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RECTIFICACIÓN HISTÓRICA BATALLA DE LA TABLADA 15 DE ABRIL DE 1817

 


Del libro: La Batalla de la Tablada 200 años 1817 – 14 Y 15 DE ABRIL – 2017 Estudios, testimonios, documentos y bibliografía Compilación, Introducción y anotación de: Juan Ticlla.

 

RECTIFICACIÓN HISTÓRICA 2

Sucre, junio 19 de 1917

Al respetable Padre

Fray Pedro Corvera

Tarija

Después que vi el interesante número de El Boletín Antoniano, editado en celebración de la batalla librada en La Tablada de Tolomosa, le manifesté que estábamos equivocados en la fecha en que tuvo lugar esa acción de guerra; que no fue el 4 DE MAYO DE 1817, sino el 15 DE ABRIL del año citado.

Usted me animó a hacer la rectificación de esa fecha histórica y cumplo su deseo, tanto para fijar la verdadera fecha de esa gloriosa acción, cuando para demostrar el patriotismo y arrojo de los indomables guerrilleros de esa bella tierra, para mi tan recordada y querida; así, pues, a usted, mi respetado amigo le dedico este ligero estudio histórico; acéptelo como recuerdo

de su afectuoso amigo

S. S.

M. Ramallo

BATALLA DE LA TABLADA

15 DE ABRIL DE 1817

I

Acababa de festejarse en la muy valerosa y bella ciudad de Tarija el primer centenario de la batalla de la Tablada de Tolomosa, librada en las inmediaciones de esa ciudad, entre las tropas patriotas del benemérito teniente coronel argentino don Gregorio Aráoz de La Madrid, y las realistas mandadas por el coronel español don Mateo Ramírez.

Se ha fijado el día 4 de mayo de 1817 como la fecha en que se verificó esta acción de guerra; y en un homenaje a la verdad histórica, debemos hacer constar con hidalguía, que nos hemos equivocado señalando esa fecha, pues en ella no tuvo lugar el combate de La Tablada.

Cuando el año 1912 escribimos un estudio referente a este acontecimiento dijimos al terminar el relato de él: «La fecha de la acción de La Tablada esta contradicha por algunos cronistas que señalan el día 15 de abril de 1817, pero otros la fijaron el 4 de mayo del citado año, fecha que hemos aceptado y ofrecemos rectificarla con el estudio detenido sobre el particular»3.

Efectivamente, posteriores y prolijas investigaciones nos han dado a conocer de una manera incontestable, que la batalla de La Tablada de Tolomosa se dio el día 15 de abril de 1817. Esto es tan evidente que jamás puede ponerse en duda el ‘Parte Oficial’ que de esta jornada pasa el mismo vencedor de ella, entonces teniente coronel don Gregorio Aráoz de La Madrid, el día 18 de abril de 1817, al señor general en Jefe del ejército auxiliar del Perú, general don Manuel Belgrano.

El parte del general La Madrid está corroborado por otros no menos importantes documentos, todos irrecusables y conformes con lo que al respecto dice el notable historiador argentino general Bartolomé Mitre, en su monumental obra titulada Historia de Belgrano y de la Independencia Americana. Todos esos documentos los encontrará el lector consignados a continuación de este estudio.

Vamos a procurar narrar los hechos tales como sucedieron, tomando lo que dijimos en nuestra citada obra, pero de allí quitaremos todo lo que no esté comprobado, añadiendo algunos detalles que darán más veracidad e interés a la relación, a fin de que los cultores de la historia patria conozcan la verdad de esos acontecimientos.

Hasta el presente se ha copiado lo que en sus obras han dicho historiadores nacionales, tomando sus relaciones de los notables: Apuntes para la historia del Alto Perú escritos por el Dr. Urcullo, con el seudónimo «Unos Patriotas»; este precioso libro nos suministra datos de altísima importancia que sirven de fuente histórica, pero algunas veces confunde las fechas de los acontecimientos que relata, lo que debemos rectificar siempre que encontremos documentos que prueben esa confusión como sucede al presente.

