, soldado de la primera Compañía de fusileros del Regimiento Nº 6 dice a vuestra señoría:

Que después que salimos destrozados de la acción del Desaguadero me vine a refugiar en la ciudad de Cochabamba, donde por otra acción semejante caí prisionero por las tropas de Lombera, quien me llevo a Oruro como a su soldado, de este lugar me pase a Cochabamba desertando, y trayéndome un sable y una pistola, pues me hicieron cabo de 2º de artillería, y allí senté plaza en el cuerpo de artillería contra Goyeneche, y nos condujo el comandante don Carlos Tabeada a las inmediaciones de La Plata; fuimos acometidos por el enemigo y nos dispersó, porque no traíamos más que dieciocho fusiles una camareta y la demás gente solo era de garrote, de cuyas resultas regrese a Cochabamba, y desde ese punto salimos setenta y siete hombres con el comandante don Félix Borda hasta las inmediaciones de un pueblo llamado Chillón, donde tuvimos una guerrilla de noche con los cruceños y logramos vencerlos, dejando cinco muertos en el campo de los enemigos, y uno de los nuestros, y al siguiente día entramos en dicho pueblo, e inmediatamente fuimos en busca del enemigo, y lo encontramos en un pueblo llamado Pampa Grande, donde tuvimos una acción de ocho horas de fuego, y allí los derrotamos completamente ganándoles ciento cuatro fusiles y dos piezas de artillería de a uno, muriendo de ellos cien hombres y diez mujeres; seguimos adelante hasta Samaipata, donde se habían levantado los del pueblo y prendieron a don Manuel Padilla, comandante de los derrotados, quitándole un canon de hierro de a uno, y así permanecimos en dicho punto más de un mes y al dicho Padilla lo pasamos por las armas; después de todo nos mandó a llamar don Mariano Antezana a Cochabamba para que fuéramos a Oruro, y salimos con el comandante general de armas don Esteban Arze hasta las inmediaciones de Sorocachi, en las cuales encontramos todas las casas quemándose; con su dueña que escapasen todos a excepción de una mujer que murió; seguimos el camino en busca del enemigo ya de noche, y logramos habernos acercado tanto, que no había más de tres cuadras del campamento enemigo, tanto que el mayor general don Bartolomé Pizarro dijo que había tocado las tiendas de campaña del enemigo sin ser sentido, porque los indios por tres noches no los dejaron pestañar, y en aquella estaban dormidos, a este tiempo llego un propio del gobernante don Mariano Antezana al general don Esteban Arze, con quien estábamos como treinta mil hombres mandándole que inmediatamente se retirara, que no quería que se perdiesen los cañones , que no éramos capaces de vencer al enemigo y que este iba a cometernos por tres puntos: con estas noticias empezaron todos a afligirse mucho, y en especial el general Arze, quien dijo en voz alta “Señores , todos los de esta campaña sean testigos de que esta retirada no se hace por mí: estamos en la mejor situación para vencerlos , y me manda a llamar Antezana”.

Esa misma noche caminamos de regreso, y al día siguiente encontramos todos con dicho Antezana, y entonces empezamos a reñir con el general Arze y el dicho Antezana, tanto que hubieron de pelearse entre los dos y se dijeron que cada uno vaya a defender el lugar donde vivía, esto es, el gobernador Antezana, Cochabamba y el general Arze el valle de Torata.

Habiendo quedado yo en Cochabamba, y en destacada de un lugar llamado Colque-Pirgua dijeron que el general Arze se había situado en un lugar Pocona con toda su gente, a los cuatro días vino la noticia de que el general Arze habían sido derrotado , entonces don Mariano Antezana nos mandó llamar de dicho punto de la destacada a la misma ciudad, y habiendo formado todas sus tropas ,les dijo: “Juran soldados defender la patria a que respondieron todos sí; pero como todos los soldados creyeron que era sarraceno el señor Antezana porque había mandado retirar las tropas del señor Arze de Soracachi y porque hizo entraren Cochabamba a los que estaban de destacada en Colque–Pirgua, distancia a media legua de la misma ciudad, dijeron que los iba a entregar a así se fueron la mayor parte de ellos.

