Por Pablo Mora / Este artículo fue extraído de
http://www.elortiba.org
Si el poeta eres tú, como dijo el poeta, y el que ha tumbado
estrellas en mil noches de lluvias coloridas eres tú, qué tengo yo que
hablarte, Comandante. Si el que asomó al futuro su perfil y lo estrenó con
voces de fusil fuiste tú, guerrero para siempre, tiempo eterno, qué puedo yo
cantarte, Comandante. (Pablo Milanés).
Estás en todas partes. En el indio hecho de sueño y cobre. Y
en el negro revuelto en espumosa muchedumbre, y en el ser petrolero y
salitrero, y en el terrible desamparo de la banana, y en la gran pampa de las
pieles y en el azúcar y en la sal y en los cafetos, tú, móvil estatua de tu
sangre como te derribaron, vivo, como no te querían, Che Comandante, amigo.
Cuba te sabe de memoria. Rostro de barbas que clarean. Y
marfil y aceituna en la piel de santo joven. Firme la voz que ordena sin
mandar, que manda compañera, ordena amiga, tierna y dura de jefe camarada. Te
vemos cada día y puro como un niño o como un hombre puro, Che Comandante,
amigo.
Pasas en tu descolorido, roto, agujereado traje de campaña.
El de la selva, como antes fue el de la Sierra. Semidesnudo el poderoso pecho
de fusil y palabra, de ardiente vendaval y lenta rosa. No hay descanso.
¡Salud, Guevara! O mejor todavía desde el hondón americano:
Espéranos. Partiremos contigo. Queremos morir para vivir como tú has muerto,
para vivir como tú vives, Che Comandante, amigo. (Nicolás Guillén)
Te han cubierto de afiches, de pancartas, de voces en los
muros, de agravios retroactivos, de honores destiempo. Te han transformado en
pieza de consumo, en memoria trivial, en ayer sin retorno, en rabia
embalsamada. Y quizás han resuelto que la única forma de desprenderse de ti o
dejarte al garete es vaciarte de lumbre, convertirte en héroe de mármol o de
yeso y por lo tanto inmóvil o mejor como mito o silueta o fantasma del pasado
pisado; sin embargo tus ojos interminables, Che, miran como si no pudieran
mirar, asombrados tal vez de que el mundo no entienda que treinta y tres años
después sigues bregando dulce y tenaz por la dicha del hombre. (Mario
Benedetti)
Pudiste haber muerto en un terremoto cuando bebías unos
tragos con los amigos de tu barrio, cuando fuiste declarado no apto para el
servicio militar obligatorio, cuando tuviste tu primer desengaño amoroso y te
fuiste a recorrer el mundo como un ferrocarrilero perdido. O sea noche. Cuando
los muchachos del colegio se burlaban de ti porque no sabías bailar caminito
que el tiempo ha borrado, y la soledad creció como un águila misteriosa en tus
labios. Sí. Pudiste haber muerto en el cine o en la tranquilidad de la lluvia
como cualquiera de nosotros: pensando en las musarañas, en carlitos gardel o en
el cabro de borges. O en esa vecina que creía en la amistad como un árbol lleno
de espejos. Pero jamás falleciste ni siquiera cerraste los ojos cuando te
cortaron las manos y te dispararon un tiro en la nuca y otro en el pecho. Ni
cuando escribías en la selva algunos breves poemas al pie de un tronco musgoso.
Ni cuando amanecías buscando el sol en los bosques. Ni cuando mandaste al
diablo a monje (del pc-boliviano) y te quedaste solo, besando con tus
compañeros la soledad de la noche. Y menos cuando triunfó la revolución y los
caracoles y retamas abrieron sus espumas de fuego. Porque no morirás jamás
"sabueso contemporáneo" de la historia. Pues solamente falleciste
como tú querías: recordando la historia de los hombres y avanzando a gritos en
el río y escupiéndole en el corazón a tu verdugo y haciéndole comprender a una
humilde profesora las miserias de su patria y las sombras agujereadas de su vida.
