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EL CAMBIO DE MANDO DE MANUEL MARZANA POR LUIS E. AGUIRRE ANTES DE LA TOMA DEL FORTÍN BOQUERÓN (parte I)

 


Es ampliamente conocida la heroica defensa de Boquerón por las tropas bolivianas en septiembre de 1932; sin embargo, los hechos que precedieron a este episodio suelen ser poco abordados. El 31 de julio de ese mismo año, Bolivia tomó el fortín paraguayo 'Boquerón'. Un detalle desconcertante de esta maniobra es que el comandante del destacamento, Manuel Marzana, fue relevado apenas un día antes. El 30 de julio, el Tcnl. Luis E. Aguirre asumió el mando, una decisión que generó una profunda molestia en Marzana. Paradójicamente, Aguirre resultaría herido durante la toma del fortín y fallecería poco después, devolviendo el liderazgo a Marzana que será la gran figura junto a sus hombres en septiembre de dicho año.

En las páginas de “La Gran Batalla Memorias del General Marzana”, el protagonista de la defensa de Boquerón, relata sus impresiones y de cómo vivió los acontecimientos, sobre este intempestivo relevo de mando, Marzana deja notar su extrañeza y su enojo, el texto dice:

Cumplida la ocupación de Castillo, el Destacamento esperaba recibir alguna orden expresa desde Muñoz, aclarando la situación: pero la orden no llegaba, como si el Comando estuviera a la distancia de la Luna. Como es natural en casos semejantes, por iniciativa propia, reforcé mis puestos adelantados que se internaban hacia Boquerón, habiendo ordenado con anterioridad, el traslado del Segundo Comandante de Arce a Castillo, con instrucciones de organizar patrullajes en forma intensa en todos los alrededores de Boquerón, la ubicación de los puestos adelantados y principalmente el reconocimiento de los caminos Boquerón-Isla Poí, que van casi paralelos, y de la senda a Huijay (Carayá), con oficiales escogidos y clases seleccionados que ya hubiesen hecho anteriormente exploraciones en la región indicada; de tal manera que, para el caso de la ocupación de Boquerón, estos elementos estuvieran en condiciones de guiar a nuestras tropas para cortar con mayor seguridad la retirada de toda la fracción enemiga ocupante en Boquerón.

Además, se recomendó en forma muy particular hacer un caminamiento de la picada Ramírez-Boquerón, con el fin de fijar su distancia en forma más o menos precisa, tarea innegablemente fundamental para calcular el avance de las tropas, si fuera posible, con precisión cronométrica.

El Sr. Tcnl. Cuenca nos da parte de que todas estas misiones han sido cumplidas y que se encontraban todavía en pleno trabajo los subtenientes Inofuentes, Juan de Dios Guzmán y el igual Solares, baquanos del Chaco, el Suboficial Orosco, chaqueño éste y otros más. Quedé completamente satisfecho de que mis órdenes venían cumpliéndose en la medida de mis deseos. Veía, por otra parte, que tanto la tropa como los oficiales mostrábanse pletóricos de entusiasmo, abrigando la esperanza de poder llevar a cabo con éxito la próxima misión que se les encomendará.

Sentimiento muy natural y lógico, pues todos ellos sabían y conocían de cerca mis desvelos y mi preocupación por organizar con la mayor eficacia posible una operación exitosa con la unidad que se había confiado a mi mando y para que ella pudiese dar los frutos con los medios tan limitados que se tenían a la mano. Por suerte la composición táctica, oficiales y tropa, homogénea en su conjunto, tenían confianza en su jefe y debían esperar de él su buena dirección, pues eso era lo decisivo. Pero las cosas no ocurrieron conforme a nuestro deseo, como vamos a relacionar a continuación:

"Llaman al teléfono desde Muñoz. Habla el Jefe de Estado Mayor de la IV División, Mayor Carlos Peñailillo y dice: “Pasado el medio día, espérase la llegada a Castillo del Tcnl. Luis E. Aguirre”. No indicaba el objeto. Como es natural pensamos y suponíamos todos en Castillo, que se trataba de que el mencionado jefe, podría ser el portador de órdenes escritas para el ataque a Boquerón y que probablemente, tenía la misión de cooperar como oficial de enlace en ésta y en futuras operaciones, como se había pensado originalmente.

