SEGUNDA VICTORIA DEL MAYOR PABÓN


SEGUNDA VICTORIA DEL MAYOR PABÓN — AS DE LA AVIACIÓN BOLIVIANA — 18 de junio de 1934
PRISIONERO PILA HABLA SOBRE AVIÓN DERRIBADO
—UN PRISIONERO DECLARA LA CAÍDA DEL FIAT PARAGUAYO—
———VERSIÓN UNO
M. J. B. cabo del regimiento San Martín rectifica categóricamente a Estigarribia.
El parte abierto del General Estigarribia negando el hecho constatado de la caída del avión Fiat 23, el sábado por nuestro as del aire mayor Pabón, es un nuevo documento de la falta de veracidad de los partes abiertos del General en jefe del ejército paraguayo. En efecto, el prisionero M. J. B.  del regimiento San Martín 7 de caballería, declaró haber visto el combate aéreo del día 18 junio con todo su regimiento, DECLARO TAMBIÉN QUE ÉL Y TODOS SUS COMPAÑEROS VIERON CAER EL AVIÓN PARAGUAYO Y AL QUE LOS JEFES Y OFICIALES DEL REGIMIENTO SAN MARTÍN TRATARON DE CONVENCER, A SU TROPA EN EL SENTIDO DE QUE FUE EL AVIÓN BOLIVIANO EL DERRIBADO.
Otra prueba contundente de que el Fiat 23 fue derribado, es que desde el día 19 no se ha visto volar en el cielo chaqueño ninguna máquina paraguaya.  
————VERSIÓN DOS
En cañada Oruro llega a oídos de Pabón la noticia del telefonema, dando cuenta de la presencia de un avión enemigo, que vuela a gran altura sobre la zona de la III División. Dos minutos después, el Mayor Pabón se encuentra en los aires piloteando diestramente su halcón plateado Curtis—Hawk, en busca del adversario. Sorprendió poco después a la máquina enemiga, un Fiat—23, sobre Cañada Cochabamba, ya empezando a huir porfiadamente hacia su base.
“A las 15.10 apareció un avión Hawk nuestro que tomó al enemigo por el costado izquierdo. Inmediatamente ordené cesar fuego, porque ambas máquinas trababan combate...”.
Pabón la persigue, asciende con hábil maniobra y disponiéndose a virar y picar, la obliga a trabar combate. Advertido el enemigo de que iba a ser arremetido, esquiva los proyectiles y zigzaguea en el espacio, procurando llevar al aparato boliviano sobre las posiciones paraguayas, seguro de encontrar allí la protección de las antiaéreas amigas.
Haciendo más y más eficaces sus disparos, el avión de Pabón, que va acortando las distancias, ametralla por la cola, por encima, por los costados. Ambas máquinas evolucionan en el espacio, confundiendo el zumbido de sus motores con las detonaciones de los proyectiles. “El observador del avión enemigo ametrallaba con desesperación mi máquina”, dirá luego el My. Pabón, al informar sobre la encarnizada lucha.
El observador del avión paraguayo se incorpora para convencerse que su avión es ya presa segura del boliviano. Una ráfaga de disparos del piloto boliviano lo hace desaparecer mortalmente herido, dentro de su cabina. Segundos después, el piloto enemigo corre igual suerte. Luego un resbalamiento de ala desde 900 m. y la máquina paraguaya, incendiada ya, va a clavar todos sus restos entre la espesura del monte, sobre su propio campo.
“...dominando la nuestra que imponía a la enemiga a perder altura, hasta que ambos aparatos se perdieron en el monte, observándose que la enemiga estaba abatida por el fuego de la nuestra...”
Más de mil soldados presenciaron el duelo en el aire, que duró siete emotivos minutos y que dio cuenta del último de los aviones de más osada, o la más sacrificada de las escuadrillas paraguayas “...posteriormente supimos que el Sr. My. Rafael Pabón piloteaba la máquina Hawk.
Al aterrizar el piloto respondió emocionado: “! ¡Lo derribé! 
El parte abierto del General Peñaranda, al Presidente Salamanca, está concebido en los siguientes términos escuetos: “Cuartel General 18 de junio 1934
Presidente República. Hoy, después de un combate aéreo, en el sector III Div., el My. Pabón, de una altura de 900 m. derribó avión paraguayo “Fiat-23”. Atte.  Gral. Peñaranda”.
Por su parte, el My. Pabón enviaba a su padre este sencillo radiograma: “cumpliendo mi deber de boliviano y como digno hijo suyo, derribé hoy, después de rudo combate segundo avión pila, en duelo singular”.
El comunicado oficial del C.G. paraguayo trataba en cambio de negar la pérdida mostrándose ridículo ante los numerosos testigos que habían presenciado la lucha aérea y la documentación que ella originó.
Al conocer los comunicados paraguayos que ignoraban su victoria aérea, el Mayor Pabón manifestó su asombro “ante la deshonesta afirmación oficial enemiga, pretendiendo negar su acción evidente y que tal vez el propio Gral. Estigarribia estuvo engañosamente informado, pues el combate aéreo no lo realizó en el cielo de D’Orbigny, donde nunca llegaron los aviones paraguayos y fue presenciado por sus mismas tropas que podrían desmentirlo”. Pabón agregó que “desafía a que vuelva a presentarse en el cielo del Chaco la máquina que él abatió”.
(ALAS DE BOLIVIA, SÍNTESIS HISTÓRICA DE LA AVIACIÓN NACIONAL. Amalia Villa de la Tapia Tcnl. de Aviación - TOMO II)
————— VERSIÓN TRES
El mes de Junio fué desastroso para las alas paraguayas y glorioso para las nuestras. Pabón aumentó en él sus laureles y consagró su alta categoría.
Ya el 26 de mayo las baterías antiaéreas del sector derriban un aparato enemigo. El 12 de junio, otro avión, ametrallado y perseguido por el Capitán Mérida, lograba escabullirse a duras penas. El 18, un «Fiat-23» enemigo, volando sobre la III División, a gran altura, fue sorprendido por Pabón, el cual había despegado de Ballivián, a una orden telefónica. La ametralladora del piloto boliviano hizo certeros impactos en el avión enemigo, que huía perdidamente hacia su base. Pabón le persigue, le obliga a trabar combate, lo incendia: la máquina adversaria se estrella en el bosque, en campo enemigo, desde 300 m.
Los comunicados oficiales del C.G. paraguayo trataron de negar esa pérdida, hablaron de un combate sobre «D’ Orbigny» ... Pero la acción victoriosa de nuestro héroe fué debidamente oficializada, y confirmada poco después por declaraciones de soldados prisioneros de los regimientos «Curupaití» y «San Martín».
El vencedor, regresando a la base, de Strongest, indicaba su hazaña, a la manera tradicional de los aviadores bolivianos: con endiabladas cabriolas, antes de aterrizar.
LA VIDA FULGURANTE DE PABON - N. FERNANDEZ NARANJO
———VERSIÓN CUATRO
Sobre el sector de la Tercera División boliviana desde hace pocos días atrás inicio vuelos desde conocimiento a distintas horas una máquina enemiga realizando sus incursiones a gran altura.
Los pilotos de una de nuestras escuadrillas trataron de provocar combate sin conseguirlo porque el avión enemigo tomaba rumbo al este apenas divisaba al adversario.
Hoy la misión del aviador enemigo ha tenido trágico fin, el mayor Pabón sin darle tiempo de huir lo derribó después de un combate de varios minutos a 900 metros de altura. El avión enemigo es de marca Fiat número 23.
La Paz 18 de junio de 1934. Publicado en el periódico El Diario de La Paz. #CORTEGOSKY ©

LA GUERRA FRIA Y BOLIVIA


Por: José Antonio Loayza. / Ese artículo fue publicado el 28 de julio de 2018, en Siglo y Cuarto Documentos Históricos.

La serpiente, la más astuta de cuantas bestias existen; silbó:
“…si comes de ese árbol, serás como Dios, conocedor del bien y del mal.” Gen. 3:5.

Fausto. J. W. Goethe; advirtió:
“… Un día de tu semejanza divina te asustarás.”

Cuando el mundo comió del árbol del bien y del mal: se le desquició la razón al ver el avance científico-tecnológico de las potencias guerreras, y creyó que había que acatar, y empezó a temblar.

* *  *
La Guerra Fría empezó cuando terminó la 2ª Guerra Mundial, cuando las diferencias entre las dos superpotencias mundiales dividieron al mundo en dos bloques antagónicos: En 1949, EE.UU y los aliados del capitalismo formaron el poderoso bloque militar OTAN; y en 1955, la URSS y los defensores del comunismo formaron el poderoso bloque del Pacto de Varsovia.

En 1959, Cuba derrocó por medio de una revolución a la dictadura de Batista, y Fidel Castro se alzó con el poder de corte comunista con ayuda de la URSS. En 1961, EE.UU. vio como una amenaza el giro cubano y realizó una invasión que fracasó (Bahía Cochinos). Al año siguiente la URSS instaló misiles en la isla, y John F. Kennedy decretó el bloqueo. La URSS retiró los misiles pero la tensión no desapareció, y empezó la táctica opresiva de la Doctrina de Seguridad Nacional en Sudamérica.

En Bolivia, nuestra forzada agregación a la Guerra Fría, hizo que nuestro Estado envilecido dependa de los EE.UU, y nuestro proletariado envalentonado dependa de la URSS, y ambos bandos enviciados por su empeño ideológico, se declararon enemigos cumpliendo ingenuamente con el plan de la Guerra Fría. Desde entonces el país se puso a expensas de dos voluntades, de los liberales y de los comunistas, y como algunos interlocutores infalibles, o dirigentes nacionales le rendían tributo a los dos señoríos imperiales, adoptamos la manía de buscar contradicciones sin importar el caos.

