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CAPTURA DE SOLDADOS BOLIVIANOS DEBIDO A LA SED, HAMBRE O AGOTAMIENTO

Por: Airton Laureano Chambi Ocaña  // Foto: Soldados bolivianos capturados.1934 (Foto de ullstein bild / ullstein bild a través de Getty Images) 

Los elementos naturales como el calor, la deshidratación, el hambre entre otros aspectos, unidos a la fatiga y agotamiento del cuerpo humano del soldado en campaña, hacían que grupos aislados de soldados bolivianos cayesen prisioneros o vieran afectas en gran medida su fuerza física y moral, al punto de que ya no tuviesen las fuerzas o la entereza de seguir combatiendo y fuesen capturados. Es de esta manera que tanto la sed, el hambre y el agotamiento físico fueron los que motivaron a que varios soldados bolivianos cayesen o fuesen hallados para ser capturados. Ello sucedió durante toda la campaña, en distintos lugares; asimismo, cuando sucedían los grandes combates, choque de patrullas, grandes ofensivas o el intento de romper los cercos del enemigo, varios grupos de soldados se internaban en el monte chaqueño con la esperanza de evitar la captura. Más allí eran presas de la sed y el hambre, que los torturaban, se les sumaban la fatiga, el cansancio y la insolación, terribles aliadas de la sed, que obligaban a varios soldados a caer prisioneros. Eso ocurrió con el ex prisionero de guerra: Nicolás Montaño, efectivo del regimiento 34 de infantería, quien fue capturado en el cerco de Campo Vía. Su testimonio refleja la realidad vivida por varios soldados bolivianos que fueron tomados prisioneros en dicha batalla: “En Campo Vía, nos estábamos escapando cada quien por su cuenta, yo estaba cansado, tenía mucha sed, entre cinco nos bebimos los orines pero eso no ayudó, el sol nos lastimaba, así cansados como estábamos nos encontraron los paraguayos y así nomás nos han llevado.”(Montaño, 2014). El soldado Luciano Ojeda recuerda:
Yo he caído prisionero en Campo Via; día antes de mi cumpleaños, tenía abarcas y un espino de un tronco se me incrusto en las planta del pie y no podía caminar, andaba cojo, no podía pisar, entonces allí me encontré con un hermano que es esposo de mi hermana y me dijo: ¡Tú vienes con nosotros! Yo le dije: ¡No puedo ir con ustedes! mira tengo un pie herido y no puedo pisar, me quedo; que te vaya bien (…) así me he quedado; me han capturado cuando encontré una pequeña hoyada, con un estancamiento de agua; alli estaba llenando mi caramañola de agua; allí fue que me capturaron. No me golpearon ni nada; solo me amenazaron con el fusil. Algunos paraguayos son buenos, algunos paraguayos son malos.” (Ojeda Rodriguez, 2005).
Situación también vivida por el Sargento Bravo y sus camaradas durante el intento de evasión de campo Vía: “Estábamos un oficial y varios soldados, que caminábamos buscando una salida (del cerco) estábamos fatigados de sed, hambre y fatiga, cuando nos capturaron, no podíamos pelear.” (Especial, 1935, pág. 8)
Hecho similar fue lo sucedido con el cabo Tomas Lima del regimiento 15 de infantería, quien tras intentar romper el cerco de Boquerón en septiembre de 1932, debe replegarse con sus camaradas hacia Arce, es en este recorrido que relata: 
Nos metimos en el bosque (…) Nos moríamos lentamente de inquietud, de hambre y sobre todo de sed ¡Dios mío que sed! ¡qué sed que nos volvía locos! Así estuvimos cuatro días, y así nos encontraron los pilas estábamos prisioneros: un soldado Alberto Salazar del 2° Batallón, otro del regimiento “Pérez” y un tal Mamani de la 3° compañía y yo, éramos cuatro. Los paraguayos nos sacaron a culatazos a Isla Poy” (Costas, 1933, pág. 10)
De la misma forma se narra la experiencia de otros cautivos que fueron tomados prisioneros, debido a la fatiga, el hambre y el desfallecimiento general que existía entre ellos, así como el hecho de no poder controlar la situación en la cual se hallaban, adimentando a ello, el hecho de la constante incitación e intimidación para que estas fracciones supervivientes del cerco se rindan ante las tropas paraguayas; debido a estos factores; es en estas circunstancias que son capturados. En el transcurso de una evasión del sector donde estaban cercados, varios soldados bolivianos se hallaban en una estado exánime, algunos estaban heridos, otros enfermos o agotados físicamente, varios se hallaban desorientados o confundidos sobre su realidad, todo ello durante el periodo previo a su captura. Este conjunto de emociones y aspectos fue un factor importante para su captura en manos de los paraguayos. Un testimonio de ello pertenece al soldado Leonardo Camargo del regimiento “Padilla” 35° de infantería, quien con sus camaradas cuidaban la munición en el camino Yucra – Castillo en septiembre de 1932. Sobre su captura indica: “…llegaron los pilas y mataron a dos, yo y mi camarada huimos al monte, allí nos extraviamos, buscábamos salir a Yucra, la sed era terrible y nos sentimos fatigados, fue así como nos encontraron los paraguayos y nos capturaron.”