EL CALVARIO DE LAS COMUNIDADES: LA MITA DE POTOSÍ

 


La mita es el episodio más dramático, profundo y complejo de la historia social colonial. Por eso, muchos autores, desde la época colonial hasta nuestros días, se han ocupado de ella; pero, aún así, precisamente por su complejidad, todavía su estudio está inconcluso.

Como ya se ha dicho reiteradamente en este trabajo, los mineros-azogueros de Oruro no consiguieron que este sistema de trabajo forzoso se aplicara para el trabajo minero de esa Villa; pero la mita potosina afectó directamente a las comunidades de Paria y Carangas y su abolición fue uno de los objetivos centrales de la sublevación general de indios. De ahí la necesidad de caracterizarla.

La mita existía, aunque con características diferentes, ya en tiempos precolombinos. Etimológicamente, la palabra mita, tanto en aymara como en quechua, significa turno. Precisamente, la primera característica de la mita es que es un trabajo por turnos. La segunda característica es que es un trabajo fozoso; pero, a diferencia de la esclavitud, se reconoce por ese trabajo un jornal.

Adecuando el análisis al marco conceptual de las ciencias sociales contemporáneas, se diría que la mita es una migración laboral forzada, por la cual el empresario que se beneficia de ella sólo se hace cargo de parte de uno de los tres elementos en el valor de la fuerza de trabajo: la reconstitución inmediata de ésta mediante un jornal de subsistencia. Los otros dos elementos: el costo de la manutención del trabajador durante períodos de no empleo y la reproducción de la fuerza de trabajo mediante la manutención de su familia, quedaban a cargo de las comunidades indígenas. Como se verá más adelante, también el costo de la reproducción inmediata estaba a cargo, en gran medida, de la comunidad del mitayo.

Dicho de otro modo, la mita fue la apropiación de gran parte del excedente de fuerza de trabajo de las comunidades indígenas en beneficio de la producción minera que, como ya se ha definido en el anterior capítulo, era la producción dominante en la economía colonial de la región y la que más interesaba al Estado español.

Al principio, las minas de Potosí fueron explotadas bajo un régimen de trabajo libre; pero cuando se agotaron las vetas más ricas y se elevaron los costos de producción, los empresarios mineros consiguieron que el Virrey Toledo dictara las Ordenanzas de la mita con las que se institucionalizaba el sistema de trabajo forzoso.

Se calculó que se necesitaban, como mano de obra forzosa, 13.500 indios y para los envíos se escogieron 16 provincias de clima y altura similares a Potosí: Porco, Chayanta, Paria, Carangas, Sica Sica, Pacajes, Omasuyos, Paucarcolla, Chucuito, Cabana y Cavanilla, Azángaro y Asillo, Canes y Canche y Quispicanches, además de dos provincias del valle: Cochabamba y Tarija. No se involucró a provincias de clima similar y más cercanos al Cerro como Lípez; tampoco a otras provincias del valle, como Mizque, Tolima, Pilaya, Paspaya y Larecaja. Y, finalmente, no se involucraron los repartimientos indígenas que formaban parte de la jurisdicción directa de las principales ciudades: La Paz, Oruro y la propia Potosí. Los cuatro repartimientos pertenecientes a Oruro estaban exentos y en este sentido no existió una disputa entre Potosí y Oruro por competencia sobre mano de obra.

Con las 16 provincias se pensaba conseguir los 13.500 trabajadores forzados anualmente, pero esto no se pudo cumplir. La caída demográfica en el siglo XVII, producida en gran medida por la mita, ocasionó nuevas disposiciones virreinales que fueron fijando límites inferiores. En 1692, 4.145 mitayos; en 1736, 3.199 y a lo largo del siglo XVIII no se llegó ni a ese límite. En 1740, arribaron 2.817 mitayos; en 1754, 2.919; en 1801, 2.809. Es decir, no se llegaba a superar, como promedio, los 3.000 hombres, lo que, como ya se dijo, significaba el 50% de la fuerza de trabajo empleada en Potosí.

Igual que el cálculo general, se hacía un cálculo por cada comunidad con base en la disposición de que una séptima parte de los indios tributarios originarios, o sea, los comprendidos entre 18 y 50 años, debía asistir a la mita, teóricamente, cada siete años.

De acuerdo a la legislación, los mitayos llegados anualmente se dividían a la vez en tres turnos, o sea, en total, debían trabajar cuatro meses, lo que se computaba con base en una semana de trabajo y dos de descanso.

El horario de trabajo, según las ordenanzas, empezaba una hora y media después de la salida del sol hasta su ocaso con una hora de descanso a medio día. Pero ni ese horario ni los turnos de 4 meses se cumplieron, sobre todo desde mediados del siglo XVII, cuando los mineros cambiaron el criterio de horas de trabajo por el de obra cumplida. Es decir, el mitayo debía extraer una cantidad de mineral, calculada en exceso, de modo que, en la práctica, la disminución de mitayos se compensó con la duplicación de horas y de turnos.

El jornal fijado por día era de cuatro reales. La semana de trabajo era de seis días; pero hasta fines del siglo XVII no se pagaba lo trabajado el lunes, por lo que recibían 20 reales semanales. El período de descanso no era remunerado, lo que fue ocasionando que, a la larga, el mitayo gastara más de lo que ganaba.

Sobre cómo no se cumplía lo determinado en las Ordenanzas en cuanto a horario y jornal y respecto al tipo de tareas del mitayo, Cañete decía lo siguiente:

«Para que se conozca el insufrible trabajo a que se ha reducido el servicio de esta gente, nótese que, recibida la mita, sube el Cerro la primera punta con sus botas para sacar el metal, que son unos costales de cuero, de tres cuartas de largo y media vara de ancho. llevan la herramienta necesaria, pólvora y velas en compañía del Curaca o segunda; hacen su trabajo en la noche en sacar metal, por ser lo más penoso en el servicio de las minas.

El barretero, que siempre es mingado (libre) y trabaja en compañía de otro de la misma clase, hace su tarea alternativamente. esto es, mientras el uno da un tiro o barreno o gasta un espacio semejante, el otro descansa durmiendo o acullicando (que así llaman el mascar la coca); alternando así entre los dos, deben rendir en cada noche cuatro tiros y ganan en cada noche seis reales.

El metal desgaja el barretero, lo recoge el mitario y lo lleva a la bronceada, que es un lugar distante donde se escoge y reduce a pedazos menores por otros indios mingas, llamados bronciris, que ganan cada noche cinco reales, en este trabajo, ocupa toda la noche el infeliz mitario, entrando y saliendo de la mina, cargado del costal lleno de cuatro o más arrobas de metal, arrastrándose con ese peso por los suelos, pasando estrechas angosturas y grandes precipicios, hasta enterar veinticinco costales al amanecer, que es lo que llaman un palla, sin ganar más salario que cuatro reales por excesiva tarea; de suerte que, por ciento veinticinco botas de metal que entregan en cinco pallas o en otras tantas noches que trabajan en la semana, vienen a ganar estos infelices apenas veinte reales, que cuando más les alcanza de la mañana de chasquear lo que ha sacado de la mina por la noche, que se reduce a enterar la tarea a veinte o treinta, más o menos botas de metal con peso de cuatro arrobas, poco más o menos, cada una...».

Otro gran problema era el viaje a Potosí que, además de penoso y largo (desde Chucuito duraba un mes), era costoso. Por ello, diversas disposiciones virreinales establecieron, a cargo del empresario, el pago del «leguaje», es decir, el pago por legua. Calculada la caminata en cinco leguas por día, se debía pagar un jornal de cinco reales; pero esto tampoco, como anotó el propio Cañete, se cumplió. El criterio predominante en la segunda mitad del siglo XVIII fue el de medio real por legua, computándose desde la salida de la capital de provincia donde se concentraban los mitayos de todos los repartimientos. Así, por ejemplo, en las provincias que trata este estudio:

«Paria.- Del pueblo de San José de Poopó, donde se junta la mita, dista cuarenta y ocho leguas, que a medio real importa: tres pesos.

