PERDER EN MESA LO GANADO EN CANCHA

  

Santa Cruz


El mataburros de quechua a español indica que “Pawcarpata” significa “prado o jardín”. Tal vez en ello pensaba mi amigo José Quiroga Salamanca en su granja de ése nombre en el valle florido, donde hace unos días nos apesadumbró con su partida de este mundo. No fue ningún jardín de rosas el que sufrió el almirante chileno Blanco Encalada al ser rodeado por tropas de la Confederación Perú-Boliviana en 1837, capitular su rendición en la arequipeña Paucarpata y ser devuelto con armas y bagajes a su país. 


Es anecdótico que tal traspié militar de un ejército chileno que se golpea el pecho de su invencibilidad, se debiera a que el Mariscal Andrés de Santa Cruz y el almirante invasor eran ambos masones. Sin embargo, no cabe duda de que el Mariscal de Zepita contraviniera normas militares que, desde Sun Tzu hasta Clausewitz, insisten en que si la guerra ha de terminar en duradera paz, el ejército en ventaja debiera imponer la superioridad en el campo de batalla. Más tardó el Congreso chileno en desautorizar a Manuel Blanco Encalada que otro Manuel retornó y su ejército, fortalecido por disidentes peruanos dirigido por Agustín Gamarra (sí, el muerto en Ingavi), desbarató en Yungay a la Confederación. Muchos chilenos insisten en que su ejército jamás fue vencido, que la vergüenza de Blanco Encalada en Paucarpata solo afectó a una parte de sus tropas. ¡Já!


Pagaríamos la imprevisión en 1879, la segunda Guerra del Pacífico donde Perú perdió territorio y honor, y Bolivia, aliado y mar. No es la primera vez que se pierde en mesa lo que se ganó en cancha. Estaba en lo cierto el argentino Nicolás Avellaneda, quien tal vez citaba a Cicerón diciendo que “los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”. Quizá la primera vez fue la del Tratado de Paucarpata en 1837, que probara a Chile como astuto y artero además de belicoso. Otra vez se debe a la politiquería de la historia boliviana, con lío de faldas de por medio: Belzu devolvió los restos del invasor Gamarra y demolió la columna recordatoria de la victoria de Ingavi. La miopía se repitió en 1898, cuando Paraguay destruyó Puerto Pacheco; luego en 1928 sobrevino el pre-aviso de la Guerra del Chaco al ocupar en 1928 los paraguayos el Fortín Vanguardia cercano a Puerto Suárez. La cuarta vez fue en la campaña de Ñancahuazú, donde los soldados bolivianos fueron escamoteados en mesa por un régimen lambiscón de Cuba y del Che Guevara. 


ANF, 17 de junio de 2017. / Imagen: Santa Cruz.

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