(El Diario, 1933, pág. 8). Por su parte, el artillero Nicanor Velarde, sobre su captura durante su evasión del cerco del Carmen en1934, dice: “…Como todos nos encontrábamos cansados nos pusimos a quedar dormidos, yo llegué a despertarme al amanecer al oír la voz del mayor Baldibia que decía: “no disparen”. Al abrir mis ojos encontré frente a mí a un soldado pila que me pareció un gigante.” (Velarde, 1976, pág. 97).
Asimismo el semanario “La Linterna” recaba notas de otros medios impresos con testimonios y situaciones de los prisioneros bolivianos, entre ellos esta una redacción del periódico paraguayo “El Orden” en donde se escribe la realidad de algunos de los cautivos del año 1932, entre está el testimonio del Capitán Benjamín Rodríguez del regimiento “Padilla” 35 de infantería, en referencia a su captura relata:
Nosotros también recibimos intimidación a rendirnos, con la defección de las fuerzas de Arias que constituían el destacamento de la primera línea de defensa de Yucra, se les hizo fácil a los paraguayos caer sobre nuestras tropas, pues se hallaban en el camino” (Contreras, Las Ultimas Incidencias del Chaco a travez del Paraguay, 1932, pág. 8)
En su obra: “Testimonio Personal, Epopeya Beniana en la Guerra del Chaco” publicado en la revista Fuentes N° 44 el entonces soldado Julio Cesar Parada Callaú relata su experiencia en la campaña del Chaco, como componente del regimiento “Padilla” 35 de infantería, su captura aconteció el 11 de diciembre de 1932, durante el cerco de Campo Vía, sobre este hecho el soldado Parada rememora:
con unos cuantos compañeros nos acercamos al sitio de donde provenían las voces intimándonos rendición, recibimos agua que nos alcanzaban en sus propios jarros y de sus caramañolas. Parecía que estaban conmovidos de nuestra situación. Luego nos condujeron a un lugar donde se encontraban los demás camaradas prisioneros, ¡miles de prisioneros! Esto ocurrió el 11 de diciembre de 1933.” (Parada Callau, 2016, pág. 61)
Asimismo el soldado Martin Mamani, del regimiento 14 de infantería recuerda:
“… el soldado Martin Mamani que formo en las filas del legendario 14 de infantería, combatió en el heroico fortín Boquerón, (…) cuando ya no podíamos ni levantar el fusil vimos como se entraban los enemigos y desfallecidos como estábamos nos tomaron, alegrándose como si fueran vencedores (…) conducidos con los ojos vendados hasta Isla Poi nos hicieron continuar hasta Puerto Casado y luego a Asunción.” (Cespedes, Martin Mamani fugó del cautiverio tras horribles tormentos, 1933, pág. 2)
Estos testimonios hacen hincapié en la realidad de las tropas bolivianas al momento de ser capturadas. Algunos soldados serían tomados prisioneros por el cansancio y fatiga, otros por la sed y el hambre, pocos por el encuentro sorpresivo con las tropas paraguayas, los más por la desorientación o confusión que generaba los grandes movimientos, así como de un mando concreto en los comandos bolivianos, quienes o habían sido capturados o eran ajenos a la realidad de los soldados que se hallaban en situación de captura. Todo ello fue relevante para la captura de estas tropas bolivianas. Todas estas capturas se realizaron debido al desfallecimiento general que se da en la tropa combatiente; alegándose de esta manera la situación deplorable en la que estaban varios soldados bolivianos antes, durante y después de un combate. Debido a este estado desfalleciendo, la mala alimentación, la deshidratación en la que se encontraban, así como las heridas leves o graves que recibían durante el transcurso de la misma acción bélica, se consolidó que los soldados bolivianos sufriesen todo ello en el Chaco. Así, elementos que parecen insignificantes en un principio, algo de sed, un poco de hambre, una duda en el camino a seguir, entre otros, fueron ascendiendo en importancia a medida que pasaba el tiempo y se realizaban las acciones bélicas que posteriormente tendrían como repercusión su captura y posterior situación como prisioneros de guerra por un tiempo indefinido. 

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