Parte II (la primera parte se publicó en el anterior post)
En las páginas de “La Gran Batalla Memorias del General Marzana” el autor relata sus impresiones con respecto a la toma de Boquerón:
En Arce encontré a dos distinguidos jefes, amigos míos, en calidad de Delegados del Estado Mayor General en la primera línea, Tcnl. Angel Rodríguez y Mayor España, quienes, al tener conocimiento de lo ocurrido en Castillo, trataron de aconsejarme mayor serenidad, dejando las cosas al Altísimo, al tiempo y al espacio, y así transcurrieron 24 horas de una noche de furiosa tempestad; y un amanecer con lluvia torrencial que no permitía el tránsito de vehículos ni de las pocas tropas que ya llegaban al fortín Arce. Antes del medio día, la estación telefónica en comunicación con la del fortín Castillo, da comienzo a la información con algunos detalles acerca de la catástrofe que sufrieron nuestras tropas en su ataque al fortín paraguayo Boquerón, en la madrugada del 31 de Julio, llevado a cabo por el Destacamento que yo había dejado, en mala hora, un día antes... Habíase ordenado un ataque frontal sin los patrullajes antelados que son de rigor para un envolvimiento y sin conocimiento exacto del sistema defensivo contrario, ni de las válvulas de escape que tenía el enemigo preparadas de antemano. De esa manera se consumó, sin preparación y sin cálculo alguno del momento adverso de una horrible tempestad.
Juzgue el lector a través de la lectura de la orden de ataque y de sus resultados, y para ello, reproducimos a continuación, tales piezas de referencia:
“Destacamento AGUIRRE”- Orden 132.- 18.- hs. 30-VII-32.”
1. El enemigo se encuentra en posición en el Fortín Boquerón.- 2) Mañana 31-VII-32. el Destacamento atacará:
a) Batallón Cuenca por el camino Boquerón-Isla Poi con la misión de cortar la retirada del adversario.- b) Batallón Cárdenas por el frente. El ataque será precedido por un bombardeo aéreo a Hrs. 8 de la mañana y durará de 20 a 30 minutos. Terminado esto la infantería iniciará su ataque, al mismo tiempo ambos batallones.- Es preciso que a Hrs. 7.50 las compañías se encuentren en sus posiciones iniciales. A esta misma hora, para indicar a nuestros aviadores las posiciones ocupadas, colocarán detrás de cada unidad mosquiteros extendidos en lugares despejados. La aviación no iniciará este bombardeo si no ve estas señales. La señal de irrupción se dará por medio de cartuchos de iluminación, a la que la artillería cesará sus fuegos.- Durante la noche los batallones proveerán independientemente sus servicios de seguridad y exploración. La hora de partida para el batallón Cuenca, 4.30; para el batallón Cárdenas, Hrs. 5.00. 3) La patrulla de caballería al mando del Sargento Coll. tomando la senda Ramírez-Boquerón, impedirá la retirada del enemigo hacia Huijai, inmediatamente que pase el bombardeo aéreo.- 4) La sección Semack y sección Krupp quedan agregadas al batallón Cárdenas. La pieza Schneider estará a mis órdenes.- 5) Se instalarán dos puestos de socorro de heridos, uno principal detrás de la punta del monte, 1600 m. al SO de Boquerón y otro de circunstancia en el antiguo puesto boliviano a 2 km. de Boquerón.- 6) El bagaje del Destacamento quedará a órdenes del mayor Bravo; todos los vehículos quedan a órdenes del mismo jefe.- Yo me encontraré en el batallón Cárdenas.- Fdo.- Tcnl. Aguirre.- Fdo.- Subteniente Avila.- Ayudante".
En cambio, en el frente paraguayo, los defensores les salieron al encuentro en la forma siguiente: (Relato tomado del libro del oficial paraguayo, Heriberto Florentin, “Lo que he visto en Boquerón”, página 135).