Carangas.- El pueblo de San Juan de Colquemarca dista noventa leguas que a medio real hacen: cinco pesos cinco reales».

Igualmente en este caso, la práctica era muy diferente a la ley. Ni el leguaje de ida ni el de vuelta se pagaba puntualmente. El último, sobre todo, servía para pagar deudas y el costo también caía sobre la comunidad.

Los mitayos, una vez que llegaban a Potosí, eran distribuidos a los empresarios dueños o arrendatarios de minas e ingenios. El número se fijaba a un principio de manera más o menos igual: 50 mitayos a cada dueño de cabeza de ingenio; pero en la práctica se distribuyó por el tamaño y la capacidad productiva de una empresa. Así, por ejemplo, la empresa San Marcos recibió, en 1802, 208 mitayos y la empresa Quintanilla, sólo 63.Otra práctica contraria a la ley fue la del indio de faltriquera, llamado así el que lograba redimirse de la mita pagando una suma de dinero, que debía equivaler al jornal de un trabajador libre (7 pesos semanales).

A pesar de las constantes disposiciones contrarias a esta práctica y de las sanciones de destierro y multas, la conmutación fue frecuente. Existían dos tipos de conmutaciones: la consuetudinaria y la coyuntural. La primera, como su nombre lo indica, era la que pagaban de «mucho tiempo anterior los indios de algunos pueblos». Éstos eran, en general, indios que estaban vinculados a circuitos mercantiles y que se redimían del servicio para dedicarse al comercio. Precisamente un alto porcentaje de los indios mitayos de Paria (47% en 1802), según denuncia del propio capitán enterador de la mita, se redimían para dedicarse a comerciar coca, ají y algodón en la propia ciudad de Potosí y en la costa del Pacífico. La conmutación consuetudinaria estaba evaluada entre 52 y 60 pesos; los casos individuales coyunturales se cotizaban a más alto precio.

Otro caso de compensación era la del mitayo huído; en este caso, el pago era asumido por el cacique o por el capitán enterador de la mita, lo que de alguna manera significaba que caía sobre la comunidad. Ya sea por redención o por compensación, el pago al empresario era siempre en moneda, lo que de todas maneras significaba una ganancia.

Todo lo dicho hasta aquí demuestra, como afirma Tandeter, la dimensión familiar de la mita, inclusive la dimensión comunitaria. Lo familiar, porque está probado que los mitayos, en su gran mayoría, migraban con toda la familia y muchos de sus miembros los ayudaban a completar sus tareas. La comunitaria, porque los costos que no cubría el empresario ni el mitayo los cubría la comunidad de origen.

Refiriéndose, por ejemplo, a los gastos de viaje, Cañete afirmaba lo siguiente:

«Lo peor es que, obligados a salir de sus tierras por fuerza, se les suple parte del viático con los frutos de las tierras de comunidad, en perjuicio de la primitiva institución de este ramo; y el resto lo costean estos infelices del producto de sus pobres cosechas en vez de vestirse con él, entendiéndose el perjuicio a toda la parcialidad, aunque sea a quien no toca la mita, por la reprensible corruptela que tienen los gobernadores indios, de repartir entre todos la carne, gallinas y demás efectos que acostumbran traer, con títulos de regalos, llamados ricuchicos, para obsequio del Capitán Mayor de la mita y alcaldes veedores del cerro».

Lo que sucedía con el viaje sucedía con el mitayo huido y con los avíos de alimentación durante los períodos de descanso. Esto hace concluir, con razón, a Tandeter que «la mita constituye un ejemplo peculiar de renta en trabajo en el que no sólo la manutención y reproducción de la fuerza de trabajo, sino aun su reconstitución, corrían sólo una parte de la subsistencia» , tan poco que hacía afirmar a Cañete que sólo alcanzaba para la chicha del domingo.

El obvio que el mitayo tenía que dedicarse a otras actividades para subsistir. Los indios de Carangas, región ganadera, iban a Potosí con recuas de llamas que alquilaban para transporte, les servían de alimento, utilizaban sus lanas o las vendían.

Las llamas constituían, por lo tanto, su capital de subsistencia y su cantidad variaba según las comunidades de Carangas. Los de Paria también llegaban con sus animales cargados de ropas y alimentos.

Desde el momento de su institucionalización hasta nuestros días, historiadores, funcionarios, viajeros, han emitido diversos juicios sobre la mita. Los que justificaron su establecimiento en el siglo XVI argumentaban, como el oidor Matienzo, que la única manera de sacar al indio de la ociosidad y de la borrachera era con el trabajo forzoso (60). Pero éste no fue el criterio uniforme de funcionarios y eclesiásticos coloniales.

La polémica en torno a la mita fue candente y encarnizada desde su instalación. En el siglo XVII existieron numerosos ejemplos. El Memorial apologético a favor de la mita de Nicolás Matías del Campo y Larrinaga tuvo como antítesis las notas del cura de mitayos que escribió en contra de la mita. Las quejas contra los abusos y el incumplimiento de la ley llevaron inclusive al virrey Conde de Lemos a suprimir por un tiempo el repartimiento forzoso de indios. Este decidido gobernante escribía que no «es plata que se lleva a España, sino sudor y sangre de indios» (61). A su muerte, se restituyó la mita.

La polémica continuó durante el siglo XVIII. Los documentos contra los abusos se multiplicaron. Es muy conocida la posición contraria a la mita de funcionarios ilustrados, como el fiscal de la Audiencia Victoriano de Villalba, quien acusaba al Intendente de Potosí, Francisco de Paula Sanz, de actuar con engañabobos describiendo la mita según las leyes, cuando en la realidad nada de lo que decían las leyes se cumplía.

Es interesante observar la posición de los dos principales historiadores potosinos del siglo XVIII: Arzans y Cañete. La situación que describieron invitaba a la supresión inmediata de la mita; sin embargo, Arzans tenía dudas y Cañete defendía su conservación. Veían a la mita como el mal necesario para la supervivencia de Potosí.

Este es un fragmento del libro: Oruro 1781: Sublevación de indios y rebelión criolla. Tomo I. de Fernando Cajias de la Vega.

EL “TRATADO SECRETO” DE 1873 NO ERA SECRETO

 


Tomado de: LA DRAMATICA HISTORIA DEL MAS BOLIVIANO, de VALENTÍN ABECIA BALDIVIESO — VALENTÍN ABECIA LÓPEZ.

ARGENTINA Y LA ALIANZA
El presidente del Perú, Manuel Pardo, cuando fue instado para reforzar la escuadra peruana respondió: “Perú tiene dos poderosos blindados y ellos no son sino su alianza con Bolivia y la Argentina”. Años más tarde, el gobernante boliviano Hilarión Daza iba a protagonizar una escena parecida exhumando de su gaveta los papeles de la alianza con el Perú. Su fuerza eran papeles mojados con tinta.
Las relaciones entre Chile y la Argentina por la Patagonia atravesaban por un periodo de crisis. Carlos Morla Vicuña investigaba en los archivos españoles sobre los títulos chilenos de la Patagonia Oriental, Ibañez sostenía que el deslinde de la frontera era imprescindible (1). Guillermo Blest Gana, ministro chileno en Buenos Aires, protestaba por la colonización de los territorios comprendidos entre Río Negro, los Andes y el Estrecho de Magallanes dispuesta por la Argentina, Felix Frías en Santiago presentaba títulos coloniales a favor de su país. Todos estos hechos determinaron al gobierno peruano para instruir a su ministro en Buenos Aires, Manuel Irigoyen, a buscar la alianza con Argentina (2).
Tejedor, canciller argentino, le hizo ver a Irigoyen que su gobierno aceptaría entrar en la alianza, pero con la condición previa de que se arreglen los problemas limítrofes entre Argentina y Bolivia (3). Perú no podía separarse de Bolivia, fuera del pacto ésta “podría echarse en los brazos de Chile”, Argentina, por su parte, tenía dificultades con el Brasil por los problemas de la guerra de la Triple Alianza. El panorama parecía alinear a Argentina, Perú y Bolivia contra Brasil y Chile que podrían buscar apoyo de Uruguay y Ecuador.
La consideración de la alianza con Perú y Bolivia fue excepcionalmente oportuna para la Argentina, Brasil desplegó una gran labor para evitarla, se puso discretamente del lado de Chile pero, al mismo tiempo, frenó a éste para que no creara un conflicto. A este juego entró el presidente argentino Sarmiento, al final Perú y Bolivia quedaron solos.

