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UNA ESPECTACULAR FUGA DE LA ISLA DE COATI DURANTE LA DICTADURA DE BANZER

Por: Freddy  Céspedes Espinoza. // Este artículo fue tomado de: http://koatravelnews.blogspot.com/2017/03/la-fuga-de-la-isla-de-coati.html

SETENTA PRISIONEROS EN BUSCA DE LA LIBERTAD

Después del golpe de 1971, el Coronel Banzer, decide reabrir la Isla de Coati, llamada también hoy Isla de la Luna,  como centro de reclusión desde los años cuarenta.
Era tanta la demanda de cárceles para los “Melenos o comunistas” que los  políticos fueron llevados a la isla por decenas a fin de tenerlos en medio del lago, sin acción ni reacción.
Isla en medio del lago mayor, frente a la Isla del Sol y la península de Yampupata, fué la Alcatráz de los Andes para los delincuentes en los años cuarenta y durante la dictadura de Banzer reabierta para detener a los opositores.
Después de permanecer por mucho tiempo aislados,  setenta prisioneros de Coati decidieron planear la fuga, muy comentada en ese tiempo por su espectacularidad.
Después de tomar presos a los custodios y al mismo jefe o Gobernador, cruzaron  desafiando al lago en un desbande masivo, cruzando cerros, riachuelos, terrazas de agricultura, desniveles geográficos; todo en cuestión de horas y como únicos cómplices, las sombras de la noche que no dejaban ver más de un metro.

SE INICIA LA FUGA

¡Oh fútbol! Cuántas cosas sucedieron en tu nombre; era un partido programado relata un ex prisionero, mi pensamiento era sólo la fuga. Escuché que la pelota rebotaba hacia un lado, era el momento...
Los centinelas de la parte superior del cerro, fueron reducidos en un instante, los guardias de la cocina corrieron la misma suerte; algunos se arrodillaron pidiendo perdón, pero la fuga ya era un hecho.
Crucé hacia Zampaya, la débil embarcación se retorcía por las olas del picado lago; observaba detenidamente los viejos andenes de agricultura con sus sembradíos de papa, maíz y cebada que me sobrecogían el alma, tanta belleza en una amalgama perfecta con la cordillera y el lago mientras tanto sólo en mi mente estaba llegar al Perú, pero no a través del lago, le teníamos mucho miedo y respeto a esa masa de agua que tiene en su vientre muchas personas.Ya en Sampaya, salté de la embarcación.
Con mis cuarenta años yo Efrain N, maestro de escuela en Oruro, sin conocer la zona, seguía al grupo entre empellones y caídas, trataba de no apartarme del grupo, sentía que alguien se aferraba a mis cinturones para que lo ayude, pero me cansaba más, me zafé no sé quién era, pero mi meta era llegar donde sea, pero ya no más Coati.

EL MIEDO A SER RECAPTURADOS

La noche cayó, ya no se veía la Isla maldita, sólo escuchaba la respiración pausada de mi acompañante circunstancial, “el miedo”,  que no se alejaba, la tenía incrustada en la garganta que no me dejaba respirar.
Mi miedo se reía de mi suerte, yo con voz pausada le decía que me deje en paz, pero se quedaba, me cubría el cerebro, cada piedra era un monstruo que me seguía.
No veía nada, sólo siluetas, estaba en el averno de Dante, grotescas figuras que caían y se levantaban, el teatro del infierno hecho fuga. Habían corajudos, cobardes y niños en cuerpos de hombres que lagrimeaban, el miedo de cada uno salían de sus bocas en cada palabra que cruzaban en las frígidas montañas.
¡Apúrate carajo!, estamos jodidos si nos descubren, tenía miedo a que aparecieran los gorilas y nos ametrallen; no habría justificativo, después de todo era para la dictadura una gran oportunidad para deshacerse de un grupo de presos políticos, que se atrevieron a escaparse por sus narices.
Crucé Copacabana, ahí estaba quieta la colosal iglesia, pedía a la virgen que me acompañe, después de mucho tiempo, me sentí más tranquilo, ya estábamos a sólo diez kilómetros de la libertad, pero mi miedo bajó a mis pies, se introdujo a mis muslos y pantorrillas, me hacía temblar a cada paso que daba, sólo quería llegar, era la última carrera hacia una meta que no llegaba, corría, trotaba, caminaba y me detenía, llegué incluso a tirarme en el duro paisaje para observar la muerte, pues sentía que ya no podía, éramos puntos insignificantes entre las montañas y la inmensidad del lago que me inspiraba coraje, sin darme cuenta, corría y corría sin rumbo, hasta que alguien me paró y me dijo con voz tranquila:  Ya cruzaste la frontera,  estás libre.
Después volamos a Cuba, Coati, ya  era  un recuerdo la fuga fue todo un éxito.

Fuentes:
Jaime Soria Galvarro, Coati 1972, relatos de una fuga.

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