Este artículo fue originalmente publicado el 10 junio, 2018
en el matutino tarijeño El Periódico. // http://elperiodico-digital.com/2018/06/10/los-heroes-olvidados-miles-de-jovenes-bolivianos-del-altiplano-oriente-y-valles-lucharon-lado-a-lado-defendiendo-el-chaco-boreal/
La Guerra del Chaco enfrentó a Bolivia y Paraguay, los dos
países más pobres del continente. Fue una guerra sangrienta e insulsa. En ella
lucharon bolivianos de todas las regiones, clases sociales, culturas e idiomas.
Al cumplirse ochenta y tres años de aquella guerra, es justo recordar a
nuestros héroes, hasta ahora anónimos.
SOLDADOS BOLIVIANOS. UNIDAD DE ARTILLERÍA. ALIHUATA. 1934
El sacrificio y estoicismo de nuestros soldados y de toda la
nación en esa tragedia merece el reconocimiento y gratitud a todos ellos.
Nuestros soldados olvidando sus prejuicios, temores y anhelos personales,
marcharon al Chaco con un solo objetivo: La defensa de su patria, Bolivia.
Pasaron 83 años y son pocos quienes se toman su tiempo para
recordar a miles de jóvenes bolivianos del altiplano, oriente y valles lucharon
lado a lado defendiendo un pedazo de tierra llamado Chaco Boreal. La Guerra del
Chaco tuvo un alto costo para el país considerando su escasa densidad
poblacional, pobreza y crisis económica de esa época. Bolivia soportó la muerte
de 32.397 hombres en los tres años del conflicto, 21.000 fueron capturados y
padecieron el cautiverio en territorio paraguayo de los cuales 4.264 murieron
en prisiones, 32.000 fueron heridos y evacuados y cerca de 6 mil desertaron a
territorio argentino. Del cautiverio retornaron 349 oficiales y 16.825
soldados.
Allí donde estaba un boliviano, estaba un héroe. Desde ese
infausto 15 de junio de 1932, hasta ese añorado 14 de junio de 1935, se dieron
cientos de escaramuzas, combates y batallas; donde hubo muestras de valor
estoico en cada fortín y en cada trinchera. Varios son los héroes patrios,
reconocidos y recordados; aparte de Busch, de Marzana, de Peñaranda, de Bilbao
Rioja, de Rodríguez y varios otros, existieron cientos de héroes, que el tiempo
y el desinterés generalizado en nuestro medio los entregó al olvido e
indiferencia.
LA RECLUTA, DESPEDIDA Y PARTIDA AL CHACO. LA PAZ. 1932
Desde la lejanía del tiempo, llegan las voces de aquellos
que perecieron o sobrevivieron a la hecatombe guerrera. Boquerón fue una
muestra del valor boliviano, donde entre el 9 y el 29 de septiembre de 1932
nacieron la primera casta de héroes bolivianos. Resalta el capitán cochabambino
Víctor “Charata” Ustarez; astuto, valiente y temerario guerrero, quien regó con
su sangre la tierra de aquel fortín; en el intento de apoyar a sus hermanos
asediados. Con él estaba un quinceañero, Vicente Camargo, que logró salir de
Boquerón. Entre los defensores se hallaba el sargento orureño Antonio Arzabe,
denodado enfermero y el subteniente paceño Alberto Taborga quien dijo: “En
Boquerón me sentí más boliviano que nunca” al reconocer en cada uno de sus
soldados a la patria amada. Es allí, en medio de aquella dura batalla donde
habita Bolivia, en el rostro de todo boliviano. Allí estaba Bolivia, sus hijos
que combatían, está en la voz de “Los cuatro juramentados”: los subtenientes
Tomás Manchego, Melquiades Cossío, Rosendo Villa y Luis Reynolds, que juraron
sobre la cruz de sus espadas, volver victoriosos o morir en el Chaco. Los cuatro
cayeron con honor en Boquerón.
Allí estaba Bolivia con sus soldados: Escobar, nacido en
Totora (Cochabamba) y Ayaviri, hijo de Pacajes (La Paz), el estafeta Pablo
Sullcamayta, natural de Guaqui y el soldado chiquitano Chipanari, además del
joven migrante Pedro “el roto” Vargas quien llegó desde Chuquicamata, Chile,
los quillacolleños Joaquín Reinaga y Samuel Rocha. La patria reside también en
el grito del dragoneante corocoreño Pedro Chura: “¡pelas cojoros!, a ver
¡avánzate si eres hombre!”, en la agilidad del cabo Francisco Cuchallu, hijo de
Huanuni, la bravura del andino Pedro Collorana, en el cantar del tarijeño
Modesto Soruco, el coraje del beniano Ruperto Mandiopore, el arrojo del acreano
Sabino Yacuara, y el sufrimiento del apololeño Antolín Mazurco y del sucrense
Juan Melcon, quienes fallecerían en la defensa. Bolivia vivía entre ellos sin
regionalismo, sin rencores, sin diferencias y todos en la misma trinchera.