II

Persiguiendo al valeroso guerrillero don Francisco Uriondo, comandante general de las partidas insurrectas del distrito de Tarija, llegó a esta Villa el 28 de noviembre de 1816 el Gral. en jefe del ejército Real del Perú don José de La Serna. Este distinguido militar conoció la importancia de conservar esta plaza, que lo ponía en comunicación frecuente con el interior del Alto Perú y con las provincias de Orán, Chichas y Cinti, emporio de valerosos caudillos que tenían en jaque a las tropas del rey de España.

Lo acompañaron en esta expedición los batallones de Gerona y Extremadura, los Dragones de la Unión y los Húsares de Fernando VII, representantes de la gloria militar de la península ibérica en el Perú.

La Serna se retiró de Tarija el mes de enero de 1817, dejando de gobernador de esa provincia al brigadier D. Antonio María Álvarez, que se había distinguido en las ultimas expediciones en el partido de Cinti; pero este jefe tuvo que renunciar el mando por motivos de salud, siendo reemplazado por el coronel D. Mateo Ramírez, mandado del cuartel general de Tupiza. Este jefe llevó consigo dos compañías de los regimientos 1° y 2°. de línea que guarnecía Jujuy, sobre cuya base tenía encargo de organizar nuevas fuerzas. Además, condujo un escuadrón de caballería mandada por el entonces teniente coronel D. Andrés Santa Cruz entonces oficial de Ejército Real, y que después tomó parte por la Patria, llegando a los más altos puestos civiles y grados militares cuando se organizó la República. Santa Cruz debía formar un regimiento sobre la base del escuadrón que llevó consigo, reclutando soldados de entre los diestros y valientes jinetes tarijeños.

Ramírez tan pronto como se posesionó del mando de la provincia que le fue encomendada, empezó a organizar fuerzas, pero el valeroso caudillo patriota D. Francisco Uriondo trató de impedirlo, aproximándose a Tarija con 400 guerrilleros a caballo, armados de lanzas y armas de fuego.

Conocido es el caudillo D. Francisco Uriondo que hizo tanto por la independencia del Alto Perú siendo el resorte principal, el eje que dirigía las numerosas guerrillas que operaban en esa provincia, acaudilladas por Méndez, Rojas, Avilés, Mendieta y otros bravos guerrilleros que obedecían sus órdenes.

Era D. Francisco Uriondo natural de Tarija, sentó plaza en el ejército auxiliar argentino sirviendo a las órdenes de Balcarce, Belgrano y Rondeau. Cuando este general, mandando el tercer ejército auxiliar del Río de La Plata, penetró en el Alto Perú, todos los caudillos de las diversas zonas militares acudieron con sus partidas a ponerse a sus órdenes. De Chuquisaca fue Padilla, de Cinti Camargo, de Potosí Betanzos y Zárate, de Ayopaya Lanza y de Tarija Uriondo, que se le unió en Humahuaca con un fuerte trozo de milicianos tarijeños.

Todos los caudillos altoperuanos pidieron tomar parte en la campaña que se preparaba; pero el general Rondeau alejó a los jefes guerrilleros en busca de nuevos refuerzos, haciendo que dejasen sus soldados en el ejército argentino; solo Uriondo continuo en él y combatió en Viluma como ayudante del General en jefe.

En la época a que nos referimos (1817) tenía Uriondo 400 hombres, y desde el partido de Salinas acudió a las inmediaciones de Tarija, con objeto de obstaculizar los planes de Ramírez. Este salió a su encuentro y lo alcanzó en las inmediaciones de Santa Ana, donde se trabó una sangrienta refriega, perdiendo en ella Uriondo la mitad de su gente, pues se retiró al partido de Salinas dejando cerca de 200 muertos en el campo de la batalla.

Ramírez retornó vencedor a Tarija y a fin de tener a raya los tenaces ataques de los guerrilleros tarijeños, cada vez más audaces, destacó al valle de la Concepción 80 hombres de caballería y 50 de infantería de línea, a órdenes del comandante Santa Cruz, con instrucciones para aumentar el efectivo de ese destacamento.

III

En la época a que nos referimos era General en jefe del ejército auxiliar del Perú el general D. Manuel Belgrano, que había situado su cuartel general en la ciudad de Tucumán con objeto de amparar los movimientos del caudillo salteño D. Martin Miguel Güemes, cuya provincia estaba invadida por el ejército real, y facilitar los movimientos y maniobras de los caudillos altoperuanos, resolvió destacar una columna o división volante, compuesta de las tres armas, la que internándose en el Alto Perú cortase por Humahuaca, amenazando Tupiza y Cotagaita, penetrando, si le era posible, hasta la ciudad de Oruro, que era el centro de la base de operaciones del ejército real del Alto Perú.