CHILE Y BRASIL
Brasil tenía metas definidas y no consideró oportuno aliarse con Chile, el barón de Cotegipe decía: “es preferible que las gentes crean que tenemos una alianza en vez de tenerla realmente pactada”. Su finalidad era oponerse a los planes argentinos buscando la hegemonía brasileña en las costas atlánticas y del Plata, para esos fines Chile era un aliado natural que podía ser manejado por la diplomacia brasileña. Brasil efectuó una discreta presión sobre Chile para concretar el Tratado de 1874 y le hizo saber a la Argentina que estaba al tanto del Pacto aliancista y su disposición para moderar a Chile en la Patagonia. Rawson, el diputado opositor de la alianza, sin saberlo, fue apenas un peón de esta política.
En la Cámara Argentina de Diputados el proyecto de la Alianza fue aprobado el 20 de noviembre de 1873 por 48 votos contra 18 (1). En el Senado, merced a la labor opositora de Mitre y sus partidarios, quedó aplazada su consideración hasta el 10 de mayo de 1874.
Sobrevinieron los cambios de personas. Riva Agüero dejó de ser canciller del Perú, lo sustituyó La Torre, quien no puso el mismo interés en la Alianza, instruyó a Irigoyen “Eluda usted tratar este asunto” en Bolivia. Baptista ajustó un nuevo Tratado (1874) con Chile que persuadió al gobierno de haberse disipado el peligro de una guerra; en Argentina se produjo el cambio de gobierno, Sarmiento fue sustituido por Nicolás Avellaneda que no iba a pedir al Senado su consideración. La Argentina se mantuvo fuera de la alianza.

EL SECRETO DE LA ALIANZA
La Alianza Perú Bolivia fue conocida por Chile desde su origen, varios canales la revelaron. En Buenos Aires el representante brasileño barón de Araguaya le informó a Guillermo Blest Gana entre ambos compraron a un diputado argentino para que revelara el texto que se debatía en ese cuerpo legislativo: “al cabo de unos días dice Basadre-Blest Gana conocía el tratado de 6 de febrero de 1873 y lo transmitía, copiado de su propia letra, al presidente de la República Federico Errázuriz Zanartú” (5).
Este mismo canal de información fue puesto en descubierto por el chileno Anselmo Blanlot Holley en la Sociedad Chilena de Historia y Geografía en 1918. Araguaya, por su parte, informó a su gobierno según consta en el Archivo Histórico del Itamaraty (6).
Alberto Gutiérrez da seguridades de que, en Bolivia, lo conocieron el barón de Alencar (Brasil) y Carlos Walker Martínez, este último dijo “no haber tenido conocimiento cierto del Tratado, pero que algunas informaciones privadas le habían permitido sospechar su existencia”.
Joaquín Godoy, Ministro chileno en Lima, lo transmitió a su gobierno “de memoria”.
La cancillería chilena ante estas evidencias en mayo de 1874 le decía a Blest Gana: “la presunta alianza del Perú, y Bolivia de que vuestra señoría me habla en sus despachos confidenciales de 19 de enero, 12 y 25 de febrero último, había llegado al conocimiento de mi gobierno por diversos conductos y ha sido confirmada de una manera confidencial por el honorable representante del Brasil en esta capital”.
El Perú informó a Itamaraty de la existencia del Tratado dando lugar a que fuera consignado en el Boletín de Pactos Internacionales. Por otra parte, Riva Aguero le prestó al representante brasileño en Lima el Tratado original por 24 horas (7).
El Ministro norteamericano en Río, Mr. Fish, lo transmitió a su gobierno y la Revista Foreign Relations de 15 de enero de 1874, lo consignó en sus páginas.
Sin embargo, la guerra 1879 la desató Chile sosteniendo que acababa de informarse de la existencia de un pacto secreto entre Perú y Bolivia.

Referencias:
(1) Memona de Ibañez de 1872 declaraba “el deslinde de fronteras se hace ya una necesidad tanto más urgente de satisfacer”.
(2) “Como en el artículo 10 del Tratado (con Bolivia) se conviene en solicitar la adhesión de otros gobiernos. Ud. procurará obtener la de esta república, lo cual no parece muy difícil atendiendo a las dificultades con que hasta hoy ha tropezado sin poder llegar a una demarcación de límites con Chile” Instrucciones a Irigoyen.
(3) El ministro argentino en Bolivia, José Evaristo Uriburu discutía con Baptista el problema de Tarija.
(4) Se opuso tenazmente el diputado sanjuanino Guillermo Rawson sosteniendo que “el inicia la negociación del Tratado de Alianza solo por rivalidad y por razones de preponderancia en el Pacífico”. El Perú busca aliados en caso de que estalle la guerra por instinto de propia conservación y por deferencia tradicional de su política a peruana entra sin vacilar en la Liga.
(5) Archivo Nal. de Sgo., oficio confidencial No. 79 de 6 de octubre de 1873.
(6) Libro 205/3/5, oficio reservado No. 27 de 8 de noviembre de 1873.
(7) Archivo Historico de Itaaraty, Libro 212/2/14 reservadisimo No. 1 del 25 de diciembre de 1873.

Foto: Plaza de Antofagasta en 1907.

LA AMBICIÓN CHILENA Y LOS CONFLICTOS TERRITORIALES EN LOS GRADOS 23 Y 24

 


Tomado de: La dramática historias del mar boliviano, de Valentin Abecia Baldivieso – Valentin Abecia López.

FUNDACIÓN DE ANTOFAGASTA
La población chilena invadió los centros de explotación del salitre y el wano, aparecieron los nombres de Concha y Toro, López Gama, Meiggs, Melburne Clark, Santos Ossa, algunos verdaderos industriales, otros simplemente especuladores. Los capitales ingleses se interesaron en los negocios y entraron a las explotaciones.
El boliviano Hermeregildo Peña, que trabajaba con un tal Juan López, fue el primer habitante de una naciente población que se iba a llamar Peña Blanca, conocida también como la Chimba y, finalmente, Antofagasta. El gobierno boliviano legalizó la fundación de Antofagasta a través de una Orden Suprema de 27 de agosto de 1868 (1). La fundación se realizó el 22 de octubre de ese año.
Entre desacuerdos, rencillas y avance de los mineros chilenos en territorio boliviano habían transcurrido cuatro años a partir del Tratado de 1866. El General Agustín Morales, presidente boliviano, destacó a Chile un nuevo negociador para suprimir el condominio y situar la línea divisoria en el grado 24, para lograrlo pretendía otorgar algunas concesiones (2) como los wanos de Mejillones que podían permanecer como enclave de condominio.
El tercer presidente chileno descendiente de vascos, Federico Errázuriz Zañartú, puso como interlocutor de Bustillo a Adolfo Ibañez que pensaba ir a la guerra contra el Perú (3). Las primeras tratativas fueron cordiales y parecía que Chile estaba dispuesto a aceptar la cancelación de la medianería con tal de tomar para sí la explotación de Mejillones en compensación. Bustillo pensaba que esta concesión era aceptable puesto que se “reconoce nuestro absoluto dominio y soberanía hasta el grado 24 de manera que el territorio boliviano queda libre, saneado y para el exclusivo goce y servicio de los bolivianos” La conexión de Chile con Mejillones (grado 23) debía ser exclusivamente por mar.