En 1952 se nacionalizaron las minas, el Gobierno se alió a EE.UU y el proletariado a la URSS, y por esa sentimiento de obediencia perfecta, la patria se convirtió en dos patrias, en dos mitades ineptas para el desarrollo, y como perdimos nuestro propio rostro, nos hicimos de prejuicios por bagatelas burdas, por nuestras raíces, lazos de sangre, color de piel, vestido, apellido, tan desemejantes en todo siendo tan semejantes, y tan torpes en negociar para rifar nuestras riquezas con tal ganga, que si el gobierno ganaba, perdíamos; si el proletariado ganaba, perdíamos; si ambos ganaban, perdíamos; porque éramos tan expertos en rebeliones que nos olvidamos de calcular el futuro. ¿Acaso no vendimos estaño a las dos guerras mundiales y ambas nos hicieron pobres? ¿Acaso no vendimos estaño a la Guerra Fría y esta nos hizo pobres? Si en el primer caso se enriqueció Patiño, en el segundo se empobreció el Estado (Comibol), por guerras que no eran nuestras.

Cuando llegaron los primeros arrebatos ideológicos después de la 2ª Guerra Mundial, como el comunismo, trotskismo, fascismo, nacionalsocialismo y otros, y eligieron las siglas que mejor les calzó como PIR, POR, PURS, PCB, FSB, MNR, etc., con la idea metafórica de tumbar el desaliento de la Guerra del Chaco para injertar sus “novedosos” implantes ideológicos, se nos fregó la vida, y la realidad de las dos realidades nos confundió, y cuando el año 46 (año de inició de la Guerra Fría), luchamos por ser socialmente más eficientes y productivos, ¡el proletariado decidió, aleccionado por el POR, a luchar en las trincheras por la “Tesis de Pulacayo”, y el país se polarizó por una tesis que no era nuestra sino una adaptación del Programa de Transición redactado por Trotsky en 1938!

Ese año comimos las manzanas del bien y del mal, y emitimos en vez de un eructo, un tremendo vozarrón que no era de revolución sino de retrocesión por regalar a la voracidad extranjera nuestra Naturaleza, y por permitir que la serpiente (extranjera también), nos instigue a la distancia social y a la hostilidad que ningún gobierno evitó, porque aprovecharon para dividirnos y vencer, creando enemigos internos en vez de externos, o constituyendo izquierdas y derechas para encubrir su aburguesamiento y enriquecimiento, y por ese esfuerzo despreciador nunca pudimos ser nación.

La Guerra Fría se articuló sobre una lógica desfalcadora, y sabiendo ello las potencias en pugna nos trajeron espejitos o ideologías ilusorias como la Alianza para el Progreso, o cursillos a los obreros para reeditar la revolución castrista, o becas a los gorilas de la Doctrina de Seguridad Nacional para ser eficientes en el “Plan Cóndor”, y el país se deterioró de manera fulminante y desastrosa y aun así entró al juego por puro metiche. Entretanto los políticos nativos se enriquecieron echando fuego al abalorio de problemas pues era su negocio, y el país perdió su capacidad negociadora en el mercado internacional, porque los demás países dijeron que no éramos estables, o éramos pro o anti-imperialistas, o no actuábamos conforme al derecho porque estábamos llenos de izquierdas. En síntesis, nos reducimos a la complejidad de los eventos ajenos, a la contestación, a la rivalidad enferma, y por esos referentes falsos, nada nos fue bien, y no nos va bien, y no nos ira mejor.

En1963 los acercamientos entre EE.UU. y la URSS fracasaron tras el asesinato de Kennedy. Al año siguiente Nikita Jruschov (1955-1964), se alejó del poder y denunció los excesos del estalinismo. Volvió la burocracia estalinista bajo el régimen dictatorial del gobierno de Leonid Brezniev (1964-1982).Continuó con Yuri Andropov (1982-1984), Konstantin Chernenko (1984-1985), y finalmente Mijail Gorbachov (1985-1991), después de su dimisión la URSS fue disuelta. En 1989, cayó el muro comunista, y la distensión entre los países comunistas y capitalistas aparentemente se apaciguó.

La Guerra Fría también debió apaciguarse en el país, pero se incubó con más dedicación, pese a que nos enteramos que el colectivismo y los derechos individuales de libertad no eran compatibles (expresión de Friedrich Von Hayek), y nos costó admitir que el liberalismo y el marxismo incluso llevados a su máxima conciencia no nos servían (expresión de Lucien Goldman), y para colmo el capitalismo avanzado como las fuerzas progresistas del Tercer Mundo solo eran posibles en los países desarrollados (expresión de Jürgen Habermas), y sin embargo se nos hizo creer lo que no era, y estuvimos tan desatinados buscando un régimen que nos de emancipación y no falsas utopías.

Aún no dejamos la disputa, y nuestra proyectiva histórica es la misma si no es peor. Bregamos en el dogma apegado a un principio innegable, o inventamos una y otra certeza triunfalista para otra versión del fracaso, o buscamos un socialismo genuinamente nuevo con alegres aconteceres, y es tan ortodoxa que da lugar a pensar que es tan china que no nos deja abrir los ojos a la realidad.

Se dice que la Guerra Fría fue un plan del poder planetario, o del Poder Mundial para saquear los recursos de los países débiles, quien sabe. Se dice que este escenario era parte de un acuerdo global para justificar la bonanza armamentista y enriquecer a las oligarquías poderosas adjuntas a los gobiernos.... Se dice y se duda de todo, lo cierto es que desde entonces los bolivianos comemos a diario los frutos del bien y del mal, y vivimos mal en la amargura de nuestra propia Guerra Fría.

*  *  *
“Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas…” Efesios 6:11,12.

// José Antonio Loayza Portocarrero.

1940, UNA BANDERA "NAZI-BOLIVIANA" FLAMEA EN EL ILLIMANI

Foto-composición coloreada de la ciudad de La Paz.

Bajo el Tercer Reich, los escaladores germanos se anotaron éxitos en los andes bolivianos y colocando la bandera en sus cumbres. Por ejemplo, el 4 de octubre de 1939, los austriacos Wilfrid Kühm y Josef Prem -Austria habia sido incorporada al Reich- serían los primeros hombres en subir al nevado Sajama, el pico más alto de Bolivia  con 6542 metros.

El 21 de marzo de 1940 tres jóvenes montañeros alemanes liderados por el veterano Kühm, establecieron su campo de base en las estribaciones del Illimani. Al día siguiente, Viernes Santo, trataron de ascender hasta la cumbre, pero cuando llevaban 10 horas subiendo y tan solo les faltaban 300 metros para coronar el pico les sorprendió una tormenta que les obligó a buscar cobijo cavando un agujero en la nieve. Al amanecer retomaron el ascenso y pudieron por fin llegar a la cima. Era la tercera vez que alguien lo lograba. Allí colocaron un improvisado mástil y aseguraron en él una gran bandera con los colores de Bolivia -rojo, amarillo y verde- con la particularidad de que en el centro habían cosido un circulo blanco con una esvástica. Luego uno de ellos hizo una fotografía de los demás miembros haciendo el saludo nazi junto a la bandera. La imagen seria después publicada en la prensa de La Paz, ilustrando una crónica de la expedición, en la que se explicaban las dificultades que habían tenido que afrontar sus integrantes, llamando la atención la singular bandera que hermanaba simbólicamente al país andino con el Raich alemán.

Quien no se sintió impresionado por el relato, y sí indignado por el hecho de que en la cumbre del Illimani ondease una esvástica, fue un ingles, Edward de la Motte, residente en la capital. Era ingeniero de ferrocarriles, y en su tiempo libre gustaba de realizar excursiones con el Club Andino Boliviano. A pesar de su limitada experiencia como montañero, a De la Motte no se le ocurrió otra cosa que subir a retirar la bandera. Cuando lo planteó en el club no encontró apoyo en un primer momento, pero luego allí repararon en que en el permiso que los alemanes habían tramitado, precisamente a través del club, figuraba que colocarían dos banderas: la boliviana y la alemana. Utilizando un telescopio comprobaron que, en efecto, allí habían clavado solo una enseña, que en puridad no era la una ni la otra. Los montañeros germanos  habían faltado a lo pactado, por lo que De la Motte recibió el apoyo de la entidad para proceder a retirar aquella bandera.

Así pues, el animoso ingles se pidió seis dias de vacaciones en su trabajo y convenció al chofer del presidente del club,Jesús Torres, para que fuera su compañero de escalada. Aunque torres era buen esquiador, nunca había utilizado crampones -necesarios para caminar sobre el hielo- y nisiquiera había usado una cuerda de escalada, por lo que el ingles tuvo que darle unas clases rápidas de andinismo antes de ponerse ambos en marcha. Contarían con la colaboración de otros dos esquiadores del club que, pertrechados de mulas, les ayudarían a transportar el material hasta el último campo base. 

El primer campamento lo establecieron el 4 de abril y a partir de ahí fueron aproximándose a la cumbre . El ascenso final sería en la mañana del 7 de abril . A las 12:55 horas, De la Motte y Torres llegaron por fin a la cima. Allí encontraron medio enterrada en la nieve una lata que contenía tres tarjetas con los nombres de sus predecesores, a las que añadieron otra con los suyos. Aunque el paisaje que se podía ver era impresionante, solo tenían ojos para la bandera con la esvástica que permanecía allí agitándose al viento. El ingles tomó primero una foto de su compañero junto a la bandera y, después de retirarla y dejarla en el suelo, tomó una segunda. Habían cumplido la misión que les había traído hasta allí. Despues de tomar unos sorbos de coñac y comer un trozo de carne acompañado de algunas galletas, D3 la Motte recogió la bandera, la plegó y la guardó en la mochila. La esvástica apenas había durado dos semanas en la cumbre del Illimani.