Pero Bolivia no sólo es Boquerón, existieron varios momentos
en los que sus hijos demostraron ser grandes héroes, donde destacaron los
montaraces patrulladores que se ganarían a sangre y fuego el apodo de
“satinadores”, entre ellos el teniente cruceño Germán “El Centauro” Busch, el
subteniente paceño Arturo Montes, hijo del ex presidente Ismael Montes y el
capitán k’ochalo Agustín Jiménez, uno de los más grandes soldados bolivianos,
la agilidad de un músico el tarateño Jesús Arze Quinteros, telefonista de
trinchera que en un acto de astucia con una llamada interceptada, confundió a
las tropas paraguayas y evitó una ofensiva que habría sido fatal para los
bolivianos. El músico salvó a todo el ejército boliviano.
Fue en Km. 7 donde destaca la figura del mayor Germán
Jordán, hombre valiente y estimado por sus soldados cuya muerte allí fue honrada
por todos. Es uno de los 1.008 hombres, conocidos históricamente como: “los
1.008 voluntarios de Alihuata”. Quienes evitando un desbande forjaron la línea
defensiva donde se dio la batalla del 10 de noviembre de 1932, uno de los
combates más fuertes que tuvo el continente. Allí ganó el coronel Bernardino
Bilbao Rioja, quien comandó la ofensiva y el ataque donde murió con honor el
veterano de la primera guerra mundial, Walter Kohn quien gritaba a viva voz
¡viva Bolivia! levantando en alto la tricolor boliviana Igual fin tuvo el Tte.
Ramón Alderete, comandante de la 3ra compañía llamada “Compañía Sacrificio” del
25 de infantería debido al sacrificio de muchos de sus integrantes, uno de
ellos el soldado, Saturnino Guerra sobrevivió a la batalla y luchó toda la
guerra. También fallecieron el Stte. Eusebio Laguna y el sargento Eudal Rivera
admirado por los paraguayos que lo enterraron con las honras de héroe. El
sacrificio de todos ellos consolidó la fuerza boliviana en el Chaco y las
victorias en Platinillos, Loa y Bolívar.
1933 llegó con la batalla de Toledo, donde pereció el cabo
Alejandro Toledo del 24 de infantería, hijo de Vallegrande, héroe en la batalla
del fortín que llevaba su apellido. En el ataque a Nanawa destaca la figura del
Mayor Roberto Carrasco, del “Avaroa” 1 de caballería, que con sus hombres
fueron cercados en el sector de Pirizal, cercano a Nanawa, allí sucumbieron
dando pelea casi todos murieron. Carrasco fue acribillado e intimidado a
rendirse, al no poder hablar respondió con un disparo de su revólver, ante tal
arrojo el coronel paraguayo Irrazábal, le rindió homenaje.
COMPAÑÍA DE METRALLISTAS BOLIVIANOS. VILLA MONTES. 1933
Carrasco fue bautizado como “el héroe de Pirizal”. En las
siguientes batallas, un valiente, el soldado Ricardo Roque Condori, natural de
Charaña perdió el brazo en la batalla de Gondra, sobrevivió y regresa a casa.
Destacaron los oficiales satinadores Carmelo Cuellar, Eulogio Rivero y Max
España, quienes como Busch, Montes y Jiménez, avanzaban sobre las posiciones paraguayas
atacando su intendencia, realizando “cuatrereajes” y capturando prisioneros.
La más dura batalla de ese año, fue el segundo ataque a
Nanawa el 4 de julio de 1933, donde dos mil bolivianos perecerían en un ataque
frontal a las defensas paraguayas, dando muestras de un coraje desmedido, valor
desconocido y amor patrio incalculable. Algo similar, se dio en septiembre. El
Gral. Hans Kundt visitó el Colegio Militar de La Paz donde aún estudiaban 162
cadetes de los tres primeros cursos, los dos últimos habían sido movilizados y
como varios oficiales habían sido heridos y muertos en las distintas batallas.
Kundt pidió a los cadetes que: “sólo aquellos que quieran ir a la guerra diesen
tres pasos al frente”. Todos desde los jóvenes de tercero hasta los adolescentes
de primero, los 162, dieron los tres pasos al frente. Se les repitió una y otra
vez, todos volvieron a dar los tres pasos al frente, los 162 marcharon a
combatir en la guerra. Es ellos que se consolidó el patriotismo del joven
boliviano.