FRACASO DE BUSTILLO
Sin embargo, Ibañez planteó la compra de la faja boliviana entre los grados 23 y 24, habiéndole instruido a Bustillo el gobierno de La Paz que recibiera la proposición (4) Bustillo consideraba la oferta “muy grave y peligrosa por sí misma”, “deshonrosa e injuriosa” (5), fuera de las facultades del gobierno y del Congreso.
Sobre la base de la cesión de la mitad de las waneras de Mejillones en favor de Chile, la supresión del control aduanero y la renuncia de ambos países a los impuestos sobre sustancias metálicas, Bustillo obtuvo del gobierno chileno la aceptación de un nuevo convenio que reconocería el límite definitivo en el grado 24, ignorado que ese gobierno, al constituir un representante diplomático en La Paz en la persona de Santiago Lindsay, estaba negociando otro tratado al que ingenuamente se prestó el Ministro Casimiro Corral.
Bustillo enrrostró a Ibañez por esta dualidad y el Ministro chileno quiso explicar lo inexplicable. Bustillo se mostró irreductible aún con su propio gobierno, lo que hizo comprender a Corral que la misión en Santiago había fracasado porque, además, en esos días se produjo la ayuda que prestó el gobierno chileno de Errázuriz al General Quintin Quevedo para invadir Bolivia.
Descubierta la maniobra, Bustillo reclamó fuerte y llamó al gobierno chileno “encubridor”. La reacción fue inmediata, Ibañez declaró rotas sus relaciones con la legación de Bolivia en Santiago (6).

EL CONVENIO FRUSTRADO DE 1872
En mayo de 1872 Santiago Lindsay, en La Paz, propuso a Corral que Bolivia entregue a Chile, en administración, el territorio boliviano hasta el grado 23. El Canciller boliviano rechazó la propuesta. Lindsay sugirió la compra del paralelo 24 – 23, Corral respondió que Chile renuncie a la mancomunidad en ese paralelo, ya que Bolivia renunciaría al paralelo 25-24.
“Chile no renuncia a la medianería que le da grandes ventajas en el grado 23”, fue la respuesta chilena.
La posición irreductible de Chile hizo ver al gobierno boliviano que era inútil pretender la abolición de la mancomunidad, razón por la cual sólo podría lograrse la aclaración del tratado del año 66. Pero en esas aclaraciones Chile salió ganando (7).
El convenio, que dejaba subsistente la discordia o sea la participación de productos, fue aprobado en Santiago el 8 de enero de 1873. En Bolivia despertó enconada resistencia. Melchor Terrazas, que había sustituido a Corral, hizo saber al gobierno de Chile que los pactos internacionales debían ser aprobados por el Congreso (8 ), ofreciendo someter a su deliberación dicho pacto.
En virtud del artículo 9o. del Tratado que decía seguirían negociando pacífica y amigablemente, el Congreso de 1873 aplazó su exámen para 1874, año en que se aprobó otro tratado (9).

CARACOLES
Las minas de Caracoles, llamadas así por la gran cantidad de fósiles de caracoles que existían en el cerro principal, habían sido descubiertas en 1870. A los pocos meses se explotaban unas 200 vetas de plata y se formaba una población de unas 20 mil personas.
Estaban localizadas en una serranía al sud de la cumbre de Limón Verde que empezaba la serranía en los 22 grados 41'4", pero las minas en sí fueron ubicadas al sud del paralelo 23 sin entrar en la zona de la mancomunidad porque se encontraban fuera del límite oriental de Chile (10).
La invasión chilena a Caracoles fue avasalladora, se cuenta que uno de los mineros principales llamado José Díaz Gama acumuló una inmensa fortuna, su mina denominada San José tenía “diez varas de ancho”. El abogado boliviano Ladislao Cabrera fundó y dirigió en Caracoles el periódico “La Patria”.
Mejillones en la costa y Caracoles en los Andes occidentales, ambos alrededor del grado 23, eran la manzana de la discordia por su riqueza. De acuerdo al Tratado vigente de 1866 se encontraban en territorio boliviano, pero por ellos se lidiaba centro de los conceptos de la famosa mancomunidad.

EL TRATADO DE 1874
En junio de 1873, Chile envió como Encargado de Negocios en Bolivia a Carlos Walker Martinez, yerno del presidente Linares y Secretario de la Legación durante el período de Melgarejo. Eran Presidente de Bolivia Adolfo Ballivián y canciller Mariano Baptista.
Los desacuerdos boliviano chilenos estaban en su punto alto y las reclamaciones de Adolfo Ibañez, siempre destempladas e injustas, tuvieron que ser salvadas por Baptista y Martinez, quienes, además, no contaban con un ambiente tranquilo para negociar (11) no solo en la trama internacional sino en la política interna que miraba la negociación como la continuación de los convenios anteriores respecto a la mancomunidad.
El 6 de agosto de 1874 se suscribió un nuevo tratado fijando el límite en el paralelo 24, desde el mar hasta las más altas cumbres de la cordillera (divortia acquarum). El wano entre los paralelos 25 y 23 se partiría entre ambos países, no habría mancomunidad para otros minerales, pero Bolivia pagaría a Chile una suma fijada por un tribunal de arbitraje. Los derechos de exportación de los minerales no serían variados y las personas, industrias y capitales chilenos no pagarían más impuestos durante 25 años, no deberían introduciros derecho alguno los productos bolivianos o chilenos establecido el arbitraje como vía de solución para los desentendimientos.
Walker Martínez comentaba que 25 años era el tiempo necesario para que las minas de Caracoles se agoten y que los productos chilenos en el paralelo 24-23 estaban liberados, así como los bolivianos, pero este país no tenía productos para ese efecto.
El tratado fue aprobado por el Congreso boliviano el 6 de noviembre de 1874.

LA ALIANZA CON EL PERÚ
La penetración sostenida e indisimulada de Chile en territorio boliviano, la tolerancia que otorgaba a los políticos opositores al gobierno, su afán armamentista y su manifiesta rivalidad con el Perú fueron creando un clima proclive a considerar necesaria una alianza entre Perú y Bolivia.
José de la Riva Agüero, canciller peruano en 1872, aludía a que no se podía permitir que Chile se hiciese dueño del litoral boliviano (12), mucho más si se sabía que Chile (a fin de tomar el litoral boliviano) no dudó en ofrecer a Bolivia compensaciones con territorio peruano. Si Bolivia perdía su costa Chile estaría cerca capital chileno. La expulsión de los chilenos de la costa boliviana resultaba un complemento lógico de esa política.
Así surgió la idea de una alianza como instinto de defensa de ambos países (13), no olvidemos que Chile (1866) pidió a Melgarejo que tome. Tarapacá y que, en diversas oportunidades, ofreció su apoyo militar al mismo tiempo que quería comprar el litoral boliviano. Habiendo fracasado en esos intentos comenzó a armarse (14).
El Congreso boliviano, el 8 de noviembre de 1872, autorizó al Poder Ejecutivo para celebrar una alianza defensiva con el Perú. El Tratado de Alianza (que debía permanecer secreto) se firmó en Lima el 6 de febrero de 1873 entre Juan de la Cruz Benavente y José de la Riva Agüero. Benavente explicaba los móviles de la alianza anotando: “al ciego amor de Chile a nuestro territorio que no debe gustarle tanto porque es rico, sino porque le daría medios para llegar a la supremacía marítima del Perú o tal vez para superarlo, se agrega el, proyecto de estanco de salitre que hiere de muerte grandes y valiosos intereses del comercio de Valparaíso”. En tanto que la prensa chilena decía: “si Bolivia ambiciona rectificar sus fronteras debe ser nuestro aliado y no nuestro enemigo”.
La alianza, empero no contaba con los elementos materiales para enfrentar al enemigo, en tanto que la marina de Chile era reforzada con la adquisición de acorazados y su ejército dotado de armamento moderno. La indefensión en que incurrieron Bolivia y Chile nunca podrá ser justificada.

