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EL CAPITAN RAFAEL SUBIETA A., CAIDO HEROICAMENTE EN LA ACCION DE “27 DE NOVIEMBRE” Y PICUIBA.


Texto originalmente publicado en La Razón el viernes 11 de diciembre de 1936. (Homenaje a la muerte heroica del potosino Rafael Subieta Aramayo, acaecida el 11 de diciembre de 1934).

El día de hoy se cumple el segundo aniversario de la inolvidable muerte del Capitán Rafael Subieta Aramayo, heroicamente caído a la cabeza de su batallón de Infantería en el camino de “27 de Noviembre”, y a tiempo de defender en sacrificada protección el repliegue del cuerpo de Caballería, en la acción de armas de Picuiba. A los dos años de la caída de este valiente militar, es de justicia, tributarle un respetuoso homenaje.
Ya están disipándose los humos bélicos de aquella tragedia en el Chaco.
Hasta parece que hubiese algo así como una consigna para olvidar todo cuanto allí aconteció. Sin embargo, aún no se ha escrito la auténtica guerra con el Paraguay, en cuyas páginas deberá escribirse nítida y rotundamente, la personalidad del Capitán Subieta —ascendido más tarde póstumamente en premio a su valerosa muerte, al grado de Mayor-, cuya actuación en las diversas etapas de la contienda bélica internacional ultima, fue de lo más relevante.
Es de los pocos meritorios oficiales de línea del ejército, que combatió desde la iniciación de la guerra, participando en todas las más importantes batallas: desde Yujra hasta la formidable glorificación. Herido más de cuatro veces, siempre retornó a las trincheras de la primera línea de infantería. Nunca en ningún instante estuvo en los comandos de retaguardia, ni siquiera como ayudante de regimiento; su alta conciencia de militar lo llevó siempre a cumplir su deber en las avanzadas de combate.
Tenía la profunda convicción de que había sido educado para la guerra y que debía responder con la gloria del vencedor o con la inmolación del caído. No hubo para él, términos medios. En todas las acciones en que le cupo participar, salió con decoro profesional y supo salvar en la medida de las posibilidades humanas a su tropa, Mas de una vez, habría podido levantar las manos ante el enemigo y caer prisionero; pero de su capitalización estaba reñida con su estirpe y con su ética de boliviano de corazón; por ello, cuando se le presento la oportunidad, única, suprema y máxima para un militar, prefirió, mil veces, la muerte misma, a rendirme o retroceder.
Quien sabe cuándo el frío análisis de los técnicos militares revise aquea la batalla, en la mesa del estudio de una escuela superior de guerra, se llegue a la dolorosa conclusión de que fue sacrificado. Porque al Cuerpo de Caballería que se retiraba desde el corazón mismo del Chaco en el camino “27 de Noviembre” Picuiba-Carandaiti, corriendo el riesgo de ser perseguido diezmarlo por flanco y retaguardia, él, recibió la misión de ir a detener el avance enemigo por uno de los flancos para permitir de este modo el repliegue más o menos tranquilo de aquel Cuerpo de Caballería. Poca tropa tenía a su mando, no obstante, celoso de la disciplina, fue donde señalaron que estaba su puesto.
Allí tendió en posiciones improvisadas a su tropa, para combatir denodadamente por un enemigo abito de avances y desesperado de avasallarlo todo. Ese enemigo encontró una barrera inexpugnable en el BATALLÓN SUBIETA. No pudo arrollarlo y él así lo hizo —los datos fidedignos nos faltan en este momento— de haber sido pisado el cadáver del comandante boliviano que defendía esa posición. En su abnegación debe haber dicho aquel 11 de diciembre de 1934 el Capitán Subieta, primero pasaran sobre mí, antes que romper mi línea o rendirme. Y cumplió esa sagrada promesa cívica. Por ello, nos inclinamos reverentes ante la tumba de este bello ejemplo de él ¡Muerto, pero no derrotado ¡

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