Casi siempre el cuartel general del ejército real residía en Tupiza o Cotagaita, de manera que ocupado Oruro por los patriotas, le quitaba su base de operaciones y a fin de que esto no sucediese es claro que necesitaban reforzarlo y para ello tenían que debilitar las guarniciones de Chuquisaca, Potosí y otros centro importantes del sud, de manera que con esta maniobra se conseguía debilitar esa zona, facilitar las operaciones de Güemes, dar respiro a los caudillos del sud, los que podían fácilmente hostigar al enemigo, preparando el avance que proyectaba Belgrano a las provincias del sud del Alto Perú.

Para llevar adelante tan atrevido proyecto el general Belgrano llamó al teniente coronel La Madrid, jefe de un cuerpo de húsares organizado por él. Nadie más a propósito que este bravo y atrevido jefe, notable en el ejército de la patria donde hizo su carrera, siendo especial para la guerra de guerrillas a la que se dedicó con éxito, después del desastre de Viluma donde mandaba un regimiento de Dragones.

En la guerra de partidarios sobresalían los hombres del temple de La Madrid; este audaz jefe tenía la intrepidez del León y la rapidez del águila en sus movimientos y combinaciones militares. Donde había peligro se le veía siempre en primera línea; jamás preguntó el número de sus enemigos para atacarlos siempre con temerario arrojo. En las guerrillas llegó a ponerse a la altura de los Padilla, Camargo, Lanza, Arce, Uriondo, Warnes y otros astros de primera magnitud en esta terrible lucha.

En Ayuhuma, donde sólo era teniente, pidió al general Belgrano un escuadrón ofreciendo desbaratar con él al ejército real, que mandado por Pezuela, descendía en desfilada por los ásperos y tortuosos senderos de la Cuesta Blanca, a la vista del ejército patriota. El héroe de Tucumán y Salta sonrió con bondad al escuchar la solicitud de su joven teniente y le contestó: «Deje usted, no se aflija; cuando bajen todos a la llanura no se han de escapar ninguno; la victoria es nuestra». Pero no se cumplieron las previsiones del general, que seguramente hubiera conseguido la victoria si sigue las indicaciones del joven teniente.

En otra ocasión sólo con 12 hombres derrotó en la posta de Tambo Nuevo una compañía de cazadores compuesta por 40 hombres, que rindió e hizo prisioneros. En las inmediaciones de Chuquisaca, en Totacoa, tomó prisionero al escuadrón realista La Laguna; todo íntegro quedó en su poder, incluso su comandante el teniente coronel D. Francisco López de Quiroga. Fue vencedor y derrotado en innumerables encuentros, en uno de los cuales (Culpina) los mismos realistas, asombrados de su valor, lo dejaron retirarse solo del campo de batalla. Tal fue el jefe elegido por el general Belgrano para mandar la columna volante compuesta de las fuerzas siguientes: 50 hombres del primer regimiento de infantería; igual número del segundo; las compañías segunda y tercera del regimiento número 9, de milicias del Tucumán; 250 húsares del escuadrón de que era él comandante y dos piezas de artillería de montaña (calibre 4). Los infantes iban montados en mulas para facilitar la rapidez de la marcha. El mayor de artillería D. Antonio Giles era segundo de La Madrid en el mando de la expedición, que partió de la plaza del Tucumán el 18 de marzo de 1817.

Cuando penetró La Madrid en territorio altoperuano, supo que la situación de Ramírez en Tarija no era muy cómoda, porque siempre estaba hostigado por las partidas de guerrilleros comandados por Uriondo, que amagándole por todas partes no le daban tregua ni descanso, y como se vio falto de cabalgaduras para vencer las dificultades del despoblado, pensó encontrarlas en el territorio de Tarija, de manera que dejando el río y la quebrada de Sococha a su izquierda penetró en territorio tarijeño, en pos de recursos para llenar su cometido, ya que el Estado Mayor de Tucumán sólo pudo enviarle 74 caballos que le dieron alcance en el valle de San Carlos, desde donde dio aviso a Belgrano su determinación de ocupar la provincia de Tarija: «De modo que una simple diversión se convirtió en una verdadera operación de guerra ofensiva, sin base , sin plan, sin más objetivo que la buena o mala estrella del aventurero caudillo de aquella expedición», dice el general Mitre en su Historia de Belgrano (capítulo XXXIII, tomo II, pág. 611).