Como si al colocar aquella grotesca bandera, Kühm se hubiera echo acreedor a una maldición, él y un compañero también germano sufrieron una caída cuando al año siguiente intentaban escalar por primera vez otra de las cumbres del macizo, el Pico Norte. Un austriaco antinazi que vivía en La Paz, Fred Hendel, organizó una expedición de rescate a pesar de las iniciales reticencias del Club Andino Boliviano, que tenía todavía fresco el incidente provocado por Kühm con su bandera. Hendel localizó las huellas de la caída, pero los cuerpos nunca pudieron ser encontrados. El Pico Norte sería alcanzado en 1950 por otros dos escaladores alemanes.

Fuente: Eso no estaba en mi libro del Tercer Reich, de Jesús Hernández.

Fotografía: Vista de la ciudad de La Paz y el  Illimani. Aprox. 1951.

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// Historias de Bolivia.

PEÑARANDA COMPROMETE EL ESTAÑO A ROOSEVELT, EE.UU. Y LOS ALIADOS



El presidente Enrique Penaranda de Bolivia y el presidente Roosevelt de los Estados Unidos. Se muestran mirando el pacto de las Naciones Unidas, en el que Peñaranda prometió el estaño del país contra el eje. Fotografiado en Washington, DC en mayo de 1943. // Créditos: Bettmann / Getty Images.

El encuentro se produjo el 5 de mayo de 1943 en la Casa Blanca (Washington) a partir de las 5:30 de la tarde.  En la delegación boliviana participaron el canciller Elío y el embajador Guachalla. Junto a FDR estaban el secretario de Estado, Corden Hull, el subsecretario de Estado, Summer Welles y el embajador de Estados Unidos en La Paz.
En las imagenes, Peñaranda firma la adhesión de Bolivia a las Naciones Unidas, que aún era un proyecto diseñado para cuando finalizara la Segunda Guerra Mundial. 
Siete meses más tarde, Peñaranda sería derrocado por un golpe de Estado encabezado por el teniente coronel Gualberto Villarroel. 


¿SABIAN QUE EN 1978 CAYÓ UN OVNI EN TARIJA? cayó en la zona fronteriza con Argentina. Acompañarnos, acá te lo contamos.


Por Francisco Villagrán. // Foto: nota periodística del matutino argentino El Clarín. 


En el campo investigativo del fenómeno Ovni, uno de los hechos más destacados en cuanto hace a la presencia de pruebas irrefutables del choque de una nave extraterrestre contra la Tierra es el que sucedió en el sur del continente americano, en la zona fronteriza entre Bolivia y Argentina, en territorio boliviano, cerca de Tarija, cuando un extraño objeto volante se estrelló en la zona cercana al cerro El Zaire.

El hecho ocurrió el 6 de mayo de 1978 a las 4.30 p.m. cuando un gran fogonazo como un relámpago fue visto en una gran área de la región boliviana limítrofe con Argentina, por cientos de pobladores de la zona. En ese momento se produjo una gran explosión, que hizo temblar toda la zona, comparable a un terremoto. Las casas de los lugareños temblaron y en una zona de unos 50 o 60 kilómetros a la redonda los vidrios de las casas y de algunos automóviles, estallaron en pedazos.

También en las poblaciones argentinas de Orán, Tartagal, Aguas Blancas y Colonia Santa Rosa, en Salta, sintieron la gran explosión y el movimiento de la tierra por el impacto. Algunos testigos dijeron que vieron pasar a gran velocidad un objeto de apariencia metálica, que iba como silbando, cegando por momentos a los testigos, entre los cuales se encontraban profesionales, técnicos mineros y personas de todos los niveles sociales. Juan Hurtado, agente del Servicio de Inteligencia de la Frontera, uno de los testigos, declaró que “todos nos quedamos inmóviles y aterrorizados, ante la presencia de un artefacto desconocido, que parecía metálico, muy extraño, que pasó silbando sobre nuestras cabezas, a unos escasos 90 metros de altura. Tenía una conformación cilíndrica sumamente brillante y de unos cinco metros de diámetro, más alto que ancho y terminaba en una forma cónica. Siguió su trayectoria despidiendo un humo azulado por su parte posterior, se lo veía claramente hasta que chocó contra la ladera del monte Zaire. El fogonazo y la explosión fueron tan tremendos que nos arrojó al suelo, en ese momento tembló toda la tierra”. Otros testigos confirmaron lo declarado por Hurtado, como el gendarme Víctor Ortega, la maestra enfermera Teresa Ayerbe, el gendarme Walter Ruiz y el cabo de la Guardia Nacional Boliviana, Natalio Farfán Ruiz. Este último dijo “yo no sé qué habría pasado si este Ovni o lo que sea hubiera caído sobre las casas. Un cilindro lleno de fuego pasó sobre nuestras cabezas, segundos después se produjo una explosión que hizo temblar la tierra. Creí que se venía el fin del mundo”.

Detalles sorprendentes

La televisión boliviana pasó durante varios días la filmación del lugar del choque, tomada por aviones de la Fuerza Aérea Boliviana, donde se veía una gran marca en el suelo, de unos 500 metros de longitud, provocada por el objeto. También enseguida se hicieron presentes los canales de Buenos Aires como Crónica, Canal 13 y Canal 9 entre otros, con enviados especiales como José de Zer, que brindaron un pormenorizado informe sobre el hecho, aunque tuvieron algunos problemas en moverse, ya que había zonas “vedadas” a las que no pudieron acceder. Un alto jefe de la Fuerza Aérea Boliviana manifestó categóricamente que no se trataba de un satélite artificial, cosa que había sido sugerida por el embajador de los Estados Unidos. También se requirió la opinión de científicos, quienes dijeron abiertamente que no era un meteorito ni satélite y sí “algo dirigido inteligentemente”. El objeto estaba perdido entre la gran vegetación que existía en la zona.
El geólogo Américo Centeno, que investigó especialmente el caso, señaló que “volamos sobre el lugar una y otra vez y observamos un cilindro sumamente brillante y metálico en el fondo de la espesa vegetación selvática. Toda la zona presentaba un aspecto desolador y probablemente había radioactividad, por lo cual se decidió tomar medidas de seguridad.” Cabe señalar que aviones North American AT-6 y helicópteros modernos colaboraron con la búsqueda, enviados por el gobierno boliviano.
La zona del impacto fue localizada y se sacaron fotos, el hoyo era tremendo, tenía unos 500 metros de longitud o más, y la profundidad era de unos 300 metros. Las rocas que se encontraban alrededor se habían fundido prácticamente, por el intenso calor, lo mismo que la vegetación que rodeaba el sitio. El diario El Tribuno, de Salta, informó que el objeto era acerado y su estructura presentaba algunas deformaciones posiblemente por el choque. Cayó en una hondonada de espesa vegetación, pero desde arriba se lo puede ver. 

Testimonios 

Mientras que varios integrantes de la Gendarmería NacionalArgentina, apostados en puestos fronterizos, declararon haber escuchado una fuerte explosión, un muy buen número de pobladores de la zona, así como diferentes trabajadores especializados, presentes aquel día en Tarija, describieron, cada uno a su manera, lo que vivieron en el momento del incidente.

Tomás de la Torre, director de la Escuela Nº 7 de Candadito Chico: ”El sábado, alrededor de las 17, cuando los chicos se aprestaban a abandonar la escuela, se sintió la fuerte explosión, y se observó en dirección noroeste una extensa estela de humo que permaneció en el espacio por varios minutos, lo vimos todos”.

Jesús Ordóñez Carrique: criador de ovejas de La Mármora, narró “vi en el cielo un enorme objeto ovoidal acerado, brillante, que despedía una gruesa estela de humo, y luego se escuchó la gran explosión que ocasionó que se desbandaran los animales para no volver a encontrarlo".

Celestino Guayra Fernández, vecino de La Mármora indicó que, tras ver el paso de un “plato volador” (así lo definió él), "tuve la impresión de que uno de los cerros de la cadena montañosa que surca La Mámora entraría en erupción debido a la violencia de la explosión".

Matías Saravia, intendente de Los Toldos: ”Yo no ví nada, pero gente de allí me contó que vio pasar algo del tamaño de una pelota de fútbol que poco después explotó dejando escapar una alta columna de humo grisáceo...”.

David Abay, jefe de mantenimiento del aserradero Treserres, en Orán, dijo que escuchó la explosión y luego los empleados del aserradero, situado a 2 km de allí, contaron que cerca de las 17.30 vieron pasar un artefacto volando en forma horizontal en dirección SE-NO, hacia Los Toldos, dejando una estela de luces rojizoazuladas. Poco después escucharon la explosión.

Encarnación Chanque, pastora de un caserío llamado Tierra Floja relató que en el momento de ocurrir la explosión, había sentido una sensación como de corriente eléctrica que le atravesaba el cuerpo de abajo hacia arriba y que había sentido gran temor.

María Guayra, vecina de La Mámora: declaró que su esposo recibió algo como una descarga eléctrica que lo inmovilizó por un tiempo.