En este día por la tarde hubo Cabildo Abierto y nuevamente Antezana dijo “¿Cumpliréis lo que habéis dicho de defender la patria y la excelentísima Junta de Buenos Aires?”. Algunos respondieron que sí, pues ya no habían más de mil hombres escasos, y solamente las mujeres dijeron si no hay hombres nosotras defenderemos : a poco rato mando el señor Antezana que él ya rendía, y que todas las armas la pusieran en el cuartel, que el se iba, y que el que quisiera seguirlo que lo siguiese, mando al mismo tiempo que se aseguren las ramas bajo llave, y se aseguraron cincuenta fusiles y veintiún cañones de estaño y un obús con una culebrina de los de Buenos Aires de bronce: echa esta diligencia repentinamente se congregaron todas las mujeres armadas de cuchillos, palos, barretas y piedras en busca del señor Antezana para matarlo, y otra porción al cuartel y apenas quebraron las ventanas de la casa de dicho Antezana y no lo encontraron luego vino un caballero Mata Linares, a quien dejo las llaves Antezana, y este abrió , entraron las mujeres, sacaron los fusiles, cañones y municiones, y fueron al punto de San Sebastián, extramuros de la ciudad, donde colocaron las piezas de artillería.

Al día siguiente hubo un embajador de parte de Goyeneche, previniendo que venían ellos a unirse como con sus hermanos, que desistan de esa empresa bárbara: el pliego se entregó al único oficial capitán de caballería don Jacinto Terrazas, y habiendo este preguntado a todas ellas, que si querían rendirse, dijeron que no, que más bien tendrían la gloria de morir matando y el embajador que vino a Cochabamba murió en manos de las mujeres.

A poco rato se vio ya formado el ejército enemigo e inmediatamente rompieron el fuego las mujeres con los rebozos atados a la cintura, haciendo fuego por espacio de tres horas: el enemigo acometió por cuatro puntos y mataron treinta mujeres, seis hombres de garrote, y tres fusiles, ya cuando nos vimos muy estrechados pensamos reunirnos en la misma plaza; pero ya no fue posible, porque la caballería enemiga estaba sobre nosotros, entonces se quemó toda la pólvora que había, así de cartuchos de fusil, como de cañón, escapando solo seis cajones para el monte y los cincuenta fusiles, y en estas confusión me hicieron prisionero, manteniéndome atado a la cureña de un cañón y lo mismo a dos mujeres; a los seis días de mi prisión prendieron también al señor Antezana del convento de San Francisco, le dieron tres días de termino y lo pasaron por las armas después; después de muerto le cortaron la cabeza, y colocaron en la plaza mayor de la ciudad, y el cuerpo llevaron al punto de San Sebastián adonde salía todas las noches una compañía de fusileros de reten.

Después que se había posesionado el enemigo de la ciudad empezaron a saquearla, cada división con sus respectivos jefes, quebrando todas las puertas y ventanas, los de caballería salieron a las estancias o haciendas a hacer otro tanto, quemando las sementeras, así de maíz como el trigo; salí de la prisión agregándome a las tropas del enemigo, llego el tiempo de que marchásemos a Chayanta donde pensaban hacer el Cuartel General, y en la primera jornada que hicimos en el lugar nombrado Capinota, encontré a los indios lanceros de Pumacahua y vi que mataron niños, viejos, viejas, a excepción de las mujeres de buen parecer, y decían que al fin habían de defender la causa nuestra, de la segunda jornada que llegamos a un lugar de Secaya hice mi deserción por el lado de Arque a sepulturas para venirme por el despoblado como lo he ejecutado.

Jujuy, 4 de agosto de 1812
es copia
Manuel de la Baquera

¡Gloria a las cochabambinas que demostraron su gran valor
para ejemplo y memoria de las generaciones venideras!

Todas las noches, a la hora de la lista, un oficial de cada cuerpo militar preguntaba en alta voz: 
— ¿Están presentes las mujeres de Cochabamba? 
Y otro oficial respondía: 
—Gloria a Dios, han muerto todas por la patria en el campo del honor.

Gualberto Villarroel, mediante Ley del 8 de noviembre de 1927, instituyó el 27 de mayo, como el día destinado a rendir especial homenaje a la Madre.

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