LA POSTERIDAD DEL GRAL. HILARIÓN DAZA GROSELLE
HISTORIA DE REFERENDOS EN BOLIVIA, DE SALAMANCA A MORALES
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| La historia de este tipo de consultas comenzó en Bolivia en 1931 cuando el presidente Daniel Salamanca mandó a aprobar o rechazar una cartilla de 10 preguntas a un electorado no lego. |
Por: Coco Cuba, publicado en el Sajama.com el 20 de febrero
de 2016. / https://www.elsajama.com/2016/02/85-anos-de-referendos-de-salamanca.html
VALDIVIANOS (CHILENOS) EN LA GUERRA DEL CHACO Y LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA
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| Oficiales chilenos en Bolivia. |
Por: Pablo Santiesteban, Este texto fue publicado en 5 de
enero de 2022 en Diario de Valdivia. Disponible en: https://www.diariodevaldivia.cl/noticia/historias-diariosur/2022/01/mercenarios-valdivianos-del-chaco-hasta-la-guerra-civil-de-espana-i-parte
https://www.diariodevaldivia.cl/noticia/historiasdiariosur/2022/01/mercenarios-valdivianos-del-chaco-a-la-guerra-civil-de-espana-ii-parte
A comienzos del siglo XX los choques ideológicos y los
conflictos limítrofes estaban a la orden del día y parecía que la guerra era el
único medio para imponerse. La pasada centuria fue la más sangrienta, con dos
guerras mundiales que apagaron la vida de 80 millones de almas aproximadamente,
y con conflictos armados que añadieron tecnologías que hacían que las bajas
fueran cruentas y desbastadoras, en especial para la población civil.
Los difíciles primeros años del siglo XX no fueron ajenos
para Chile, afectado por la Depresión de 1929, y que determinó una década del
30 con muchas carestías y reflejada en la alta tasa de desempleo y mortalidad
infantil. Esos fueron los años que vivieron dos aventureros valdivianos que,
empujados por la necesidad de trabajar, luego de sus salidas forzadas de las
Fuerzas Armadas del país, tomaron la difícil decisión de combatir para ganarse
la vida y para defender sus ideales en dos conflictos célebres, la Guerra del
Chaco (1932-1935) y la Guerra Civil Española (1936-1939). Sus nombres eran Luis
Ángel Zendolla y Rubén Soto Echenique y esta es una parte de su historia que
Grupo DiarioSur pudo desenterrar para conocimiento de las nuevas generaciones
con fuentes en Chile, Bolivia y España.
AVENTUREROS
La participación de Soto y Zendolla en ambos conflictos está
documentada en investigaciones realizadas por la historiadora rusa Olga
Ulianova y el historiador chileno Leonardo Jeffs -ambos ya fallecidos-, pero
además en testimonios de la prensa boliviana, libros testimoniales de ambos
conflictos escritos por ex combatientes y un documento escrito en francés de
puño y letra por Zendolla de viejos archivos soviéticos y cuya copia cedió a
Grupo DiarioSur la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales que aún
funciona en España y que posee archivos de todos los combatientes extranjeros
que acudieron a la península a defender los intereses de los republicanos de
tendencia izquierdista contra las autodenominadas tropas nacionales que dirigía
el general Francisco Franco.
Lamentablemente esta investigación aún posee muchos baches,
pues no es fácil acceder a los archivos de guerra que posee el Ejército de
Bolivia y a los del Centro Documental de la Memoria Histórica de España que
posee los archivos de la Guerra Civil en la ciudad de Salamanca.
A ello hay que añadir que el único de los personajes que
aparece con datos del Registro Civil de Chile es Rubén Soto Echenique, mientras
que Luis Ángel Zendolla no figura, posiblemente por poseer la doble
nacionalidad chilena-española como él mismo lo afirma en un documento que firmó
para asegurar su escape de España a Francia en 1938.
Cuando Grupo DiarioSur tomó contacto con fuentes de Bolivia
y España estas se sorprendían que dos ex militares, cuyo origen era una ciudad
tan austral el mundo, se hayan aventurado en conflictos que les eran ajenos y
que fueron tan célebres por el impacto político y social en su momento y por la
gran mortandad que dejó en sus bandos respectivos.
Pero ¿qué pasó con Soto y Zendolla? ¿Sobrevivieron a las
guerras del Chaco en Bolivia y la Civil de España? ¿Pudieron ambos regresar a
Valdivia?
Luis Ángel Zendolla nació en Valdivia el 2 de septiembre de
1894 y tenía más de 40 años cuando llegó a España a luchar por el bando
republicano. De él se sabe poco y según Olga Ulianova, que citó un libro
testimonial del suizo Gerald Gino Baumann, era secretario de sección del
Partido Socialista de Valdivia y tenía el grado de capitán de la Aviación de
Chile que, en la década del 30, aún vivía su proceso de separación del Ejército
de Chile.
En el documento en francés que consiguió Grupo DiarioSur,
Zendolla escribió que era casado, con tres hijos y que sirvió en el Ejército
por 28 años, sin embargo se pidió información de su hoja de vida histórica al
Ejército y a la Aviación y su nombre no aparece registrado.
En el caso de Rubén Crispín Soto Echenique el Registro Civil
indica que nació en Valdivia un 29 de noviembre de 1908 y sí aparece en los
registros históricos del Ejército de Chile donde se indica que ingresó un 19 de
marzo de 1925 como cadete, que el 29 de diciembre de 1926 pasó a servir en el
Regimiento de Infantería Caupolicán No 14 de Valdivia con el grado de
subteniente. Posteriormente se indica que el 30 de diciembre de 1929 es
ascendido al grado de teniente y el 30 de diciembre de 1930 es transferido al
Regimiento de Infantería N° 4 Rancagua, unidad a la que perteneció hasta el 3
de marzo de 1932. En el estudio de Olga Ulianova se le menciona como partidario
socialista, sin embargo su sobrino Víctor Monrreal, ex gobernador socialista de
Valdivia y ex candidato a diputado, expresó a Grupo DiarioSur que su tío Rubén
era más afín al Partido Radical.
Pero ¿qué pasó con estos militares y qué hizo que no
siguieran más en el Ejército de Chile?
LA REPÚBLICA SOCIALISTA
Al menos sabemos que Soto sirvió en el Ejército hasta 1932 y
ese fue un año difícil en la historia de Chile con renuncias de presidentes de
la República y hasta golpes de Estado. A fines de 1931 renunció a su cargo el
presidente Carlos Ibáñez del Campo y asumió su vicepresidente Juan Esteban
Montero que se hizo popular y ganó las elecciones presidenciales.
Chile ya estaba viviendo el impacto de la Depresión de 1929
en Estados Unidos –la que golpeó a todas las economías latinoamericanas- y
pronto la popularidad de Montero se vio fracturada, al punto de no contar con
el apoyo militar. Así, el 4 de junio de 1932 se instaura la República
Socialista, luego que un grupo de militares y aviadores de afiliación
izquierdista sale de la Base Aérea El Bosque, llega a La Moneda y convida a
Montero a entregar el poder. Éste al constatar que el Ejército no lo apoyará toma
se abrigo se pone su sombrero y deja el palacio de La Moneda como un ciudadano
común y corriente.
El gobierno lo toma una junta presidida por el general en
retiro Arturo Puga junto con Carlos Dávila y Eugenio Matte y asume labores
ministeriales el principal gestor de la jornada, el Comodoro del Aire Marmaduke
Grove.
Esta “República socialista” dura apenas 12 días, pues uno de
sus miembros, Carlos Dávila, promueve otro golpe la noche del 16 de junio con
un grupo de oficiales de la Guarnición de Santiago. Se detiene a Marmaduke
Grove y a Eugenio Matte y se obliga a Puga a dimitir, al tiempo que Dávila se
autoproclama Presidente Provisional de la República Socialista. Sin embargo,
pronto proscribe al comunismo, restaura la Ley de Seguridad Interior, anuncia
Estado de Sitio, y relega a Grove a Isla de Pascua.
Entre 1931 y 1932 en el Ejército de Chile y resto de las
Fuerzas Armadas y Carabineros comenzó un proceso de “limpieza” de sus filas,
pues varios militares de tendencia izquierdista fueron alejados. Es muy
probable que Zendolla y Soto hayan estado en dicha situación y vieron truncarse
así sus carreras en Chile.
RUMBO AL CHACO BOREAL
Según el historiador chileno Leonardo Jeffs en 1932, cuando
estalla de la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, una zona de clima
agreste y casi desértico, con escasez de agua y abundancia de mosquitos que
transmitían enfermedades en el límite de ambas naciones, había muchos chilenos
realizando el servicio militar en Bolivia. Añade que en los años 30 del siglo
XX resultaba atractivo para los trabajadores chilenos acudir a Bolivia que
vivía una economía esplendorosa gracias al trabajo en la minería y, pese a que
hubo militares chilenos que se unieron a las fuerzas de Paraguay, la mayoría
optó por la causa de Bolivia.
Bolivia poseía mejores recursos armamentísticos que
Paraguay, sin embargo las malas relaciones en su alto mando y con el presidente
Salamanca, le jugó en contra y muchos de sus oficiales experimentados fueron
cayendo en combate o eran tomados prisioneros. Todo esto hizo que la moral de
las fuerzas bolivianas decayera y se pensó que la ayuda de militares
profesionales chilenos sería una ayuda interesante para cambiar el rumbo de la
guerra.
El gobierno boliviano realizó gestiones en Chile ante su
presidente Arturo Alessandri para contar con oficiales chilenos, pero el
mandatario respetó el acuerdo de ser neutral, pese al interés de muchos
oficiales y ex oficiales de ir a servir por una paga al ejército de Bolivia.
Recién en 1934, en la última etapa de la guerra, varios ex
oficiales del Ejército de Chile y de Carabineros, que contaban con preparación
bélica, fueron contratados por el ejército boliviano para acudir al frente de
combate. Estos militares estaban cesantes y se les prometió recibirlos con el
mismo grado que tenían antes de ser despedidos y servir en Bolivia, algunos
incluso encomendándoles el mando de regimientos y compañías.