REFERENCIAS:
(1) La orden fue dada al Prefecto del Litoral, José R. Taborga, formándose una Comisión integrada por el Fiscal de Partido de Cobija, Abdón S. Ondarza, el notario de Hacienda Agustín Vidaurre y el Tesorero Público de Mejillones, Calixto Viscarra.
(2) "Lo que más nos importa -decía Bustillos- es alcanzar de Chile una modificación de dicho tratado en virtud de la cual renunciará éste a la participación de los derechos de extracción de los minerales producidos entre los grados 23 y 24 de modo que el paralelo de este último grado fuera el lindero de ambos estados".
(3) Hablaba del Perú como "tierra del sahumerio y del picante, enemigo de Chile".
(4) “ queda autorizado para que, en caso de que el gobierno de Chile reitere su oferta de
comprar el territorio, pueda recibir las bases de las proposiciones, las condiciones de la mancomunidad del puerto, la cantidad de las ofertas y todo lo demás que se relaciona con tan grave asunto”
(5) “La enagenación del territorio decía es cosa tan grave que están fuera de las facultades
ordinarias del gobierno...”
(6) La expedición de Quevedo contó con la ayuda del Intendente de Valparaíso y del presidente Errázuriz, quién le había pedido a Quevedo la cesión de una parte del litoral boliviano. Quevedo no aceptó la propuesta, pero de todos modos el gobierno chileno le ayudó a marchar sobre Antofagasta donde se proclamó Presidente de Bolivia el 6 de agosto de 1872. Por falta de adhesión Quevedo fracasó.
(7) El 5 de diciembre de 1872 se aclaró que el límite oriental de Chile eran las más altas cumbres de los Andes, quedando la frontera en el grado 24. La intervención del control chileno se realizaría en las aduanas existentes y por crearse, la participación mancomunada para wano y minerales (1866) se extendió a los metales, salitre, borax, sulfatos y demás sustancias del reino mineral. Se reglamentó la común participación en los productos mineros de la franja 23 24 y se ampliaron las atribuciones chilenas en la Aduana de Mejillones.
(8 ) Nota de Terrazas del 27 de marzo de 1873 "el gobierno no puede por sí solo definir y sancionar pactos internacionales que, por su grave trascendencia afectan los intereses de la nación a cuyos representantes (Congreso) toca juzgar y aprobar los negociados".
(9) El Congreso de 1873 fue convocado en forma extraordinaria para conocer un Tratado de alianza con el Perú.
(10) El aspecto técnico de la ubicación de Caracoles ha sido explicado por V. Abecia en "Las Relaciones Internacionales en la Historia de Bolivia".
(11) En la ciudad de Sucre se encontraban además Anibal Victor de la Torre como representante del Perú; José Evaristo Uriburu de la Argentina, el barón Leonel Alencar de Brasil y otros connotados hombres públicos. La Torre presionaba para que Bolivia declarara la guerra a Chile. Alentar morigeraba esa presión porque se hablaba de que Perú, Argentina y Bolivia tenían una alianza y, en ese caso, el Brasil se iba a ver envuelto en un conflicto que no lo deseaba. Ver “Las Relaciones Internacionales en la Historia de Bolivia”
(12) José de la Riva Agüero, en nota de 20 de noviembre de 1872 decía “No podríamos permitir que Chile, rompiendo el equilibrio americano, se hiciese dueño de un litoral que no le pertenece”.
(13) Sobre el origen de la Alianza y el peligro que había representado Bolivia tanto para Perú como para Chile al aliarse con uno de ellos, se ha especulado mucho. Riva Agüero dice en una nota de cancillería “Los únicos temores de guerra que por muchos años podemos tener, son los que inspira el deseo manifiesto de Chile de ensancharse a expensas de Bolivia, absorviendo su territorio de Atacama. Nuestros intereses no nos permitirán consentir en esto no solo por no tener a Chile tan cerca del Tarapacá, sino también porque privaba Bolivia de su litoral en un porvenir no muy remoto tendría a aliarse con Chile para tomar del Perú el puerto de Arica
(14) Su armamentismo lo sabían Bolivia y Perú. El 4 de octubre de 1872, el gobierno peruano supo la noticia transmitida desde Londres. La orden de compra de blindados para Chile salió por telégrafo, los acorazados fueron contratados por el novelista Alberto Blest Gana en los astilleros Hall de Inglaterra. Mario Barros. Historia Diplomática.

Foto-postal a color de Antofagasta a principios de siglo XX.

EN 1936 ASÍ SE CONMEMORABA LA INMOLACIÓN DE LA “SECCIÓN DE HIERRO”


HOY SE CONMEMORA EL PRIMER ANIVERSARIO DE LA LEGENDARIA "SECCIÓN DE HIERRO"

La Paz, Bolivia. La Razón / jueves, 20 de febrero de 1936.


La tragedia del Chaco ha pasado, pero la trayectoria del calvario histórico de éste, marca grandes figuras, entre ellas el "Héroe Nacional" Félix Méndez Arcos, el hombre legendario de la Campaña que conjuntamente con sus veinticuatro bravos, rindió la vida en el puesto del deber. La Patria les señaló el lugar y fué Iguiraru testigo de la epopeya más grande de la campaña Veinticuatro titanes detuvieron la avalancha sedienta de triunfos. El enemigo supo respetar los cadáveres de estos héroes que luego de recapturado el sector fueron transportados a esta ciudad.
Hoy se recuerda el primer aniversario del sacrificio de la "Sección de Hierro". Sostenerse muchachos dijo, Méndez Arcos y aquella sección se detuvo levantando así la tradición espartana de un puñado de valerosos soldados.
Hoy las 10 y 30, se celebrará en homenaje a estos servidores de la Patria una misa en la Basílica de Nuestra Señora de La Paz.
Al recordar el héroe máximo de la Campaña recordaremos también a los veinticuatro hombres que lo acompañaron.

Teniente Félix Méndez Arcos.
SOLDADOS.—
Emiliano Colque Berríos.
Valentín Barrios Molina.
Lorenzo Varga Paco.
Eduardo Araníbar Pérez.
Cleto Barrera Martínez.
Alejandro Zo. Choque Quispe.
Genaro Arispe Orellana.
Ruperto Hinojosa Nogales.
Enrique Chura.
Florentino Lanosa Alvarez.
Demetrio Fernandez Estrada.
Cruz Quispe Huicho.
Miguel Najva Cayo.
Timoteo Gonzalez Gutierrez.
Francisco Caballero Carpio.
Felipe Zárate.
Pedro Elías Arriola.
Cecilio Alvarez Velizaga.
Francisco Camargo Alegre.
Bernabé Zárate Marín.
Damián Vásquez Píllco.
Humberto Moscoso Castro.
Manuel María Roncal Erquicia.
Manuel Villica Nícacio.

AQUEL FATÍDICO VIERNES 14 DE FEBRERO DE 1879



Tomado de: La Dramática Historia del Mar Boliviano, de Valentin Abecia Baldivieso / Valentin Abecia López.

