Entre 1898 y 1899, Bolivia enfrentó dos conflictos al mismo tiempo. Uno
interno, entre los conservadores del sur y los liberales del norte. Otro con
Brasil, a causa del territorio del Acre, tomado por aventureros, en pleno auge
de la goma, producto más valioso que el oro por su demanda en la producción de
automóviles.
Igual que el Litoral boliviano rico en guano en 1879, el Acre, donde abundaba
la goma, estaba despoblado de bolivianos al finalizar el siglo 19.
ERA CONSERVADORA
Es que el país, leal a una vocación minera sumida en la colonia, se desenvolvía
dentro de un limitado escenario cautivo entre la Cordillera Occidental y la
Cordillera Real. Lo que estaba más allá de esas cadenas de nevados y montañas,
ya sea el Océano Pacífico al oeste, o los valles y llanos al otro lado, carecía
de importancia para los opulentos mineros de la plata que habían iniciado la
primera era productiva de la historia económica boliviana.
Aniceto Arce, Gregorio Pacheco, Félix Avelino Aramayo, Francisco Argandoña,
todos hombres del sur, eran los titanes de la minería. Exploraron,
desarrollaron o continuaron trabajando las minas abandonadas por medio siglo.
Trajeron capitales, maquinaria moderna, se asociaron con capitalistas
extranjeros, fundaron bancos, cotizaron acciones en la bolsa de Valparaíso.
Ellos le dieron una oportunidad a Bolivia para salir de la pobreza que le
devino a la independencia. Por eso a veces sus intereses particulares subalternizaban
los intereses de la nación, sobre todo en las postrimerías de la Guerra del
Pacífico.
La fuerte presencia accionaria de capitalistas chilenos, permitió que la
actividad de las empresas mineras -Huanchaca era emblemática- no sufrieran
alteraciones durante y después de la contienda. Los cargamentos de minerales
salieron al Pacífico sin problemas, y por ello a la distancia, muchos de esos
industriales de la plata pueden hoy parecer chilenófilos.
Tras el desconcierto nacional por el desastre de la guerra, asumieron ellos la
tutela económica de la nación en calidad de actores intangibles. Y para evitar
que otros poderes o el Estado trastornen su posición encumbrada, protagonizaron
también el rol político militando en el Partido Conservador o Constitucional,
que tuvo como rival político al Partido Liberal, amplio, popular, bien
organizado, aunque sin los recursos económicos de aquellos, en un tiempo en el
que la actividad política se hacía libra contra libra y cheque contra cheque.
El resto del país no contaba. No las mujeres, mucho menos los indios y el voto
estaba constreñido a las clases letradas pero no más abajo de los artesanos
alfabetizados de las ciudades y capitales provinciales.
En la cima de la sociedad boliviana dos protagonistas se miraban con recelo.
Por una parte los ricachones mineros de la plata; por otra los gamonales,
dueños de la tierra.
Los conservadores planteaban la continuidad del orden político, económico y
social, movilizando sus cuadros humanos con el apoyo económico de los mineros.
Pero los liberales no tuvieron la habilidad de ganarse a los terratenientes,
porque no acaba de gustar a estos su plataforma que incluía libertad de cultos,
democracia efectiva para todos, libertad de conciencia y libertad de contrato y
de trabajo, es decir todo lo que de alguna manera suponía una amenaza para la
llamada "gente decente".
Para las elecciones de 1884 Aniceto Arce se enfrentó al también conservador
Gregorio Pacheco y al jefe del Partido Liberal, Eliodoro Camacho. Pero, igual
que un siglo más tarde, las elecciones las decidió quien contaba con mayores
recursos económicos. Cierto que no existía la televisión ni marketing
electoral, pero las campañas había que hacerlas a caballo, cubriendo grandes
distancias, para convencer a los votantes uno a uno, repartiendo palos o
dinero. Ganó Pacheco.
