LA GUERRA CIVIL
El Presidente Fernández Alonso tenía una visión amplia de un mundo cada vez más
interdependiente, donde el tren, la prensa y el telégrafo reducían las
fronteras. Los embajadores eran elegantes espías de las potencias que buscaban
materias primas y mercados, mientras los agentes a sueldo de los consorcios
transnacionales se introducían en los partidos o atizaban las revoluciones.
Aunque Sucre era la capital republicana, en los hechos La Paz se había
transformado en la ciudad más importante de la nación. Pero sentían los paceños
que su esfuerzo productivo –minerales, comercio, bancos, producción de coca,
recaudación de impuestos, etc.– era consumido por el gobierno y su burocracia
en Sucre, despojando a La Paz de las obras a las que tenía derecho. Una palabra
había empezado a rodar por el ambiente de la alta ciudad: ¡Federalismo!
Fernández Alonso apreciaba a La Paz, pero una secuela de violencias en las
elecciones municipales de 1898, achacadas a su Ministro de Gobierno Macario
Pinilla y al Prefecto Reyes Ortiz, proyectaban sombras mortificantes sobre su
gobierno. Por ello a mediados de ese año, el Presidente anunció su decisión de
trasladar el gobierno a La Paz, para controlar personalmente la situación de
descontento.
Fernández Alonso conocía el norte, había hecho su fortuna en Oruro y tenía una
visión global del país más allá de regionalismos. No era enemigo de los
liberales y al comenzar su gobierno había convocado a sus adversarios
expresando que “dentro del alonsismo, cabía el liberalismo”.
De modo que el anuncio del Presidente no podía ser más oportuno. Pero la
reacción de los chuquisaqueños más recalcitrantes, acusando al mandatario de
ser débil y capitular ante la masonería, encendió los ánimos.
Argumentando la supuesta existencia de un plan para despojar a Sucre de la
capitalía, diputados presentaron un proyecto al Parlamento para que se la
declare capital permanente. El proyecto provocó un debate encendido, pero al
final la votación resultó favorable a los proponentes.
Esa fue la oportunidad que estaban esperando los liberales. La bancada paceña
se levantó indignada y abandonó el hemiciclo para regresar a La Paz. El pueblo
paceño hace suya la bandera del federalismo, mortificado por los “engreídos
chuquisaqueños”. Para agravar la situación, los diarios de Sucre escriben
contra los perversos aymaras y los paceños picoverdes (masca-coca), mientras
los periódicos paceños arremeten contra los pisaverdes afeminados. Tras la
guerra de papel impreso, empiezan las acciones.
El Presidente Fernández Alonso trata de evitar la guerra civil. Pero señalado
como débil y complaciente con los enemigos de Sucre, debe demostrar firmeza,
sin abandonar la negociación. Pero los parlamentarios paceños que regresan a su
distrito, son objeto de una gran demostración de afecto por la población de
Oruro, haciendo presumir al gobierno que otros distritos podrían plegarse a un
levantamiento paceño que parece inevitable.
PERROS Y GATOS
Macario Pinilla, distinguido paceño del partido constitucional y nada menos que
Ministro de Gobierno del Presidente Fernández Alonso, renuncia a ese cargo y
retorna a La Paz para sumarse al movimiento federalista. El pueblo paceño lo
recibe con júbilo, olvidando las recientes rencillas electorales.
Pando, extrañamente, permanece en Sucre y como jefe de la oposición se entrevista
con el Presidente comprometiéndose a pacificar los ánimos de los paceños. Pero
esa promesa se quiebra a poco de abandonar Sucre, luego de que en una reunión
de dirigentes liberales, Pando se comprometiera a la revolución levantando a
Oruro, mientras Lucio Pérez Velasco jefaturizaría el alzamiento en La Paz.
En un mitin el 12 de diciembre de 1898, La Paz declara la revolución federal
conformando una Junta Federal de gobierno integrada por el ex - ministro
Macario Pinilla, el Prefecto de La Paz Serapio Reyes Ortiz y el jefe del
Partido Liberal José Manuel Pando.
(Muchos historiadores cuestionan el papel de Pando, y a pesar de reconocer su
invalúrable aporte al país antes y después de la revolución federal, se
preguntan si su actuación política en 1898-9, a veces tan obscura, no obedecía
a designios secretos, superiores a su propio temperamento).
La junta revolucionaria es una bolsa donde se han metido perros y gatos, pues
allí están nada menos que el Prefecto conservador de La Paz que ha generado
violencias contra los liberales en la última elección municipal; el Ministro de
Gobierno y estrecho colaborador del Presidente de la República; y el jefe de la
oposición.
¿Cuál es el punto en común? ¿El federalismo? ¿Acaso los conservadores se
tornaron liberales? ¿Es el amor a La Paz y el deseo de desplazar a Sucre? ¿Sólo
apetencia de poder? ¿Quizá el resultado de una nueva alianza política en la
cual están representados los intereses mineros esta vez del norte? ¿Son
designios ignoto que mueven a esos hombres como fichas sobre un tablero de
ajedrez, más allá de sus voluntades?
Retando al Presidente Fernández Alonso a vetar la ley de radicataria, los
insurrectos cortan toda posibilidad de diálogo que alentaba el mandatario. Y
muy a su pesar, el Presidente debe asumir su condición de Capitán General y
marchar a la cabeza del ejército constitucional para apagar la rebeldía de los
paceños, que han instaurado de facto el régimen descentralizado, declarando a
La Paz Estado Federal, con Federico Zuazo como su primer Gobernador. La
situación ya es inmanejable.
Texto tomado de La Historia del siglo XX en Bolivia.
Imagen Foto-postal coloreada de la La Paz, principios de siglo XX.

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