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LOS INICIOS DE LA “MARCHA AL ORIENTE”, LA COLONIZACIÓN DE TIERRAS BAJAS

Foto: La "marcha al Oriente"

Fuente: Santa Cruz, economía y poder, 1952-1993 De: Carmen Dunia Sandoval Arenas.

La visión de largo plazo que asumió el Estado boliviano en los años cuarenta sobre la necesidad de “la marcha al Oriente” fue asumida por el Estado del 52 como propia. Frente a la dependencia de las exportaciones mineras, se trataba de buscar la diversificación económica, y la sustitución de importaciones que permitieran la industrialización del país.
La solución obvia para ambos problemas, -ahorro de divisas de una población que vive de la agricultura de subsistencia propia del altiplano y la cordillera-, consiste en llegar a las tierras bajas, planas y deshabitadas para poblarlas y producir en ellas los artículos que se importan (Guevara, 1955: 100).
Pero este Estado también debía enfrentarse a una realidad ineludible: la de un país en el mayor parte de su población vivía en condiciones de extrema pobreza, con economías de subsistencia, en las tierras del altiplano y los valles. Por otra parte las tres guerras internacionales vividas por  Bolivia desde su fundación en 1825 habían mostrado la importancia de la ocupación de su territorio.
Así, “la marcha al Oriente” era  también la ocupación de los espacios entendidos en la época como “vacíos”, pues se trataba de ocupar eficazmente el espacio nacional: aquello significaba desplazar contingentes humanos desde el altiplano y los valles hacia los llanos del Oriente. Tal proceso se denominó “colonización”.
El proceso de colonización se realizó mediante tres modalidades distintas, dependiendo del grado de protagonismo del Estado.
En primer lugar existió la llamada “colonización dirigida” en la cual el Estado asumía un rol preponderante pues escogía el lugar de colonización, seleccionaba a los potenciales colonos, los transportaba hasta el lugar definido, les proporcionaba a los potenciales colonos, los transportaba hasta el lugar definido, les proporcionaba tierras y se comprometía a dotar de los diversos elementos necesarios al proceso. Todo ello respondía a un completo programa de planificación previa, con una mínima o nula intervención de los colonos.
En segundo lugar se ejecutó la “colonización semi-dirigida”, en la cual el apoyo del Estado se reducía notablemente, limitándose a definir la zona de colonización, repartir los fundos y proveer de un mínimo de servicios básicos, mientras que la iniciativa de asentamiento partía básicamente del mismo migrante.
Finalmente, hubo la “colonización espontanea”, en la cual el proceso de constitución de nuevos asentamientos humanos se realizó sin ningún apoyo estatal o de instituciones privadas, bajo la responsabilidad de los propios colonizadores. Normalmente, en estos casos aparece la figura del “loteador rural”, sujeto que distribuye las parcelas en tierra fiscales, y que inicia el proceso legal de adjudicación de tierras por el Consejo de Reforma Agraria.
Uno de los primeros asentamientos de colonización dirigida se llevó a cabo en 1954 en la zona de Campanero-La Enconada, cerca de la localidad de Cotoca, a unos treinta kilómetros al este de Santa Cruz de la Sierra. Fue el proyecto de colonización más planificado. Ejecutado por la Corporación Boliviana de Fomento (CBF), conto con el apoyo del programa andino de las Naciones Unidas. LA dotación de tierra para cada colono era de cincuenta hectáreas, y se le proporciono vivienda y asistencia técnica. LA colonia se constituyó con cincuenta familias y tres familias, seleccionadas por la administración de la colonia en sus lugares de origen. Inicialmente disponía de una superficie total de 10.115 hectáreas. Sin embargo, con el paso del tiempo, el proyecto fracaso por diversos factores, entre los cuales cabe destacar las características arenosas del suelo, poco apto para los cultivos, el aislamiento de la colonia, y la falta de instituciones comunitarias. Poco a poco, las familias abandonaron la colonia.
