BOLIVIA PODRÍA HABER SIDO EL PRIMER PAÍS EN UTILIZAR LA GUERRA BACTERIOLÓGICA EN EL CHACO

Por: Gastón Cornejo B. / Archivos Históricos de Historia de la Medicina – Aspectos Históricos de la Medicina Durante la Guerra del Chaco 1932 – 1935. / Vol. 2 N°. 2 Julio – Diciembre de 1996.

Conocimos el testimonio personal  y las publicaciones que al respecto expresan dos personajes importantes: el Dr. Abelardo Ibañez Benabente, en la Paz, en su obra “Sed y Sangre en la Guerra del Chaco” y el Dr. Gabriel Arze Quiroga, en replica al primero y exposición de sus memorias, en Instantáneas de Ayer”.
El Dr. Ibañez Benabente, una gran figura de la medicina boliviana, se caracterizaba por una profesionalidad de elevada escuela quirúrgica, dotes organizativas de liderazgo, fue el creador de la Sociedad Boliviana de Cirugía; bondadoso y gentil.
El libro personal refiere que efectivamente se dispuso enviar cultivos de vibrión colérico para infectar las lagunas abandonadas, orden incumplida que significo la baja con ignominia de los profesionales, uno de los cuales era el Dr. Gabriel Arze Quiroga.
A ese propósito visitamos al referido colega quien expuso su franco testimonio regalándonos su texto memorial de valor histórico.
Esta conversación amena y puntual y aun en plena salud recordó los siguientes detalles:
Después de la derrota de Boquerón, el avance de las tropas paraguayas fue violento, también la retirada de los nuestros. El Comando Superior analizo en La Paz, la estrategia para detener al ejército enemigo. Fue entonces, que el Dr. Ibañez. Director de Sanidad tomo la palabra y propuso la solución posible, la guerra bacteriológica, indico la facilidad de sembrar el Vibrión Colérico en las lagunas abandonadas e indico que inclusive se disponía del elemento bacteriológico en cultivo en el laboratorio “Prado Barrientos”, que había aun la posibilidad de cooperación del Laboratorio “Blastos” argentino mediante su director, el Dr. Néstor Morales Villazón.
Gabriel Arze, aseguro que el Comando aceptó la propuesta en forma inmediata y por unanimidad, disponiéndose el envío inmediato.
El cultivo bacteriológico viajo al Chaco en dos frascos de vidrio, transportados en camiones hasta Villa Montes en carga de bebidas alcohólicas de Whisky. Se extraviaron al llegar al destino ocasionando tremendo malestar en las jefaturas militares que habían bebido copiosamente. Finalmente, aparecieron, y fue el propio Gral. Peñaranda quien llamo al Dr. Arze para ordenarle la comisión puntual.
Me planté aceptando los dos frascos pero con la convicción de incumplir la orden”
“Pense que efectivamente se trataba de Vibrión Colérico, endémico en el Africa y de historial nefasto en el mundo de las epidemias y que sería un verdadero crimen biológico, deshonra para la patria y siendo una guerra de posiciones podría finalmente contagiar también al ejército boliviano” relato enfáticamente.  
Concluyo recordando que aún podría identificar el sitio próximo al árbol donde fueron enterrados los dos frascos. “Cabe con mi bayoneta una cierta profundidad, y cuando estaba en esa acción, se presentó como una visión fantasmal, un soldadito cruceño enfermo de viruela(¿) o de algún cuadro toxi-infeccioso grave. Inmediatamente pensé que venía a cobrar venganza pues el día anterior, reunida la jefatura del Comando local para disponer la retirada, se discutió el destino del enfermo. Se votó por darle muerte piadosa o dejarlo vivo a merced de los pilas; ganaron quienes votaron por la segunda moción aunque yo vote por la primera”. Concluyo el relato: “asustado escapé rápidamente y me aleje del enfermo, no sin antes cerciorarme que los frascos estaban bien enterrados, Cumplí con el incendio del fortín y me aleje a caballo”.
Aseguro el Dr. Arze que efectivamente desobedeció la orden insólita e inhumana y que nunca fue dado de baja y jamás con ignominia como asegura Ibañez, más bien, fue condecorado y recibió los mejores honores de la patria por sus servicios personales heroicos.
Rememoro la angustia de los responsables cuando más tarde, arribo una fracción el ejército al mando de un hermano dentista del Dr. Bilbao Rioja, que desconociendo la retirada del citado fortín tomó agua en reserva y llegó sin problemas de salud, tampoco se observó contagio alguno.
El historiador Dr. Juan Guerra, presento en congreso un detenido trabajo sobre el tema de significación ejemplarizadora para la historia médica nacional.

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