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LA INCREÍBLE HISTORIA DE COLQUECHACA EN BOLIVIA

Trabajadores mineros en Colquechaca.

Este artículo es parte de la nota publicada en: http://www.revistasbolivianas.org.bo/scielo.php?pid=S1997-44852009000300008&script=sci_arttext

Si bien su origen se remonta a la colonia, al ser asiento minero -y por ello carente de acta de fundación-, por decreto supremo del 9 de febrero de 1877 se ordena la división de la Provincia Chayanta, en Nor y Sur Chayanta. Colquechaca entonces pasa a formar parte de la primera. Más tarde, la ley de 30 de noviembre de 1882, erige a Colquechaca como capital de la provincia Chayanta. Más tarde, dada su importancia, se eleva al rango de ciudad a la antigua Villa de Chayanta. La ciudad de Colquechaca tiene actualmente 1917 habitantes, sobre todo mineros.
Pocos turistas llegan hasta Colquechaca, pues no hay aparente motivo para emprender tan largo viaje. Los extranjeros que más visitan esta región, son los representantes de Alemania, que tradicionalmente apoyaron su desarrollo. Esos privilegiados quedan maravillados con lo que ven en su entorno.
Colquechaca es una típica ciudad minera, con calles apretadas y angostas, diseñadas de esa manera para combatir al frío inclemente, que es una especie de impronta climática de las minas del occidente boliviano. A la sombra, el agua de cualquier trasto con agua se congela, pues la temperatura es de bajo cero. Surge a raíz de las numerosas concesiones mineras, que dieron lugar a una intensa explotación de mineral. Sobresale la colonial mina de San Miguel, de la que aún quedan vestigios y fue poblada por mineros profesionales que llegaron desde Aullagas y Chuquisaca. Muchos alcanzaron prosperidad, aunque sin llegar a equipararse a un Simón I. Patiño. A principios del siglo XX, este industrial fijó su atención en Colquechaca y adquirió varias concesiones. Tenía planeado extender el ferrocarril desde Uncía.
De aquella experiencia minera surgió un campamento minero, que luego se transformó en una de las tantas ciudades mineras, siguiendo el viejo modelo de interdependencia entre el centro industrial y la población civil. Dos avenidas principales dominan su extensión. Uno puede recorrer las dos calles que denominan avenidas, en cuestión de minutos. No existen calles perpendiculares que las conecten, sino caprichosos callejones por los que puede pasar una persona con comodidad. Hacia la parte superior está la montaña mineralizada y en el extremo opuesto un río que transporta escaso caudal de agua, destinada a las faenas mineras.
Sorprendentemente el municipio ha declarado al 80% de las viviendas como edificios patrimoniales, por lo que sus propietarios están obligados a conservar su arquitectura original y mantener su conservación. Y es verdad, estos libros de la historia urbana constituyen el testimonio de una época de gloria. Estas hermosas casas pertenecieron a antiguos mineros que llegaron desde Chuquisaca. Una casa patrimonial se caracteriza por su amplio frente, de más o menos veinte metros. Son generalmente edificios de dos plantas, con balcones de fierro forjado. Existe una a la que denominan la Casa de los siete balcones, que perteneció a un concejal de la década de los 90s.
Prevalece en la vivienda tipo, una tienda y trastienda, destinada al comercio o negocio de minerales, con su cocina y comedor de diario. Al interior, se dispone un patio no muy grande, con habitaciones a su alrededor, destinadas a dormitorios y al servicio. Cada casa contaba con un pozo de agua potable y un sótano para concentrar minerales de plata. Los sótanos están convertidos en depósitos, pero los aljibes de los pozos ya no se usan.

EL TESTIMONIO LÍTICO DEL DIABLO DE LA MINA

Subiendo por el cerro hermoso, casi llegando a su cima, se encuentra la antigua bocamina de la Empresa Minera Colquechaca que perteneciera a la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL). Hoy continúa la explotación a cargo de cooperativistas mineros, un par de los cuales se hallaban en el socavón "La Aliada", de data colonial. A escasos metros se encuentra "La Venganza", ya improductiva y en pleno proceso de derrumbe. Estas bocaminas muestran la tecnología colonial en su construcción, en la que predomina el arco de medio punto español, que domina el socavón, esculpido en roca de granito.
"La Venganza", fue el motivo de nuestra visita. Un grupo de 12 participantes en el Simposio nos constituimos hasta allá. El Concejal René Miranda nos mostró un hallazgo impresionante: la figura del rostro de un diablo colonial dominaba el broquel de ingreso a la bocamina. Era el rostro de Lucifer que observaba acucioso al minero que ingresaba al trabajo. Sus ojos destacan en la escultura pétrea, al igual que sus rasgos faciales con la boca cerrada con una fina sonrisa. Es la alegoría al dueño de la veta mineral, al que obligadamente los mineros debían rendir pleitesía, culto. Las obligadas reverencias al Tío de la mina, pronto se transformaron en un ritual cotidiano.
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- COLQUECHACA EL PUEBLO QUE FORJÓ LA PLATA
- ¡MELGAREJO, LORINI Y LA PICHI CATA!
- EL “TATA” BELZU, UN PRESIDENTE CORNUDO

3 comentarios:

  1. Mi bisabuelo Jorge Kindermann Schulzona fue consul. Tuvo 4 hijos con doña Inocencia Vera Castillo, quien tenía un hijo llamado Victor Verá. Esto fue en 1890 aproximadamente.
    Me gustaría tratar de contactar algún descendiente de Victor Vera

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    Respuestas
    1. El señor vera aun vive en colquechaca.
      El camino mejoró bastante,la ruta es asfaltada

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