La determinación de La Madrid causó profundo desagrado al general Belgrano que apercibió seriamente por la falta de cumplimiento a sus instrucciones; pero cuando recibió La Madrid el pliego donde estaba consignado ese apercibimiento, era ya tarde para retroceder; ya había comenzado sus operaciones militares en la zona invadida; oigamos lo que dice al respecto:

Un día antes de llegar a Tarija me alcanzó una comunicación del General en jefe, en que me contestaba a la que la dirigí de San Carlos, indicándome que yo me proporcionaría los caballos en Tarija; se quejaba amargamente por haberme separado de sus instrucciones, pero con tanta fuerza, que me ofendí de reproche tan injusto en mi concepto; porque siendo los caballos el primer elemento para la empresa, no parecía propio que me lo hiciera quién no me lo había proporcionado y mucho menos cuando de seguir sin ellos la ruta que se me indicaba, marchaba de seguro al precipicio, sin conseguir el objeto que el General se había propuesto (Memorias del General La Madrid, tomo I).

El 8 de abril en la altura de Cangrejillos, encontró un destacamento español que de Tupiza se dirigía al Cuartel General de Salta. En el momento lo atacó La Madrid y después de alguna resistencia, el piquete fue tomado prisionero, quedando muerto el oficial que lo comandaba con más seis soldados. Siguió el caudillo patriota su marcha internándose al noroeste, forzándola día y noche, y así logró salvar la sierra trasmontándola y penetrando en el territorio tarijeño por el abra llamada del Gallinazo, y descendiendo la Cuesta del Inca. En ese lugar se le incorporó el valiente caudillo tarijeño D. Eustaquio Méndez, con 100 hombres de caballería, los más naturales del pueblo de San Lorenzo. Estos se ocuparon de secuestrar 100 personas de ambos sexos, que encontraron en el camino, a fin de que su avance no fuese sentido por el enemigo.

Guarnecía Tarija un batallón de los famosos Granaderos del Cuzco, cuyo primer comandante había sido el mismo coronel Ramírez. En los contornos de la plaza se habían levantado trincheras para el abrigo de los cazadores y además estaban fortificadas las principales entradas a la Villa, fortificaciones que había mandado construir durante su permanencia en Tarija el general La Serna y de cuya obra fue encargado el entonces coronel D. Baldomero Espartero, quién después figuró en primera línea en la política de la Península. Además, como dijimos antes, en el valle de la Concepción se encontraba un escuadrón de 80 jinetes y 50 infantes a órdenes del comandante Santa Cruz, de manera que todo estaba listo para repeler cualquiera agresión. Informado La Madrid de que en Concepción existía un cuerpo de tropas patriotas, dejando el pueblo citado a la derecha, se interpuso entre las fuerzas realistas de Tarija y Concepción y se dirigió a la Villa amagándola por el este. En la quebrada recogió algunas cabalgaduras y pudo acelerar su marcha. El 14 avistó Tarija y así que fue descubierto por las fuerzas de la plaza creyó el coronel Ramírez que eran gauchos de la partida de Uriondo, y se apresuró a salir a su encuentro diciendo: «Vamos a desparpajar a esos gauchos». En esos momentos los patriotas descendían por La Tablada y al ver a las tropas realistas que empezaban a pasar el río, La Madrid ordenó se montasen los cañones y desplegó su infantería en batalla, rompiendo inmediatamente el fuego, río por medio. Al sentir los tiros de cañón y ver el despliegue de la infantería, Ramírez, repasando el río, se metió en la ciudad; la caballería patriota lo cargó con denuedo, y pudo apenas meterse en sus trincheras, hasta cuyos bordes lo siguieron los húsares.

