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AL EPÍLOGO DE LA GUERRA DEL CHACO, EL EJÉRCITO PARAGUAYO INVENTA “LA BATALLA DE INGAVI” Y AL DEVELARSE SU FALSEDAD, EL PRESIDENTE ARGENTINO SE VE OBLIGADO A DETENER LA GUERRA.

 


El 8 de junio de 1935, el general Estigarribia, con el propósito de desmoralizar a la delegación diplomática boliviana y de este modo forzarla a firmar la paz bajo exigencias paraguayas, difundió por medio de la prensa dos comunicados sobre los resultados de un combate aislado sucedido en Pozo del Tigre, situado en la región de Ingavi (antiguo hábitat de la etnia de Los Zamucos, citada en la cédula real del 17 de diciembre de 1743 como perteneciente a la Real Audiencia de Charcas), el que lo magnificó como si fuese una batalla. Los únicos que le creyeron fueron su pueblo y gobierno, porque el de Bolivia lo desmintió categóricamente. Estos son los comunicados paraguayos transcritos en el libro VILLAMONTES segundo tomo, página 497:
“En el sector Ingavi destruimos totalmente a la Sexta División del Tercer Cuerpo de Ejército boliviano, capturando prisioneros a su comandante el coronel Julio Bretel, el Comandante del Regimiento Florida mayor Marcial Menacho Paz, el Comandante del Regimiento Ballivián mayor Humberto Vibanco, chileno, 20 oficiales, centenares de soldados sobrevivientes, todo el material de guerra de dicha unidad. General Estigarribia”.
“Parte abierto. Hasta este momento hemos capturado 1.120 prisioneros entre los cuales, el Tte. Arturo Sainz Ballivián, Comandante del Escuadrón Divisionario, los Ttes., Luis Mealla y Raúl Cuellar, Comandantes del 1ro. y 2do. Batallones del Rgto. Florida 14 de Inf., el Tte. Coca Hacha y el Subtte. Jorge Puchar, Cmte. Del I y III Grupos de escuadrones del Rgto. Ballivián 2do. De Cab. Y 14 oficiales más. En el campo de acción hemos constatado 350 muertos bolivianos entre ellos el Fiscal militar del III CE boliviano, Cap. Dr. A Trigo. Hemos tomado cinco morteros, 65 armas automáticas, 1.300 fusiles, 60 000 cartuchos de infantería, 1.000 granadas para morteros SB, 10 camiones y toda la intendencia y Sanidad Divisionaria. Continúan presentándose grupos dispersos y prosigue la recolección de material bélico. Fdo. General Estigarribia”.
La prensa argentina, como en anteriores ocasiones, amplificó la falsedad de este hecho aislado, con titulares como: “La Sexta División boliviana fue “destrozada totalmente”.
Cuando en realidad, las bajas reales de la Sexta División bolivianas fueron muchísimo menores: 167 bolivianos entre oficiales, suboficiales, clases y soldados capturados; los muertos fueron 124 soldados y un oficial; heridos 106. El Destacamento paraguayo Cazal no logró capturar a la unidad cercada – Regimiento Florida – que rompiendo el cerco se abrió paso al norte.
Por otro lado, en ninguna bibliografía se lee las bajas que en este combate sufrió el Destacamento Cazal, no obstante que pasada la guerra, el comandante de este destacamento escribió su testimonio titulado LA BATALLA DE INGAVI. Las bajas han debido ser elevadas y por eso, la ocultaron. En pasadas batallas y combates, era costumbre paraguaya minimizar sus bajas e inflar las de su adversario.
El comandante invasor, aprovechando el triunfo de este combate elevó sus resultados incrementándolos un cero. En este caso, lo hizo con un propósito específico: el de obligar a Bolivia a suscribir la conclusión de la guerra; pero, bajo imposiciones paraguayas.
¿Y cuáles eran dichas imposiciones?
Que la línea demarcatoria de límites en el Tratado de Paz definitivo entre ambos países se la debía trazar siguiendo las últimas posiciones alcanzadas por ambos ejércitos.
Con el combate de Pozo del Tigre y de derecha a izquierda, las posiciones paraguayas seguían el curso de: Ravelo – 27 de Noviembre - Boyuibe – Villamontes.