En febrero de 1934 se inició el proceso para contratar a ex
militares chilenos y el 11 de mayo del mismo año partieron los primeros
oficiales desde Valparaíso hacia Arica en el vapor “Palena” y desde ahí tomaron
el tren internacional que les permitió llegar a La Paz, posteriormente
siguieron a Oruro, Uyuni y Potosí, llegando hasta Villazón en la frontera con
Argentina. Luego se trasladaron en camiones militares hacia Tarija, Entre Río y
Villamontes y finalmente llegaron al fuerte Ballivián, sede del comando donde
estaba el general Enrique Peñaranda que los agasajó y de ahí los destinó a sus
respectivos puntos de servicio.
Hubo otros tres grupos de oficiales chilenos que viajaron
entre mayo y junio a La Paz y hasta inicios de 1935 hubo un total de 105
oficiales que llegaron al Chaco Boreal para servir a Bolivia y entre ellos
estaba Rubén Soto que llegó en el primer grupo y posteriormente Luis Ángel
Zendolla.
Fue en la acción de la Batalla de Villamontes donde los
oficiales chilenos marcaron el repunte boliviano en la guerra, al igual que en
la llamada Contraofensiva del Parapetí.
El teniente valdiviano Zendolla fue quien recibió un alto
cargo, pues hay testimonio en el libro “Memorias de una guerra” que escribió el
veterano boliviano Andrés Carrasco Burgulla, lo menciona como comandante de la
Novena Compañía del Tercer Batallón.
Grupo DiarioSur no pudo averiguar sobre la destinación de
Rubén Soto en Bolivia.
CONTACTO BOLIVIANO
Una persona que ayudó a Grupo DiarioSur a reunir información
desde Bolivia fue el abogado de Oruro e investigador histórico Maurice Cazorla
que, a su vez, ha promovido en su país el estudio de diversos hechos históricos
que formaron a Bolivia, especialmente la Guerra del Chaco. Cazorla expresó
sentirse “asombrado” y “conmovido” con la historia de dos hombres del sur que
decidieron viajar a Bolivia y combatir contra Paraguay.
Cazorla comentó que, de acuerdo a sus investigaciones
personales, si bien se contabilizan a 105 oficiales chilenos en el conflicto,
hubo muchos otros que se unieron a la dotación de tropa y que no están
debidamente contabilizados. Añadió que la mayoría provenían de ciudades como
Calama y Antofagasta y otras de más al norte de Chile y, por lo mismo, le
impresionó saber de dos valdivianos que llegaron desde tan lejos para apoyar a
su país en el conflicto.
También explicó que fue tanta la influencia de los chilenos
en el ejército que se creó el Regimiento Chile con varios compatriotas que se
alinearon en él y que estaba al mando del mayor chileno Humberto Garrido.
Muchos de ellos se quedaron en Bolivia finalmente destacando entre ellos al
oficial Aquiles Vergara que formó su familia en el país vecino y hasta escribió
cuatro tomos de la Guerra del Chaco. “Esto demuestra que no siempre nuestros
países fueron rivales como quieren hacernos creer”, sentenció el abogado
Cazorla.
El investigador señaló que, lamentablemente, muchos chilenos
no fueron considerados como beneméritos de guerra, que algunos crearon clubes
de veteranos y hasta desfilaban en La Paz. También añadió que varios oficiales
chilenos, al final de la guerra, acudieron a la Guerra Civil Española en
1936.
GUERRA MORTÍFERA
La guerra chaqueña fue una de las más cruentas vividas en
Sudamérica y por primera vez incluyó en las batallas el uso de tanques y de
bombardeos y combates aéreos entre aviones, tal como ocurrió en la Primera
Guerra Mundial.
Tres fueron los oficiales chilenos que cayeron en acción en
el Chaco, destacando la muerte del subteniente Francisco Ortega Beíza, el 12 de
agosto de 1934, en Cañada Loa al caer en una avanzada a bayoneta calada.
También el capitán Vicente Romero perdió la vida el 12 de abril de 1935 en la
senda de Ñancuday con el camino a Copere y el 6 de junio de 1935 falleció el
teniente coronel de aviación Ignacio Aliaga en un accidente aéreo.
La guerra finalizó el 12 de junio de 1935 y, aunque no
hubo un vencedor claro, para Bolivia significó mantener terrenos que a futuro
fueron provechosos para su economía con la explotación de petróleo. En líneas
generales, la guerra tuvo repercusiones económicas negativas para Bolivia y
Paraguay.
Pero los vientos de guerra siguieron soplando, ahora
cruzando el Atlántico, con la Guerra Civil Española entre facciones de
izquierda y fascistas de derecha. Los militares valdivianos Rubén Soto y Luis
Ángel Zendolla también miraron hacia la Madre Patria y, enardecidos por su
afiliación política socialista, decidieron dejar el difícil teatro de guerra
del Chaco Boreal y unirse a las fuerzas de la República.
Chile a inicios de la década del 30 del siglo XX estaba
pasando por varias crisis, tanto en lo económico con el impacto de la Depresión
de 1929, y en lo político con la inestabilidad que se desató tras el
derrocamiento del presidente Juan Esteban Montero, la instalación de la
República Socialista de apenas 12 días y el nuevo golpe de Carlos Dávila en
1932, que traiciona a sus compañeros marxistas.
Es entre 1931 y 1932 que se produce un proceso de “limpieza”
de las Fuerzas Armadas y del Orden en Chile, dándose de baja a todos aquellos
que militaran en partidos de izquierda. Muchos militares quedaron cesantes de
un día para otro y sin posibilidad de trabajar y por lo mismo vieron en los
conflictos bélicos la posibilidad de ganarse un sustento para ellos y sus
familias y, de paso, luchar por sus ideales personales, eso fue lo que ocurrió
con varios militares de izquierda que primero acudieron a combatir a la Guerra
del Chaco, en su mayoría por Bolivia y unos pocos por Paraguay, y al final de
ese sangriento conflicto acudieron a España para defender a los republicanos de
izquierda contra las tropas nacionales que dirigía Francisco Franco.
Como ya contamos en la primera parte, dos militares
valdivianos integrantes del Partido Socialista acudieron a pelear por Bolivia
en la Guerra del Chaco y cuando terminó el conflicto fueron a España y se
sumaron al Ejército Republicano, ellos fueron los tenientes Rubén Soto
Echenique y Luis Ángel Zendolla.
En 1936, año del inicio de la guerra en España, Rubén Soto
tenía 27 años, mientras que Ángel Zendolla tenía 41 años. Ambos estaban casados
y tenían hijos. En el libro del ex combatiente de las Brigadas Internacionales
Gerald Gino Baumann, de nacionalidad suiza, los menciona a ambos soldados y los
identifica como militantes socialistas, de hecho indica que Zendolla era
secretario del Partido Socialista de Valdivia. Lamentablemente en Valdivia ese
dato no se pudo comprobar, pues no existen archivos tan antiguos del partido,
además varios de los antecedentes se quemaron en el ataque a la sede socialista
ocurrida a fines de 2019 en el contexto del Estallido Social.
Curiosamente en los archivos del Ejército de Chile no
figuran antecedentes de Zendolla, tampoco en la FACh, pues su arma era la
Aviación. En el caso de Soto su hoja de vida del Ejército indica que entró como
cadete en 1925 y que en marzo de 1932 “se le concede el retiro temporal”.
DESAPARECIDO
Tras servir en el último año de la Guerra del Chaco en el
Ejército Nacional de Bolivia, ambos tenientes aceptaron el llamado de la
Izquierda Internacional de ir en ayuda de la República Socialista de España que
presidía Manuel Azaña. Así fue que las tropas republicanas contaron con ayuda
de soldados de distintas nacionalidades, tanto de países de Europa como de
América.
Grupo DiarioSur tomó contacto con la Asociación de Amigos de
las Brigadas Internacionales y tras revisar los archivos soviéticos que poseen
aclararon que los dos valdivianos no integraron este grupo. Añadieron que “lo
más probable es que por su formación y graduación hayan integrado el Ejército
Republicano y no las BI”.
Lo que sí encontraron los brigadistas fue una encuesta en
francés que lleno de puño y letra Luis Ángel Zendolla. Dicha encuesta
corresponde a la llamada desmovilización del ejército republicano, pues entre
1938 y 1939 muchos extranjeros que combatían por los izquierdistas dejaron
España y la mayoría escaparon hacia Francia.
El documento resulta muy revelador acerca de quién era
Zendolla, pues indica su fecha de nacimiento y consigna a Valdivia como su
ciudad natal y que su dirección era Picarte 915, a la altura de lo que hoy es
el Terminal de Buses. Añade que posee la nacionalidad chileno española, que es
casado con tres hijos, que tiene el grado de capitán por lo que es probable que
los hayan ascendido en la Guerra Civil. El documento indica que Zendolla, junto
a un soldado cubano, un italiano y una francesa dejaron España por Port Bou, en
Cataluña, el 16 de enero de 1938. Se desconoce hacia qué localidad francesa
pasaron, pero lo más lógico es que ésta haya sido Argeles-sur-Mer, donde al año
siguiente pasaron miles de españoles que vivieron y murieron en dicho campo de
concentración.
Este documento es la última pista que existe sobre Zendolla.
No hay registros acerca de si volvió o no a Chile, por lo que es probable que
se haya quedado en Francia o le haya ocurrido otra cosa antes o durante el
estallido de la Segunda Guerra Mundial. Su pista se esfuma en el misterio de
los años.
En el mismo documento, Luis Ángel Zendolla escribió que
sirvió en Castro Urdiales y Valladolid. Castro Urdiales queda en la región de
Cantabria que era adepta los republicanos y posee un clima muy similar al de
Valdivia, con mucha lluvia y frío en los inviernos y calor en verano, además de
mucha vegetación y costa del Mar Cantábrico. Puede que Zendolla haya vivido la
Campaña del Norte entre abril y noviembre de 1937 cuando las tropas franquistas
atacaron las regiones del norte, interesantes por su poderío industrial, y se
batieron en las batallas de Brunete y Santander.
La situación del norte republicano se hizo difícil tras la
caída de la importante ciudad de Bilbao en junio de 1937, en pleno País Vasco,
por lo mismo, los franquistas se fueron con todo sobre las vecinas regiones
nortinas de Cantabria y Asturias. Muchos brigadistas internacionales perdieron
la vida en esa batalla.