Entre tanto La Madrid, se metió en la Villa, ocupando con sus fuerzas el alto de San Roque que la domina por completo, y después de disparar algunos cañonazos con acierto, envió un parlamentario con una intimación que decía:

Si en el término de media hora, no se rinde usted a discreción, con la división de su mando, tanto usted como ella, serán pasados a cuchillo. –Dios guarde a usted muchos años. Puerta del Gallinazo, abril 14 de 1817. Gregorio Aráoz de La Madrid. Señor Comandante de la guarnición de Tarija Don Mateo Ramírez.

El parlamento, que fue recibido en la plaza, regresó luego con la siguiente contestación:

He recibido su oficio de usted en el que se me impone pena de ser pasado a degüello con la guarnición de mi mando, si en el término de media hora no me entrego a discreción. –Los oficiales de honor sólo por tirar cuatro tiros no se entregan a discreción; lo haré sólo cuando me queden veinte hombres, y estos sin municiones útiles para batirse. –Dios guarde a usted muchos años. –Tarija abril 14 de 1817. –El Gobernador de esta Plaza Mateo Ramírez. –Señor D. Gregorio Aráoz de La Madrid, Comandante de la división que se presenta al frente en el campo de esta Villa.

Durante la noche del 14 de abril continuó el fuego sobre la plaza y la caballería patriota ocupó todas las salidas del pueblo, donde se situaron los guerrilleros que se habían incorporado conducidos por sus caudillos; de manera que Tarija estaba herméticamente cercada, siendo imposible salir de ella ni penetrar en el recinto de la plaza que rodeaba la tropa de línea.

Dice el general La Madrid en sus Memorias (tomo I, pág. 119) que esa noche fueron tomados varios chasquis que enviaba el coronel Ramírez, ya a las fuerzas de Santa Cruz que guarnecían el pueblo de Concepción; ya el general Vivero que se encontraba en el partido de Cinti con una división. Que el teniente coronel Andrés Santa Cruz, que por un accidente del servicio se encontraba en la Villa, repetidas veces hizo inútiles esfuerzos para salir de ella durante la noche, de modo que no pudo incorporarse a su comando. Esto prueba que no es exacto lo que afirma el Dr. Urcullo en su interesante obra: Apuntes para la historia de la revolución del Alto Perú,

que el comandante Andrés Santa Cruz fue tomado ese día prisionero en una escaramuza por el capitán Mariano García (pág. 104 de la obra citada); y vemos que La Madrid afirma lo contrario en sus Memorias.

Al rayar el alba, La Madrid recorría personalmente las trincheras sitiadas, para proceder al asalto, cuando recibió aviso de que un destacamento de tropas avanzaba por el camino que trajo el día anterior. En el momento, dejando el asedio de la plaza encomendado a su segundo, el mayor D. Antonio Giles, se dirigió a La Tablada con los húsares que halló al paso, situados en diferentes partes como descubierta; lo siguieron el capitán Lorenzo Lugones, que servía en la división en clase de ‘aventurero’, sus ayudantes Manuel Cainzo y Victorio Llorente y algunos más que se incorporaron en el trayecto.

Los realistas de la Villa ocuparon torres y techos para presenciar la contienda, alistándose a salir de sus trincheras para atacar por retaguardia a La Madrid, pero los guerrilleros, que durante esa noche y el día anterior se incorporaron a la expedición, mandados por Uriondo, Méndez y demás caudillos, ocuparon la cuenca del río Guadalquivir, batiéndose bravamente con los Granaderos del Cuzco, sin dejarlos salir de sus trincheras; sin tan oportuno auxilio, seguro hubiera sido tomada la retaguardia de los patriotas por las tropas de la plaza.

Cuando llegó La Madrid al sitio del combate se convenció de la superioridad del número de sus enemigos; la caballería se le venía encima, precedida de los infantes desplegados en tiradores. Entonces mandó a su ayudante el teniente Llorente, con orden de pedir a Giles destaque la primera compañía de Húsares, al mando de su capitán Mariano García. Comprendió La Madrid que volver las espaldas en espera del refuerzo pedido era desanimar a sus soldados, que nunca lo habían visto sino cargando en primera línea, así pues, ordenó a Lugones que con 14 hombres ataque por la izquierda, y con los otros a Cainzo cargue por la derecha, y con el resto por el centro dando la voz de: «Carabinas a la espalda, sable en mano y a degüello, a ellos que son unos cobardes», se lanzó como un huracán sobre los enemigos. Estos venían comandados por el comandante Malacabeza, que al oír los disparos de cañón venía en socorro de la plaza. La Madrid en sus Memorias dice que en ese destacamento venia un capitán Vaca, cinteño, al que conocía mucho, y que este al verlo y oír su voz dio media vuelta y echó a correr aterrado, que el escuadrón compuesto en su mayor parte de milicianos, lo siguió en su huida, desbaratándose completamente.

