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EVOCANDO EL AÑO 1932

 


(E. Dantés 1933)

Las calles de la ciudad estaban atestadas de gente que llegaba y llegaba en pos de noticias ratificatorias de los últimos acontecimientos. Las pizarras distribuidas en las diferentes esquinas de la Plaza Murillo se encontraban rodeadas de ciudadanos ávidos por enterarse de las disposiciones tomadas por el Estado Mayor. Más allá de cada una de las pizarras se formaban corrillos que comentaban sobre probables llamamientos de reservistas, mientras en otra esquina se organizaba una manifestación de protesta contra el invasor, la que iba engrosando a medida que recorría las principales de la ciudad para rematar frente al Palacio de Gobierno, pronunciando discursos patrióticos algunos de los que formaban parte de la manifestación; luego se presenta en uno de los balcones del Palacio S. E. el Presidente de la República, y dirigiéndose al pueblo dice, más o menos: La Nación acaba de ser ultrajada con el ataque a una de nuestras posiciones en el Chaco, por nuestro vecino el Paraguay. El Gobierno está tomando las medidas necesarias y el pueblo debe confiar en él. Una Nación que no sabe hacer respetar sus derechos, no merece ser Nación y un Gobierno que no puede hacer respetar los derechos de una Nación, no puede ser Gobierno.
La prensa del día siguiente registraba las comunicaciones de todos los ámbitos de la República, protestando contra el vecino invasor y manifestando que todos se hallaban listos para presentarse al primer llamamiento.
El llamamiento fue hecho a los pocos días y se comprobó con los hechos la protesta que hiciera el pueblo, pues tanto los reservistas comprendidos en el llamamiento como los voluntarios, llenaron los locales destinados a la concentración.
David, que como todo buen patriota, se presentó a solicitar su participación, recibió la “jerga”.
Cuando regresó donde yo le esperaba, abrazándome me dijo:
—Felicítame, hermano; ahora puedo decir que soy boliviano; he de ir a vengar la sangre derramada por nuestros hermanos en Fortín “Mariscal Santa Cruz”.
—Te envidio —le contesté— no puedo hacer lo mismo que tú, porque aún no me toca; no puedo dejar a mi familia sin amparo, pero ya me tocará el turno y estaré a tu lado. Adelántate tú y conquista un laurel para la historia de nuestra Patria.
Y cada vez que veo un patriota vestido de “jerga”, me dan ganas de enrolarme y correr a departir el sacrificio, juntamente con nuestros hermanos.
Mi amigo David viajó con su regimiento. Ahora se encuentra en Campo Jordán, él me ha escrito lo siguiente:
“Mi recordado amigo: Hace dos meses que me encuentro en plena campaña; he combatido en varios fortines; felizmente no me han herido hasta hoy. Ultimamente he tomado parte, juntamente con mi compañía, en un contra-ataque al enemigo; lo hemos batido y ante el empuje nuestro los “pilas” no han tenido más que hacer que retroceder; tomamos algunos prisioneros y fusiles. Estoy orgulloso. No quisiera dejar de combatir, porque después de cada encuentro siento una satisfacción grande al comprobar nuestra superioridad vigorosa y fuerte. No tenemos jefes; los que nos dirigen y nos comandan son camaradas; se exponen a los mayores peligros para evitar que caigamos. ¿Cuándo vendrás? Aquí está tu puesto. No tardes; la Patria cuidará de tu señora y tus chicos. Ven pronto. Porque quizá cuando quieras hacerlo ya será tarde; no necesitarán de tus servicios. La campaña habrá terminado. Ya me veo de regreso a mi pueblo, desfilando al compás de marchas marciales, triunfales. Con la satisfacción de haber cumplido con mi deber, como todos.”
Cuando lei por primera vez la carta de David, mi gran amigo, lloré de alegría y también de orgullo, porque también produce orgullo tener un amigo como David, un amigo con el corazón bien templado y el alma de acero.
¿Cuándo será el día feliz en que llamen a la categoría del 17? No lo sé. De lo que sí estoy seguro es que cumpliré mi deber.

Texto tomado de: Chaco Boreal Semblanzas y Hechos reales de la Guerra 1932 - 1935.
Foto: Despedida al Chaco (Luis Ramiro Meave)

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