TESTIMONIO DE ELISA PETRONA ALCÓN QUISPE, DETENCIONES Y TORTURAS DE SUS FAMILIARES DURANTE LA DICTADURA DE HUGO BANZER

Fuente: Fuente: Libres!: testimonio de mujeres víctimas de las dictaduras. - Escrito por: Carmen Murillo del Castillo, Lourdes Koya Cuenca, Miriam Rodríguez Sánchez. - Plural editores, 2010.

El presente testimonio es un hecho histórico sobre los acontecimientos políticos que se dieron en los años 70, bajo el gobierno dictatorial del Coronel Hugo Banzer Suarez.
Mi nombre es Elisa Petrona Alcón Quispe. Somos cinco hermanos, tres varones y dos mujeres. Soy la penúltima de mis hermanos. Pertenezco a una familia aymara. Nací en las orillas del Lago Titicaca, soy originaria aymara, es decir Kolla.
Mis hermanos mayores, desde su juventud, eran comprometidos políticamente con nuestro pueblo postergado atrasado, dependiente. Siendo un país tan rico con sus recursos naturales, Bolivia –desde hace más de quinientos años- solo vivía de la limosna externa. Esa limosna nunca llegada al conjunto de su población, sino, solo a un grupo de elites que eran dueños y amos del país. Actualmente esta situación no ha cambiado. Esa es la razón que los empujo a incorporarse a la militancia política: cambiar nuestro país. Para entonces parecía importante que hubiera partidos políticos de izquierda  como alternativa de solución, frente a la carencia de una política de Estado,  favor de los sectores sociales y empobrecidos, desprotegidos y discriminados del país. Mis hermanos llegaron a ser dirigentes nacionales de un partido de izquierda.
Cabe aclarar que no fui militante de ningún partido político en ese entonces por mi edad. Sin embargo, el 17 de noviembre de 1972 fui detenida injustamente por razones políticas de vínculo familiar. Fue una noche de terror y horror: aproximadamente a eso de la una a dos de la mañana, cuando la familia Alcón Quispe y López Mamani, descansábamos en nuestros lechos –como todo ser humano. Ingresaron 6 agentes del Ministerio del Interior del régimen militar, El ingreso a nuestras habitaciones fue muy agresivo, es decir, a patada limpia  y golpes, incluso utilizando palabras de alto calibre. Entre otras cosas gritaban “¡a vestirse carajos mierdas!” “¿Dónde están las armas de juego?”. Recogieron todos los libros que existían en casa, libros de colegio, universidad, casi todos eran de mi hermano Cecilio, documentos personales de toda la familia, todas las fotos de la familia, dinero en efectivo que estábamos guardando para nuestro anticrético; en ese entonces vivíamos en casa alquilada. Además se llevaron todas las frazadas, ropa de mis padres y de mis hermanos, una multicopiadora, dos radios.
Mi hermana mayor tenía un niño de aproximadamente 5 mese, Carlos Vladimir López. Mi hermano menor, Edgar, se quedó solo en casa después de nuestra detención, ya que mis padres no se encontraban en la ciudad de La Paz. Para nosotras era una preocupación muy grande no saber qué iba a ocurrir con mi hermano menor, su alimentación, la escuela, porque mis padres no iban a regresar pronto.
Después de haber buscado cada rincón de las habitaciones nos sacaron de la casa a patadas. En la puerta nos esperaban varias movilidades del Ministerio del Interior. Mi hermana María Salome y su pequeño hijo, su marido –Vicente López Mamani- y yo fuimos detenidos y trasladados al Ministerio del Interior. Desconocíamos el lugar de detención de mi cuñado. Una vez en el ministerio del Interior, nos introdujeron en una habitación muy pequeña, de aproximadamente dos por dos metros, donde permanentemente éramos torturadas psicológicamente. Para poder dormir teníamos una payasa como colchón. No recuerdo exactamente, pero creo que nos quedamos ahí por lapso de quince a veinte días.