(Nicolás Guillén)
Yo tuve un hermano. No nos vimos nunca pero no importaba. Yo
tuve un hermano que iba por los montes mientras yo dormía. Lo quise a mi modo,
le tomé su voz libre como el agua, caminé de a ratos cerca de su sombra. No nos
vimos nunca pero no importaba, mi hermano despierto mientras yo dormía, mi
hermano mostrándome detrás de la noche su estrella elegida. (Julio
Cortázar)
Tu mano gloriosa y fuerte desde la historia dispara cuando
todo Santa Clara se despierta para verte. Aquí se queda la clara, la entrañable
transparencia de tu querida presencia, Comandante Che Guevara. Seguiremos
adelante, como junto a ti seguimos y con Fidel te decimos Hasta Siempre
Comandante. (Carlos Puebla)
Así estamos, consternados, rabiosos, aunque esta muerte sea
uno de los absurdos previsibles. Da vergüenza mirar los cuadros, los sillones,
las alfombras; sacar una botella del refrigerador, teclear las tres letras
mundiales de tu nombre en la rígida máquina que nunca nunca estuvo con la cinta
tan pálida. Vergüenza tener frío y arrimarse a la estufa como siempre, tener
hambre y comer esa cosa tan simple, abrir el tocadiscos y escuchar en silencio
sobre todo si es un cuarteto de Mozart. Da vergüenza el confort y el asma da
vergüenza, cuando tú comandante estás cayendo … ametrallado, fabuloso, nítido…
eres nuestra conciencia acribillada. Dicen que te quemaron... con qué fuego van
a quemar las buenas buenas nuevas, la irascible ternura que trajiste y llevaste
con tu voz, con tu barro. Dicen que incineraron toda tu vocación menos un dedo…
basta para mostrarnos el camino, para acusar al monstruo y sus tizones, para
apretar de nuevo los gatillos.
Así estamos, consternados, rabiosos, claro que con el tiempo
la plomiza consternación se nos irá pasando, la rabia quedará, se hará más
limpia. Estás muerto, estás vivo, estás cayendo, estás nube, estás lluvia,
estás estrella… Donde estés… si es que estás… si estás llegando… aprovecha por
fin a respirar tranquilo, a llenarte de cielo los pulmones. Donde estés… si es
que estás… si estás llegando … será una pena que no exista Dios. Pero habrá
otros, claro que habrá otros dignos de recibirte comandante (Mario
Benedetti)
Como si San Martín la mano pura a Martí familiar tendido
hubiera, como si el Plata vegetal viniera con el Cauto a juntar agua y ternura,
así Guevara, el gaucho de voz dura, brindó a Fidel su sangre guerrillera y su
ancha mano fue más compañera cuando fue nuestra noche más oscura. Huyó la
muerte. De su sombra impura, del puñal, del veneno, de la fiera, sólo el
recuerdo bárbaro perdura. Hecha de dos un alma brilla entera, como si San
Martín la mano pura a Martí familiar tendido hubiera. (Nicolás Guillén)
Prohibido llorar sobre los vivos a ochenta años de la
augusta gesta, frente a los de Bolívar y Camilo, a treinta del viraje hacia la
estrella. Al pie de tus treinta años te decimos: préstanos tu morral y tu
escopeta, tus focos, tus Vietnams y tus caminos, tu esperanza, ternura y
arrechera. Préstanos tu montaña, tus morteros, tu magia, soledad, naufragio y
suerte, tus planos, tus trincheras, tus secretos. Préstanos tu escondite y
taburete y tu diario y tus manos y portentos para empuñar fusiles nuevamente.
(Pablo Mora)
¿Treinta y tres años ya? ¿O sea que pudimos seguir sobrando
treinta y tres años en un mundo en que no estaba él? ¿O sea que hay una
generación que ha podido nacer, crecer y engendrar en un mundo en que desde
hace treinta y tres años falta él? ¿Cómo concebir el mundo treinta y tres años
sin él? Lo dejamos solo comandante sin ejército… creyeron que había muerto y
anunciaron "el fin de la historia" como si ya todos pensáramos igual
con la indócil excepción de Chiapas y de Cuba, pero yo sé, sabemos que la
historia sí puede terminar antes de que regrese el hombre nuevo que él anunció,
trayendo consigo como la más bella utopía de América y por eso lo espero para
poder seguir vivo y poder seguir esperando lo que viene entonces, Che. ¿Hasta
la victoria siempre? (Jorge Enrique Adoum).