Relato circunstancial del principal protagonista, Tte. Eulalio Facetti, que le hace al autor y comienza así:
“El 31 de julio al amanecer, recibí parte de mi puesto doble sobre el camino viejo de Boquerón-Isla Poi, que dos columnas de tropas enemigas avanzaban del lado Sur hacia nuestro fortín. Poco después y mientras despachaba una patrulla para confirmar la novedad mencionada, otro parte similar, procedente del puesto del Sub-Oficial instalado sobre el camino a Ramírez, informaba que una fuerte columna boliviana venía aproximándose hacia el puesto por el lado Oeste, casi en el mismo instante, un tercer parte informaba la aparición de otro grupo enemigo por lado de Yucra-(SO). No cabía duda de que se trataba de un ataque arrollador por una poderosa fuerza con un efectivo apreciable de mil hombres. Inmediatamente mis tropas ocuparon sus emplazamientos de combate en la posición principal. Coincidente con estos movimientos iniciales (serían las 6 Hrs.) apareció un grupo de 4 aviones que sobrevoló nuestro fortín arrojando sobre él algunas bombas, que felizmente cayeron fuera de la zona ocupada: al mismo tiempo dispararon también ráfagas de ametralladoras que tampoco surtieron efecto, salvo el desgaste moral que ocasiona a una tropa poco acostumbrada a esta clase de lucha. En los puestos avanzados empezaban ya los primeros cambios de tiros; ellos sabían muy bien lo que tenían que hacer, y no era casi necesario impartirles nuevas instrucciones para su desempeño, en tal emergencia. Al contrario, como habíamos previsto, bajo la presión de la fuerza contraria nuestros puestos se retiraban ordenadamente hacia la posición antigua, en donde resistieron momentáneamente, hasta que el avance enemigo puso en peligro su permanencia allí. Los bolivianos estimulados por la fácil empresa aceleraron la marcha, y muy pronto alcanzaron los lindes exteriores del antiguo reducto, o sea la orilla del bosque que cubre el fortín, ocupando la trinchera vieja del lado Sur y Sur-Oeste”. “Minutos después, algunos elementos avanzados ya cruzaban de largo la estrecha plazoleta en el interior del fortín, siguiendo rumbo hacia el interior del mismo la recta de Boquerón Isla-Poi; mientras tanto, los nuestros, que los habían precedido, se habían perdido en la recta carretera hacia el Este, levantando intencionalmente, una densa polvareda indicadora de una huída a todo trapo. Por su parte los bolivianos, convencidos del abandono total del enemigo, empezaban a llegar en grupos cada vez más densos; lo que al principio parecían pequeñas columnas de grupos de combate avanzando con cierta cautela, ahora eran secciones y compañías en orden cerrado que iban llegando al interior del reducto, ocupándose todo detalle de revisar las instalaciones y muebles encontrados en las casuchas abandonadas.
Nadie se preocupaba de explorar o reconocer los alrededores; fuera de la patrulla que avanzó en persecución de los nuestros, ninguna otra fracción fue encomendada para informarse de lo que había en las proximidades.”
“Cuando nos dimos cuenta, una multitud abigarrada se había congregado en la placita, atronando con sus cantos, vítores y hurras, lanzando al mismo tiempo centenares de gorras por el aire en señal de júbilo por el grande y fácil triunfo alcanzado”.
“Mientras tanto, de nuestro lado la expectativa era enorme. Cada soldado, cada tirador, embelesado y perplejo ante semejante cuadro, no atinaba a fijar su puntería sobre un determinado blanco, buscando la ventaja de hacerlo sobre el grupo más denso y numeroso y que se presentaba propicio en el centro, cerca de la bandera, donde la multitud enardecida vivaba a la patria y a sus líderes”.
“Los servidores de nuestros seis fusiles ametralladoras emplazados convenientemente y con los cargadores bien repletos, esperaban tranquilos la voz de mando para arrojar una lluvia de acero sobre aquel racimo humano despreocupado e inconsciente del peligro que le acechaba. Algunos hombres, más impacientes, me incitaban para que disparase el tiro de aviso.. “Ahora, mi teniente”, me decían a media voz, cuando algún núcleo se presentaba en forma muy favorable para la siega; pero yo no me decidía a hacerlo temiendo que podía llegar más gente todavía, como estaba ocurriendo minuto a minuto; pero llegó un momento que no fue posible resistir la tentación de romper el fuego.
Un trío de jefes a caballo venían apareciendo por el lado de Yucra, cuya presencia fue saludada con grandes ovaciones, dando la impresión de que se trataba de personalidades representativas. Entonces.... di la señal convenida para romper el fuego.”
Tras el primer disparo vino una estruendosa explosión. Todos los fusiles ametralladora y todas los fusiles abrieron fuego simultáneamente. Aquello fue un tableteo infernal. El efecto que pueden imaginároslo, no hace falta describirlo. Sólo me basta decir que nunca he visto un cuadro semejante; es como si hubiera soplado un ciclón. Los que podían arrastrarse trataban de ganar las paredes macizas de los edificios y los que se hallaban imposibilitados de hacerlo se resignaban pidiendo clemencia a sus victimarios; los que lograron escaparse de la hecatombe, se apresuraron a ganar los montes en desesperada huida..."
"En una palabra, la sorpresa fue total, sembrando la muerte y el pánico en sus filas. Inclusive el mismo comandante Aguirre, había caído víctima de la emboscada juntamente con varios de sus oficiales... Poco después, una información de mi ala izquierda denunciaba la aparición de una fracción enemiga que había quedado afuera, por el flanco izquierdo, con la posible intención de cortar nuestras comunicaciones por ese lado... Creyendo haber cumplido con la misión y ante la aparición del nuevo peligro que podía creamos una situación incómoda, optamos por la retirada, aprovechando para el efecto el pique oculto que más adelante se confunde con el "pique Carayá", por donde nos encaminamos hasta el fortín de Isla-Poi, llevando a cuestas todos los materiales confiados a nuestro cargo".