Nos sacaban del cuarto para torturarnos psicológica y físicamente. Querían declaraciones incriminatorias sobre mi misma y mis familiares. Todo esto  sucedía en las madrugadas y por las noches; en el día no había ningún movimiento para aparentar que no había detenidos de ninguna clase. Nos trasladaron por la noche al DOP, que funcionaba en la calle Comercio –actualmente es anexo del Congreso Nacional. En la celda encontraban varias mujeres. Entre las que recuerdo, están la Sra. Loyola Guzmán y su bebe de meses, Delfina Burgoa, Graciela Aguilera, Rosalgela Choque. La persona del Ministerio del Interior que nos cuidaba como agente, fue la Sra. Martha, cuyo seudónimo era Fernando: ella vestía de varón. Ahí me quede unos 15 días aproximadamente, quizás menos o más, no recuerdo exactamente.
A Graciela Aguilera, Rosangela Choque y mi persona –menores de edad- nos trasladaron siempre en la noche, con rumbo desconocido. Posteriormente supimos que estábamos detenidas en la localidad de Achocalla, donde se encontraban varias mujeres, y también menores de edad. Desconocíamos la suerte que íbamos a tener en ese lugar y cual era nuestro destino. A una hora de llegar a una casa vieja de piedra –donde había cuatro celdas- cada una de nosotras fue llevada a diferentes celdas. A mí me tocó la celda del rincón, es decir la celda número 4. La mayoría de mis compañeras de celda eran mujeres mayores. No recuerdo que me preguntaron en el momento de ingreso; lo que recuerdo que es muy poco. Me acosté al lado de una joven morena, de unos 22 años, que se hizo mi amiga, María Portugal. Algunos nombres de las demás personas detenidas de mi celda son, Olga Valverde de Torrico, Clara Torrico, Vicenta Guzmán, Sonia Flores –Embarazada de unos 7 meses-, Dora Camacho, Magali Camacho, Consuelo quitón, Dra. Bertha Porcel, Teresa Muñoz. Bueno, no recuerdo más nombres, pero había varias personas más en las otras celdas. Al final todas eran compañeras y amigas de infortunio.
Con mis compañeras compartí todas las vivencias de encarcelamiento. Si no hubieran sido ellas, la depresión y la angustia hubieran acabado con mi vida. Ellas me protegían de todo lo malo que podía ocurrir. Era un lugar muy alejado de la ciudad, un campo de concentración; no había luz, ni agua, o sea estaba sin servicios básicos, así que por las noches nos tocaba estar con vela gracias a parientes de algunas compañeras que venían a visitar los días domingos por la tarde y nos las traían. Yo nunca tuve visitas –toda mi familia estaba detenida- por lo que no podía aportar con nada. Las compañeras de celda me cooperaron con varias cosas: no tenía siquiera ropa para cambiarme, menos para el aseo. El aseo y nuestras necesidades eran a la intemperie, los agentes nos controlaban observando con larga vistas, seguramente pensaban que íbamos escapar. Además nuestro aseo personal era  por celda, en un estanque de agua.
Recuerdo muy bien el nombre de un agente llamado Guillermo al que le decían Flaco; era agente del Ministerio del Interior, encargado de controlarnos y vigilarnos en la casa de piedra. Había otros más, pero no recuerdo sus nombres. Recuerdo la noche del Año Nuevo de 1973: los agentes nos sacaron al patio y a algunas mujeres nos obligaron a bailar con ellos.
En el día leíamos revistas, periódicos pasados que llegaban por casualidad porque era prohibido que ingresaran periódicos, radios y libros. No teníamos derecho de informarnos de nada en absoluto estábamos totalmente aisladas del mundo exterior. Así pase varios meses, detenida, sin razón, en la cárcel de Achocalla. Una semana antes de mi liberación –o tal vez fue más, no recuerdo la fecha exacta- salió en libertad la Sra. Clara Torrico, quien me regalo dinero pues ya se sabía que nos iban a liberar. El día que me liberaban me llevaron a Chonchocoro, de donde recogieron a una persona de sexo masculino, y nos trasladaron al Ministerio del Interior. Ahí me entreviste con el Ministro, no recuerdo el nombre. Ese perro me intimido; me dijo que me iba a hacer seguimiento, que estaba impedida de verme con la gente de Achocalla, que me prohibía estudiar y que me dedicase solo a trabajar.