Guevara, como todos los soñadores, no triunfó. Lo mataron,
como a todos los héroes desbocados. Quizás nadie sepa nunca hasta dónde pudo
haber llegado su locura. Quizás por eso su tumba está en nuestro corazón.
(Adriano González León).
Como Anfiáreo, la muerte no interrumpe sus recuerdos. La
aristía, la protección en el combate, la tuvo siempre a la hora de los gritos y
la arreciada de cuello, pero también la areteia, el sacrificio, el afán de
holocausto. El sacrificarse en la pirámide funeral, pero antes dio las pruebas
terribles de su tamaño para la transfiguración. Donde quiera que hay una
piedra, decía Nietzsche, hay una imagen. Y su imagen es uno de los comienzos de
los prodigios, del sembradío en la piedra, es decir, el crecimiento tal como
aparece en las primeras teogonías, depositando la región de la fuerza en el
espacio vacío. (José Lezama Lima).
Ahora serán las palabras, las más inútiles o las más
elocuentes, las que brotan de las lágrimas o de la cólera; ahora leeremos bellas
imágenes sobre el Fénix que renace de las cenizas, en poemas y discursos de ira
fijando para siempre la imagen del Che. También estas son palabras, pero no las
quiero así, no quiero ser yo quien hable de él. Pido lo imposible, lo más
inmerecido, lo que me atreví a hacer una vez, que sea su mano la que escriba
estas líneas. (Julio Cortázar).
Crezcan como buenos revolucionarios. Estudien mucho para
poder dominar la técnica que permite dominar la naturaleza. Acuérdense que la
Revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada.
Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia
cometida contra cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un
revolucionario. (Ernesto Che Guevara).
Ejemplo indestructible y que, aun destruido en la persona,
en nada habrá de menguar la lucha que se lleva adelante para la liberación de
la América nuestra – la auténtica, la que verdaderamente podemos llamar
"nuestra" en tiempo presente. El mito, la leyenda, la conseja, la
tradición transmitida de boca en boca, lleva, a lo ancho de las tierras, en el
lomo de las cordilleras, a lo largo de los ríos, el nombre del Che. Nombre de
un hombre por siempre inscrito en el gran martirologio de América, que se hizo
uno con la idea misma de la revolución y, caído, habrá de levantar nuevas
energías revolucionarias en el camino donde, según últimas palabras de su
diario, el paso de sus hombres "había dejado huellas". Huellas que no
se borran. Que jamás habrán de borrarse. Que quedan marcadas en el sueño del
continente entero. (Alejo Carpentier).
El Che, como pocos hombres en nuestro hemisferio, entendió
que la revolución es una gran aventura. Un desafío a la realidad y un
compromiso feroz con la imaginación. Un ejército ético propio de una conciencia
de titanes, donde se sabe de antemano y con lucidez que la libertad se inventa
en la acción sublime de cada día. (Iván Darío Álvarez).
La figura del Comandante Che Guevara es hoy más que nunca
para nosotros como un relámpago de oro en la conciencia. Su acción y su
pensamiento, su increíble audacia histórica, constituyen una permanente
advertencia para todos aquellos que pensamos, con Marx, que no basta con
interpretar el mundo, sino que es preciso cambiarlo, transformarlo, alterarlo revolucionariamente.
El Che Guevara hablaba constantemente de la necesidad de crear un hombre nuevo,
que él llamaba "el hombre del siglo XXI", y advertía que esa era una
tarea enormemente dificultosa; nosotros, aquí y ahora, tenemos el deber, al
recordar hoy la figura del guerrillero asesinado, de meditar a fondo sobre ese
principio revolucionario que, desgraciadamente, ha sido tomado muy poco en
cuenta por los revolucionarios socialistas. (Ludovico Silva).
¿Dónde estás, caballero, el más puro, caballero, el mejor
caballero? Encendiendo el hachón guerrillero en lo oscuro, señora, en lo
oscuro. (Mirta Aguirre).
Che recuerda lo que ya sabemos desde Espartaco y que a veces
olvidamos: la Humanidad encuentra en la lucha contra la injusticia un escalón
que la eleva, que la hace mejor, que la convierte en más humana. (Subcomandante
Marcos).
Fuente: www.poesia.org.ve
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