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DE RIBERALTA AL ACRE - DIARIO DE VIAJE EN 1901 (parte II)



Agosto, 15.

Tras de una corta permanencia de cinco días en Riberalta, continúa el Batallón 3° su largo y penoso viaje desde La Paz, En cincuenta y seis días de marcha casi forzada, ha efectuado una travesía de más de doscientas leguas, hasta Riberalta, cruzando por entre las más altas y frígidas cumbres de los Andes, y descendiendo por los desfiladeros los abismos, para tocar en el puerto de Altamarani (Provincia de Caupolicán) sobre el río Beni, de donde ha proseguido su marcha á bordo de las lanchas á vapor Esperanza y Luis Ernesto, que subieron antes, llevando el glorioso batallón Independencia, vencedor en Riosinho.

Para continuar la marcha de Riberalta á Palestina, la Delegación y el primer jefe del cuerpo, han contratado las Lanchas Esperanza ya dicha é Illimani.

A horas 3 p. m. empieza el desfile del cuerpo en dos mitades al Puerto, para ocupar ambas lanchas.

La ribera está cubierta de inmenso gentío que de temprano ha concurrido allí á estacionarse para. contemplar y despedir a los amigos y defensores de la Patria que van á defender sus fronteras- Se dan los últimos abrazos, se renuevan los encargos y todos, los que quedan se sienten conmovidos; ¡oh -cuantos no volverán a verse!

Oyense los pitos. anunciando la partida; se recogen las anclas: las lanchas se balancean y estremecen y arrojan bocanadas de humo; y describiendo un círculo se ponen en marcha río abajo-Los soldados se despiden con hurras a Bolivia y el pueblo contesta con vivas al Batallón. -Los cornetas tocan diana.

La Esperanza toma la delantera, siguiéndole a corta distancia la Illimani(*) en la que van el teniente coronel Canseco, el 2° jefe del Cuerpo, el Auditor de Guerra y distinguidos oficiales, con más dos compañías del Batallón.

La muchedumbre que inmóvil expectaba de lo alto del ribazo, al perderse las Lanchas en el primer recudo del rio, agita nuevamente sus pañuelos como postrer adiós y se dispersa lentamente.

En los primeros momentos, reina a bordo una especie de sobrecogimiento la idea de un viaje tan lejano, a regiones desconocidas y malsanas, infunde un secreto pavor. -¡Al Acre! repiten algunos maquinalmente como si aún dudasen.

A las dos horas de navegación, avistamos el barracón y caserío de la Compañia The Orton; y poco después , saltamos à tierra, para posesionarnos por aquella noche de esa magnífica mansión, recorrer las silenciosas calles del poblado, examinarlo é inquirirlo todo con la curiosidad de los touristas.

El edificio principal se compone de la planta baja y un piso. Parece aquello la morada de un magnate; pero todo está solitario y sombrío. Espaciosos salones, amplios corredores; paredes pintada sal mosaico; alguno que otro mueble viejo perdido en los rincones; todo parece haber sido aquello así como Castillo feudal de la Edad Media, cuyos señores han muerto y se ha extinguido la raza. Los mochuelos han fabricado sus nidos. en los alares del techo; y por donde quiera que divague el viajero, siente una opresión de invencible tristeza, una enorme pesadumbre al contemplar esas hermosas ruinas; allí donde un día no lejano fue incesante el ruido de un establecimiento floreciente; donde se trataban y concertaban grandes negocios que refluían a los ríos Beni, Madre de Dios y Orton; donde los banquetes se sucedían casi a diario y se prolongaban las orgías; donde las risas triunfales resonaban en las bóvedas de los extensos comedores y lujosos salones; reflejando la dicha en los semblantes y anunciando la creciente prosperidad de aquella casa.

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Involuntariamente, viene a la memoria el recuerdo del malogrado doctor Antonio Vaca Diez, motor de ese complicado mecanismo y pensamiento de aquella empresa Vaca Diez era, con certeza, todo un carácter; y su muerte acaecida en 1896 en las aguas del Ucayali, soñando con nuevas y colosales exploraciones y empresas industriales, fue como el presagio de la ruina general en todo el Beni.

Riberalta que tantos años fue el emporio del comercio en aquellas regiones y el centro obligado de grandes transacciones, empezó a decaer rápidamente Hoy todo yace inmóvil Los grandes empresarios y explotadores de la goma elástica y del caucho, han sucumbido en su tarea uno a uno, ya por el abuso del crédito, ya por los malos negocios ó finalmente por los consecutivos naufragios en las Cachuelas del Madera; naufragios que, ¡quien lo creyera! llegaron a constituir negocio aparte y lucrativo, haciendo naufragar los batelones con la carga, en sitios escogidos de antemano, para enseguida salvar la misma carga ó al menos las bolachas de goma y quedarse con ella, como cosa propia, adquirida legítimamente en los naufragios, como botín de guerra -Y después, todo se allanaba judicialmente, con declaraciones de los tripulantes, para justificar que el naufragio fue un caso fortuito.

En resumen, el único que salía perdiendo era el cargador, que con dos ó tres naufragios al año, quedaba totalmente arruinado. -Los fleteros salían triunfantes y quedaban siendo dueños de la carga recogida del rio. No había sanción legal contra este nuevo modo de quedarse con lo ajeno.

Estas y otras múltiples causas, han determinado la ruina de casi todos los industriales del Beni.

* La Esperanza y la Illimani pequeñas embarcaciones.


Foto-Postal: Casa de la compañía The Orton Rubber Co.


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