Fácil es imaginar la extraordinaria sorpresa que causó a todo el Destacamento, el hecho insólito y cómo debió impresionar en grado superlativo a oficiales y tropa, que no podían comprender mi suplantación, pues esto era lo que iba a ocurrir, cuando después de dejar el camión que lo condujo, el Tcnl. Aguirre, con palabras duras y secas, se expresó con indisimulada insolencia: “Vengo a hacerme cargo del comando de este Destacamento”; y ordenando: “Reúna Ud. a jefes, oficiales y tropa para hacerme reconocer e indicarme en qué dirección se encuentra el enemigo en Boquerón” …

Tales frases desacostumbradas entre jefes de jerarquía, me desconcertaron momentáneamente y debí anotarlas luego en mi diario con profundo dolor.

Este jefe, joven, engreído por sus cordones y discos de oficial de Estado Mayor, no tuvo tino ni serenidad en su trato, siendo así que yo merecía distinción en mérito a mi grado y cargo, porque llevaba sobre los hombros muchos años más de servicio que él, con seis o más años en fronteras del Norte y Noroeste de la República. Por otra parte, el rango de Jefe de un Destacamento Combinado en acción de guerra, me estaba siendo suplantado nada menos que frente al enemigo.

Ante tal decepción, me hice amargas reflexiones, acerca de los móviles de este cambio. ¿Cuál sería el criterio que guiaba al Comando para incurrir en un atropello semejante? dirigido a la dignidad de un alto Jefe del Ejército, quién venía cumpliendo su deber con devoción y disciplina, soportando incluso incontables penurias de restricciones sin límite conforme tenemos anotado líneas arriba y además, debiendo soportar los desatinos de quienes no conocían nuestra situación, por estar ubicados a centenares de kilómetros de distancia de las operaciones inmediatas? ¿Qué valor tenía entonces esa disposición del comandante de la IV División, disponiendo un cambio de comando en forma tan ignominiosa.? Sin tener en cuenta que fui destinado a comandar el glorioso Regimiento No. 301 de 30 de Abril de 1932, por la Orden General No. 301 de 30 de Abril de 1932. firmada y rubricada por el Presidente Constitucional de la República y por el Jefe del Estado Mayor General del Ejército… Algo más el propio Comando Divisional había mandado organizar el Destacamento Marzana... ¿Como era posible entonces, que a las pocas horas cambiase de opinión y mandase denominar al mismo destacamento con diferente nombre?... Y todo ello mediante telefonemas desde Muñoz. Un cambio de destino y mi traslado al servicio de etapas, con residencia en Arce, sin antes haberse enterado de la situación delicadísima en que se hallaba el Destacamento, a poca distancia del enemigo, bien pudo haber ocasionado un lamentable desorden. No dejó de quebrantarse la moral de las tropas, dada la situación de nerviosidad que ya existía. Un nuevo comandante que no conocía a nadie, mucho menos el terreno y las circunstancias donde debía actuar, con la misión de atacar al enemigo a una distancia de 7 kilómetros, incuestionablemente tuvo que causar el terrible fracaso que vamos a describir a continuación. Pero, antes de hacerlo, concluimos con la "opereta del relevo de guardia que se hace como en un cuartel".

No deseando ofrecer a la vista de las tropas un espectáculo negativo, contuve mis impulsos imponiéndome la serenidad indispensable ante lo acontecido y manteniendo limpia e incólume la disciplina militar, disponiendo la formación en cuadro de las tropas, para proceder de inmediato al reconocimiento del nuevo comandante, quien portaba como credencial un oficio.
Una vez concluida la ceremonia, tomé de inmediato el mismo camión en el que había llegado el flamante comandante, para trasladarme a Fortín Arce, donde debía tomar a mi cargo el puesto de aprovisionamiento de las fuerzas en acción de ataque, comandadas por el Crnl. Enrique Peñaranda. Partí con el ánimo destrozado y lleno de extraños presagios y dolorido por alejarme de mis tropas que las dejaba en situación azarosa.

Fotos: Luis E. Aguirre. y Manuel Marzana.

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