El combate fue tan rápido que cuando llegó al lugar de él el capitán García con sus húsares, encontró que habían sido tomados 40 prisioneros y siguió acuchillando a los dispersos. Después recorrieron el campo y hallaron 65 muertos, habiendo los patriotas perdido sólo al negro herrador que cayó muerto al lado del comandante.

Regresó el vencedor al campamento de San Roque, entre las atronadoras vivas de sus soldados y del pueblo que lo seguía; luego mandó poner en libertad a los prisioneros que estaban heridos, con especial encargo de ir a ver a su jefe y decirle que sólo con 35 húsares había derrotado a más de 140 de los suyos, que no les quedaba ya más remedio que rendirse o perecer dentro de sus trincheras, que iban en seguida a ser asaltadas. Luego el comandante La Madrid se trasladó con la artillería toda y los infantes al morro de San Juan, ordenado suspender el fuego para ver qué efecto producía en la plaza el informe de los prisioneros. Al notar correteos de oficiales en la plaza y que llamaban a junta de jefes, destacó al ayudante Manuel Cainzo, con una intimación que decía:

Nunca ha sido impropio de oficiales de honor el rendirse a discreción, cuando no tienen como sostenerse ni esperanza de auxilio como usted, pues ni Lubin, ni O’Relly, a quienes usted ha escrito para el efecto, pueden hacerlo porque no tienen una fuerza capaz de resistir a la mía. En esta virtud puede usted verificar su rendición, en la inteligencia que serán tratados, tanto usted como sus oficiales y tropa, con todo el aprecio y distinción propio de mi carácter y en caso contrario verificaré, dentro de cinco minutos, lo dicho en mi oficio de ayer. Ya lo supongo a usted impuesto de la suerte que ha corrido el comandante Malacabeza por los prisioneros que le he remitido, pero sin embargo le anoticio: que los muertos son 65, prisioneros 40, fusiles tomados 70. Todo lo que prueba su propia ruina y me hace creer que no se derrame más sangre. Dios guarde a usted muchos años. -Alto de San Juan, abril 15 de 1817. -Señor Teniente Coronel y Comandante de la Guarnición de Tarija D. MATEO RAMIREZ”.

Después de pocos momentos regresó el teniente Cainzo, portador de la respuesta siguiente4:

Visto el oficio de usted, que acabo de recibir, en que se me hace la segunda intimación, anticipándome haberme negado los recursos pedidos a Lubin y O’Relly, por la toma, según se deja entrever, de los pliegos que remití a estos. Contesto a Ud. que este motivo no es bastante para desmayar yo ni mis oficiales para sostener hasta el último extremo las armas de S.M. en esta plaza, pues aún tengo fuerzas suficientes y bien dotadas de lo necesario, según lo verá Ud. Más la derrota que ha sufrido el escuadrón de caballería me hace entrar en capitulación consultando con la humanidad por parte de ambas divisiones, si la admite usted bajo los términos siguientes.

1°. –Que se nos reciba prisioneros a todos los de esta guarnición con los honores de la guerra, y uso de espadas para los oficiales, permitiéndonos bagajes hasta el depósito de prisioneros.

2°. –Que los paisanos a quienes hemos comprometido a tomar las armas sean bien tratados, permitiéndoseles la existencia al lado de sus familias.

3°. –Que entren en la Plaza solo las tropas de línea, que eviten todo desorden en el pueblo.

Bajo estas bases y persuadidos que Ud. como oficial de honor, que sabe observar lo propuesto, hemos venido en ello unánimes y conformes, de cuya aceptación espero el aviso.

–Tarija, abril 15 de 1817. –Mateo Ramírez. –Señor Comandante del bloqueo de esta Villa.