Durante la guerra hubo divisiones dentro del bando
republicano y hasta combates entre ellos, pues había visiones encontradas sobre
cómo hacer la revolución social y la guerra entre comunistas, anarquistas y
socialistas. Por el bando franquista había tropas más preparadas para la
guerra, además del apoyo bélico de la Italia fascista y la Alemania nazi.
En ambos bandos hubo horribles represiones, destacando la
persecución a la iglesia católica de parte de los republicanos y persecución a
marxistas, masones y cristianos protestantes de parte de los nacionales.
EL QUE VOLVIÓ DEL INFIERNO
A diferencia de Zendolla, Rubén Crispín Soto Echenique sí
sobrevivió y retornó a Valdivia, aunque ninguno de los dos aparece en el
listado de los refugiados que regresaron en el barco Winnipeg que trasladó 2
mil refugiados españoles a Chile, en gestión realizada por el poeta Pablo
Neruda y respaldada por el presidente Pedro Aguirre Cerda en 1939.
Grupo DiarioSur pudo comprobar que el Centro Documental de
la Memoria Histórica, donde está el Archivo General de la Guerra Civil
Española, en Salamanca, sí posee información de Soto Echenique, pero el envío
de todos esos datos ha sido complicado en contexto de pandemia: “el actual
volumen de peticiones y la situación provocada por el COVID-19, han provocado
una demora en los plazos”, manifestaron desde Salamanca.
Lamentablemente los descendientes directos de Soto
fallecieron hace unos años y la familia ya no estaría radicada en Valdivia. El
único familiar que nos compartió algo fue Víctor Monrreal, sobrino del veterano
de guerra, y ex intendente de Valdivia y militante socialista. Monrreal
recuerda a su “combativo tío” como un benefactor, pues lo indicó como un hombre
que ayudó a sus padres y a él mismo en los años en que vivieron en Valdivia.
Añadió que en lo político lo recuerda como un simpatizante del Partido Radical
y de toda la efervescencia que provocó el presidente Pedro Aguirre Cerda y su
Frente Popular entre 1939 y 1941, por lo que es probable que tras vivir los
horrores de la guerra en Bolivia y España apoyó la causa de la revolución desde
las urnas, dejando atrás el camino de las armas para siempre.
Rubén Soto Echenique posteriormente trabajó en la empresa de
molinos de la Sociedad Industrial Kunstmann de Collico y llegó a ser presidente
de la Cámara de Comercio e Industrias de Valdivia.
Su esposa era la dama sanjosina Elena Melo que le dio a sus
hijos Rubén y Gonzalo.
El veterano que vivió el “Infierno verde” del Chaco y la
peor guerra civil del siglo XX encontró la ansiada paz en su natal Valdivia.
Soto falleció el 10 de septiembre de 1969 y sus restos descansan en un nicho
del Cementerio General de Valdivia, de Zendolla, en cambio, no se sabe su
último lugar de descanso.
Según la historiadora rusa Olga Ulianova fueron más de 60
los chilenos que defendieron la causa de la izquierda española en la guerra
civil.
LA EFÍMERA REPÚBLICA INDEPENDIENTE DEL ACRE Y LA PERDIDA TERRITORIAL DE TERRITORIOS BOLIVIANOS EN LA AMAZONIA
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| Piquete "Pérez Velasco" expedicionarios al Acre, durante la denominada guerra del Acre con el Brasil. |
Por: Wilson García Mérida, publicado en Sol de Pando el 6 de
agosto de 2021. / Disponible en: https://www.soldepando.com/otro-6-de-agosto-se-nos-fue-el-acre/
Es irónico y fascinante a la vez: el 6 de Agosto, Día de la
Independencia de Bolivia frente al yugo colonial español, es también Día de la
Independencia del Acre frente yugo militar boliviano. Y es más sorprendente aún
descubrir que la resistencia acreana contra el militarismo andino, vinculado al
naciente imperialismo norteamericano, fue gestada por unos españoles
colonialistas que combatieron en Cuba contra la marina de Estados Unidos, cuyos
descendientes encabezaron medio siglo después la Revolución Cubana.
Por cien días de un corto verano, el Acre fue una República
Independiente, un país que nacía libre de Bolivia y Brasil.
Para entender mejor estas bromas de la historia, empecemos
por el principio:
Responsables en Bolivia de la pérdida del Acre: el general
José Manuel Pando y los altos mandos del Ejército boliviano. Pando promovía la
entrega del territorio acreano a un consorcio norteamericano que se encargaría
de administrar el cobro de impuestos por la explotación de la goma, durante 30
años. Los militares paceños y cochabambinos cometían abusos contra los
pobladores nordestinos del Brasil que habían poblado esa zona amazónica
mientras el Estado boliviano, más minero que forestal, ignoraba deliberadamente
la existencia de aquella parte remota de Bolivia.
Los datos que Sol de Pando ha recogido durante dos años en
archivos históricos, museos, bibliotecas, hemerotecas y librerías de Xapurí,
Rio Branco y Brasilia revelan que la llamada Revolução Acreana como
se recuerda en Brasil aquel acontecimiento que para los bolivianos fue la
Guerra del Acre, resultó en los hechos un acto de resistencia del pueblo
acreano a un intento de invasión financiera y militar de Estados Unidos —la
primera que se registra en la historia— al territorio amazónico.
Para Bolivia, este territorio que el país heredó de la
colonia española no tenía nombre. Era una extensión abstracta del llamado
Territorio Nacional de Colonias. El nombre de Acre pusieron los migrantes
nordestinos del Brasil. Según el historiador Moisés Souza Lucena, los primeros
migrantes buscadores de la siringa que llegaron de Ceará en 1882 se asentaron a
orillas del rio Aquiry, toponimia indígena con que este afluente amazónico era
conocido por el pueblo Apurina de la etnia Huni Kuin. Siendo que la vocal “e”
final se pronuncia “i” en portugués, la pronunciación correcta de Acre
(contracción de Aquiry) es “Acri”.
Cuando estallaba la Revolución Federal en Bolivia, en un
acto desesperado, además improvisado, el gobierno conservador de Severo
Fernández Alonso envió una misión civil-militar para sentar soberanía en este
territorio, por primera vez después de la Fundación de la República. José
Paravicini, el delegado boliviano, había instalado un puesto de aduana en el
límite inter-estatal con el Estado de Amazonas, cuya capital, Manaos, era el
principal punto de acopio de la goma acreana destinada a los mercados de Europa
y Estados Unidos. El puesto aduanero creado por Paravicini se llamó Puerto
Alonso y el tributo que cobraba a los acreanos encareció el precio de la goma
que llegaba a Manaos, lo cual fue el inicio de la revolución en ciernes.
Pando y el negocio de entregar el Acre a Estados Unidos
Severo Fernández Alonso cayó el mismo año en que Bolivia
pretendía sentar soberanía en el Acre. Se hizo cargo de la situación el
inefable José Manuel Pando, quien intensificó la militarización del territorio
ocupado, avasallando a los antiguos pobladores nordestinos del lugar, quienes
desde 1879 habían comenzado a habitar este territorio abandonado, expulsados
del nordeste brasileño (Ceará, Pernambuco, Bahía, Piaui, etcétera) por una
apocalíptica ola de plagas y sequías. En aproximadamente dos décadas de éxodo
hacia la Amazonia, el Acre fue ocupado por casi 3.000 familias nordestinas y
unas 100 familias sureñas. Cuando llegaron las tropas enviadas por Pando, entre
los abusos que se cometían, coinciden los historiadores brasileños, estaba el
obligarles a escribir y comunicarse en español. Los militares bolivianos
incluso cambiaron arbitrariamente toponimias originarias como la de Xapurí,
ciudad a la que denominaron “Villa Mariscal Sucre”.
Los habitantes nordestinos reconocían la potestad boliviana
del territorio acreano. Intentaron conciliar con las fuerzas militares de Pando
aceptando someterse a las leyes bolivianas, a cambio de una razonable
disminución en la tasa del tributo para enviar la goma a Manaos, y se respete
el uso de la lengua portuguesa en esta zona. El hacendado Neutel Maia, un noble
cearense que fundó la villa de Volta da Empreza (hoy Rio
Branco), era de los que intentó permanentemente conciliar con los bolivianos.
En sus memorias, Nautel Maia recuerda que negociaba amigablemente la compra de
ganado con comerciantes bolivianos que llegaban al Acre desde la zona de
Riberalta, mucho antes de las misiones púnicas del presidente Pando.
El Gobierno Federal del Brasil se mantuvo al margen de la
confrontación, lo mismo que el Ejército brasileño. Los gobernantes brasileños
reconocían la propiedad de Bolivia sobre el Acre, en virtud del Tratado de
Ayacucho de 1867 firmado entre ambos países ratificando la repartición colonial
de esa zona amazónica entre Portugal y España. Por ello mismo, los habitantes
mayoritariamente nordestinos del Acre estaban dispuestos a negociar con el
Gobierno boliviano su permanencia y su vida adquirida en este territorio.
Pronto se llegaría a descubrir el por qué de la obstinación
militarista de José Manuel Pando. En 1898, el “barón del estaño” Víctor Avelino
Aramayo, con apoyo de políticos liberales como José Manuel Pando e Ismael
Montes, había promovido la creación de una compañía con capitales de la banca
inglesa y norteamericana, con sede en Nueva York, denominada “Bolivian
Syndicate”, uno de cuyos accionistas era Archibald Roosvelt, hijo del
entonces presidente de Estados Unidos. Este grupo comprendía que sería
imposible para Bolivia por si sola dominar y controlar a los miles de
nordestinos asentados durante dos décadas en aquel territorio rico en goma. Se
necesitaba de una fuerza mayor. Desde su gestación, el plan para la
intervención norteamericana en el Acre era, además de financiera, militar.