En 1955 se inició el desarrollo de las llamadas “colonias militares” Cuatro Ojitos, Huaytu y Caranda, con 16.000, 10.000 y 540 hectáreas, respectivamente. Este proceso de colonización duro hasta 1961 y estuvo a cargo del ejército, con financiamiento de la Corporación Boliviana de Fomento. Se escogió para ello áreas cercanas al ingenio azucarero Guabirá, por ende, de fácil acceso a la capital de departamento. Se trataba de batallones seleccionados de reclutas que ingresaban a estas zonas de colonización a realizar los trabajos de “precolonizacion” (desmonte, construcción de caminos, escuelas, etc.) y agricultura. Concluido su servicio militar, aquellos reclutas tenían derecho a recibir una parcela de veinte hectáreas, en parte desmontada y con una vivienda. Pese a estos incentivos, pocos reclutas (entre 5 y 10%), se quedaron en la zona. Este sistema de concesiones se suspendió en 1957. A partir de ese momento solo se asentaron colonos civiles, quienes tenían que trasladarse a la zona por sus propios medios, mientras que la administración de las colonias pasó a manos de la CBF.
Otro proceso de colonización de la época fue el de Aroma con 5.500  hectáreas, proyecto de la CBF realizado en 1954. En este caso, se llevaron grupos de campesinos voluntarios desde Cochabamba a la zona de colonización. Durante dos meses se los empleaba en trabajos de desmonte y construcción de caminos, por lo cual recibían como paga ropa y alimentos. Además, debían realizar labores agrícolas en forma cooperativa. Al término de los dos meses, los campesinos debían decidir si quedarse o volver a sus tierras de origen. Si decidía quedarse recibían una parcela de quince hectáreas. DE esta manera, el proceso trataba de garantizar la permanencia comprometida de los colonos.
Así entre 1956 y 1962, la Corporación Boliviana de Fomento (CBF) y las Fuerzas Armadas fueron los organismos encargados de dirigir el proceso de colonización.
En 1962 se creó el Concejo Nacional de Colonización, que a su vez fue sustituido en 1966 por el Instituto Nacional de Colonización (INC). Sin embargo, se debe destacar el rol del Consejo Nacional de Reforma Agraria (CNRA), quien realizaba la dotación de tierras mientras que el INC se encargaba de su adjudicación.
En 1962 se elaboró un Plan Nacional de Colonización, para ello el Instituto Nacional de Colonización y Desarrollo de Comunidades Rurales identifico tres zonas para la colonización:
-El Alto Beni, en el norte del departamento de La Paz.
-La zona de Chapare (Chimore en el departamento de Cochabamba.
-La zona de Yapacani-Puerto Grether, en el departamento de Santa Cruz.
En consecuencia, se estructuro un proyecto de colonización para estas tres áreas. En 1962, una misión de expertos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) llego a Bolivia para colaborar en la elaboración del proyecto. Inicialmente se pensó en el asentamiento de 4.000 familias en las tres zonas con un costo de 5,8 millones de dólares, pero luego se decidió ampliar el proyecto para abarcar 8.000 familias. 1.000 en un proceso de colonización dirigida, y 7.000 por colonización espontanea. De esta manera, en la primera parte del proyecto, se asentaron 350 familias en el Chapare, 350 en Yapacani y 300 en Alto Beni. El costo total de todo el programa ascendió a 21.450.000 dólares, de los cuales  el 43,2% fue financiado por el BID, y el Estado boliviano aporto con el 47%, que no era sino el valor de las tierras concedidas (Valle Antelo, 1973: 116-122).
Resumiendo el proceso de colonización y asentamientos hasta 1966, ya se puede observar la importancia de los asentamientos espontáneos en aquellos días, con un 31,5% del total de familias de colonos. Por otra parte, las colonias de Cuatro Ojitos y Yapacani eran las más importantes, desde el punto de vista del número de familias asentadas.
Durante los años de los gobiernos militares (1964-1978), el proceso de colonización recibió un impulso importante del gobierno central. En in estudio sobre las colonias de Antofagasta, Berlin, El Chore Huaytu, y San Julian, se encontró que el 57% de los asentamientos semi-dirigidos y el 89% de los asentamientos dirigidos se realizaron entre 1965 y 1978 (Soria, 1996: 36).
Hasta 1980 el  79,06% del total de familias de colonos en las tres áreas de colonización eran asentamientos espontáneos. Por ejemplo en Santa Cruz el 45,05% del total de familias fueron absorbidas por las colonias, por su parte el 72,48% de las familias asentadas en el departamento de Santa Cruz eran asentamientos espontáneos.
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