Me liberaron aproximadamente a las dos de la madrugada. Mis padres se habían trasladado a otra casa. No sabía dónde encontrarlos, así que fui a casa de la compañera Clara Torrico, en la zona de Miraflores, al lado del Mercado Haití. Para mí todo ese tiempo fue un tormento. Me afecto mucho psicológicamente: tenía mucho miedo de contar mi experiencia a mis amigas y familiares. Con este testimonio quiero pedir, que mi experiencia no se repita con nadie para nuestro país, Bolivia.

Por otra parte, antes de nuestra detención también fui detenido mi hermano Cecilio, que fue detenido y torturado salvajemente. También fue llevado al Ministerio del Interior. Esto lo supe recién cuando Salí en libertad. El había estado incomunicado por varios meses. Según mi hermano y mis padres, lo torturaban y golpeaban todas las noches, esposado –como un delincuente común- con los brazos atrás. Le incrustaban alfileres en cada una de las manos; el lugar donde dormía era la vez su baño y su comedor. En el día lo torturaban a veces en la oficina del coronel Loayza. Otras veces en la oficina de Benavides. Después de varios meses fue trasladado a la DOP (Departamento De Orden Publico) y depositado en una celda de incomunicados.
Después de varios meses fue trasladado, junto a otros 40 a 50 presos políticos, a Chonchocoro, en ese entonces una hacienda abandonada, y actualmente cárcel San Pedro de Chonchocoro. En ese lapso de tiempo todos los detenidos se dedicaron a elaborar adobes y acopio de piedras. Mi hermano –después de aproximadamente un año de detención en Chonchocoro- fue trasladado al Panóptico de San Pedro, donde estuvo detenido hasta el 17 de diciembre de 1975; fue exiliado a Francia. Es decir que mi hermano estuvo detenido durante 3 años y varios meses.
Mi otro hermano, Víctor Hugo, también fue detenido en la localidad de Desaguadero y luego trasladado a la localidad de Puno en el Perú, donde –según el- permaneció varios meses. Posteriormente fue trasladado a Lima, donde estuvo preso por varios meses. Como en Chile Allende había asumido el gobierno, fue liberado en la frontera entre Chile y Perú. Pero una vez instalado el gobierno de Pinochet fue nuevamente detenido y llevado junto a varios compañeros bolivianos, peruanos, brasileños y de otros países, al Estadio Nacional. Posteriormente fue exiliado a Francia.
Después de ser liberada no alcance a inscribirme en el colegio el año 1973. Regrese al colegio recién el año 1974. Al mismo tiempo tenía que trabajar para mi propio sustento. Logre salir bachiller en humanidades el año 1977. El mismo año, el dictador Hugo Banzer, dio la amnistía parcial para los exiliados políticos que se encontraban en el exterior. Mis hermanos no fueron beneficiados, por ser “peligrosos rojos extremistas” “un peligro para el país”, según el gobierno de entonces.
Después de mi bachillerato, continúe trabajando en el sector privado como empleada, porque no tenía suficiente apoyo económico de mis padres. Ellos tampoco tenían trabajo. Para la sobrevivencia de la familia mis padres se dedicaban al pequeño comercio informal. También teníamos algo de ganado en el campo para nuestro sustento.
Después de seis años ingrese a la carrera de Trabajo Social de la UMSA, donde me incorpore a la vida política, es decir, al Partido Político MBL, del cual había sido simpatizante por varios años. Más tarde fui simpatizante del MSM. Consideraba que esos dos partidos políticos o movimientos políticos eran totalmente de izquierda, que se identificaban con su pueblo, con su gente. Pero en la actualidad me doy cuenta que estaba muy equivocada: el pueblo no quiere saber nada de ningún partido político. Los pueblos aimara quechua y guaraní, se dan cuanta perfectamente de que son los partidos políticos, cuáles  son sus objetivos finales y además se dan cuenta de que son organizaciones corruptas y mafiosas.

Elisa Petrona Alcón Quispe.
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