Nasa 

A los dos días aterrizó un gran avión identificado como un C-130 Hércules, que entró a la base de la Fuerza Aérea Boliviana y se estacionó ahí, bajó un grupo de científicos pertenecientes presumiblemente a la Nasa, que fueron recibidos por el coronel Jorge Molina, jefe de la base, quien les brindó detalles del hecho del cerro El Zaire. La comisión estuvo un día en el lugar del accidente y tras examinar y juntar restos en el lugar, regresaron con varias cajas y un enorme bulto envuelto y pesado, que debió ser levantado por seis hombres. Todo el material fue trasladado al interior del avión norteamericano que posteriormente despegó con rumbo desconocido.
El día 20 de mayo de 1978 se dio por terminada oficialmente la búsqueda del extraño objeto caído en la ladera sur del cerro El Zaire, en el departamento de Tarija, Bolivia. Las autoridades informaron a la prensa la localización de la zona del impacto, la llegada de los científicos de la Nasa, así como la recuperación del supuesto Ovni estrellado, que fue enviado a los Estados Unidos para su estudio, con el consentimiento del gobierno boliviano. Por supuesto que nunca se dieron a conocer los resultados del estudio que se practicó sobre los restos caídos. En ningún otro caso que se conozca, se informó oficialmente del choque de un Ovni contra nuestro planeta. Además, se manejaron muchos nombres importantes de científicos y autoridades de los gobiernos implicados en la búsqueda. El Ovni recuperado, como así también los posibles cadáveres de tripulantes del mismo, seguramente permanecen en alguna de las bases norteamericanas para su estudio, engrosando así la numerosa colección de Ovnis y alienígenas en poder de una de las potencias militares más poderosas del mundo.
Así se escribe la historia, nos seguirán mintiendo en nuestras narices, ocultando la verdad sobre estos extraños objetos voladores que nos visitan desde hace mucho, como en este caso, con evidencias y testimonios irrefutables, que poco a poco se fueron quedando en el olvido.

Artículo publicado en sitio periodistico argentino, El Litoral, en noviembre de 2019.

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// Historias de Bolivia.

EL GOBIERNO DE VILLARROEL Y SU RELACIÓN CON LOS EE. UU.



Por: Rafael Archondo. 

“A nadie sorprendió más en Bolivia el Golpe que al Embajador de los Estados Unidos”. Esta escueta afirmación pertenece a Augusto Céspedes, cerebro periodístico y literario del MNR, quien en su libro “El Presidente colgado” (1979) le legó al país una versión repleta de adjetivos sobre el accidentado gobierno del teniente coronel Gualberto Villarroel. 

En rigor, la obra del “chueco” Céspedes ayuda muy poco a conocer cuál fue la relación de casi tres años entre los conjurados de Razón de Patria (RADEPA), la logia militar secreta que impulsó el derribo del presidente boliviano Enrique Peñaranda en la madrugada del 20 de diciembre de 1943 (“el Golpe”) y el azorado Departamento de Estado.  En estas líneas intentaremos explicar cómo interactuaron Villarroel y los gringos.

Entre diciembre de 1943 y julio de 1944, los gobiernos de Bolivia y Estados Unidos vieron crecer un abismo entre ellos. Superarlo no fue fácil y en pos del reacercamiento, muchos hombres movilizaron todo su poder de persuasión. Ya cuando Washington aceptó al régimen establecido a duras penas en la plaza Murillo, éste se había desgastado al grado de su desmoronamiento final. Por ello, el Presidente mártir terminaría cruelmente asesinado a manos de agitadores de banderas anti-fascistas. Fue en aquel macabro 21 de julio de 1946.

Este borrascoso periodo de nuestra Historia ha quedado parcialmente al descubierto gracias a la circulación de una extensa serie de entrevistas a diplomáticos estadounidenses encargados de cerrar la citada brecha.  Como sucede a menudo, los archivos del norte conservan más y mejores datos sobre la memoria del sur.

El “europeo”

Los conjurados por Villarroel obedecían, ya se dijo, a una logia militar secreta (RADEPA). Quizás por eso, los norteamericanos no sospechaban del Golpe.  Pierre de Lagarde Boal, un aviador herido durante la Primera Guerra Mundial, presidía la misión de Estados Unidos en La Paz. Sus colegas lo apodaban “el europeo” por su nombre, haber nacido en Alta Saboya y haberse casado con una ilustre dama francesa.

Ese año, este embajador acababa de supervisar una exitosa visita a la Casa Blanca del general Enrique Peñaranda, presidente constitucional de Bolivia. La foto de la gira, tomada el 5 de mayo de 1943, muestra al ex Comandante del ejército en la Guerra del Chaco vestido de frac, al lado de un Presidente Roosevelt tan cordial como intrigado (foto). Aunque Peñaranda no hablaba inglés, es claro que en Washington no iba a ser olvidado tan rápidamente.

Cuando se supo que pocos días antes de la Navidad de ese año, un grupo de oficiales del ejército y de la policía de Tránsito había capturado el gobierno de Bolivia, todo parecía una broma. De pronto, uno de los agregados militares apellidado Hardesty, se convirtió en el foco de atención de la misión diplomática estadounidense. Era el único funcionario gringo que reconocía perfectamente a los de RADEPA, catapultados en unas horas a las primeras planas de los diarios.   Resulta que durante los meses previos, Hardesty les había dado clases de inglés. Entre ejercicios y lecciones de cerrada pronunciación, sus alumnos uniformados habían aprovechado tales horas para afinar los detalles de su plan conspirativo. Sin proponérselo, la Embajada había servido al complot.  El profe Hardesty era, de repente, el único nexo lingüístico entre los nuevos gobernantes y los perplejos diplomáticos.

La caída de Peñaranda alarmó al Departamento de Estado, que de inmediato suspendió relaciones diplomáticas con La Paz. Veían en Villarroel a un Mussolini de Los Andes, una marioneta del gobierno de Buenos Aires, el único en América Latina que se había adelantado a reconocer a Villarroel.  Para entonces, Argentina, bajo la Presidencia del general Pedro Pablo Ramírez, ya estaba en la efervescencia que dio origen al peronismo. El golpe del 20 de diciembre en Bolivia parecía ser una extensión de esta corriente nacionalista, abiertamente hostilizada por sucesivos gobiernos norteamericanos. 

El relevo

Al “europeo” De Lagarde no le quedó más que hacer sus maletas. Robert F. Woodward,  su reemplazante con el rango de encargado de negocios, quedaba con la dura tarea de hacer migas con RADEPA.  “Ni bien el embajador se fue, en febrero del 44, con Villarroel y su canciller empezamos a discutir cómo podíamos lograr que Washington se convenciera de que Bolivia no interrumpiría su compromiso con los Aliados en la Guerra”, afirma Wooodward. En concreto, aquel era el punto gravitante de esos días: el esfuerzo bélico.

El nuevo representante de Estados Unidos en La Paz quedaba a cargo del sostenimiento de las exportaciones bolivianas de minerales destinadas a las potencias aliadas en un momento en que la Segunda Guerra Mundial ingresaba a su quinto año de estallidos y desembarcos. Woodward no tenía nada que temer. Ni una sola libra de estaño boliviano dejó de fluir para aniquilar a las columnas humeantes de Hitler. En muy pocas semanas, el personal de la Embajada estaba convencido de que Villarroel merecía el reconocimiento diplomático y que aquel solo había sido “un Golpe más”.  Coronarían su deseo en solo cinco meses.

Listas

Buscando fundamentos para persuadir, Woodward convocó a tres altos funcionarios de la Embajada: Bromley Smith, Norman Stines y Bob Wilson. Los tres resultaron comisionados para recolectar y analizar todos los decretos del nuevo gobierno boliviano. Con Stines, el encargo fue más preciso: una lista completa de todos los líderes dentro del Palacio de gobierno, incluida una nómina ponderada de los militantes más prominentes del MNR. ¿Son unos nazis? Era inteligencia política minuciosa.

Al final, los norteamericanos afincados en la legación diplomática paceña confirmaron que no estaban ante un régimen nazi ni fascista. “Los tres hicieron un trabajo formidable y teníamos la película completa, esa que tenía que convencer a la gente en Washington de que este no era un movimiento en contra de los Estados Unidos y que nosotros mismos nos estábamos causando un problema por haber roto relaciones diplomáticas”, advierte Woodward en su desconcertante testimonio. 

Los únicos obstáculos persistentes para alcanzar la ansiada meta del reconocimiento entre las dos capitales terminaron siendo un par de líneas redactadas en el documento de Principios del MNR, donde se pedía prohibir tajantemente la inmigración judía al país. Woodward califica ese planteamiento como un “accidente desafortunado”, que demoró el encendido de la luz verde en Washington. La frase llevaba a pensar en que los movimientistas eran anti semitas como los constructores de la Alemania nazi.

Deportados

En una nueva reunión con el canciller boliviano, él y Woodward volvieron a preguntarse qué podían hacer para convencer al Departamento de Estado de que las relaciones debían normalizarse. Era apenas abril de 1944. Entonces el jefe de la diplomacia nacional tuvo una idea: “Si nosotros arrestamos a alemanes, japoneses y algunos italianos que viven en Bolivia, de una lista que revisemos juntos, ¿ustedes los podrían aceptar bajo custodia?”.

Horas más tarde, un telegrama hacía la consulta a Washington.  La respuesta de la capital fue la siguiente: “El embajador Avra Warren, nuestro representante en Panamá, los ayudará con la evacuación de esos prisioneros”.  Diez días más tarde, la lista de deportados estaba completa. Cuatro aviones fueron necesarios para trasladar a los inocentes hasta campos de detención en Dakota del Norte y Texas.  Allí tendrían que aguardar a la finalización de la Guerra. De ese modo, el gobierno de Villarroel reafirmaba de qué lado estaba en medio del fragor militar planetario.