Sin embargo, el canciller boliviano Tomas Elio que presidía en Buenos Aires la comisión para la deliberación de los términos que debía acordarse para suscribir el Protocolo de Alto al Fuego, no se dejó embaucar por los apoteósicos titulares que publicaba la prensa argentina y el mismo 8 de junio sábado y décimo día de las deliberaciones, le escribió al Presidente Tejada Sorzano, este párrafo que se lee en la página 465 del libro Masamaclay:
“He declarado que discusión debe continuar sobre pliego mediados que Vuestra Excelencia conoce” ... Fórmula final será enviada íntegramente para decisión Vuestra Excelencia. Seguimos esforzándonos por mejorar condiciones. Tenemos absoluta libertad para aceptar o rechazar. No advierto ni siento presiones extrañas”.
En reunión privada, la delegación diplomática boliviana en la que estuvieron presentes dos militares, llegó a la conclusión que debía aceptarse la fórmula propuesta por el grupo mediador expresada a través del canciller argentino. Esta propuesta consistía en que no se procediese a la desmovilización de las tropas, ni cesase completamente el estado de guerra, mientras no se resolviese el problema territorial por acuerdo directo o, en su defecto, no se concertasen los términos a través de un arbitraje de derecho.
¿Qué significaba la frase “arbitraje de derecho"?
Que la conquista de territorio por la vía de las armas, no surte efecto legal y `por tanto no sería reconocida por la comunidad internacional.
Con esto, el Paraguay y la Argentina y también Chile, probarían el sabor de su propia medicina, pues, esta invocación al derecho fue ideada por estos tres países, mediatizada a través de la aparatosa propaganda periodística, para frenar el avance victorioso que el mini Ejército de Bolivia de unos tres mil hombres, venía logrando con la conquista de los tres fortines paraguayos (Corrales, Toledo y Boquerón), en la última semana de julio de 1932.
Ante el temor que tan escasas fuerzas bolivianas llegaran al Río Paraguay, rápidamente, los gobiernos de esos tres países movilizaron sus influencias diplomáticas y lograron convencer a todos los países americanos, sobre la supuesta invasión del “todo poderoso ejército boliviano” a un “país indefenso para apoderarse de su territorio”. Así, 16 países americanos, convencidos de los falaces argumentos urdidos por Argentina, Chile y Perú, suscribieron la denominada DOCTRINA DEL 2 DE AGOSTO” y de paso, estos últimos tres gobiernos, amenazaron militarmente al nuestro, en caso de negarse a cumplir este acuerdo que consistía en ordenar el repliegue del ejército boliviano, hasta las posiciones que tenía en el mes de junio. Con tales amenazas militar y diplomáticas, el Presidente Salamanca se vio obligado a despachar un radiograma, ordenando que todo el ejército dejara de movilizarse. Este freno le permitió a la Argentina despachar rápidamente desde sus cuarteles, armamento y material bélico, para equipar a la movilización militar paraguaya que una vez listo, atacó el 9 de septiembre de 1932, dando inicio a la batalla de Boqueron, donde fue diezmado por tan escasas fuerzas que se defendían en este fortín, apoyados en su retaguardia por el Destacamento Peñaranda..
Todo esto comenzó a desenvolverse entre finales de julio a principios de agosto de 1932. Ahora, en julio de 1935, Bolivia invocaba esta misma fórmula (la conquista de territorio por la vía de las armas no surte efecto legal), para obligar al gobierno paraguayo hacer replegar a su ejército, como condición para la suscripción del Protocolo de Alto al Fuego, que urgentemente precisaba el Paraguay, en vista que, a estas alturas carecía ya de hombres y medios como para continuar combatiendo; en la zona de combate, solamente disponía de 12.500 hombres y el ejército boliviano, de 57.500.
En Buenos Aires, cansados de tantísimas deliberaciones, más de veinte delegados de seis países mediadores aguardaban ansiosos el desenlace final para retornar a sus respectivos países.
EL PRESIDENTE ARGENTINO ORDENA HACER EL ALTO AL FUEGO.
(Las citas entrecomilladas son transcripciones del libro titulado LA PAZ DEL CHACO, UNA DECISIÓN POLÍTICA).
El 11 de junio de 1935, la delegación paraguaya pidió reabrir las negociaciones como consecuencia de la nueva situación militar creada por la supuesta victoria lograda en Ingavi que el general Estigarribia lo elevó a la categoría de batalla y que la prensa oral y escrita argentinas le dieron visos de dramatismo para Bolivia.
El canciller boliviano Tomas Elio respondió que no aceptaba ninguna reapertura y que no admitiría ninguna revisión a los términos condicionantes para la suscripción del Protocolo.
“Cerca de la media noche de este día, el Canciller argentino le dijo a Elio que el Presidente Justo deseaba hablar con él”.
“El general Pedro Justo le preguntó: ¿en qué dificultades está Ud. señor ministro?”
