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MUCHOS SUPUESTOS SE HAN ESCRITO SOBRE EL PRESIDENTE HILARIÓN DAZA: TRANSCRIBIMOS UNO SOBRE EL ASESINATO DE HILARIÓN DAZA

Velorio de Daza.

Texto: Isabel Velasco / Extracto de: www.isabelvelasco.com

El tal Mangudo había estado preso en la cárcel de San Pedro, condenado a la pena capital como asesino del General Hilarión Daza en Uyuni y le habían conmutado la pena a treinta años de presidio. Se pasaba en la prisión cabiz bajo muy pensativo y en un estado de abatimiento notorio, muchas veces sumido en la desesperación, con ataque de catalepsia caía como muerto con el cuerpo inmovilizado por completo. En uno de estos accidentes y el ultimo, lo creyeron muerto y sin más ni más lo llevaron al cementerio para enterrarlo vivo en el nicho No. 26 del Cuartel No. 8 donde resucito de su estado cataléptico, pidiendo auxilio y socorro a gritos los cuales fueron escuchados por el barrendero, lastimosamente al desgraciado nadie lo pudo salvar a tiempo.
Al Capitán Mangudo lo habían traído de Potosí a la cárcel de La Paz para tenerlo mejor custodiado, purgando el crimen de asesinato en la persona del General Daza.
La versión del desarrollo del drama sangriento de Uyuni es la siguiente:
A las ocho y treinta de la noche del 27 de febrero de 1894 Daza llego de Antofagasta en el tren a Uyuni, habiendo sido recibido por una poblada aleccionada al grito de ¡“Muera el traidor de Camarones”! El coche donde iba sufrió algunas pedradas y antes de dejar el tren se entrego al intendente de policía Guzmán Acha quien lo recibió cortésmente, mientras que Mangudo sin respetar la condición de preso ni la presencia de sus superiores le injurio de este modo:
-“Aquí dejaras tus huesos”-
Acto seguido trato de registrarlo por si estuviera armado a lo que el General resistió, alegando que no llevaba arma alguna.
Mientras se dispersaba el tumulto Daza permaneció en la oficina del jefe de estación Juan Turriaga en compañía del Sub-Prefecto Enrique Ballivian y el Intendente Tcnl. Andrés Guzmán Acha, comisionado por el gobierno para ejecutar el mandamiento de prisión. 
Entretanto Mangudo había hecho repartir con el Tte. Castillo un cartucho de fusil a dos de los sargentos, con orden de victimar al General. Impresionados los sargentos por el temerario mensaje se apersonaron ante el Capitán para preguntarle si era suya esa orden a lo que Mangudo contesto:
-“Es evidente yo respondo”-
El jefe de estación, Señor Turriaga aconsejo a Daza quedarse esa noche con él, en vista de notarse todavía cierta agitación en el pueblo. Le explico que desconfiaba de los “pantalones colorados” aludiendo al uniforme de la tropa.
-“Ya todo está en calma”- observo uno de los guardianes. Su alojamiento está preparado.
A hrs. 10 y 30, cuando ya se había dispersado el tumulto Daza fue sacado de la estación para ser conducido a la casa que debía servirle de alojamiento. Marchaban en primera fila cogidos del brazo Daza al centro, Ballivian y Guzmán Acha a los costados. Inmediatamente después iban en segunda fila el Tte. Castillo y los dos sargentos. Después de estos iba el comisario Encinas, el Tte. Valda llevando las maletas del General y cerraba la comitiva el piquete de guardas escoltando al Capitán Mangudo.
La noche era lóbrega. El farol del alumbrado público de la esquina había sido apagado. Al doblar por ella los dos acompañantes se ralearon como para dejarlo solo. Súbitamente abandonado y sintiendo a sus espaldas algo así como un preparar de manivelas de fusil Daza exclamo:
- ¡No a traición mi Coronel!-
En ese momento Castillo insto a los sargentos con las voces de ¡Ahora! ¡Ahora! Y ellos descargaron sus armas por la espalda a quema ropa sobre el infortunado General quien corrió todavía algunos pasos gritando
- “me matan” “asesinos”-
Luego cayo exánime. Fue arrastrado al alojamiento que le tenían preparado y dice que expiro en el camino.
Inmediatamente después del asesinato a traición y a mansalva, los sargentos se replegaron a la tropa que les seguía a cierta distancia.
Mangudo confesó ser el autor directo por haber dado la orden de matar a Daza añadiendo que quiso salvar la patria “del gran traidor que venía a burlarse de la justicia”.
Castillo fue el que distribuyo la munición a los sargentos Ortiz e Ibáñez coloco a estos detrás del General y dio la orden de fuego, ambos ordenaron en forma sucesiva la ejecución del crimen.
Los cuatro fueron condenados en segunda instancia a la pena capital como asesinos, debiendo ser ejecutado solo Mangudo como jefe director. Los otros sufrirían la pena equivalente a diez años de presidio. Guzmán Acha fue condenado a quince meses de prisión como encubridor.
El Tte. Castillo se abatió en la cárcel habiendo fallecido el 21 de Marzo de 1896. A Mangudo se le conmuto la pena de muerte por la de treinta años de presidio en la cárcel de La Paz y murió tristemente de un ataque cataléptico, siendo enterrado vivo y cumplido su condena encerrado en el nicho No. 26 del Cuartel No. 8 del Cementerio de la ciudad de La Paz.
Esa fue la triste historia que aterrorizo al pueblo pasando Mangudo a la tradición paceña como el CONDENADO DEL CEMENTERIO.

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