Por su parte, el autor de la trampa preparada, entre otras referencias, relata lo siguiente: "Fue aquel 31 de julio, en que un poderoso destacamento al mando del Tcnl. Aguirre, avanzaba en pleno día sobre Boquerón bajo el amparo de una escuadrilla de aviones y precedido por una cortina de fuego de artillería, ostentando un excesivo poderío bélico capaz de impresionar al defensor más precavido"... (Pág. 133 de la obra antes citada).
El libro del oficial paraguayo Heriberto Florentin contiene además esta crítica:
"Después de escuchar la cruda descripción del actor principal y jefe de la defensa de Boquerón en la acción del 31 de julio, haremos una ligera crítica... Indudablemente que la maniobra defensiva de Boquerón, desarrollada tan hábilmente en su fase inicial, no fue completada. Faltaba el remache final para recoger el fruto material de tantos esfuerzos desplegados en su organización, que podría ser en este caso la captura de prisioneros y materiales diversos; para eso hubiera bastado la salida de una sola de las secciones en línea... En síntesis, la ingeniosa trampa funcionó bien, pero no fue aprovechada para explotar el éxito, perdiéndose así una hermosa oportunidad de completar el aniquilamiento del enemigo, pues aparte de los trofeos apreciables que se hubiera tomado, se hubiera conseguido el desalojo total del fortín, por lo menos por algún tiempo y hasta la reaparición de nuevos refuerzos. Sin embargo, este golpe audaz y sorpresivo ha servido como una advertencia a los bolivianos, de que la irrupción al río Paraguay no sería un paseo militar como muchos creían, obligándoles a frenar su impetuoso avance sobre el eje Boquerón-Isla Poi, que había empezado con la conquista del primero de estos fortines".
Tal fue la emboscada de Boquerón, que motivó el primer desconcierto del enemigo y dio origen a una instrucción particular del Alto Comando Boliviano; el generalísimo de aquel ejército recomendaba cautela a sus tropas en los primeros días de la campaña del Chaco en estos términos: “Deben tener especial cuidado de no caer en celadas de las que el enemigo está habituado a preparar. Tenemos la dolorosa experiencia del ataque a Boquerón el 31 de julio, en que una trampa hábilmente preparada por los defensores nos costó muchas bajas, aunque el resultado final fuera favorable para nuestras armas”.
Necesario es reconocer que ambos adversarios, bolivianos y paraguayos, no tuvimos muchas veces el acierto de actuar en el sentido de explotar hasta el final -pase lo que pase- el fruto de nuestros preparativos para una acción de armas A. ó B. De mi parte, en lo que concierne a la acción de armas en la madrugada del 31 de julio en Boquerón, puedo afirmar, naturalmente sin ninguna pretensión de infalibilidad, que de no haber habido el caso de la trampa preparada por los paraguayos, no hubiera tenido aplicación si se empleaban en el asalto al citado fortín. las previsiones que debían haberse adoptado si teníamos el propósito de aplicar nuestros métodos. En efecto, desde un comienzo y como lo demuestra el hecho de haber dispuesto con antelación patrullajes y reconocimiento intensos y a fondo, con gente seleccionada y audaz, la ubicación de puestos de vigilancia del enemigo, exploración y reconocimiento de los caminos y sendas de retirada. Y, con todos estos cálculos profundamente meditados, teníamos la intención de presentarnos en silencio, en la noche, y sorprender a la tropa en medio sueño y en lo posible sin tener que disparar un solo cartucho. Tal vez de esta manera hubiéramos tenido que lamentar pérdidas de ningún lado, puesto que estudiábamos cuidadosamente con todos los oficiales y con patrulladores que conocían palmo a palmo el fortín que debíamos capturar, cerrándole al enemigo sus válvulas de escape por todos los medios posibles, llegando a la conclusión de que ese era el camino más eficaz y menos peligroso para nuestras fuerzas.
Acaso, también, en este caso habría sido innecesario emplear nuestra aviación y tal vez ni la propia artillería, que dicho sea de paso, nada tenían que hacer en una acción de escasa significación en que intervinieron 300 soldados bolivianos contra 120 paraguayos, con el sólo resultado de advertirles a éstos con la ostentación de un aparatoso bombardeo y con el cual no se consiguió nada efectivo.
Ahora bien, si la operación que habíamos planeado, madurada con el mayor celo y esmero, pudiera parecerle a alguien una fantasía, me remito en su caso a la Historia de la Guerra del Chaco, en la cual se han contemplado hechos más o menos análogos, increíbles y sorprendentes a veces, en los diferentes encuentros de bolivianos y paraguayos.

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