En su investigación histórica, Sol de Pando estableció que
la resistencia al plan norteamericano de invadir el Acre con la complicidad
boliviana, partió de Cuba, vino con el equipaje de un fascinante anarquista
andaluz de fines del siglo XIX: Luis Gálvez Rodríguez de Arias, un combatiente
de la guerra hispano-norteamericana que aconteció exactamente en el mismo
periodo en que sucedió lo del Acre. Fueron conflictos simultáneos en el Caribe
y la Amazonia que Gálvez unió, diríamos, artísticamente.
La efímera República Independiente del Acre y el
legendario Luís Gálvez
La vida y las aventuras de aquel extraordinario anarquista
español que convirtió el Acre en una efímera República Independiente, son el
insumo de una novela negra y su película aún no concebidas. Las biografías que
se han escrito sobre Luis Gálvez Rodríguez de Arias, nacido el 26 de enero de
1864 en San Fernando de Cádiz, Andalucía, nos muestran a un intelectual de fina
alcurnia, agente de Inteligencia de la Corona española durante la guerra
hispano-norteamericana de Cuba, un periodista de erudita pluma y seductor
impenitente.
Los libros “La Estrella Solitaria” del periodista español
Alfonso Domingo y “Galvez, emperador del Acre” del brasileño Márcio Gonçalves
Bentes de Sousa, describen su trayectoria novelesca. Estudió ciencias jurídicas
en la Universidad de Sevilla y se capacitó en las más altas escuelas militares
de Europa, incluyendo la academia naval de Lisboa; fue políglota, trotamundos y
espía al servicio del rey de España. En el fragor de la decadencia
colonialista, abrazó las ideas anarquistas de Bakunín y se afilió al pensamiento
de los socialistas utópicos pre-marxistas.
Era sobrino de Alejandro Rodríguez de Arias, Gobernador de
Cuba hasta un lustro antes de la invasión de Estados Unidos que arrebató el
control de la isla a la Corona española. Luís Gálvez fue combatiente en
aquella guerra y perteneció a la Fuerza Naval de España que hundió al acorazado
norteamericano Maine, el 15 de febrero de 1899. Como espía, dos años
antes de aquel memorable combate naval en el mar Caribe, tuvo conocimiento que
un buque mellizo del Maine, el Wilmington —construido en un astillero de Carolina
del Norte—, sería emplazado a Sudamérica por la ruta del Atlántico para dar
apoyo militar a la Bolivian Syndicate en el plan de tomar el
Acre. Fue así que la guerra hispano-norteamericana de Cuba se expandió hacia el
conflicto boliviano con los nordestinos acreanos.
Luis Gálvez llegó a la Amazonia a fines de 1897. Gracias a
su dominio de la lengua portuguesa se enroló en los periódicos Correio
do Pará, en Belém, y O Comércio do Amazonas de Manaos.
Usando un seudónimo para proteger su identidad, escribió artículos informando
de la invasión norteamericana al Acre a través de la Bolivian Sindycate,
advirtiendo de tal peligro a las autoridades brasileñas. El Gobierno Federal no
dio importancia a los informes militares del español. Sin embargo el Gobernador
del Estado de Amazonas, Ramalho Junior, tomó en serio las advertencias de
Gálvez y le encomendó una misión militar para organizar una guerrilla con el
objetivo de expulsar del Acre a los bolivianos que actuaban como avanzada de la
invasión norteamericana. Gálvez aceptó el financiamiento y las armas que le
entregó el Gobernador de Manaos. Organizó una columna con varios otros
españoles que llegaron con él de Cuba, entre ellos unos hermanos gallegos de
apellido Castro que, según las fuentes entrevistadas por Sol de Pando en Rio
Branco, serían parientes del padre del futuro presidente cubano Fidel Castro
Ruz.
Lindando en la leyenda, los biógrafos de Gálvez afirman que
durante los preparativos de su guerrilla, el español sedujo a la esposa del
delegado boliviano José Paravicini, obteniendo por esa vía amorosa información
que le permitió tomar ventajas en su campaña para expulsar a las tropas
bolivianas y abolir la aduana de Puerto Alonso.
Cuando los bolivianos fueron expulsados por la guerrilla de
Gálvez, a fines de junio de 1899, el libertario español decidió separar el Acre
del propio Gobierno del Brasil, creando un nuevo país al que llamó República
Independiente del Acre, del cual se declaró emperador. Fundó el nuevo Estado
con estas palabras:
“Si la Patria no nos quiere, haremos nuestra propia
Patria… Si Brasil no quiere que seamos brasileños, tampoco seremos bolivianos,
seremos lo que somos: acreanos”.
Instituyó como fecha de fundación de la nueva República el
14 de julio de 1899, en homenaje a la Revolución Francesa. Designó embajadores
para los países miembros de la Liga de las Naciones en procura de
reconocimiento internacional del naciente Estado. Y, por supuesto, el Gobierno
español que presidía Práxedes Mateo Sagasta, bajo la corona del rey Alfonso
XIII, no demoró en reconocer al nuevo país.
Aunque la República Independiente del Acre tuvo una efímera
vida de tres meses y unos pocos días, Luis Gálvez sentó las bases
institucionales y autonomistas del actual Estado do Acre. Creó una policía
propia, un cuerpo de bomberos, escuelas y hospitales modelo, y había proyectado
la futura Universidad del Acre. Creó la bandera del país que es la misma que
actualmente flamea en el moderno Estado do Acre: un pabellón rectangular
dividido en dos triángulos, uno amarillo y otro verde, colores que lleva la bandera
del Brasil simbolizando el oro y la floresta, con el agregado de una estrella
roja (la “estrella solitaria”) en la esquina superior izquierda. Casualmente,
esos tres colores coinciden con los de la tricolor boliviana.
Galvez intentó experimentar sus ideas socialistas buscando
abolir la propiedad privada, lo que causó el espanto de los hacendados
caucheros que financiaron su guerrilla. La República Independiente del Acre fue
el primer país socialista en la historia moderna de la humanidad, mucho antes
de la propia Revolución Rusa. Quiso beneficiar a los peones siringueros de
origen nordestino con medidas sociales que afectaban los intereses de los
propietarios de las siringas, en su mayoría provenientes del sur oligarca del
Brasil. En noviembre de 1899 sufrió un golpe de Estado oligárquico que debilitó
drásticamente su precaria gobernabilidad.
Finalmente, su proyecto socialista fue visto como una
amenaza por el mismo Gobierno Federal del Brasil. En marzo de 1900, por primera
y única vez en el curso del conflicto acreano, una flotilla de la Marina de
Guerra del Brasil desembarcó en Porto Acre (ex Puerto Alonso), tomando preso a
Gálvez y extraditándolo a Rio de Janeiro; luego de transcurrir algunos días en
la cárcel fue deportado a España, donde falleció en 1935.
Tras la abolición de la República Independiente del Acre, el
Gobierno Federal del Brasil devolvió el territorio acreano al Gobierno de
Bolivia que restableció el puesto aduanero de Puerto Alonso.
En septiembre de 1900 las tropas de José Manuel Pando
volvieron al Acre pisando más fuerte y elevando los impuestos para el tránsito
de la goma al vecino Estado de Amazonas.
Y el buque Wilmington, mellizo del Maine, se acercaba a
Manaos, con rumbo al Acre.
“Es temprano para la fiesta”
Cuando cundió la noticia sobre la llegada del acorazado
Wilmington al puerto de Manaos, de lo cual Gálvez había advertido dos años
antes, en diciembre de 1900 los acreanos se volvieron a unir organizando una
nueva guerrilla —recordada como la “Expedición de los Poetas”— que fracasó
estrepitosamente.
Finalmente, el 11 de junio de 1901 el Gobierno de Pando y
la Bolivian Sindycate consumaron el contrato de arriendo para
la administración norteamericana del territorio del Acre, firmado en Nueva York
por el embajador plenipotenciario de Bolivia en Estados Unidos Félix Avelino
Aramayo y Frederick Whitrideg, socio y representante del grupo Roosvelt.
Mediante aquel contrato, la compañía norteamericana obtenía
el derecho de administrar la economía gomera del Acre durante 30 años
manteniendo una fuerza armada apoyada desde Estados Unidos, con una
compensación del 60% de las rentas para el Estado boliviano.
El Gobernador recién elegido del Estado de Amazonas,
Silverio Néri, propuso organizar una nueva guerrilla para frenar aquel perverso
avance boliviano-norteamericano, y esta vez el mando fue encomendado a un
miembro prominente de la casta feudal: José Plácido de Castro, un experimentado
topógrafo y ex combatiente de la Guerra Federal, proveniente de una familia
distinguida de Porto Alegre, en el próspero sur del Brasil.
Inteligente como era, Plácido de Castro planificó un ataque
a las fuerzas bolivianas que estaban concentradas en Xapurí, aprovechando las
fiestas patrias del 6 de agosto, cuando Bolivia celebra la efemérides de su
fundación.
En la víspera, la noche del 5 de agosto, las tropas
comandadas por el intendente de Xapurí (que los bolivianos denominaron “Villa
Mariscal Sucre”), Juan de Dios Barrientos, habían celebrado una fiesta con
abundancia de bebida y mujeres. “Hicieron traer niñas de programa desde Manaos,
festejaron toda la noche, hasta el amanecer del 6 de agosto”, nos dijo el joven
intelectual xapurense Haroldo Zaine. Aquel fortín boliviano se encontraba en el
lugar donde hoy funciona el Hospital Municipal Epaminondas Jácome; aunque otras
fuentes indican que el cuartel se instaló en un caserón conocido como la Casa
Branca, el cuál estaba siendo restaurado en 2016, cuando Sol de Pando llegó a
Xapurí.
Juan de Dios Barrientos era uno de muchos tarateños que
llegaron al Acre con las tropas del Regimiento Avaroa. Fue designado Intendente
de la Villa Mariscal Sucre por el coronel Lino Romero, que reemplazó al
delegado José Paravicini en el puesto aduanero de Puerto Alonso.
La madrugada de aquel 6 de agosto, al salir el sol, las
tropas de Plácido de Castro se aproximaron al cuartel boliviano en Xapurí, sin
ningún alboroto. Tocaron la puerta con cierta amabilidad. Les abrió el
intendente Barrientos con los ojos somnolientos y el tufo a “ch’aquí”, pensando
que los brasileños venían a saludarlo por el 6 de agosto. Entonces se produjo
aquel memorable diálogo que conmociona al sólo imaginarlo:
“Caramba, es muy temprano para la fiesta” —le dijo
Barrientos a Plácido de Castro.