LOS DIEZ CENTAVOS

Cuando la concesión a la Compañía de Salitre llegó al Congreso el año 1877, para su aprobación, éste puso la condición de que debía pagar 10 centavos por quintal español de salitre exportado.
No se trataba de crear un nuevo impuesto sino de otorgar una concesión con una condición a una empresa particular de capitales ingleses y chilenos. El impuesto es de carácter universal, la concesión era particular.
La Compañía de Salitre, que se vio perjudicada, debía interponer su reclamación, conforme a los principios del derecho internacional privado, en Bolivia, prevaleciendo la ley del domicilio, pero reclamó ante el gobierno chileno en el cual habían accionistas de la Compañía.
El texto de la ley de los 10 centavos decía: “se aprueba la transacción celebrada por el ejecutivo en 27 de noviembre de 1873… a condición de hacer efectivo como mínimo un impuesto de 10 centavos en quintal exportado”.
La cláusula Cuarta del Tratado de 1874 manifestaba que “las personas, industrias y capitales chilenos no pagarían más impuestos durante 25 años”.
Sobre esta base el gobierno chileno sostuvo que se había violado el Tratado de 1874 lo que importaba “la ruptura del Tratado de Límites” (1).
Las autoridades bolivianas, sobre la base de un tratado complementario del 1884, señalaron que quedaba el recurso arbitral, sin perjuicio de ejecutarse la ley. Fierro respondió estar de acuerdo siempre que Bolivia se allanase a suspender la ley.
El gobierno boliviano, sin sopesar las circunstancias sociales de Atacama y la decisión chilena de ir a la guerra, dictó el Decreto de lo. de febrero rescindiendo el contrato con la Compañía de Salitre y suspendiendo la ley de los 10 centavos lo que significaba reivindicar el derecho boliviano a sus salitreras.
Ante esta decisión el día 8 se recibió un ultimátum de Chile y Fierro ordenó a Vilela: “retirarse inmediatamente”. Esta orden fue reiterada el 13 de febrero: “en pocas horas más, decía, el litoral que nos pertenecía antes de 1866 será ocupado por fuerzas de mar y tierra de la República y V.S. asumirá el cargo de gobernador político y civil de ese distrito.
El día 12 Villela había pedido sus pasaportes para abandonar Bolivia.

LA TOMA DE ANTOFAGASTA

Las débiles fuerzas armadas bolivianas no pasaban de 1.500 hombres, el tesoro nacional estaba vacío, se carecía de una flota y en 1878 se había desatado la hambruna por una sequía natural (2). El gobierno no tomó medidas para el potenciamiento militar (3). Los caminos hacia Atacama eran malos, los capitalistas ingleses, camuflados de chilenos, dominaban la situación en Atacama, la voracidad de la Compañía de Salitre, que formó su personal accionista, como vimos, en base de las primeras figuras de la política chilena, quería dominar al gobierno boliviano por
la fuerza.
En Atacama predominaba la población chilena. Walker Martínez decía: “si la soberanía es de Bolivia, las riquezas mineras, la industria, el comercio, la población casi entera es de ciudadanos chilenos” (4). Baptista dijo en el Congreso boliviano que la población de este país no pasaba del 7 por ciento. El conflicto social era indetenible, las autoridades bolivianas no eran obedecidas y las fricciones se sucedían a diario.
En estas circunstancias el 27 de enero de 1879, el “Blanco Encalada” llegó amenazante a Antofagasta, aunque las autoridades chilenas manifestaron que no querían definir el conflicto por las armas, ya existía el criterio de hacerlo.
Daza no comprendió la gravedad del momento, se confió en la alianza con el Perú creyéndola un instrumento que detendría la ambición chilena. Una vez creado el impuesto, frente a la soberbia de la Compañía de Salitre y a la actitud del gobierno chileno que consideraba que “se estaba guardando consideraciones indebidas a Bolivia” y que “no sería justo que hoy, cuando Bolivia viola sus compromisos, nosotros también nos desentendiéramos de los nuestros de manera que nuestros compatriotas víctimas de maquinaciones armadas contra ellos, consientan estos pagos”.
El 6 de febrero se había hecho conocer a la legación chilena en Bolivia el texto del Decreto de 10 de febrero, indicando que Bolivia estaba llana a acogerse al recurso arbitral. El día 8, el Ministro de Chile respondió con un ultimatum dando 48 horas para contestar “si se aceptaba el arbitraje previa reposición del statu quo anterior”. Al no recibir respuesta, el 12 pidió sus pasaportes para retirarse.
A las 4 de la tarde del 12 de febrero, el Cónsul boliviano en Tacna, supo que el Consejo de Ministros de Chile había dispuesto que el Cochrane y el O'Higgins “marcharan sobre Antofagasta llevando dos compañías de desembarco a cargo del coronel Emilio Sotomayor, jefe de la Escuela Militar, a tomar posesión de la ciudad”. (5).
La toma de Antofagasta, sin declaratoria de guerra, se produjo en la mañana del viernes 14 de febrero.

EL CARNAVAL Y LA OCUPACIÓN DE ANTOFAGASTA

Es evidente que la ocupación del día 14, de Antofagasta, por las tropas chilenas fue anunciada con anterioridad. El Cónsul boliviano en Tacna, Manuel Granier, supo el 12 de febrero (Hrs. 16) que el gabinete chileno dispuso esa ocupación. Esa noticia se supo en La Paz el día 15 (6).
El mismo Manuel Granier, el día 14, envió un aviso más concreto a La Paz por medio del “propio” Manuel Alaí, cuyo texto decía: “Tengo el sentimiento de transmitir a usted la fatal noticia de que el gobierno chileno ha resuelto la ocupación definitiva de Antofagasta”. Esa noticia llegó a La Paz el lunes 17 a horas 14. (7).
¿Qué previsiones tomó el gobierno boliviano frente a un clima de guerra anunciada? Ninguna en el orden militar.
El conocimiento por el gobierno boliviano de la violenta ocupación de Antofagasta ha sido objeto de discusiones. Eliodoro Camacho, Eufronio Viscarra, Vicuña Mackena, Dámaso E. Uriburu, para no citar sino a connotados políticos e historiadores de la época, sostuvieron que el bullicio del carnaval, que había comenzado el día jueves 20 (día de compadres) y que se prolongaría durante la semana que se iniciaba el lunes 24, no quiso ser perturbado por el presidente Daza.

Hasta aquí hemos visto los avisos del anuncio de una inminente ocupación de Antofagasta que Daza los recibió el 15 y 17 de febrero, antes del carnaval. Cuando en el hecho se produjo la ocupación militar (el 14) la noticia fue conocida en Arica el 19, al arribo del vapor Amazonas, Manuel Granier (ante el hecho consumado) envió la noticia a La Paz, Daza la recibió el sábado 22 (
😎
 de acuerdo a los documentos de la Cancillería boliviana.
La historia documentada no parece salvar a Daza de su responsabilidad.