Contestación a la propuesta anterior:

En el oficio de usted que acabo de recibir he tenido a bien admitir la rendición de esa plaza, bajo los tres artículos propuestos, por una generosidad propia del carácter americano, en la inteligencia de que ahora mismo deberá salir con toda la guarnición a rendir las armas al campo de las Carreras, situado al este del pueblo, con sus respectivos jefes y oficiales.

–Dios guarde a usted muchos años. –Alto de San Juan, a 15 de abril de 1817. Gregorio Aráoz de La Madrid. –Señor Comandante de la Guarnición de Tarija–D. MATEO RAMIREZ.

En consecuencia, pocos momentos después se presentaron 300 hombres con sus jefes y oficiales a la cabeza y rindieron las armas ante la bandera argentina, en el campo llamado de «Las Carreras» de la Villa de Tarija, un coronel, tres tenientes coroneles, dieciséis oficiales y trescientos soldados del regimiento de los Granaderos del Cuzco. Siendo los trofeos de este espléndido triunfo, 400 fusiles, 140 armas de todas clases, 8 cajas de guerra, una bandera y muchísimos otros pertrechos militares.

El general Belgrano cuando recibió el parte de la toma de esa importante plaza, felicitó a La Madrid por el éxito de su empresa y premió con el ascenso de un grado efectivo a los que concurrieron a ella, confiriendo el vencedor el grado de Coronel efectivo, grado que conquistó muy merecidamente, en premio de su bravura.

Después se dedicó a reorganizar su división. Los patriotas le proporcionaron caballos, armas, municiones y cuanto género de bagajes pudiera necesitar para proseguir la campaña. Sesenta jóvenes tarijeños voluntariamente se incorporaron a la expedición, dándose de alta en el escuadrón Húsares que tanto se distinguió en el combate del día 15 de abril.

Una vez que terminó sus aprestos, y después de una permanencia de 20 días en Tarija, dejando el mando de esa plaza y la provincia toda a D. Francisco Uriondo, el día 5 de mayo de 1817, emprendió viaje con rumbo al partido de Cinti, hasta donde lo acompañaron algunas partidas de guerrilleros con sus respectivos caudillos.

Queda comprobado que la fecha de la batalla de la Tablada de Tolomosa es el día 15 de abril de 1817. Son incontestables las pruebas y los documentos que acompañamos, ellos no dan lugar a controversia y la verdad histórica está plenamente restablecida y confirmada.

Pero antes de terminar este estudio nos parece oportuno hacer algunas apreciaciones al respecto.

Las operaciones militares de la escogida División Volante, mandada por su heroico jefe el teniente coronel D. Gregorio Aráoz de La Madrid, no dieron resultado práctico ninguno en esa ruda y rápida campaña.

La Madrid con sus operaciones no coadyuvó el pensamiento del ilustre general Belgrano; éste tenía por objeto principal amagar Oruro, plaza fortificada y centro de la línea de operaciones del ejército realista; allí tenían almacenados víveres, vestuario, armas, municiones y otros artículos de guerra, y además era el lugar donde los peninsulares disciplinaban constantemente grupos de reclutas, que una vez disciplinados pasaban a llenar las bajas que los regimientos sufrían constantemente en la incansable guerra que sostenían con los patriotas altoperuanos.

Amagado Oruro, sin disputa hubieran acudido allí en su socorro, dejando de auxiliar la expedición de La Serna a las provincias de Jujuy y Salta y además desguarneciendo Chuquisaca, Potosí, Cinti, Tupiza, Cotagaita y Tarija, para con esas fuerzas auxiliar a los depósitos y parques.

Por otra parte, el heroico guerrillero y caudillo salteño D. Martín Miguel Güemes, habría operado con más desahogo contra las fuerzas invasoras a su provincia, las que se hubieran visto privadas de muchos recursos. Los guerrilleros altoperuanos hubieran tenido un gran alivio y de fijo Chuquisaca, Potosí y sus provincias, hubieran caído en poder de estos cóndores andinos que asechaban su presa esperando un momento oportuno para apoderarse de ella.

En esta expedición La Madrid llegó hasta Chuquisaca y después de muchas aventuras que no son de este relato, fue completamente derrotado en Sopachui por Espartero y La Hera.