A su retorno a Panamá, el embajador Warren presentó un informe definitivo sobre las credenciales del gobierno boliviano. Villarroel había superado la prueba y esta vez no era la de inglés. Woodward ya podía abandonar La Paz. Su esposa acababa de dar a luz en Lima y las autoridades le habían concedido el derecho de regresar a su país. Ed McLaughlin arribaba  como nuevo encargado de negocios. Comenzaba el mes de julio de 1944. Cinco meses más tarde un nuevo embajador entraría en funciones. Villarroel había dejado de ser el Mussolini de Los Andes, salvo opinión contraria de su ya enardecida oposición política, que terminó sentenciándolo a muerte.

El Presidente llora

A McLaughlin le tocaría encarar una nueva crisis. En medio de la violenta lucha política que atormentó al gobierno de Villarroel, se produjo el secuestro del empresario minero Mauricio Hochschild y de su gerente Adolph Blum. La captura y súbita desaparición de los dos extranjeros fue ordenada por RADEPA. La instrucción era fusilarlos. La logia era taxativa con sus enemigos.

La Embajada contaba en La Paz con dos hombres del famoso FBI. Uno de ellos, Hubbard, descubrió que los secuestradores eran altos jerarcas de la Policía boliviana, portadores de un nacionalismo radical y violento. Hubbard fue de inmediato a reunirse con Villarroel con quien había cultivado cierta cercanía. El Presidente rompió en sollozos ante la noticia. “Yo no tengo nada que ver en esto, no puedo controlar a estos tipos, sin ellos no puedo hacer nada, dependo por completo de ellos, pero no puedo controlarlos…”, habrían sido sus entrecortadas palabras. Al final Hochschild fue liberado tras lo cual decidió dejar para siempre Bolivia. En la siguiente década, sus minas serían nacionalizadas por el MNR.

El episodio muestra que los diplomáticos norteamericanos estaban lejos de ser enemigos de los nacionalistas en el gobierno. En determinados momentos llegaron incluso a ser el paño de lágrimas de Villarroel.

Revelaciones

La información recogida remodela algunos aspectos de la realidad hasta acá conocida.

Al no contar con el testimonio de la diplomacia en terreno, se había sobredimensionado el papel de Enrique Sánchez de Lozada en la búsqueda del reconocimiento al gobierno de Villarroel.  Su rol parece haber sido bastante marginal, dado que ni siquiera se lo menciona en las narraciones de esos siete meses de intensas negociaciones. Kelly, como lo conocían sus amigos, fue elegido por los nacionalistas como negociador en Washington. Su función fue sugerir una serie de concesiones por parte de La Paz para que Estados Unidos le dé su visto bueno. Una de ellas era que se incluya al PIR dentro del gobierno o que se establezcan relaciones con la Unión Soviética. Otra fue que el MNR sea apartado del gabinete. Villarroel solo accedió a esta última.

Del mismo modo, se había exagerado el peso de las materias primas en el conflicto. Es verdad, como cuenta Céspedes (1979), que hubo una negociación para recalcular el precio del estaño exportado de Bolivia a los Estados Unidos, sin embargo ese no parece haber sido un obstáculo para el reconocimiento, como lo señala Woodward. En los hechos pesó más un matiz anti semita en el programa de Principios del MNR o la relación del Villarroel con el gobierno argentino que la venta de minerales.

Por otra parte, es destacable la cercanía y amistad alcanzada entre los representantes del nuevo gobierno boliviano con el personal de la Embajada. Empezaron aprendiendo inglés y terminaron sellando un pacto que se prolongaría incluso hasta los años en los que Goni, el hijo de Kelly Sánchez de Lozada fue Presidente de Bolivia. El gobierno de Villarroel fue la plataforma que le permitió al MNR establecer inmejorables nexos con Washington.

Tomado de: http://hparlante.wixsite.com/digital-media/single-post/2020/06/25/Villarroel-y-los-gringos

Fotofrafía: La Razón, 9 de agosto de 1945. El presidente Gualberto Villarroel en el desfile patrio de 1945. (Página Siete)

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// Historias de Bolivia.

LA MASACRE DE SAN JUAN. EN VERSO Y PROSA



(Por Diego Martínez Estévez)

Con esta obra, su autor, el multifacético intelectual Víctor Montoya, en la primera página nos aclara que su publicación “obedece al llamado de mi conciencia, que, por razones inherentes a la sensibilidad humana, no pudo borrar de los recuerdos aquel trágico episodio que me tocó vivir en la infancia y cuya impronta permaneció como una llama encendida en mi memoria. Quizás por eso, a pesar del tiempo transcurrido y a modo de saldar cuentas con el pasado, me propuse emprender la tarea de reunir en un volumen a los autores nacionales y extranjeros que, de manera vivida y sufrida, escribieron en torno a las causas y consecuencias de la masacre de San Juan”.

A propósito de  “recuerdos” a los que alude el escritor, unos cinco años atrás, un coronel, que el año 1967 ostentaba del grado de Subteniente, me comentó que la tarde del 23 de junio de 1967, en la pista de Uncía aterrizó un avión de donde se bajó el general René Barrientos con el único propósito de desearles a los militares destinados en la zona, el mejor de los éxitos en la misión que en horas más irían a cumplir. Al despedirse, a cada uno de los presentes les obsequió un revolver calibre 38 mm. marca Tauro de industria brasileña.

Esa misma noche, para justificar la ocupación militar de las minas, el Comando del Batallón V de Ingenieros que venía construyendo un puente vehicular sobre el río Lawa Lawa a la altura del poblado campesino de Chucuita, despachó un radiograma a Oruro, informando que a media noche, su campamento sería atacado por mineros.

Y, ¿qué motivó para que el Ejército ocupara las minas de manera tan violenta?

En consulta con los archivos militares de aquella época, se establece que las causas para aquella sangrienta ocupación, fueron entre otras, las siguientes:

- La declaratoria de “territorio libre” a su distrito, decretado por los mineros primero en Catavi y Siglo XX y el siguiente mes de junio, en Huanuni.

- La información brindada por agentes infiltrados, que dieron cuenta sobre la instrucción militar que venían recibiendo grupos de mineros, en el interior de la mina de Siglo XX y en un campo de entrenamiento abierto, situado lejos de las poblaciones. Según una de las fuentes, hasta el mes de junio ya disponían de 90 hombres entrenados para ser empleados en las guerrillas altiplánicas y de monte.

- Otra causa fue el apresamiento en Camiri en el mes de mayo, de cuatro mineros que pretendían enrolarse a las filas del Che, también integrada entre sus 52 integrantes, con algunos ex mineros.

Aquel tiempo y desde finales de la Segunda Guerra Mundial, el mundo se había dividido en dos visiones radicalmente contradictorias entre sí: el capitalismo versus comunismo y su canal de expresión por su naturaleza violenta, fueron los brazos armados de cada Estado. En el caso de Bolivia, sus cuadros de mando y por decisión del segundo gobierno del MNR, a partir del año 1957 fueron sucesivamente becados por tandas y hasta el año 1979, al Canal de Panamá, para recibir entrenamiento militar en moldes esencialmente anticomunistas.

Es en este contexto ideológico, político y hasta académico que debiera interpretarse la conducta asumida por las FF.AA. bolivianas. Lo que no se acepta por ser un craso error de concepción militar, es el de haber acusado a moros y cristianos - entre ellos a los niños - de comunistas. Pudo haber el mando militar, emplear a sus órganos de Inteligencia para hacer un seguimiento y luego atrapar únicamente a los líderes de la insurrección, evitando así, asesinar gente inocente. Contaba para ello con el valioso concurso de sus órganos de información cooptados entre los propios mineros, como René Chacón, nada menos que Secretario General del Sindicato de Mineros de Siglo XX. Pero, no, obró y como veremos más adelante, cual si las unidades bolivianas estuvieran dislocándose para enfrentarse contra un ejército convencional proveniente de otro país.

Fue en este marco y aquellas causas expuestas más arriba, aparentemente ligadas a un supuesto mando único de conducción de la guerrilla altiplánica y selvática y por consiguiente, muy atentatorias para la estabilidad e independencia de la república, en que el Comando en Jefe de las FF.AA. ordenó se pusiera en ejecución el Plan “La Mascarada”.

En cumplimiento a dicha orden, a media noche del 23 de junio de 1967 fueron transportadas por tren desde Oruro hasta la estación de Cancañiri, tres compañías de maniobra, una de apoyo y otra de servicios, orgánicos del Regimiento “Méndez Arcos”, 24 de Infantería.

En este punto desembarcó la Primera Compañía y avanzó por la dirección: Cancañiri - El Cuadro - Plaza principal de Siglo XX, con la misión de capturar el edificio del Sindicato Minero donde funcionaba la radio "Minera Siglo XX”.

La Segunda Compañía de Maniobra más la Compañía de Apoyo, desembarcaron en el túnel del cerro El Calvario, con la misión de controlar desde esta altura, todo movimiento en la población de LLallagua.

La Tercera Compañía como reserva, prosiguió su viaje hasta Uncía, de donde una Sección se desplazó hasta Catavi (a la altura de La Tranca), para aislarla de Siglo XX y LLallagua; entretanto, una escuadra al mando de un oficial se dirigió hacia la radio "21 de Diciembre" de esta población, con el objeto de silenciar sus emisiones.

A Hrs. 05:00 AM. aproximadamente, en las poblaciones de Siglo XX y Llallagua, los cohetillos y cachorros de dinamitas que ya esporádicamente tronaban con motivo de la celebración de “San Juan”, comenzaron a ser reemplazados por disparos de armas de fuego, incluso por explosiones de granadas de mortero.

