FUERON TOMADAS DE NUEVO LAS ISLAS Y, A HORAS 18, NUESTRAS TROPAS AVANZADAS
HABÍAN LLEGADO AL KILÓMETRO 11, DESPUÉS DE HABER CAUSADO TERRIBLES DESTROZOS AL
ENEMIGO...
La memorable batalla del 10 de noviembre de 1932 fué uno de los hechos
brillantes que levantó el espíritu de los nuestros y ratificó la voluntad de
poner una valla infranqueable al enemigo. En el hecho concreto, esta
batalla sirvió para probar nuestro espíritu y paralizar completamente el avance
de las fuerzas del general Estigarribia sobre Saavedra.
Estigarribia había dicho que en ese fortín almozaría aquel día; no logró su
intento. Sabedor el Comando de que para esa fecha preparaba el enemigo un
violento y decisivo ataque con grandes masas que amagarían todo el frente,
resolvió anular su acción adelantándose en la acometida.
Para esto fué transportado desde el fortín Murguía el R.I.50, el cual debería
iniciar un movimiento envolvente contra el ala derecha del adversario. Así las
cosas, nuestras baterías en cooperación con la aviación abrieron un terrible
fuego contra las posiciones paraguayas, en la madrugada del dicho día 10. En
seguida se inició el rápido avance de la infantería que expulsó al enemigo a
viva fuerza de sus posiciones adelantadas. Este se vió sorprendido por un
ataque que no esperaba, pues se figuraba que el castigado ejército boliviano ya
no podría rehacerse de los pasados desastres. Durante este sangriento día
nuestras tropas fueron avanzando y con furiosos ataques se capturó el terreno
metro por metro. Fueron tomadas de nuevo las islas y, a horas 18, nuestras
tropas avanzadas habían llegado al kilómetro 11, después de haber causado
terribles destrozos al enemigo. (Gral E. Peñaranda E.).
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