Referencias:
(1) Alejandro Fierro en nota de 3 de enero de 1879 le decía al Encargado de Negocios chileno Pedro Nolasco Vilela: “el gobierno de Chile considera también conveniente que V.E exprese antes de retirarse al de Bolivia, que su negativa reiterada a suspender la ejecución de la ley de 14 de febrero de 1878, importará la anulación del tratado de 1874 y, en consecuencia, roto ese pacto con Bolivia, renacerán para Chile todos los derechos que legítimamente hacía valer antes del Tratado de 1866”.
(2) “No hay memoria en los anales de las desgracias públicas dice Castro Rojas de una calamidad más grande que la de 1878-79 que flageló al país con su sequía”
(3) El presidente Adolfo Ballivián en 1879 pidió al Congreso se le autorizara contratar un empréstito destinado en parte a comprar blindados ante la certidumbre de que Chile los había encargado. El Congreso negó la autorización.
(4) El predominio era evidente, las versiones señalaban que el 93 por ciento de la población era chilena, en Caracoles y Mejillones sucedía lo mismo.
(5) Bulnes Gonzalo.
(6) El Cónsul de Bolivia en Tacna, Manuel Granier, recibió el 12 un telegrama del Cónsul boliviano en Valparaíso Juan Granier, que decía (confirmando partes telegráficos anteriores): “Gobierno ordenado fuerzas reunidas en Caldera ir Antofagasta Litoral”. Esta noticia fue llevada de Tacna a La Paz por un “propio” llamado Juan Cáceres quien llegó a su destino el día 15.
(7) Juan Siles Guevara, según fuentes de la documentación de la Cancillería boliviana.
(8 ) Gastón Velasco ha efectuado un recuento minucioso de la noticia. Coincide en que el vapor Amazonas II llegó a Arica el 19, pero sostiene que desde Tacna hasta La Paz tardó 6 días (76 leguas), por tanto la noticia se supo en La Paz el martes 25 a las 11 de la noche.

Foto: Estación de Ferrocarril hacia Bolivia.

LA TOMA DEL FORTÍN BOQUERÓN DESDE LA PERSPECTIVA DE MANUEL MARZANA O. (parte II)

 


Parte II (la primera parte se publicó en el anterior post)

En las páginas de “La Gran Batalla Memorias del General Marzana” el autor relata sus impresiones con respecto a la toma de Boquerón:

En Arce encontré a dos distinguidos jefes, amigos míos, en calidad de Delegados del Estado Mayor General en la primera línea, Tcnl. Angel Rodríguez y Mayor España, quienes, al tener conocimiento de lo ocurrido en Castillo, trataron de aconsejarme mayor serenidad, dejando las cosas al Altísimo, al tiempo y al espacio, y así transcurrieron 24 horas de una noche de furiosa tempestad; y un amanecer con lluvia torrencial que no permitía el tránsito de vehículos ni de las pocas tropas que ya llegaban al fortín Arce. Antes del medio día, la estación telefónica en comunicación con la del fortín Castillo, da comienzo a la información con algunos detalles acerca de la catástrofe que sufrieron nuestras tropas en su ataque al fortín paraguayo Boquerón, en la madrugada del 31 de Julio, llevado a cabo por el Destacamento que yo había dejado, en mala hora, un día antes... Habíase ordenado un ataque frontal sin los patrullajes antelados que son de rigor para un envolvimiento y sin conocimiento exacto del sistema defensivo contrario, ni de las válvulas de escape que tenía el enemigo preparadas de antemano. De esa manera se consumó, sin preparación y sin cálculo alguno del momento adverso de una horrible tempestad.

Juzgue el lector a través de la lectura de la orden de ataque y de sus resultados, y para ello, reproducimos a continuación, tales piezas de referencia:

“Destacamento AGUIRRE”- Orden 132.- 18.- hs. 30-VII-32.”

1. El enemigo se encuentra en posición en el Fortín Boquerón.- 2) Mañana 31-VII-32. el Destacamento atacará:
a) Batallón Cuenca por el camino Boquerón-Isla Poi con la misión de cortar la retirada del adversario.- b) Batallón Cárdenas por el frente. El ataque será precedido por un bombardeo aéreo a Hrs. 8 de la mañana y durará de 20 a 30 minutos. Terminado esto la infantería iniciará su ataque, al mismo tiempo ambos batallones.- Es preciso que a Hrs. 7.50 las compañías se encuentren en sus posiciones iniciales. A esta misma hora, para indicar a nuestros aviadores las posiciones ocupadas, colocarán detrás de cada unidad mosquiteros extendidos en lugares despejados. La aviación no iniciará este bombardeo si no ve estas señales. La señal de irrupción se dará por medio de cartuchos de iluminación, a la que la artillería cesará sus fuegos.- Durante la noche los batallones proveerán independientemente sus servicios de seguridad y exploración. La hora de partida para el batallón Cuenca, 4.30; para el batallón Cárdenas, Hrs. 5.00. 3) La patrulla de caballería al mando del Sargento Coll. tomando la senda Ramírez-Boquerón, impedirá la retirada del enemigo hacia Huijai, inmediatamente que pase el bombardeo aéreo.- 4) La sección Semack y sección Krupp quedan agregadas al batallón Cárdenas. La pieza Schneider estará a mis órdenes.- 5) Se instalarán dos puestos de socorro de heridos, uno principal detrás de la punta del monte, 1600 m. al SO de Boquerón y otro de circunstancia en el antiguo puesto boliviano a 2 km. de Boquerón.- 6) El bagaje del Destacamento quedará a órdenes del mayor Bravo; todos los vehículos quedan a órdenes del mismo jefe.- Yo me encontraré en el batallón Cárdenas.- Fdo.- Tcnl. Aguirre.- Fdo.- Subteniente Avila.- Ayudante".

En cambio, en el frente paraguayo, los defensores les salieron al encuentro en la forma siguiente: (Relato tomado del libro del oficial paraguayo, Heriberto Florentin, “Lo que he visto en Boquerón”, página 135).

Relato circunstancial del principal protagonista, Tte. Eulalio Facetti, que le hace al autor y comienza así:

“El 31 de julio al amanecer, recibí parte de mi puesto doble sobre el camino viejo de Boquerón-Isla Poi, que dos columnas de tropas enemigas avanzaban del lado Sur hacia nuestro fortín. Poco después y mientras despachaba una patrulla para confirmar la novedad mencionada, otro parte similar, procedente del puesto del Sub-Oficial instalado sobre el camino a Ramírez, informaba que una fuerte columna boliviana venía aproximándose hacia el puesto por el lado Oeste, casi en el mismo instante, un tercer parte informaba la aparición de otro grupo enemigo por lado de Yucra-(SO). No cabía duda de que se trataba de un ataque arrollador por una poderosa fuerza con un efectivo apreciable de mil hombres. Inmediatamente mis tropas ocuparon sus emplazamientos de combate en la posición principal. Coincidente con estos movimientos iniciales (serían las 6 Hrs.) apareció un grupo de 4 aviones que sobrevoló nuestro fortín arrojando sobre él algunas bombas, que felizmente cayeron fuera de la zona ocupada: al mismo tiempo dispararon también ráfagas de ametralladoras que tampoco surtieron efecto, salvo el desgaste moral que ocasiona a una tropa poco acostumbrada a esta clase de lucha. En los puestos avanzados empezaban ya los primeros cambios de tiros; ellos sabían muy bien lo que tenían que hacer, y no era casi necesario impartirles nuevas instrucciones para su desempeño, en tal emergencia. Al contrario, como habíamos previsto, bajo la presión de la fuerza contraria nuestros puestos se retiraban ordenadamente hacia la posición antigua, en donde resistieron momentáneamente, hasta que el avance enemigo puso en peligro su permanencia allí. Los bolivianos estimulados por la fácil empresa aceleraron la marcha, y muy pronto alcanzaron los lindes exteriores del antiguo reducto, o sea la orilla del bosque que cubre el fortín, ocupando la trinchera vieja del lado Sur y Sur-Oeste”. “Minutos después, algunos elementos avanzados ya cruzaban de largo la estrecha plazoleta en el interior del fortín, siguiendo rumbo hacia el interior del mismo la recta de Boquerón Isla-Poi; mientras tanto, los nuestros, que los habían precedido, se habían perdido en la recta carretera hacia el Este, levantando intencionalmente, una densa polvareda indicadora de una huída a todo trapo. Por su parte los bolivianos, convencidos del abandono total del enemigo, empezaban a llegar en grupos cada vez más densos; lo que al principio parecían pequeñas columnas de grupos de combate avanzando con cierta cautela, ahora eran secciones y compañías en orden cerrado que iban llegando al interior del reducto, ocupándose todo detalle de revisar las instalaciones y muebles encontrados en las casuchas abandonadas.