En los combates de Campo Grande y Pozo Favorito, en un
intento heroico de romper el cerco pereció el comandante del regimiento
“Chacaltaya” 27 de infantería, el Cnel. Pedro Tardío, así como el Tte. Julio
Zambrana y varios de sus hombres del “Loa” 4 de infantería, el sacrificio salvó
a sus camaradas. Al poco tiempo fueron cercadas la 4ta y 9na divisiones
bolivianas por las tropas paraguayas. Se luchó con fuerza para romper el cerco
logrando la noche del 9 de diciembre, con el My. Celso Camacho y sus bravos del
“Pérez” 3 de infantería, seguido por el Cap. René Santa Cruz y sus valientes
del 34 de infantería: Igual hicieron los comandantes Carvallo y Aguirre, jefes
del 20 de infantería y del “Murguía” 50 de infantería, respectivamente. El
resto de los regimientos en un último esfuerzo “dieron el todo por el todo” en
la mañana del 11 de diciembre, los bizarros del “Lanza” 5 de caballería,
rompieron el cerco y salieron; otros como el Tte. Luis Reyes y el cabo cinteño
Lucio Ojeda, desfallecientes al borde del escape fueron capturados. El hermano
de Bernardino, el My. Sinforiano Bilbao Rioja, comandante del “Colorados” 41 de
infantería fue herido y capturado al intentar romper el cerco y el My. Zoilo
Sanjinés murió, pistola en mano, en igual intento. Estos sacrificios no fueron
estériles, varios de sus soldados lograron salir; la captura de sus camaradas
se debió a la falta de agua, comida e insolación, suplicio que causaba mucho
daño a los soldados. Los comandantes de ambas divisiones firmaron la
capitulación a media tarde de ese día.
1934 salía a la luz con una nueva casta de héroes. En el
fortín La China, el regimiento “Ingavi” 4 de Caballería se inmoló para evitar
que la Octava División, fuese rodeada. Allí fue capturado Tiburcio Cruz, un
valiente Cotagaiteño, luego combatió en los fortines Magariños, Campo Jurado,
Esteros y Conchitas, allí es herido el ferroviario Julio Calleja, quien no
quiere dejar a sus amigos pero su herida lo obliga a volver; es en ese tiempo
se combate con fiereza en el sector del Condado, donde se defendía el fortín
Ballivián. Fue allí donde el hermano del juramentado de Boquerón el Cnl.
Francisco Manchego murió enfrentando al enemigo. Allí también combaten dos
valientes soldados Marcelino Salazar natural de Umala y el sucrense Víctor
Velásquez, quienes se batieron como leones defendiendo el fortín Ballivián. Los
paraguayos se movieron al norte y lograron vencer en Cañada Tarija en marzo de
1934, donde el coronel Ángel Bavia comandante del “Montes” 18 de Infantería
prefirió suicidarse antes que rendirse. A esa acción le siguió la victoria
boliviana de Cañada Strongest en mayo de ese año donde fulguraron Desiderio
Rocha, valiente oficial y el Tte. Rosendo Bullían, jugador del club The
Strongest y resalta el cabo tupiceño, Carlos Rodríguez Cortez, bravo y corajudo
y con él, otro valiente el soldado paceño Rufino Salcedo.
El frente de lucha se iría al norte, en Isoporenda,
Algodonal y Capirenda, región desértica que fue útil para los paraguayos
quienes en el sector del Carmen rodearon a dos divisiones recién formadas,
cuatro mil bolivianos lucharon a sangre y fuego para salir del cerco. Allí
perecería el mayor Víctor Eduardo, muy querido por sus soldados. Los paraguayos
asaltaron los comandos y capturaron a sus jefes, entre ellos el Cnl.
Maximiliano Ortiz, Comandante del “Beni” 16 de infantería, cuyas piernas fueron
mutiladas por la metralla, el temerario Cnl. Zacarías Murillo y el Cnl. Walter
“El tigre Rubio” Méndez, admirado y temido comandante, respetado por ambos
bandos.
En el sector de Picuiba, varios soldados bolivianos murieron
de sed o se suicidaron, pero fue en aquellos momentos donde resaltó la
hermandad de las trincheras: del amigo, del camarada, de aquel que había vivido
y compartido la trinchera, allí estaba Pedro Condori que comparte sus orines con
el sediento, el camarada Adrián Vaca que carga sobre su espalda el rifle del
moribundo, el compañero Reynaldo Alcoreza que carga el peso del que desfallece
cuando apenas puede con su humanidad y el joven Renato Maras que vela por su
hermano menor Isidro, y no soporta la idea de verlo morir. Estos valientes y
los que sobreviven llegaron a la serranía del Aguaragüe y se atrincheraron a la
espera de los paraguayos.
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- EL NEFASTO GOBIERNO DE MELGAREJO
- CAP. VICTOR USTARIZ
- LOS TENTÁCULOS DEL ESPIONAJE ARGENTINO EN LA GUERRA DEL CHACO
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