LA VIDA EN LA CIUDAD DE LA PAZ DESPUÉS DE LA GUERRA CIVIL DE 1899

 


Por primera vez en las ciudades bolivianas, la gente tarareaba melodías que transportaban hasta la exótica selva amazónica, escenario de combates, enfermedades, salvajes y fieras. Se puso de moda el vals “Selvas del Beni” y el chotis “Ríosiño” del compositor Francisco Suárez. Pero el éxito musical de los primeros años del siglo fue la pieza “Suspiros” de don Teófilo Vargas, una marcusa grabada en discos gigantescos en Buenos Aires y que los pocos dueños de vitrolas podían reproducir en sus casas.

Olvidando que solo meses atrás pudieron haber sido víctimas de la Indiada a la que la gente de la ciudad despreciaba y mantenía sojuzgada en el nuevo ciclo las fincas en obrajes Calacoto y Achumani continuaba viéndose con pongos incluidos.

Pero el mal tiempo quedaba atrás y la ciudad mostraba una fisonomía burguesa agradable se respiraba romanticismo en el aire, los caballeros se paseaban vistiendo tongos y levitas y las damas acentuaban con rímel sus pestañas en sus paseos de mediodía por la calle Comercio.

Las jovencitas suspiraban repitiendo los versos de Jaimes Freire (Peregrina paloma imaginaria/ que enardece los últimos amores / alma de luz de música y de flores / peregrina paloma imaginaria).

Don Jorge Sáenz Cardón, un hombre de negocios comprende que la ciudad está en crecimiento ofrece magníficas oportunidades para los bienes raíces y la construcción. En un momento en que el cemento y el hormigón armado no existen, Sáenz diseña una empresa de dimensiones titánicas: la exportación de grandes partidas de listones de madera de pino y oregón , mediante barcos veleros desde las costas de California y su traslado a La Paz desde el puerto peruano de Mollendo.

Esa madera iniciará la primera revolución urbanística de La Paz, que a partir de entonces dejará de ser una inhóspita aldea altiplánica para convertirse en una ciudad cosmopolita.

Funcionaban en La Paz hasta entonces 3 hospitales fundados en la colonia, el Landaeta, el lazareto y en Loayza, que era el más concurrido. Las estadísticas mencionan un porcentaje de 350 enfermos por año. Empezó en 1906 el estudio de un nuevo hospital que se construyó en Miraflores y qué es el mismo, con idénticas características del que aun funciona con el nombre de Hospital de Clínicas.

Las enfermedades más temibles en esos años fueron la coqueluche, el dengue, la difteria, la disentería, el bocio y la leishmaniasis. El cáncer ya hacía estragos lo mismo que el chagas. Las enfermedades venéreas en especial la sífilis sobre la que se tenían mitos espantosos, tenía atemorizada a la población que ese persignaba cada vez que pasaba por las cercanías del Barrio Chijini, donde formaban “casas de hetairas”. La tuberculosis hacía también estragos, más en la imaginación que en la realidad, exacerbada la gente por lo popular novela “La Dama de las Camelias”.

En la recién estrenada sede de gobierno y del Congreso, los canillitas voceaban El Imparcial y El Comercio de Bolivia. Los caballeros se reúnen en elegantes locales de la Plaza 16 de Julio para compartir el cóctel de mediodía. Uno que otro domingo se abre el hacho, al final de la actual calle Comercio, plaza de toros frecuentada por banderilleros de renombre y donde alguna vez un empresario de circo enfrentó a un León africano con un toro de Viacha, ante el espanto de la gente.

Fuente: La Historia del Siglo XX en Bolivia – Enfoques.

Foto - postal paseo del Prado en La Paz, principios de siglo XX.


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