Aniceto Arce, un ejemplar tarijeño que sólo se da una vez cada siglo, se puso a
la cabeza del Partido Constitucional. No se limitó a constituirse en la mayor
expresión de la minería argentífera, y ser pionero de los ferrocarriles, cuyo
trazo cambió la historia nacional, sino que, habilísimo jugador político,
estableció un acuerdo minero-terrateniente favorable a conservar el esquema
tradicional, frente a la amenazante vocinglería liberal. En las elecciones de
1888, Arce en su momento de mayor auge, asumió la Presidencia de la República,
postergando por segunda vez a Eliodoro Camacho.
En 1892, Mariano Baptista, de las filas terratenientes, pero avenido al acuerdo
de mantenimiento del sistema político con los mineros, por añadidura Ministro
del Presidente Arce, ganó las elecciones, pero sin mayoría absoluta en las
urnas, su elección hubo de concretarse en el Congreso, con notorias
irregularidades, a costa otra vez de Camacho. El esquema empezaba a mostrar
debilidades.
En 1896 el sistema imperante se pone a prueba una vez más. Pero el candidato
conservador, Severo Fernández Alonso, logra quebrar la resistencia de sectores
opositores acaudillados por el importante dirigente liberal Rodolfo Soria
Galvarro. El Partido Liberal, resentido por las defecciones, extrema las
contradicciones con el oficialismo y busca al candidato más tenaz: el paceño
José Manuel Pando.
Es el choque de dos expresiones totalmente contrapuestas: Fernández Alonso
realmente es un aristócrata del sur, exquisito, hombre de mundo, culto y bien
intencionado. Pando es un soldado valiente del norte, popular, aguerrido y
capaz de sortear las peores dificultades, pero en el fondo, es un hombre del
campo, un landlord de Luribay, amigo de los aymaras. La maquinaria electoral
conservadora funciona con prodigalidad y los cheques girados por la empresa
minera San José definen la victoria de Fernández Alonso. Pero los liberales
tienen aprendida la lección. No tendrían que esperar mucho tiempo, el modelo
conservador estaba en la etapa terminal. La clave radicaba en decir lo que la
mayoría quería escuchar. Los liberales se hacían "potables" para el
recambio de siglo y esperaban su oportunidad.
SITUACIÓN INTERNACIONAL
Al acercarse el nuevo siglo, parece indetenible la marcha al liberalismo.
Sudamérica está decidida a imponerse un modelo económico propio, no importa si
primario, basado en la exportación de recursos naturales no industrializados.
Esa había sido la causa de la guerra del Pacífico: recursos naturales.
Chile ocupa militarmente todo el Litoral boliviano y explota sus riquezas a
plenitud. Detenta Tacna y Arica, peruanas hasta antes de la guerra del
Pacífico. Tiene suscrito con Bolivia un pacto de tregua, pero sabe que esa
situación irregular es insostenible y empieza a presionar a Bolivia para
definir la situación territorial.
El Brasil ha dejado de ser imperio monárquico y esclavista hacía muy poco y la
nueva república vive las tensiones del cambio que van a definirse con el
concurso de militares masones que interpretan a cabalidad las tendencias del
nuevo tiempo.
La Argentina, que se ha abierto a las corrientes migratorias europeas, empieza
a definir una personalidad nacional diferente y a potenciarse para imponer su
presencia en la región.
El Perú está ya bajo el dominio de políticos y militares identificados con el
liberalismo.
El Paraguay sale de su autoexclusión y sus geopolíticos empiezan a revisar sus
mapas y su historia.
En Europa, la civilización occidental vive un momento excepcional, quizás el
último en la historia del planeta.
Pero en la parte central de la América del sur, un país empieza a vivir uno de
sus tantos dramas históricos.
Texto tomado de: La Historia del Siglo XX en Bolivia.
Imágenes del conservador, Severo Fernández Alonso y el liberal, José Manuel
Pando. Estos hombres fueron las principales protagonistas de la Guerra Civil
boliviana de 1899. (Retocada con IA)

No hay comentarios:
Publicar un comentario