“No es fiesta señor intendente” —le respondió el guerrillero
acreano—. “Es una revolución”.
Rendidos por el “ch’aquí” y la sorpresa, Juan de Dios
Barrientos y los soldados a su mando fueron apresados sin ninguna resistencia
ni violencia.
La primera medida de Plácido Castro fue restituir el nombre
de Xapurí a una «Villa Mariscal Sucre» que desfiguraba la identidad acreana
forjada en más de 20 años de una cultura siringuera fruto de un éxodo
nordestino demasiado humano.
Ahora sí, la Revolución Acreana había logrado su objetivo de
detener el plan de Pando para entregar el Acre a la Bolivian Sindycate y
a las tropas norteamericanas agazapadas en el buque Wilmington.
Después de Xapurí, las tropas guerrilleras de Plácido de
Castro y el Ejército boliviano libraron varias batallas en una confrontación
que expuso enormes gestos de heroísmo en ambos bandos, y concluyó en noviembre
de 1903 con la firma del Tratado de Petrópolis, mediante el cual Brasil le
compró el Acre a Bolivia para evitar una conflagración con el Ejército
combinado de Estados Unidos. Bolivian Sindycate recibió una
gran parte de esa paga.
Fue así que la revolución triunfó con los nordestinos
acreanos ejerciendo sus derechos en este territorio abandonado por Bolivia.
Si bien no fue una revolución en el sentido de transformar las relaciones de explotación social que prevalecían en la extracción de la goma, como intentó fallidamente Luis Gálvez, lo fue en el sentido de ser el primer levantamiento anti-imperialista en la historia contemporánea de Latinoamérica, sin duda alguna.
¿MOXOS O EL BENI FUE ALGUNA VEZ PARTE DE SANTA CRUZ O ESTABA SUPEDITADA A ESTA?
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Descripción de la fotografía: "Señor Lugones y Señor Alfredo Ufenast" Rio Madeira, Bolivia/Brazil. entre1908 - 1911. Fotógrafo: Dr. Bauler, Switzerland. |
Es común escuchar que Moxos o el Beni fueron o eran parte
alguna vez de la gobernación de Santa Cruz en la colonia o del departamento de
Santa Cruz en la república, tales afirmaciones generalmente salen de las redes
sociales y algunas veces de círculos intelectuales cruceños, pero ahí surge la
pregunta ¿MOXOS O EL BENI FUE ALGUNA VEZ PARTE DE SANTA CRUZ O ESTABA
SUPEDITADA A ESTA? Para responder a esta pregunta dejemos que los mismos
benianos respondan.
la respuesta que transcribimos es de Mauricio Paz Barbery y Bergman
Cuellar Arauz a las afirmaciones de la historiadora cruceña Paula Peña.
Respuesta necesaria a Paula Peña Asbún
Por: Mauricio Paz Barbery
Siempre es valioso, y se agradece, ser orientado por quienes
ostentan conocimiento. Sin embargo, el saber, esa caprichosa deidad que ilumina
y confunde a partes iguales, puede cegar incluso al más sabio. Un tránsito
positivo por la historia y la vida guarda más relación con la obediencia
prudente de Ícaro a su padre que con un desfile abigarrado (gracias, Zabaleta)
de crónicas, fechas y citas concatenadas para emular a Clío, con riesgo de ser
solo un oráculo que pervierte el saber. Y lo menciono sin recurrir a títulos
académicos de ninguna especie y, también, sin altisonancia, con humildad,
valorizando mi identidad mojeño-beniana en el afán de defender mi amado
departamento.
La narrativa paternalista y el marco histórico de Moxos En
su erudita nota, refiere veinte hechos históricos; sin embargo, en el conjunto
no logra sustentar la premisa de que Santa Cruz de la Sierra, desde su
fundación en 1561, haya conquistado, moldeado o consolidado el territorio de
Moxos. Este es el núcleo de nuestras reflexiones: la autonomía territorial e
histórica de Moxos-Beni. Cuestión que trasciende cualquier competencia por
demostrar quién tiene más y mejor cita. Mal puedo ser yo, por lo mismo que
usted resaltó de mi persona: solo soy abogado.
Debo, sin embargo, desde mi precariedad histórica, señalar
que los datos del apartado 1 de su nota (creación de la Gobernación de Moxos en
1560 y fundación de Santa Cruz en 1561) afirman lo que yo manifesté en mi
ponencia virtual: Moxos (léase también Paititi) poseía una identidad
territorial y geográfica previa a cualquier vínculo con Santa Cruz (López
[1544] Polia, 2011, p. 104). Si bien Chávez fue designado teniente de
gobernador, su rol no implicaba subordinar Moxos a Santa Cruz, sino, consolidar
un territorio para la Corona española. Sin embargo, el desenlace fue claro: ni
Chávez ni sus contemporáneos lograron ocupar efectivamente ese espacio. Si lo
hubieran logrado, hoy SÍ estaríamos hablando de la enorme extensión territorial
de la hermosa ciudad fundada por aquel, asesinado en 1568 sin haber llegado a
Moxos. Dicho eso, debo coincidir en la importancia del título de 1573,
"Santa Cruz descubridora de Moxos", pero al final era solo eso: un
título sin efectos territoriales, como el título de "Leal Ciudad"
para México en 1535, o "Muy Noble y Muy Leal Ciudad" para Caracas en
1567, o "Ciudad de los Reyes" para Lima, 1535. Respecto a la
afirmación que el virrey Toledo cambió el nombre de Moxos por el de Santa Cruz
en 1571, con mucha humildad debo precisarle lo siguiente: durante diez años se
conservó el nombre de Moxos para los lugares ocupados por Ñuflo de Chávez y sus
huestes. En esa década, otras expediciones concluyeron que Moxos no se
circunscribía al territorio de los Chiriguanos y Chiquitos (espacio de Chávez);
por tanto, se excluyó esos territorios del nombre de Moxos y se le otorgó el de
Santa Cruz de la Sierra. Por ello fue que el virrey Toledo, cuando otorga a
Pérez Zurita el título de gobernador, ya no indicaba "Gobernador de
Moxos", llamándolo como el distintivo de su capital (Chávez, 1986, p.
147). Para cerrar la ilustración, le hago recuerdo que en la carta del rey
Felipe II a Toledo en 1572 (un año después de su referencia), le prohibía
otorgar el descubrimiento de Moxos a cualquier otro que no sea cruceño; pues el
rey consideraba (señala la carta) que si se daba la autorización a "alguna
persona el descubrimiento de ella, desaparecería la dicha provincia de Santa
Cruz de la Sierra…" (sic) (Chávez, 1986, p. 149). Es decir, Moxos seguía
siendo Moxos sin ocupación de su espacio y Santa Cruz mantenía la prioridad
para su descubrimiento.
Contextualización histórica
Sobre las fechas apuntadas del apartado 2, cabe señalar, con
el mayor de los respetos, usted no ha podido establecer que entre 1561 y 1775
la evidencia de un dominio efectivo por parte de Santa Cruz sobre Moxos. Las
expediciones que menciona en los cuatro eventos carecen del rigor de ocupación
del espacio, pues estaban más asociadas al negocio de la esclavitud, llamadas
malocas, que eran una suerte de escape a la frustración del sueño cruceño de la
"tierra rica" o la conquista del Gran Paititi iniciado por Ñuflo de
Chávez en 1560 (García Recio, 1988, p. 25 y ss). Sobre la fundación de un
pueblo llamado Trinidad por Juan de Mendoza Mate de Luna, traigo a colación la
referencia más importante sobre este hecho: Francisco de Viedma en 1793, nos
refiere que no se sabe si fue Mendoza Mate de Luna o Palomino (citado también
por usted) que fundaran una localidad con ese nombre o si en realidad sucedió
(la referencia de usted es sólo una carta de 10 de abril 1606 sumada en varios
libros de historia). Lo que sí es cierto, y causó efectos jurídicos y
políticos, es lo que Viedma-citado también por D'Orbigny- concluye: que los
Moxos fueron encontrados por los jesuitas viviendo libres y en ningún tipo de
reducción, rancho o locación alguna (Chávez, 1988, p. 157). Toda la
concatenación de fechas históricas que usted ha escrito no demuestran el hecho
fundante: los cruceños durante el siglo de las grandes expediciones y bajo el
signo del Gran Ñuflo de Chávez jamás ocuparon Moxos. Corresponde a los primeros
gobernadores de Santa Cruz, Juan Pérez de Zurita, Lorenzo Suárez de Figueroa,
Juan Mendoza Mate de Luna y Gonzalo Solís de Holguín, el mérito de haber armado
las expediciones a Moxos. Este empeño comienza a fines del siglo XVI y llena
todo el XVII, aunque siempre con resultados negativos. Ello provoca la
desmoralización de la hueste, su dispersión y, muchas veces, trágicos
amotinamientos (Roca, 2001, p. 31). En su apartado 3, usted hace una síntesis
del rol que cumplieron los jesuitas en Moxos durante casi un siglo (1682-1767).
Sin embargo, por alguna razón, no señala que durante todo ese tiempo se
prohibió a los cruceños ingresar a Moxos. Por tanto, en este siglo que dio luz
y norte a Moxos, no existió de manera alguna la posibilidad del control del
espacio y menos de la influencia social: aspectos esenciales para la ocupación
efectiva del territorio. Un Provisión de la Audiencia de Charca de 1700,
confirmada por Real Cédula de 13 de mayo de 1720 cerraron la puerta que usted
señala: El rey, prohibió cruceños en Moxos. (Chávez, 1988, p231).