Respuesta de Tomas Elio:
“Por mi parte en ningún señor presidente. Esta noche acudí al salón de los Mediadores para anunciarles estar autorizado por mi gobierno para firmar el Convenio que Ud. conoce y me informaron que el Canciller del Paraguay ha pedido se reabran negociaciones para exponer nuevos puntos de vista como resultado de lo que él llama “la victoria de Ingavi”, que así se denominada un fortín boliviano que según informaciones de prensa ha sido capturado por el ejército paraguayo; por mi parte me he negado a esta reapertura lo que confirmo a Vuestra Excelencia de tal modo que si el Tratado no se firma hoy o mañana a más tardar, pediré a Vuestra Excelencia su venia para retirarme a mi país, dando por terminadas las negociaciones. Vuestra Excelencia, como militar profesional se da cuenta de que en la toma de un fortín es apenas un accidente de la guerra que dura hace tres años y en un territorio tan extenso como el que le sirve de escenario” …
Respuesta de Pedro Justo: “Veo que la razón está de su parte y me reforzaré que la negociación ya concluida, no fracase”.
Después de esta conversación telefónica, el presidente argentino se comunicó con su par paraguayo y éste fue persuadido para ordenar la firma de la paz esa misma noche. En seguida, los dos delegados paraguayos – el Canciller Riart y Rivarola – recibieron las instrucciones del presidente Ayala. La firme respuesta dada al presidente argentino por el boliviano surtió efecto. El camino obstaculizado por la Argentina estaba llano. Se firmaría el protocolo de cesación de las hostilidades.
“Los cancilleres de ambos países firmaron el proyecto de protocolo con las siguientes estipulaciones:
1.- Cesación de las hostilidades sobre la base de las posiciones alcanzadas por uno y otro ejército.
2.- Desmovilización en un plazo de 90 días.
3.- Una comisión militar neutral controlaría la ejecución de ambos puntos.
4.- La cuestión de fondo se discutiría en una conferencia que sería convocada por el presidente argentino y que duraría hasta que se llegase a un acuerdo directo o se suscribiese un compromiso de arbitraje para ser dilucidado por la Corte Permanente de Justicia Internacional de La Haya”.
ASÍ SE RESOLVIÓ DETENER LA SANGRÍA QUE MAYORMENTE FLUÍA DEL EJÉRCITO PARAGUAYO: POR TELÉFONO.
Y POR DECISIÓN DE UN MILITAR ARGENTINO CONVERTIDO EN PRESIDENTE DE SU PAÍS Y QUE SE AFERRABA A SU PROPÓSITO GEOPOLÍTICO DE EVITAR QUE BOLIVIA TUVIESE ACCESO SOBERANO AL RÍO PARAGUAY PARA NAVEGAR HASTA ALTA MAR. EN OTRAS PALABRAS, EL PRESIDENTE QUE HABÍA EMPEÑADO LOS RECURSOS DE SU ESTADO A LO LARGO DE ESTA GUERRA, ESPERABA MANTENER A BOLIVIA ENCLAUSTRADA.
La terminación de la guerra en junio de 1935, que era el propósito argentino y paraguayo, no se concretó, pues, simplemente se suscribió el Protocolo de Alto el Fuego y fue firmado el 12 de junio de 1935. Con la enérgica posición del Canciller Tomas Elio, el Tratado de Paz definitivo sería suscrito recién el 21 de julio de 1938. Días antes de esta firma, German Busch, bajo la amenaza de reiniciar la campaña militar, impuso a la Comisión de Neutrales la aplicación de la “Doctrina del 2 de agosto” citada más arriba y que esta vez le favoreció a Bolivia, logrando así, que el ejército paraguayo retrocediese de sus posiciones alcanzadas, no unos metros, sino, en algunos tramos, hasta 150 kilómetros de distancia, obteniéndose al mismo tiempo la salida soberana al Océano Atlántico a través del Río Paraguay, de este modo, por este Tratado de Paz, el gobierno de Germán Busch recuperó el enorme territorio del Triángulo Foianini, más otro pedazo situado a su norte.
Sobre la terquedad del presidente argentino que en realidad era quien decidía detener o proseguir el curso de la guerra, pasado este conflicto, el enviado por el gobierno boliviano - Dionicio Foianini - en esta segunda entrevista con el Presidente Paraguayo Eusebio Ayala, éste, aludiendo indirectamente a Pedro Justo, le manifestó:
“ESTA GUERRA TENEMOS QUE HACERLA PAGAR A QUIENES, PUDIENDO, NO LA EVITARON”.

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