El triunfo de La Madrid en Tarija fue muy celebrado, a pesar de que en mucho contrarío los planes del ínclito general Belgrano, pero el triunfo fue tan brillante y tanta era la importancia de la Villa tomada por una de las inspiraciones del genio guerrero de ese bravísimo jefe, que con razón por esa victoria mereció el ascenso a Coronel, decretándose un escudo para él y sus valerosos compañeros de gloria.

La lectura del Parte Oficial en que La Madrid da cuenta de su triunfo al general Belgrano entraña una profunda injusticia, que no sabemos cómo calificar.

En ese documento recomienda y aplaude la bravura de sus tropas, elogiando hasta a los cadetes que fueron con él desde el Tucumán, y no dice una sola palabra de la actitud resuelta y oportuna de los valerosos guerrilleros tarijeños que con él tomaron la plaza, contribuyendo en mucho al éxito de la empresa.

Méndez, desde la cuesta del Inca, lo auxilió con 100 guerrilleros a caballo, con cuya cooperación pudo ocultar sus movimientos al enemigo; los guerrilleros de Méndez impidieron que persona alguna les tomase la delantera a Tarija, secuestrando en el camino más de 100 individuos de ambos sexos. Uriondo se le incorporó el día 14 con 1000 montoneros de los comandos de Mendieta, Rojas y Avilés; estos hicieron el servicio de seguridad en los caminos y contorno de la Villa, y no dejaron pasar a los emisarios que envió Ramírez a Concepción, Tupiza y Cinti. Conocedores de las más extraviadas sendas, su vigilancia era irremplazable por los soldados de La Madrid que, no conociendo el terreno donde operaban, no hubiera sido extraño que pasando los emisarios mandados por el jefe realista hubiesen acudido Lubin, O’Relly o Vivero en su ayuda, y La Madrid no hubiese conservado tanto tiempo la plaza en su poder.

Por otra parte, el número de montoneros el día 15 fue abrumador, porque en la noche del 14 se incorporaron todas las partidas que merodeaban por esos contornos. Hemos visto como cuidaron la retaguardia de La Madrid cuando fue al encuentro de las tropas reales a la Tablada y es por consiguiente que la rendición tan pronta de las trincheras, obedeció al cúmulo de los montoneros que se presentaron alrededor de ellas, porque Ramírez podía haberse batido sin mucho esfuerzo con los soldados argentinos, cuyo número no superaba en mucho al de su guarnición, y sabemos qué clase de soldados eran los renombrados Granaderos del Cuzco.

Por temor a los montoneros, al verlos en tan gran número y apoyados por las tropas de línea, dictó Ramírez el artículo 3° del tratado que como capitulación mandó a La Madrid, ese artículo dice. «Que entren en la plaza sólo las tropas de línea», porque es sabido que los realistas temían a los montoneros más que al fuego, porque estos no daban ni recibían cuartel y era lógico temían recibir alguna agresión de su parte, y por esto querían capitular cuanto antes con el héroe argentino, quién en justicia debió haber dicho algunas palabras de aliento, elogiando la conducta tan noble y abnegada de los hijos del departamento de Tarija, que tanto hicieron coadyuvando a su victoria. Pero no se ve en el parte una sola palabra de justicia para ellos, y ni siquiera se menciona su concurrencia a la toma de la Villa de Tarija cuya plaza quedó a cargo de ellos cuando para conseguir su campaña la desocupó el esforzado y valeroso coronel Aráoz De La Madrid.

M. Ramallo

Sucre, junio 16 de 1917

2. Miguel Ramallo. Rectificación histórica. Batalla de La Tablada. 15 de abril de 1817. Tarija: Antoniana, 1917. 44 p. [T]

3. Véase nuestro libro titulado: Batallas de la guerra de la independencia Altoperuana, página 122 (Nota de M. Ramallo). [R]

4. La Madrid en sus Memorias, p. 122, dice: Que el jefe enemigo en persona regresó con el ayudante Cainzo, con el pliego de proposiciones transcrito, a su campamento de San Juan. [R]

 

// Este articulo fue originalmente publicado en el periódico tarijeño El País, el 29 de noviembre de 2020.


RECTIFICACIÓN HISTÓRICA BATALLA DE LA TABLADA 15 DE ABRIL DE 1817 Del libro: La Batalla de la Tablada 200 años 1817 –...

Publicada por Historias de Bolivia en Miércoles, 14 de abril de 2021

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