Usted cita con mucha vehemencia el hecho de que, después de
la expulsión de los jesuitas (1767), Santa Cruz administró Moxos a través de
curas doctrineros. Con mucha humildad debo contextualizar este hecho que al
final es traumático: Expulsados los jesuitas, la burocracia de Charcas
enfrentaba un serio desafío: evitar una emancipación general de las Misiones
y/o evitar el regreso de los indígenas a la vida silvícola. Cualquiera de los
dos desenlaces constituía el fracaso de la cristianización y la eminente pérdida
territorial ante Portugal. La complejidad de someter por la fuerza a los
mojeños llevó al encargado del extrañamiento de los jesuitas, Coronel Antonio
Aymerich y Villajuana, a cometer un error estratégico en la idea de mantener la
"patria potestad teocrática": trasladar curas recién ordenados en
Santa Cruz, dándoles, además, autoridad omnímoda en cada pueblo. Este error
generó desastrosas consecuencias en Moxos, y Aymerich murió en Loreto en 1772
arrepentido de su acción precipitada y haber juzgado mal la fe de los mojeños.
Voy a citar lo que un destacado diplomático y letrado dijo 1925 al respecto:
"Entonces se vio llegar a Mojos aquella banda de curas que la historia ha
censurado, puesto que más que a ejercer una misión evangelizadora, resultó una
irrupción de vándalos. En 20 años que estuvieron, hicieron desaparecer los pueblos
de San José, San Simón, San Martín y Santa Rosa" (Vaca Chávez, [1925]
1975). Mayores comentarios, innecesarios…
Referencias forzadas y la afrenta al Beni En el apartado
referido a Warnes, sus referencias no logran establecer la relación entre el
caudillo y los líderes mojeños. Pero, me place que hubiera reconocido que, el
Presbítero Santiago Cortes (diputado electo por Moxos,) planteaba la separación
de Moxos de Santa Cruz de la Sierra: Este era el espíritu de los mojeños a la
fundación de la República 1825, y nos muestra que en ese evento, Moxos estaba
bajo a una anexión de facto por el Auto Militar de 11 de abril de 1823. (A
confesión de parte…)
Ahora bien, la mención de usted en la parte final de su
nota, a la carta de José Matías Carrasco de 1851, nos muestra su actitud
negativa hacia el Beni, puesto que resalta un argumento utilizado por los
expansionistas domésticos para usurpar territorio beniano. ¿Podríamos estar
frente a un afán deliberado por restar importancia histórica y territorial a
nuestro departamento? En la esperanza de que usted pueda ver al Beni con una
visión más positiva; con mucha humildad permítame ponerla en contexto sobre la nefasta
carta: La sugerencia de Carrasco (designado a Moxos para su desmembramiento),
sentó las bases de la ideología expansionista valluna, que no abandonó jamás
(ahora vemos una posición similar en Santa Cruz). El expansionismo comenzó a
materializarse en 1854 mediante el decreto que usted, en un sesgo histórico
magnifica.
En defensa del Beni debo ilustrarla, el decreto de 1854 es
espurio. Belzu, gestor del expansionismo, crea la Provincia Chapare en
territorio beniano, concretamente en la jurisdicción descrita en 1796 (58 años
antes) por el sabio Tadeo Haenke, como territorio claramente perteneciente a la
Gobernación de Moxos y Apolobamba.
Hacia una construcción conjunta de la historia Los otros
aspectos de su erudita nota no merecen un comentario expreso, puesto que ya me
pronuncie. Referente a sus circunstancias políticas, no me voy a pronunciar
porque no entendí a qué se refiere. Reitero, mi disposición para continuar
estas reflexiones. Lo único que me mueve es el intento sincero de entender, sin
subalternos intereses, cómo se articuló el espacio/tiempo de nuestro pasado
inmediato, con esa fuerza que nos da la identidad mojeño-beniana, que todos los
benianos defendemos con tesón.
!VIVA EL BENI!
------------
Respuesta de Paula Peña
ACLARACIÓN NECESARIA
Por: Paula Peña. El Dia de Santa Cruz 4 de diciembre de 2024.
La historia es una ciencia en constante construcción, el
conocimiento sobre el pasado avanza a la luz de nuevos documentos, de nuevas
interpretaciones o abordajes. De hecho, en historia no hay tesis absolutas. Los
debates académicos son importantes porque nos permiten conocer los nuevos
aportes e intercambiar ideas y críticas. Sin embargo, cuando se polemiza en
base a fragmentos descontextualizados de una entrevista y se agravia con
valoraciones personales queda clara la intención. Por lo anterior hago las aclaraciones
siguientes al abogado Mauricio Paz Barbery:
1. El 15 de febrero de 1560, el virrey del Perú Andrés
Hurtado de Mendoza, Márquez de Cañete, creó la Gobernación de Moxos y nombró a
su hijo García Hurtado de Mendoza, como gobernador y, al Capitán Ñuflo de
Chaves como teniente de gobernador (Archivo de Indias, AGI, Pat. 105). Chaves,
había salido de Asunción con el objetivo de fundar una ciudad, que se convierta
en el punto de partida para alcanzar los Moxos, Eldorado o el Paytití, un
territorio mítico del que hablaban los indígenas. El virrey convencido de la
posibilidad de ese descubrimiento creó la nueva gobernación, distinta a la de
Paraguay. Ñuflo de Chaves con poderes suficientes otorgados por el Virrey,
regresó al rio Grande o Guapay donde había establecido un asentamiento, que a
su regreso denominó La Barranca (aproximadamente Pailón actual). Dejó allí, 30
hombres con el fin de buscar los Moxos por el río Guapay abajo. Chaves,
continuó rumbo al Este y el 26 de febrero de 1561, fundó Santa Cruz de la
Sierra, capital de la gobernación recién creada. Por la cédula real de 22 de
agosto de 1573, el rey Felipe II, otorga a la ciudad de Santa Cruz de la
Sierra, la exclusividad en el descubrimiento de Moxos. (Publicada en Maurtua
1906, p.72-73 y Mujía 1914, t.1, p.174-175)
En 1571, el virrey Francisco de Toledo cambió el nombre de
la gobernación de Moxos a Santa Cruz de la Sierra y le incluyó el territorio de
los Llanos de Manso. A partir del nombramiento de Lorenzo Suárez de Figueroa
queda explicito que la gobernación de Santa Cruz de la Sierra incluye el
territorio de Moxos (AGI, Charcas 44.).
2. Santa Cruz de la Sierra, la puerta al Paytití, así la
denominó el Padre jesuita Diego Samaniego, uno de los tres primeros jesuitas
llegados a la ciudad en 1587. Desde Santa Cruz se organizaron las exploraciones
para llegar al mítico territorio de Moxos, que debía estar poblado por mucha
gente, tener muchos pastos y metales preciosos. Los jesuitas, estaban
convencidos que encontrarían muchas almas para evangelizar y así se sumaron a
las exploraciones descubridoras que se organizaron
desde Santa Cruz de la Sierra, desde San Lorenzo y desde
Santiago del Puerto (actual San Ramón, provincia Ñuflo de Chávez). En 1595, la
expedición de Juan Lopez Palomino acompañado por el Padre Gerónimo Andión,
llegó hasta el Mamoré. En 1603, la expedición del gobernador Juan Mendoza Mate
de Luna, (AGI, Charcas 28) siguió la ruta de los ríos Guapay y Mamoré y fundó
la primera Trinidad, según una carta de la Audiencia de Charcas al Rey del 1 de
abril de 1606. Las expediciones siguieron a lo largo del siglo XVII, Gonzalo
Solís de Holguín, las hizo por el río San Miguel hoy conocido como San Julián.
Se realizaron también expediciones desde Cusco y Cochabamba que, por la
temática que aquí interesa, no las detallo. Esas expediciones demuestran que a
lo largo de los primeros cien años, después de la fundación de Santa Cruz de la
Sierra las expediciones cruceñas a Moxos fueron constantes hasta que se
establecieron las misiones jesuitas.
3. Desde que llegaron los jesuitas en 1587, avanzaron sobre
el vasto territorio de la gobernación de Santa Cruz de la Sierra en pos de la
evangelización realizando misiones temporales. En el caso de Moxos, fundaron la
primera misión estable en 1682 y en el de Chiquitos en 1691. Uno de los
principales objetivos de estas misiones era proteger la frontera Este del
Imperio español en esta parte de América y evitar los avances portugueses.
Tras la expulsión de los misioneros, la corona ordenó al
Obispo de Santa Cruz enviar dos sacerdotes a cada uno de los pueblos, en los
que se establecieron administradores civiles. Esas misiones quedaron bajo la
administración de la Gobernación de Santa Cruz, según la cédula de 1772
(Maurtua 1906, p.85-90). Efectivamente en 1777 el rey Carlos III, por cédula
real, estableció los Gobiernos Militares de Moxos y Chiquitos, quedando esas
dos gobernaciones, dependientes de Charcas en lo financiero y de Santa Cruz de
la Sierra en lo militar (Maurtua, 1906 p.190).
En 1782, la corona instituyó un nuevo sistema
administrativo, el de las Intendencias. La Gobernación se convirtió en
Intendencia de Santa Cruz de la Sierra, que comprendía el territorio de su
Obispado. Por el artículo 7°, Moxos y Chiquitos quedaron bajo la jurisdicción
cruceña. Al año siguiente, dado que Cochabamba formaba parte del Obispado de
Santa Cruz de la Sierra, se trasladó la capital de la Intendencia a la ciudad
de Cochabamba. Con la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, la
Intendencia de Santa Cruz de la Sierra pasó a formar parte de ese virreinato,
como fue toda la Audiencia de Charcas. Moxos y Chiquitos quedaron bajo
dependencia de la Intendencia de Santa Cruz de la Sierra.
4. Los años de guerra de independencia fueron convulsos.
Santa Cruz de la Sierra y todo su territorio, osciló entre gobiernos patriotas
y realistas. En 1816 el patriota Warnes, después de tres años de gobierno, fue
derrotado en el Pari por el realista Francisco Xavier de Aguilera. Aguilera en
1817 fue nombrado “Jefe Político, Intendente y Comandante General de la
Provincia de Santa Cruz, y de las de Moxos y Chiquitos” (Roca, 2007, p. 624).
La muerte de gobernador Francisco Xavier Velasco resultado
del levantamiento los canichana, provocó que Aguilera como Comandante General
se traslade a Moxos, para sofocar la rebelión, como lo había hecho un año antes
a Chiquitos, tras la muerte su gobernador Pablo Picado, resultado de otra
rebelión indígena.