Nadie se preocupaba de explorar o reconocer los alrededores; fuera de la patrulla que avanzó en persecución de los nuestros, ninguna otra fracción fue encomendada para informarse de lo que había en las proximidades.”

“Cuando nos dimos cuenta, una multitud abigarrada se había congregado en la placita, atronando con sus cantos, vítores y hurras, lanzando al mismo tiempo centenares de gorras por el aire en señal de júbilo por el grande y fácil triunfo alcanzado”.

“Mientras tanto, de nuestro lado la expectativa era enorme. Cada soldado, cada tirador, embelesado y perplejo ante semejante cuadro, no atinaba a fijar su puntería sobre un determinado blanco, buscando la ventaja de hacerlo sobre el grupo más denso y numeroso y que se presentaba propicio en el centro, cerca de la bandera, donde la multitud enardecida vivaba a la patria y a sus líderes”.

“Los servidores de nuestros seis fusiles ametralladoras emplazados convenientemente y con los cargadores bien repletos, esperaban tranquilos la voz de mando para arrojar una lluvia de acero sobre aquel racimo humano despreocupado e inconsciente del peligro que le acechaba. Algunos hombres, más impacientes, me incitaban para que disparase el tiro de aviso.. “Ahora, mi teniente”, me decían a media voz, cuando algún núcleo se presentaba en forma muy favorable para la siega; pero yo no me decidía a hacerlo temiendo que podía llegar más gente todavía, como estaba ocurriendo minuto a minuto; pero llegó un momento que no fue posible resistir la tentación de romper el fuego.

Un trío de jefes a caballo venían apareciendo por el lado de Yucra, cuya presencia fue saludada con grandes ovaciones, dando la impresión de que se trataba de personalidades representativas. Entonces.... di la señal convenida para romper el fuego.”
Tras el primer disparo vino una estruendosa explosión. Todos los fusiles ametralladora y todas los fusiles abrieron fuego simultáneamente. Aquello fue un tableteo infernal. El efecto que pueden imaginároslo, no hace falta describirlo. Sólo me basta decir que nunca he visto un cuadro semejante; es como si hubiera soplado un ciclón. Los que podían arrastrarse trataban de ganar las paredes macizas de los edificios y los que se hallaban imposibilitados de hacerlo se resignaban pidiendo clemencia a sus victimarios; los que lograron escaparse de la hecatombe, se apresuraron a ganar los montes en desesperada huida..."
"En una palabra, la sorpresa fue total, sembrando la muerte y el pánico en sus filas. Inclusive el mismo comandante Aguirre, había caído víctima de la emboscada juntamente con varios de sus oficiales... Poco después, una información de mi ala izquierda denunciaba la aparición de una fracción enemiga que había quedado afuera, por el flanco izquierdo, con la posible intención de cortar nuestras comunicaciones por ese lado... Creyendo haber cumplido con la misión y ante la aparición del nuevo peligro que podía creamos una situación incómoda, optamos por la retirada, aprovechando para el efecto el pique oculto que más adelante se confunde con el "pique Carayá", por donde nos encaminamos hasta el fortín de Isla-Poi, llevando a cuestas todos los materiales confiados a nuestro cargo".

Por su parte, el autor de la trampa preparada, entre otras referencias, relata lo siguiente: "Fue aquel 31 de julio, en que un poderoso destacamento al mando del Tcnl. Aguirre, avanzaba en pleno día sobre Boquerón bajo el amparo de una escuadrilla de aviones y precedido por una cortina de fuego de artillería, ostentando un excesivo poderío bélico capaz de impresionar al defensor más precavido"... (Pág. 133 de la obra antes citada).
El libro del oficial paraguayo Heriberto Florentin contiene además esta crítica:

"Después de escuchar la cruda descripción del actor principal y jefe de la defensa de Boquerón en la acción del 31 de julio, haremos una ligera crítica... Indudablemente que la maniobra defensiva de Boquerón, desarrollada tan hábilmente en su fase inicial, no fue completada. Faltaba el remache final para recoger el fruto material de tantos esfuerzos desplegados en su organización, que podría ser en este caso la captura de prisioneros y materiales diversos; para eso hubiera bastado la salida de una sola de las secciones en línea... En síntesis, la ingeniosa trampa funcionó bien, pero no fue aprovechada para explotar el éxito, perdiéndose así una hermosa oportunidad de completar el aniquilamiento del enemigo, pues aparte de los trofeos apreciables que se hubiera tomado, se hubiera conseguido el desalojo total del fortín, por lo menos por algún tiempo y hasta la reaparición de nuevos refuerzos. Sin embargo, este golpe audaz y sorpresivo ha servido como una advertencia a los bolivianos, de que la irrupción al río Paraguay no sería un paseo militar como muchos creían, obligándoles a frenar su impetuoso avance sobre el eje Boquerón-Isla Poi, que había empezado con la conquista del primero de estos fortines".
Tal fue la emboscada de Boquerón, que motivó el primer desconcierto del enemigo y dio origen a una instrucción particular del Alto Comando Boliviano; el generalísimo de aquel ejército recomendaba cautela a sus tropas en los primeros días de la campaña del Chaco en estos términos: “Deben tener especial cuidado de no caer en celadas de las que el enemigo está habituado a preparar. Tenemos la dolorosa experiencia del ataque a Boquerón el 31 de julio, en que una trampa hábilmente preparada por los defensores nos costó muchas bajas, aunque el resultado final fuera favorable para nuestras armas”.

Necesario es reconocer que ambos adversarios, bolivianos y paraguayos, no tuvimos muchas veces el acierto de actuar en el sentido de explotar hasta el final -pase lo que pase- el fruto de nuestros preparativos para una acción de armas A. ó B. De mi parte, en lo que concierne a la acción de armas en la madrugada del 31 de julio en Boquerón, puedo afirmar, naturalmente sin ninguna pretensión de infalibilidad, que de no haber habido el caso de la trampa preparada por los paraguayos, no hubiera tenido aplicación si se empleaban en el asalto al citado fortín. las previsiones que debían haberse adoptado si teníamos el propósito de aplicar nuestros métodos. En efecto, desde un comienzo y como lo demuestra el hecho de haber dispuesto con antelación patrullajes y reconocimiento intensos y a fondo, con gente seleccionada y audaz, la ubicación de puestos de vigilancia del enemigo, exploración y reconocimiento de los caminos y sendas de retirada. Y, con todos estos cálculos profundamente meditados, teníamos la intención de presentarnos en silencio, en la noche, y sorprender a la tropa en medio sueño y en lo posible sin tener que disparar un solo cartucho. Tal vez de esta manera hubiéramos tenido que lamentar pérdidas de ningún lado, puesto que estudiábamos cuidadosamente con todos los oficiales y con patrulladores que conocían palmo a palmo el fortín que debíamos capturar, cerrándole al enemigo sus válvulas de escape por todos los medios posibles, llegando a la conclusión de que ese era el camino más eficaz y menos peligroso para nuestras fuerzas.

Acaso, también, en este caso habría sido innecesario emplear nuestra aviación y tal vez ni la propia artillería, que dicho sea de paso, nada tenían que hacer en una acción de escasa significación en que intervinieron 300 soldados bolivianos contra 120 paraguayos, con el sólo resultado de advertirles a éstos con la ostentación de un aparatoso bombardeo y con el cual no se consiguió nada efectivo.

Ahora bien, si la operación que habíamos planeado, madurada con el mayor celo y esmero, pudiera parecerle a alguien una fantasía, me remito en su caso a la Historia de la Guerra del Chaco, en la cual se han contemplado hechos más o menos análogos, increíbles y sorprendentes a veces, en los diferentes encuentros de bolivianos y paraguayos. 

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