El sector más afectado por los disparos fue el barrio de “Río Seco”, por encontrarse situado entre dos fuegos: el proveniente de El Calvario y de los soldados tendidos delante “Las Cinco Casas”.

Una niñita de cinco años que jugaba dentro una habitación, corrió a los brazos de su madre para morir por un proyectil que le atravesó su corazón.

Un campesino, desesperadamente trataba de sostener sus intestinos salidos de su estómago.

Una señora embarazada que se encontraba sentada en la acera, por el efecto de la explosión de una granada de mortero fue desecha y sus restos se impregnaron en la pared de su domicilio.

A eso de las tres de la tarde, en la calle “10 de noviembre”, en el momento en que un jovenzuelo abría la puerta de salida de su casa, fue alcanzado por un proyectil disparado desde el sector de “Las Cinco Casas”.

Casi al anochecer, mientras los soldados de “Las Cinco Casas” cenaban su ración de reserva de procedencia norteamericana, por detrás de ellos, una joven ataviada con abrigo rojo y acompañada de su madre caminaban con dirección a Siglo XX; de pronto, la hija comenzó a rebotar cual si fuese una pelota y así, rodando, su cadáver llegó al río. El proyectil que la mató provino de “El Calvario”.

Un poco antes, en la pequeña meseta de aquel cerro, un grupo de soldados que habían ligeramente cavado posiciones, con sus fusiles Garand hacían puntería sobre una solitaria figura que desde muy abajo, osó enfrentarlos armado de un rifle. Por un instante logró protegerse detrás de un promontorio de piedras para enseguida huir, mientras los proyectiles levantaban polvo en su entorno.

Estos y otros testimonios, más las opiniones de destacados intelectuales, Víctor Montoya los incorpora en la parte de su obra al que lo denomina “En prosa”.

La expresión poética o “En verso”, de tan horrendos crímenes y en palabras del autor, vertidas “con el fuego de la palabra escrita, en un contexto herido y convulsivo, tiene una fuerza capaz de tocar las fibras más íntimas del ser y trastocar las emociones alojadas en las galerías del alma”.

Efectivamente, el lenguaje dramáticamente poético con que Jorge Calvimontes Calvimontes, en la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisca, aquel 26 de junio de 1967 expresó lo sucedido dos días atrás en el norte de Potosí, le provocó al profesor Miguel Ángel Turdera, la muerte por infarto.

Nilo Soruco, el canta autor tarijeño, anoticiado de semejante crimen, compuso la canción titulada “Han matado a mi padre”, dedicado a la memoria de Rosendo García Maisman, el dirigente minero que corrió al “Edificio del Sindicato” para hacer aullar la sirena en señal de alerta. A continuación, se dirigió al local de la “Radio Minera”, donde se defendió con una carabina M – 1, para ser casi enseguida dado de baja con una ráfaga. La letra de esta canción, es otra de las locuciones contestarías, de protesta, incorporadas en la obra.
Son en total, 8 poesías y 21 artículos entre testimonios y los publicados por destacados intelectuales, que compila el libro.

A todas luces, es un libro testimonial, escrito “En Verso” y Prosa”, que vale la pena leerlo y también releerlo, a modo de reflexión y enseñanza, porque refleja uno de los pasajes político - militares más tristes de la historia boliviana.

Si alguna persona deseara adquirir este libro, puede contactarse directamente con su autor, a los siguientes  números de celular: 70168394 y  76291779.

LA CONSPIRACION DE JULIO (Relato novelado)


Por: José Antonio Portocarrero / Este artículo fue publicado en Siglo y Cuarto Documentos Históricos, en julio de 2018. // Imágen: Pintura de Murillo.

A la memoria de los paceños Néstor e Isaac Portocarrero, y de Pablo Cuentas Navia.

«Ya es tiempo de sacudir el yugo español. Ya es tiempo de organizar un nuevo sistema de gobierno fundado en los intereses de nuestra patria. Ya es tiempo, en fin, de levantar el estandarte de la libertad en estas desgraciadas colonias, adquiridas sin ningún titulo y conservadas con la mayor injusticia.»

En La Plata, una noche, entre las nueve y doce de 1809, se reunieron los doctores carolinos, y decidieron trabajar con un influjo ciertamente malévolo: Acabar con todos los españoles de América.

Ellos sabían que los paceños estaban empeñados en hacer cabildos públicos y secretos, se los dijo Monteagudo, y a él se lo dijo su tío el cura José Antonio Medina. Pero necesitaban de un facultado que condujera la revolución, alguien que cambie sus soledades para hacerlo propicio e iniciar otra lucha como se hizo en Charcas. Enviaron delegados a las provincias para explicar el plan: Mariano Moreno viajó a Buenos Aires, Manuel Rodríguez a Quito, Teodoro Sánchez de Bustamante a Salta, Paredes al Cuzco, Monteagudo a Potosí, Alcérreca a Cochabamba, Jaime Zudáñez y Lemoine a Oruro, Toro y Jiménez a La Paz, pero como estos rehusaron exponerse, decidieron mandar a Mariano Michel y Mercado para preparar la revolución contra el poder soberbio del Gobernador Tadeo Dávila y del Obispo de la Santa y Ortega.

Michel demostró ser muy activo, vivía cerca al degüello, de trasmano era un hombre más, de costado era sentencioso y de frente un celebérrimo asombro. Estuvo un tiempo por Cochabamba, trató de persuadir a Viedma pero su argumento no lo convenció. Pasó a La Paz, anduvo con cuidado y pegado de culón contra las paredes para ocultar su misión y burlar la mal querencia de los espías, estos lo buscaban por su apodo “el malaco”, no dijo a nadie que nació y se doctoró en la Universidad de Chuquisaca, igual que su medio hermano de madre, el presbítero Juan Manuel Mercado, ambos del partido independentista, quien junto al tucumano José Antonio Medina, cura de Sicasica, plantó sus ideas por donde pasó y pisó.

Un día de esos, el cura Medina le presentó a un señor de rostro oliváceo y cabello negro, su nombre era Pedro Domingo Murillo, natural de Irupana, hablaron del mal gobierno, de la brutalidad que por siglos les dio esa vida desastrosa y desastrada que vivían a causa del abuso que parecía una orden de ejecución lenta y que todos soportaban para no ser tronchados por un hachazo, o tronados en un paredón, o trinchados por la espada. Ante esos hechos que toleraron como una especie de destierro en el seno mismo de la patria; por esa indiferencia que vieron por más de tres siglos sometida la primitiva libertad al despotismo y tiranía del usurpador injusto que degradándolos de la especie humana los miró como a esclavos en un silencio muy parecido a la estupidez… decidieron luchar.

El trabajo de Michel y Murillo, empezó el 8 de junio. Murillo tomó contacto con varios patriotas que mostraron su angustia y ofrecieron sin vacilación su adhesión a la causa. Los siguientes días, Michel estuvo en casa de Pedro Cossío donde se reunían los principales cabecillas del movimiento. El 23 asistió a la reunión secreta donde los rebeldes prestaron juramento de lealtad y juraron levantar el estandarte de la libertad para ser en adelante tan felices como desgraciados hasta el presente.

Desde entonces Michel concurrió puntualmente a las reuniones, no faltó el 29 al domicilio de María Visencia de Juaristi Eguino, ni a la de Gabino Estrada, ni a la de María Josefa Pacheco, ni a la de Bautista Sagárnaga, menos a la junta de acción que se efectuó el día 15 de julio en la casa de Murillo, en la esquina del puente de La Placa o de la Moneda, situada al frente de la casona de las Recogidas, para ultimar los detalles de la revolución. Donde dijeron: ¡Ya es tiempo de sacudir yugo tan funesto a nuestra felicidad, como favorable al orgullo español! ¡Ya es tiempo de levantar el estandarte de la libertad en estas desgraciadas colonias, adquiridas sin el menor título y conservadas con la mayor injusticia y tiranía, para ser en adelante tan felices como desgraciados hasta el presente!

Los confabulados sabían que Michel cumplía una doble misión, era un doctor de Charcas y además un Carolino. Por entonces vivía en la casa de Pedro Cossío, en calle cabrecancha, donde reconstruyó los caracteres morales de cada uno de los que iban a cumplir la faena revolucionaria. Michel observó en la casa del caudillo que no era un hombre de libros y su poca lectura no justificaba la condición que parecía tener. Recordó que Murillo dijo que se recibió de abogado en 1806, como consta en la “Matricula estadística de abogados”, pero era un cedulario ambulante, y sus andanzas libertarias databan de hace tiempo, tenía un espíritu de humores variables y era tumultuario, capaz de arrastrar a cuantos quería y propiciar una revuelta, eso lo vio como algo fundamental.