Finalizada la guerra de Independencia y como consecuencia de
la batalla de Ayacucho, se proclamó la independencia de la corona española. En
cumplimiento del decreto que llamaba a una Asamblea Deliberante, se eligieron a
los Diputados por cada una de las provincias que dieron origen a Bolivia: La
Paz, Potosí, Charcas, Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra.
Santa Cruz de la Sierra estaba compuesta por los territorios
de Moxos, Chiquitos, Cordillera, Vallegrande y la ciudad y su Cercado. El
diputado electo por Moxos, el Presbítero Santiago Cortes (Sanabria, 1975, p.74)
planteaba la separación de Moxos de Santa Cruz de la Sierra. Si bien no asistió
a la Asamblea Deliberante, la posición de Moxos se concretó con los decretos
del presidente Ballivián.
El primer el decreto del 06 de agosto de1842, establece en
su artículo 1° la independencia de la provincia Mojos del departamento de Santa
Cruz. El decreto de 18 de noviembre de 1842 creó el departamento del Beni con
las provincias de Mojos, Caupolicán y Yuracarés. Fue el prefecto del Beni, José
Matías Carrasco quien, en 1851, pidió que se restituyera la provincia de
Caupolicán a La Paz y la de Yuracarés a Cochabamba (Guiteras, 2012, p.37). En
1854, por el decreto de 10 de junio, la provincia Yuracaré se reincorporó a
Cochabamba como provincia Chapare. Santa Cruz y Beni siguieron sus propios
caminos a partir de 1842.
Sobre el origen del taquirari, hay varias hipótesis, la de
Roger Becerra que afirma que se origina en Mojos y la de Hernando Sanabria que
asegura su origen nativo y que puede estar en Chiquitos. Los investigadores
actuales tienen sus propias hipótesis, los trabajos de Damián Vaca y de Arturo
Molina, plantean nuevos abordajes. Molina considera que el taquirari podría
provenir de la zona guaraní. Y sobre el río Beni, efectivamente nace en el
departamento de La Paz, uno de sus afluentes el Choqueyapu pasa por la ciudad
de La Paz.
Para finalizar debo decir que nunca he sido ni pretendo ser,
candidata a ningún cargo político, tampoco construyo narrativas y relatos para
proyectos políticos. Menos,
mucho menos, busco azuzar enfrentamientos entre los
departamentos de nuestro país, enfrentamientos que poco ayudan a la
construcción de una mejor Bolivia. Soy docente e investigadora de la
Universidad pública de Santa Cruz y el último Congreso de Tierras Bajas que
organizó el Museo de Historia, donde trabajo, se lo dedicó a los Llanos de
Moxos, como lo puede evidenciar ese importante grupo de investigadores benianos
que participó.
Lástima que una entrevista en homenaje al 18 de noviembre
haya provocado una reacción sobredimensionada, malintencionada y agresiva.
La bibliografía citada
1. Guiteras, Anna (2012) De los Llanos de Mojos a las
Cachuelas del Beni 1842.1838. Cochabamba Scripta Autochtona. 10
2. Maurtua, Víctor (1906) Juicio de límites entre el Perú y
Bolivia. Prueba preuana presentada al gobierno de la república argentina por
V.M. Maurtua. Tomo 9: Mojos 1. Tomo 10: Mojos 2. Madrid. Imprenta de los hijos
de M.G. Hernández
3. Mujía, Ricardo (1914) Bolivia- Paraguay y Anexos. 9
tomos. La Paz: Imprenta del Estado,
4. Sanabria Fernandez, Hernando (1975b): Los diputados
cruceños a La Asamblea de 1825. Revista Universidad. Año XIX. Nº 36. Santa
Cruz. UAGRM. 65-77.
5. Roca, José Luis (2007) Ni con Lima ni con Buenos Aires.
La Paz: Plural- IFEA
Los documentos del Archivo General de Indias, se los pueden
encontrar en el Portal de los Archivos españoles. Muchos de ellos están
publicados en:
1. Combés, Isabelle, Roberto Tomichá y Judith Terán (Eds.)
(2022) En busca de Mojos. Las primeras entradas por el Guapay-Mamoré. Corpus
documental, siglos XVI-XVII. Cochabamba. Scripta Autochtona. 27
2. Julien Catherine (2008) Desde el oriente. Documentos para
la historia del Oriente y santa Cruz la vieja (1542-1597). Santa Cruz: Fondo
Editorial Municipal
Sobre la música:
Vaca, Damián (2010) Música, danza e instrumentos
tradicionales del departamento de Santa Cruz. Santa Cruz: Fondo Editorial
Municipal
Molina, Arturo (2011) Géneros musicales folclóricos y
populares del Oriente boliviano. En Semblanza. Gladys Moreno Cuéllar. Santa
Cruz: Gobierno Autónomo Departamental de Santa Cruz.
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SOBRE LA "ACLARACION NECESARIA" DE PAULA PEÑA
Por: Bergman Cuellar Arauz.
Luego de la respetuosa pero contundente respuesta de
Mauricio Paz Barbery a las declaraciones de la historiadora cruceña Paula Peña,
ésta publicó una "Aclaración Necesaria" en la que reconoció que la
Gobernación de Moxos es ANTERIOR a la fundación de Santa Cruz de la Sierra y
que desde esta ciudad se organizaron "…exploraciones para llegar al mítico
territorio de Moxos…" lo mismo que desde las ciudades de "…El Cuzco y
Cochabamba…"; aclaró que "…los Gobiernos de Moxos y Chiquitos…"
dependieron de Charcas en lo financiero y de Santa Cruz de la Sierra en lo
militar; señaló que con la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776
la Intendencia de Santa Cruz pasó a formar parte de este Virreinato, quedando
Moxos y Chiquitos bajo dependencia de la Intendencia de Santa Cruz de la
Sierra; que después de la derrota militar de Warnes por el realista Francisco
Xavier de Aguilera, este militar español fue nombrado "Jefe Político,
Intendente y Comandante General de la Provincia de Santa Cruz, Moxos y Chiquitos"
y que luego de la independencia de Bolivia en 1825, mediante decreto de 6 de
agosto de 1842 se RESTITUYÓ la independencia de Moxos del Departamento de Santa
Cruz y posteriormente por decreto de 18 de noviembre de 1842 se creó -en
realidad se ERIGIÓ- el Departamento del Beni. Hasta aquí, NO hay una sola
referencia concreta, especifica y clara de Paula Peña, que muestre o demuestre
que el territorio de la Provincia Moxos haya formado parte del territorio de la
ciudad de Santa Cruz de la Sierra durante la colonia o del Departamento de
Santa Cruz durante la republica.
En su "Aclaración Necesaria" , la única referencia
que hace Paula Peña de que el territorio de Moxos formó parte de Santa Cruz de
la Sierra, fue cuando en 1571 el virrey Francisco Toledo -dice- cambió el
nombre de la Gobernación de Moxos por el de Santa Cruz de la Sierra; a partir
de este momento, dice la historiadora cruceña, "…queda
"explicito" que la Gobernación de Santa Cruz de la Sierra incluye el
territorio de Moxos"; esta afirmación, carece de fundamento y sustento legal,
pues NO se explica como el "cambio de nombre de la Gobernación de Moxos
por el de Gobernación de Santa Cruz de la Sierra", significó transferir o
anexar el territorio de Moxos a Santa Cruz de la Sierra. Si Moxos hubiera
pasado a formar parte, territorialmente hablando, de Santa Cruz de la Sierra,
entonces como se explica que MOXOS haya seguido EXISTIENDO como PROVINCIA y
luego, a partir de 1777, como GOBERNACION POLITICO MILITAR DE MOJOS Y
APOLOBAMBA. Paula Peña NO hace referencia -o lo hace de pasada y solo por la
epidermis- a la anexión DE FACTO de Mojos a Santa Cruz de la Sierra, que hace
el Brigadier español Francisco Xavier de Aguilera el año 1823; esta anexión de
facto, luego de sofocar la rebelión de los Canichanas de San Pedro, fue
absolutamente ILEGAL y precisamente, por esta ilegalidad, es que fue REVERTIDO
mediante el Decreto 6 de agosto de 1842 que RESTITUYE la autonomía política y
administrativa de MOJOS y reconoce sus límites que están, dice el decreto,
"…dentro de los antiguos límites de la Provincia…" refiriéndose a la
Provincia de Mojos.
Como puede verse, el TERRITORIO de la Provincia Mojos /
Gobernación Político Militar de Mojos y Apolobamba, NUNCA fue PARTE del
TERRITORIO de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra durante la COLONIA ni del
Departamento de Santa Cruz durante la REPUBLICA, por lo que la afirmación de
PAULA PEÑA de que la ERECCION -creación dice ella- del DEPARTAMENTO DEL BENI,
se hizo FRACCIONANDO el TERRITORIO CRUCEÑO, ES ABSOLUTAMENTE FALSA, porque la
ERECCION del DEPARTAMENTO DEL BENI es más bien un reconocimiento a una entidad
política administrativa con más de tres siglos de existencia; en realidad lo
único que hace el Decreto de 18 de noviembre de 1842 es TRANSFORMAR la
Gobernación Político Militar de Mojos y Apolobamba en DEPARTAMENTO conforme a
la nomenclatura adoptada por la naciente República de Bolivia; por eso es que
el Decreto NO establece sus límites ni extensión superficial, porque éstos ya
estaban establecidos desde la colonia, conforme lo dice el Decreto de 6 de
agosto de 1842.
Mauricio Paz Barbery, ahonda en estos aspectos con
precisión, claridad y buen entendimiento; recomiendo leer la respuesta de
Mauricio a la "Aclaración Necesaria" de Paula Peña.
LA CONFEDERACIÓN PERÚ-BOLIVIANA: LOS INICIOS DE LA REPÚBLICA Y PROYECTO DE SANTA CRUZ
Un impreso de la época (Semanario Nieblas) informa un poco
sobre estos hechos, pero como se dijo anteriormente es más la tradición oral la
que mantuvo esta acción para honor y gloria de la juventud tarijeña y en
especial de los estudiantes de ese colegio
Por: Miguel Molina Gareca, publicado en el portal Tarija
Conecta el 27 de junio de 2023. Disponible en: https://tarijaconecta.bo/noticia/3929
El aniversario de este histórico colegio trae a la memoria
pasajes heroicos de esa valiente “muchachada” que pobló las aulas del poderoso
Nacional San Luis, pasajes que se van perdiendo en el tiempo por lo que es
conveniente recordarlos por sus singulares actos de valentía.
