En diciembre de 1932 volvió al país el General Hans Kundt, de 60 años, quien en
tres oportunidades anteriores dirigió el ejército boliviano y que en su cargo
de jefe del E.M.G. iba a gozar de un poder absoluto, dado que Salamanca se
retrajo de su propensión a ordenar avances y repliegues tácticos. Kundt. por
desgracia, no era un hombre de Estado Mayor, sino un militar “tropero”, que se
inquietaba más por la corrección de los uniformes y las formaciones que por la
dotación al ejército boliviano de un cerebro colectivo estratégico. Al
posesionarse. el jefe teutón manifestó presuntuosamente: “Ni en los archivos,
ni en el comando superior existía una idea sobre la forma de conducir las
operaciones...
Kundt elaboró un ambicioso plan de contraofensiva boliviana dirigido a la
captura de la cabeza del ejército paraguayo, es decir de Isla Poi, despegando
el camino mediante la toma del fortín Nanawa. Este proyecto de ataque en
profundidad requería elementos imprescindibles, como tropa adiestrada para la
llanura candente. medios efectivos y suficientes de movilización y un sistema
logístico perfeccionado, elementos de los que se carecía.
Estigarribia, apercibido de las intenciones contrarias, por los informes de los
servicios de inteligencia paraguayos y argentinos, se apresó a la defensa de
Nanawa, reforzando y fortificando este puesto. El 20 de enero de 1933, el
ejército boliviano se lanzó a un ataque frontal, al que sobrevivió un denodado
combate. Nuestras tropas lograron rodear el fortín más para capturarlo se
precisaba de la ayuda de un destacamento, el mismo que, debido a las
torrenciales lluvias de verano, avanzaba a paso de tortuga, en brega con los
lodazales. Los días siguientes prosiguió la lucha con pérdida de muchos
soldados bolivianos en las tentativas de penetrar al fuerte.
Otra parte del ejército boliviano. paralelamente al sitio de Nanawa. se dirigió
a tomar los fortines paraguayos de Corrales y Toledo. El primero cayó con más
rapidez de lo esperado a causa de que, por error, las tropas adversarias
combatieron entre sí. De Corrales a Toledo no habían más que 30 kilómetros de
camino. que las tropas bolivianas cubrieron en el asombroso plazo de 15 días, a
un promedio de 2 kilómetros por día, debido al barro y la falta de camiones.
La imagen de hacer la guerra sin suficientes vehículos motorizados era
ciertamente surrealista pero no para el Gobierno. Algunos meses antes, el
E.M.G. había solicitado la compra de camiones al gobierno. En lugar de la
adquisición, Salamanca. interrogó con sorna, al jefe del alto mando. aludiendo
a un asunto sucio: ¿Dígame, señor General, qué piensa hacer con 605 camiones y
que han hecho con los 20 camiones que he comprado hace dos meses?".
Después de todo, las denuncias de las oposiciones de derecha y de izquierda,
sobre los "negociados" de gobernantes y poderosos, por lo que se los
acusaba con indignación no parecía estar desprovista de fundamento.
Fuente: La guerra del Chaco historia grafica y literaria. De Mariano Baptista
Gumucio.

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