Los demás patriotas tenían algo de bueno y de malo: El doctor Juan Bacilio Catacora, natural de Acora, poseía costumbres viciadas, se embriagaba y poseía sentimientos vengativos. El doctor Juan Bautista Sagárnaga era paceño, tenía antecedentes similares a Catacora, era revoltoso como lo demostró en la Sala Capitular en la elección de alcaldes, él propuso dar el golpe. Pedro Cossío era limeño, arriero, bueno en artimañas, cohechos y contrabandos. Tomás Orrantia era limeño, zambo y jugador. Buenaventura Bueno era arequipeño, como Goyeneche, maestro de gramática, buen cristiano y enemigo de la Corona. Juan Pedro Indaburo era natural de Navarra como el padre de Goyeneche, era hombre sin religión, se hizo de bienes y haciendas ajenas. Clemente Medina era paceño, desertó de la Compañía de Reales Guardias. Melchor Jiménez, “el pichitanca”, no era vistoso pero era audaz. José Antonio Medina, cura de Sicasica, era tucumano, fue desde un principio el artífice de la revolución. Francisco Iturri Patiño era cochabambino, cura, casado, viudo, y bebedor, deseaba ser cura de la Catedral. Melchor de la Barra era cura de Caquiaviri, enemigo declarado de los españoles, tenía una vida licenciosa y vivía amancebado con una mujer… Una vez terminada su labor, habló de ello con Murillo, a causa de esa conversación, Michel prefirió no ser parte de la conspiración, como casi no fue, porque se mantuvo al margen de todo, incluso en la victoria.

Murillo le dijo: Los hombres que vio, no son los doctores de Charcas, ni la revolución que hicieron no será la misma que nosotros haremos. Vea los hechos con atención y prudencia, es forastero, nosotros no. Pese a sus escrúpulos y críticas, somos una ciega pasión de coraje. Dígame, cuál es su fe, ¿cree que porque somos profanos o lo que quiera, no somos patriotas? ¿Requerimos de linaje para matar o morir? ¡Preferimos la muerte a una triste condena, a una fracción de vida, no nos intimida ser artífices de nuestra desdicha o nuestra dicha, o de ir a la saga o a la soga si ese es nuestro destino!, no estamos aquí para justificar una desavenida desdicha, sino para mostrar a los hombres de mañana, nuestro rechazo a la vil servidumbre, y para eso, bien vale la pena morir. ¿No cree doctor Michel?

Michel no contestó. A los 52 días del suceso de La Plata, la lentitud cimarrona de La Paz, fue sorprendida por un puñado de revolucionarios. El 16 de julio, mientras una tardeada de bailes y de comparsas acompañaba a la procesión de la Santa Virgen del Carmelo, y la tarde helada bajaba, Michel vio sorprendido como salían de las sombras rostros y voces mudas y corrían como los matadores a paso lento por las calles jorobadas y torcidas… Lo vio a Murillo, iba embozado con un mantón y vestido con ropa de vida desvelada, avanzó con otros desde la Piedra de la Paciencia a la Plaza de Armas, con los arcabuces cargados con la pólvora hecha por Manuela Manzaneda hacia el Cuartel de Milicias... Quiso llorar y se contuvo. En ese instante supo que esos hombres eran la gloria, y tarde o temprano se encendería una hoguera, y como dijo Murillo, no se apagaría nunca jamás.

GUERRA DEL ACRE PRIMERA CAMPAÑA LAS EXPEDICIONES, PUNTOS DE PARTIDA, ITINERARIOS Y FUERZAS MOVILIZADAS



Por Juan Alberto Quiroz

Anoticiado nuestro Gobierno de los sucesos del Acre que estaban dirigidos y amparados por el Gobierno Federal del Brasil, como única solución para hacer respetar nuestra soberanía en esas alejadas regiones del Noroeste, se vió conveniente la movilización de tropas.

Para la Movilización y Concentración de efectivos, se eligieron con oportunidad por el EMG., 3 (tres) puntos de partida: De La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. La zona de Concentración comprendida entre Riberalta, sobre el río Beni y la barraca Mercedes en el río Orthon.

Del punto de partida de La Paz, existían 2 (dos) vías para llegar a la zona de operaciones: Una para la época lluviosa y la otra para la estación de estiaje. La primera vía atravesaba la cordillera Illampu por el desfiladero Callisani y luego por el curso de los ríos: Mapiri, Alto Beni y Orthon, hasta barraca Mercedes. La otra vía se dirigía por Puerto Acosta en el lago Titicaca, trasmontando luego la cordillera de Apolobamba a través de los pasos de Catantica y Cololo y luego descendiendo por el camino de Apolo hasta Rurrenabaque, desde donde se continuaba por el rio Beni hasta barraca Ethea.

Del punto de partida de Cochabamba, la vía atravesaba la cordillera del Tunari en el paso de Colomi, continuaba por los ríos Chapare y Mamoré, hasta Guayaramerin, para seguir luego por tierra a Riberalta.

De Santa Cruz de la Sierra, como punto de partida, se  tenía vía terrestre hasta el Puerto de Cuatro Ojos sobre el rio Piraí, de este Puerto, se remontaba hasta su unión con el río Grande, luego continuando por este río hasta desembocar en el rio Mamoré, siguiendo el curso de agua hasta Guayaramerín.

A partir de 1899, utilizando el sistema de reclutamiento voluntario, fueron organizadas tres expediciones que partieron sucesivamente en diferentes fechas y de diferentes lugares con destino al Acre.

PRIMERA EXPEDICIÓN. – Estuvo bajo la responsabilidad del Dr. Andrés Muñoz nombrado delegado de Gobierno en el Alto Acre y el Purús en septiembre de 1899. Siguiendo la ruta del río Beni, se desplazaron las siguientes unidades en octubre de 1899:

- De La paz marchó un Destacamento del RC-1 “ABAROA” bajo el mando del Tcnl. Luciano Fernández, quien más tarde fuera nombrado Jefe de Estado Mayor de las fuerzas en campaña.
- De Cochabamba salió un Destacamento bajo las órdenes de Víctor Artero.
- En Riberalta se formaron, con voluntarios de la región, la Columna “10 de abril” bajo el mando del Tcnl. Justo Tapia; y la columna “16 de julio” bajo el mando del Tcnl. Enrique Cornejo. Los integrantes de estas fuerzas conocían perfectamente la región y eran diestros en el manejo de las embarcaciones.

Reunidas todas esas tropas en Riberalta el 14 de diciembre de 1899, el Dr. Muñoz organizó la primera fuerza expedicionaria boliviana denominada “Destacamento Muñoz” que se encontraba conformada por 341 hombres.

Organizado e instruido el Destacamento Muñoz, en el mes de abril de 1900  realizó un nuevo movimiento hacia el río Orthon para luego ocupar su Zona de Reunión en la barraca “Mercedes”, donde se esperó informaciones sobre la situación enemiga.

El 8 de agosto de 1900, los expedicionarios se internaron en el bosque, y después de una penosa travesía pasando por Capatara y Riosinho llegaron el 22 de septiembre de 1900 a Puerto Alonso sin encontrar un solo habitante.

SEGUNDA EXPEDICIÓN. – Fue encomendada al Vicepresidente de la Republica, Sr. Lucio Pérez Velasco, quien partió al Acre desde Cochabamba, en julio de 1900, por la vía del Chapare – Mamoré. Las Unidades que se desplazaron fueron las siguientes:

- De Cochabamba, acompañando al vicepresidente, salió la Columna “Cochabamba” con 50 soldados y 25 civiles, comandada por Maximiliano Pérez Gonzales.  
- De Santa Cruz otra columna compuesta por 50 hombres bajo el mando del My. Benjamín Ascui.
- De La Paz el segundo Destacamento del RC-1 “ABAROA” que se incorporó a mediados de agosto en Riberalta, compuesto por 50 soldados y 4 oficiales, bajo el mando del My. Pedro Salazar.

A consecuencia del fallecimiento de Pérez Gonzales, se fusionaron las columnas “Cochabamba” y “Santa Cruz” con la denominación de Destacamento “Pérez Velasco”, bajo el mando del My. Benajamin Ascui. Esta fuerza se embarcó el 13 de septiembre con un efectivo de 112 hombres en la lancha “Campa” y remonto el río “Madre de Dios”, situándose luego en la barraca “Jenechiquia”, de donde abrieron una senda hacia la barraca “Mercedes” sobre el río “Orthon” a la que llegaron el 26 de septiembre de 1900. Hicieron un alto en este lugar para esperar a la expedición “Montes”, que en ese momento se encontraba en plena marcha.

TERCERA EXPEDICIÓN. – Estuvo constituida por elemento netamente Militar, a cargo del Ministro de Guerra, Cnl. Ismael Montes, quien marcho al Teatro de Operaciones en calidad de Comandante de las Fuerzas pacificadoras en el Acre; habiendo salido de la ciudad de La Paz en julio de 1900, siguiendo la ruta: Sorata – Río Mapiri – Río Beni, hasta la barraca “Ethea”.

De este punto se cruzó al bosque, abriendo sendas hasta la barraca “Sena” sobre el río Madre de Dios; prosiguió su marcha, también por senda, hasta la barraca “Mercedes” sobre el rio Orthon. En este viaje a través del bosque fueron superados más de 200 kms., donde jefes, oficiales y tropas tuvieron que cargar cada uno más de 50 libras de abastecimiento en las espaldas. El Batallón “INDEPENDENCIA”, que fue la unidad Militar conducida por el Cnl. Montes, contaba con 7 jefes, 35 oficiales y 300 soldados.

En Barraca “Mercedes”, se reunieron las expediciones “Montes” y “Pérez Velasco”, quedando en descanso el Batallón “INDEPENDENCIA” después de tan larga y penosa marcha; en tanto que ambos jefes de expedición, partieron con las tropas del Destacamento “Pérez Velasco” en dirección al río Acre, con objeto de concentrarse en dicha área y de informarse personalmente de la situación y actividades de los insurgentes.