Por ejemplo, fueron muchachos de este colegio los que
enterados del asalto al poder por Melgarejo, se levantaron tomando la
Prefectura local y arma en mano resistieron hasta que las fuerzas militares los
doblegaron; no pasaron muchos años y cuando el golpe de Daza, sucedió lo mismo,
sólo que esta vez fueron proscritos muchos de sus profesores y estudiantes.
Un hecho tal vez insólito sucedió a inicios del siglo XX
cuando Bolivia tuvo que enfrentar al Brasil en la Guerra del Acre. Ni bien
iniciado el año 1903, los anuncios del conflicto eran ya conmovedores. Llega a
Tarija la instrucción desde el gobierno para enlistar a los soldados que
deberían marchar hasta aquellas tierras. La convocatoria es hecha por el
Prefecto de entonces, quien en cumplimiento de lo mandado procede al sorteo de
los que marcharán a la guerra en un acto en la plaza principal.
Los estudiantes del Colegio San Luís, que días previos se
habían enterado por intermedio sus padres o averiguación propia lo que iba a
acontecer deciden reunirse en los salones de su viejo colegio y tras
prolegómenos, cruce de ideas, debates y propuestas deciden marchar como un solo
cuerpo hasta la plaza principal donde se presentarían en calidad de
“voluntarios” para marchar, prescindiendo en dicho caso del sorteo que podría
evitarles ir a la guerra.
Pocos informes documentales existen sobre este particular,
más es la tradición oral en familias que tuvieron la previsión de transmitir
ese hecho de generación en generación.
Resulta que luego de su asamblea los estudiantes del colegio
(“muchachada” que le decía Nilo Soruco) abandonan el salón del colegio y
formados marchan hacía la plaza Luís de Fuentes, ingresando por la antigua
calle de La Matriz entonando el himno a Tarija.
A decir de los testimonios la gente primero sorprendida por
esa masa de estudiantes quedó luego muda y finalmente soltaron lágrimas al ver
el desprendimiento de esa juventud tarijeña. Faltan palabras para describir ese
momento, las madres ven a sus hijos y en sus corazones sienten que algo se
quiebra, los padres no saben si actuar con vehemencia o respetar ese valor.
Dicen que el Prefecto en medio de los sollozos agradeció esa
muestra de patriotismo y se comprometió a tomar en cuenta a esos “voluntarios”,
muchos de los cuales, en efecto, partirían a la guerra que se desataba a poco
más de dos mil kilómetros de distancia.
Un impreso de la época (Semanario Nieblas) informa un poco
sobre estos hechos, pero como se dijo anteriormente es más la tradición oral la
que mantuvo esta acción para honor y gloria de la juventud tarijeña y en
especial de los estudiantes de ese colegio.
Texto e investigación: Miguel Molina Gareca
Fuente: "Revista Histórica Col. Nal. San Luís Honor y
Gloria"
Edición: Gustavo Castellanos Echazú.
¿SABÍAN QUE EL FRAILE JUAN MANUEL PÓRCEL FUE EJECUTADO DURANTE LA DICTADURA DE JOSÉ MARÍA LINARES?
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| José María Linares. |
Esperado hace varios años y reclamado por las gentes que
querían para el país “orden y justicia” -según comenta Mesa Gisbert-, subió al
poder este caudillo que fue el primer civil en el gobierno de Bolivia. Austero
y emprendedor, Linares significaba una nueva modalidad de pensamiento alejado
en principio de lo militar y buscando en el civilismo y la ley los orígenes del
poder. La base de su filosofía era el imperio de la moral en el poder, un
gobierno moralista que creía en la implacabilidad de la acción de la justicia
sobre quienes transgredían la ley. Por ello -agrega Mesa Gisbert-, atento a los
sucesos precedentes en el país durante los últimos dieciocho años, a los pocos
meses de su arribo al poder el 31 de marzo de 1858, sin ningún escrúpulo ni
cargo de conciencia se declaró DICTADOR y comunicó al país que nadie podía
criticar ni censurar sus actos.
Sin embargo, no tardó la oposición en volver a las
rutinarias subversiones y conspiraciones contra el gobierno de turno. En
efecto, el 11 de marzo de 1858, el infatigable conspirador Mariano Melgarejo,
que había ayudado a Linares en sus andanzas revolucionarias contra los
anteriores gobernantes Belzu y Córdova, fue el primer insurrecto en Cochabamba
contra el nuevo gobierno. Sin embargo, y atribuyendo su desmán al alcohol, fue
sobreseído (liberado) por el tribunal que lo juzgó.
Fue así que el 10 de agosto del mismo año, y esta vez en La
Paz, se produjo un motín en apoyo del general Belzu por un grupo de belcistas
(sus partidarios) que atacaron el palacio de gobierno, matando a un General de
nombre Prudencio. El intento fue sofocado con la muerte del Señor Justo Quiroz.
Apresados los revolucionarios fueron juzgados y condenados a muerte: el
religioso franciscano Fray Manuel Pórcel, el mayor José María Blanco, el
teniente Rafael Clinger y además tres sargentos.
El fraile fue degradado por el obispo Mariano Fernández
Córdoba y, pese a numerosos pedidos de damas del propio obispo y otras
personas, se realizó la ejecución el 1º de septiembre del mismo año. A partir
de ese momento, la impopularidad del Dictador se hizo patente y el resto de
tiempo de su gobierno tuvo que enfrentar otras siete revoluciones escalonadas a
través de los años 1858 a 1861.(2)
SENTENCIA Y EJECUCIÓN DEL FRAILE JUAN MANUEL PÓRCEL
Dispuesto a sostener el orden público, castigando la
insurgencia, el hombre enérgico ordeno la organización de un severo proceso
para establecer la culpabilidad de los comprometidos en el motín. Un Consejo de
Guerra integrado por siete militares prestigiosos y el temible fiscal, debía
juzgar a los sediciosos. Fue así que, obrando de manera diligente, éste
tribunal pronunció el fallo a los pocos días de iniciadas sus tareas, y
condenaba a la pena capital a diecisiete personas, entre las cuales se encontraban
el fraile franciscano Juan Manuel Pórcel, Doña Francisca Asín, heredera de
ilustre familia y doña Juana Sánchez Zambrana, admirada por su arrogante
belleza.(3)
El 31 de agosto se envió el proceso al poder ejecutivo para
la sentencia definitiva. El mismo día el Dictador convocó urgentemente al
Consejo de Ministros integrado por don Tomás Frías, don Ruperto Fernández, don
Manuel Buitrago, don Lucas Mendoza de la Tapia y el general Lorenzo Velasco
Flor, tres de los cuales, los primeros -según nos relata Alcázar-, se
pronunciaron por la pena de muerte, en breve debate en el que se impuso el
criterio del inflexible Dictador.
La sentencia fatal recayó en el padre Pórcel, el sargento
mayor José María Blanco, el teniente primero Rafael Clinger, los sargentos
Félix Salvatierra, Eustaquio Cabero y el comandante Manuel Pacheco, nombre éste
que no figuraba en la lista trágica enviada por el Consejo de Guerra (y que
posiblemente haya sido impuesto por libre arbitrio del Dictador, según se puede
apreciar). Todos ellos, decía la sentencia “serán puestos a disposición del
Comandante General para que sean pasados por las armas en la forma ordinaria, a
horas diez del día de mañana, en el mismo lugar donde se perpetró el delito…”.
A los otros condenados -las dos mujeres entre ellos- “deseando el Gobierno
economizar sangre”, les conmutaba la pena de muerte por los años de reclusión,
según nos detalla el citado autor.
Es la ley del fuerte. En la historia de todos los tiempos
-reflexiona Alcázar-, el vencedor se arroga el derecho de juzgar, castigar,
condenar, matar, a los que han perdido la partida en ese juego de azar de las
contiendas políticas que tiene su moral y justicia convencionales: de un lado
aparecen los justos, los limpios, los puros, los patriotas; esos son los
vencedores. Del otro lado, están los criminales, los réprobos, los traidores,
es decir, los vencidos. Las sentencias de muerte produjeron honda consternación.
Sin embargo, Linares se mantuvo inflexible, sordo a los pedidos de clemencia,
amurallado en la soledad de su despacho cerrado a toda intercesión. Era su
propósito -según criterio de Alcázar- sentar el precedente ejemplarizador para
curar el mal endémico de las mal llamadas revoluciones, motines cuarteleros que
tenían por objeto dar paso a mandones ignaros y audaces que surgían de las
cartucheras de los soldados, trampolín para alcanzar en esas épocas, el primer
puesto público del país.(4)
Referencias
(1) MESA, José; GISBERT, Teresa y MESA GISBERT, Carlos D.
“Historia de Bolivia”. Segunda Edición corregida y actualizada. La Paz
(Bolivia): Editorial Gisbert y Cía., S.A., 1998. Pág. 391.
(2) MESA, José; GISBERT, Teresa y MESA GISBERT, Carlos D.
Obra Citada. Pág. 393.
(3) ) “Inusitado fue el revuelo en las esferas sociales al
conocer la draconiana sentencia, asentada en confesiones arrancadas entre
angustias de muerte y tormento. ¿Se derramaría la sangre de un sacerdote ungido
por los óleos sagrados? Nadie quería creerlo. Esa sociedad apegada a la fe
religiosa, suponía al representante de Cristo fuera del alcance de las pasiones
terrenas.” (ALCÁZAR, Moisés. “Páginas de Sangre. Episodios trágicos de la
Historia de Bolivia”. Quinta Edición. La Paz (Bolivia): Editorial Juventud,
1988. Pág. 69)
(4) ALCÁZAR, Moisés. Obra Citada. Págs. 69-70.
Tomado de: LA PENA DE MUERTE EN LA LEGISLACIÓN BOLIVIANA de Alan
E. Vargas Lima La Paz – Bolivia 2009
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