Llegados al río Acre, dejando a las tropas en la barraca de “Vuelta Empresa”, continuaron hasta Puerto Alonso el Cnl. Montes y el Sr. Pérez Velasco. El Comandante en Jefe al llegar a Puerto Alonso vió que no era posible reunir todas las tropas en dicho puerto, tanto por la falta de víveres; así como de la falta de un lugar donde alojar a la totalidad de la fuerza. Por esta razón, el Cnl. Montes distribuyó a las tropas de la siguiente manera: El destacamento “Muñoz” en Puerto Alonso; el destacamento “Pérez Velasco” en Vuelta Empresa y el Batallón “INDEPENDENCIA” en Riosinho.

El Ministro de Guerra volvió a “Mercedes” el 26 de octubre y el 24 de noviembre salía a la cabeza del Batallón “INDEPENDENCIA” con rumbo a Riosinho, haciendo la travesía a pie. Llegaron a “Iquiri” el 1ro de diciembre, desde donde comenzaba la “zona peligrosa” y el día 6 de diciembre de 1900 llegaron a Riosinho. 
Con el arribo de la tercera expedición al Acre del Batallón “INDEPENDENCIA”, el total de las fuerzas pacificadoras bolivianas ascendieron a un efectivo de 810 hombres incluyendo Jefes, Oficiales, soldados y civiles, de acuerdo al siguiente detalle: 

- Destacamento “MUÑOZ”. - 9 Jefes, 27 oficiales, 286 soldados y 20 civiles. Total: 341 hombres.
- Destacamento “PEREZ VELASCO”. - 3 Jefes, 15 Ocifiales, 95 soldados y 14 civiles. Total: 127 hombres.
- Batallón “INDEPENDENCIA”. - 7 Jefes, 35 Oficiales, 300 soldados. Total: 342 hombres.

En cuanto se refiere a los insurgentes disponían sobre el río Acre, de un efectivo de 2150 hombres. Este efectivo estaba suministrado desde el punto de vista “logístico” en forma abundante por los gobiernos de los Estados de Amazonas y Pará, con armas, municiones y de otros abastecimientos de vida y combate; utilizando para ello más de 20 lanchas a vapor.

Un agradecimiento especial al Sr. Cnl. Alberto Reque Rojas por su ayuda para la realización del presente artículo y por la confección de los gráficos que están adjuntos.

LOS DOS BATALLONES COCHABAMBINOS "AROMA" EN LA GUERRA CON CHILE



Por: Gustavo Rodríguez Ostria.

Tras la invasión por Chile el 14 de febrero de 1879 a Antofagasta y la toma de Calama el 23 de marzo, las ciudades bolivianas, según un testigo, se convirtieron en “verdaderos cuarteles”. Cochabamba, fue uno de los centros de reclutamiento, —entre voluntario y forzado—, más importantes. El 2 de abril, el Escuadrón “Junín y los batallones “Viedma”, “Padilla” y “Aroma”No.1, integrados en su gran mayoría por artesanos mestizos e indígenas, salieron rumbo a Tacna, pequeña ciudad peruana cercana al puerto de Arica.  

El “Aroma”, designado así en recuerdo de la confrontación entre tropas cochabambinas con las altoperuanas el 14 de noviembre de 1810, tenía dos fracciones, una formada por artesanos de Cochabamba y otra, que partió días antes, por sus homólogos del Valle Bajo, principalmente Quillacollo. Su uniforme, que acompaña este texto, salvo por el color del pantalón de color gris con tira colorada, se parecía al del Batallón “Daza” (Colorados), de ahí su mote de “Coloraditos”. Tras un penoso caminar, el 28 se arribó a Oruro, donde los esperaba el “Aroma 2”. Luego de una travesía, entre el y 13 de mayo, acompañada de frío y hambre, llegaron a Pachía, en las proximidades de Tacna. El 30, los cuatro batallones de Cochabamba, ingresaron a la ciudad, que los recibió con música y flores. Unos dos mil hombres, pero también incontables “rabonas”, las mujeres ligadas a los soldados y encargadas de la logística de la tropa. Ellas cocinaban, zurcían, curaban y daban consuelo.

 A partir de allí, la suerte del “Aroma” se dividió. La estrategia del ejército de la alianza Perú-Bolivia consistió en protegerlos puertos peruanos del sur de un posible desembarco chileno. Con este propósito varios batallones bolivianos fueron trasladados. El 4 de junio el “Aroma” No. 1, fue enviado a Agua Santa, una de las mayores salitreras del árido desierto de Tarapacá. Posteriormente recalaría en el pequeño puerto peruano de Mejillones (homólogo del boliviano) cercano al de Pisagua. El aroma 2 se quedó en Tacna. Cada uno contaba con un medio millar de hombres.

La primera parte de la guerra fue marítima, pero dio un rotundo giro tras la captura el 8 de octubre de 1879, de la nave peruana “Huáscar”, lo que facilitó el 2 de noviembre el desembarco chileno en Pisagua, iniciándose la fase terrestre de la guerra. Los batallones bolivianos “Victoria” e “Independencia”, de artesanos de La Paz, lo defendieron pero no lograron resistir la superioridad en armas y tropas de Chile. El “Aroma” 1 no pudo o no fue oportunamente convocado a socorrerlos. Se replegó penosamente por las cálidas arenas, sufriendo hambre y sed. El 19 de ese mes, junto a tropas peruanas (unas 5.000 plazas) y bolivianas(poco más de 4.000 hombres) se apostaron frente al cerro de San Francisco o Dolores, ocupado por Chile. Lo que ocurrió allí es objeto de controversia, pero el resultado, fue la dispersión de las tropas de la Alianza. El Aroma 1, que combatió brevemente, se relegó hasta Cochabamba. En esos mismos días el “Aroma” 2 se reponía en Tacna de la frustrada y también problemática contramarcha de Camarones. El día 11 partió desde Arica con otros batallones bolivianos en medio de vítores y aplausos. Iban satisfechos tras recibir del presidente Hilarión Daza modernos fusiles Remington Chassepot que acababan de llegar. Hasta entonces no tenían armas.

Para ambos batallones el retorno no fue nada satisfactorio. El No. 1 recibió una reprimenda de las damas cochabambinas, que sus oficiales no aceptarían, por perder en San Francisco el estandarte que ellas habían bordado (que ahora adorna el Museo de Historia Militar de Chile, foto adjunta). Los itegrantes del No 2 fueron recriminados por las poblaciones de Arica y Tacna. El 26 de mayo, en la batalla del Campo de la Alianza, tendrían oportunidad de resarcirse y mostrar su valor. Allí cargaron contra las fuerzas chilenas junto al Colorados, pero por el similar uniforme los reportes no logran identificar su concurso.

La historia de los dos “Aroma” revela así la disímil suerte de las armas cochabambinas en la Guerra del Pacifico.

Fotografía: Los "Coloraditos" del "Aroma". (Créditos: Patricio Möller)
Extracto de Los Tiempos de Cochabamba, publicado el 14/06/2020.

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AQUELLOS HOMBRES QUE PELEARON POR NUESTRA INDEPENDENCIA

 

La guerra de la independencia se epilogó para nosotros en Tumusla a fines de marzo de 1825. Allí fue disparado el ultimo tiro de la epopeya lebertadora. En Chiquisaca resonó el primero, el 25 de mayo de 1809. Esos dos balazos delimitan los largos años de combates reñidos por nuestros antepasados contra el dominio extranjero. La clase popular afrontó aquella lucha en manera exclusiva. La acaudillaron los indomables guerrilleros altoperuanos, mestizos casi todos. Nada adeudaban, por lo tanto, al extranjero, los pueblos que habían conquistado su libertad con las propias manos la guerra de las republiquetas -dice Mitre, de la terrible gesta- es la historia de las insurrecciones populares del Alto Perú, una de las guerras mas extraordinarias por su genialidad, la mas trágica por sus sangrientas represalias y la mas heroica por sus sacrificios oscuros y deliberados ".Héctor Pedro Blombergfija el detalle de esta historia sublimada en sangre: "Epopeya que duró quince años, en las breñas y los valles de Bolivia, sin que un solo día se dejase de matar o morir. Ciento dos caudillos tomaron parte en ella: nueve tan solo sobrevivieron, sucumbiendo los noventa y tres en los patíbulos o en los campos de batalla".

Había concluido la epopeya en Tumusla. Con el eco de las dianas de Junín y Ayacucho llegaron Bolivar y Sucre a este legendario Alto Perú en que se cuajaba fría la sangre de los guerrilleros  caídos en los últimos combates y en los últimos cadalsos. Colombianos y peruanos venían a son de triunfo, no en son de guerra. Nuestras ciudades, a tiempo de llegar los héroes, hallabanse casi vacías de grandes varones. En ellas pupulaban  más bien, jubilosos y parlanchines, doctores, hacendados, mercaderes, mineros y burócratas del viejo régimen, todos dueños dd fortuna y privilegios durante la colonia. Ninguno de ellos alzado un fusil, una pica o una tranca frente a los europeos usurpadores. Ahora recibían con discursos rendidos y locas aclamaciones a los "vencedores de los vencedores de Napoleón". Para aquellos personajes ajenos a la gran tragedia se oreaba con brisas libertarias la entumecida atmósfera   del coloniaje. Los otros habían dado la vida por la independencia de éstos. Murillo, Arze, Padilla, Umaña, Camargo, el Curito, Gandarillas, aquel terrible Warnes de los ojos azules y la barba rubia, Zárate, los hermanos Nogales, Chinchilla, Mercado, Cárdenas, dormían ya bajo la tierra por cuya posesión pelearon. Ahora -para decirlo con palabras unamunescas- la tierra tampoco era de ellos, porque ellos eran de la tierra...

Extracto de  Nacionalismo y Coloniaje, de Carlos Montenegro. Librería y Editorial "G.U.M."

Fotografía: Héroe de la independencia Ignacio Warnes.
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