Historias de Bolivia, Archivos Históricos.- Sitio dedicado a la recolección de notas periodísticas, revistas, libros, fotografías, postales, litografías, investigaciones, curiosidades, etc., etc. Todo lo relacionado con la historia de nuestra patria Bolivia. (Historia de Bolivia).

FORTÍN BOQUERÓN, 19 DE SEPTIEMBRE DE 1932 - LUCHAR HASTA QUE MUERA EL ULTIMO HOMBRE...

Del libro: Diario de campaña de: Antonio Arzabe Reque // Tropas bolivianas. 

Hasta Asunción”... habían gritado las multitudes en las ciudades de La Paz, Oruro, Cochabamba, y en todos los ámbitos de Bolivia. “Hay que pisar fuerte en el Chaco...” había gritado un presidente energúmeno y tozudo del que se decía ser un gran hombre, y los generales quedaron callados. No se escuchó ni una voz en contra, nadie dijo lo que era una guerra, porque nadie la conocía sino desde la butaca cómoda de una sala cinematográfica. Y las multitudes ávidas de curiosidad, aceptaron lo que se les dijo. Muchachas y muchachos de todas las edades gritaban en esos momentos eufóricos ¡¡A la guerra!! ¡¡Abajo el Paraguay!! Pero esa curiosidad iba a costar muchas vidas y torrentes de sangre generosa. Miles de campesinos, de obreros y de estudiantes llenaron los cuarteles y se puso en marcha el carruaje bélico de Marte... ¡No para los señores y los grandes caballeros! La guerra no se hizo para ellos. “Que vayan los tontos, los crédulos del significado de la palabra Patria!
Es para éstos la guerra... Y es así cómo los contingentes se aprestaron a marchar. Grandes columnas con los pechos adornados de reliquias y medallas. Pasaron “los defensores de la Patria”, “los vencedores de cien batallas” y “los héroes de la Patria”. 
Pasada la euforia; al sentir los primeros aguijones de una marcha forzada o la carencia de los vítores de los pueblos, o sentir la proximidad del Infierno Verde, el entusiasmo se convierte en desaliento. Es entonces que los padrinos y los parientes, van buscando puestos de retaguardia para los “ahijados”, sobrinos y primos... Total, entraron a defender su Patria en un regimiento de mil doscientos hombres y sólo llegaron a la línea, los indios, los cholos... Los hijos de los “caballeros” quedaron a “defender su patria” en la retaguardia, pelando papas o mandando partes y novedades desde un prostíbulo, que para ellos es un campo de batalla... Estos serán los héroes auténticos de la Campaña del Chaco. Estos tendrán el pecho cubierto de medallas... Mientras tanto, en el verdadero frente de combate, aquí en el Chaco Boliviano, hay tan sólo 2.700 soldados que se baten como leones... ¿Qué importa? ¡Que se destripen por esa Patria que los cholos y los indios la defienden para los “caballeritos de cuello duro”, para los “héroes” de retaguardia... ¡Ironía e injusticia de este nuestro Destino! 
¡Boquerón...! Boquerón, crisol de heroicidad de tus hijos. Aquí está el verdadero amor a la Patria. Aquí están ellos frente al enemigo, fusil al brazo. Defendiéndote a sangre y muerte. ¿Qué será ahora de ti? El Comando Supremo ya sugiere que se te abandone. Que se te dé por desaparecido. Bolivianos de Boquerón: seréis abandonados por vuestros hermanos de lucha.
Por vuestros comandos superiores... Por todos... Aún por la Patria a quien defendéis y por la que derramáis vuestra última gota de sangre. Todos os abandonan... 
Más, no ha llegado aún la hora de tu designio. Tienes que perecer ante el empuje superior del número de las armas paraguayas. Tienes que sucumbir ante las imprevisiones de los generales y la tozudez del mandatario...
Como es costumbre de todos los días, Boquerón amanece con un fuerte tiroteo. Los soldados del reducto ya no pueden sostenerse de pie. Les zumban los oídos y a muchos les están sangrando. Los hombros donde apoyan los fusiles o las ametralladoras son heridas sanguinolentas. Van a la sanidad a pedir un poco de algodón para sus oídos y construyen almohadillas para sus hombros doloridos. La sangre les fluye de la nariz y sus ya decrépitos cuerpos sufren el martirio de la disentería que les atormenta. 
Ahora, Yucra guarda un silencio de muerte. Se han ido sus fuerzas a otro sector? ¿Nos abandonan también los muchachos que luchaban por nuestra liberación? No importa... La suerte fatídica de los defensores de Boquerón es LUCHAR HASTA QUE MUERA EL ULTIMO HOMBRE..., ya se va cumpliendo, de seiscientos cuarenta combatientes en las trincheras, sólo quedan trescientos veinte hombres, desnutridos, cadavéricos, escuálidos, sin esperanzas hacia la vida... Boquerón: tu muerte se aproxima, y nadie... nadie, tiene piedad por tu sacrificio en aras de la Patria!...
Un viento suave trae las emanaciones de los cadáveres. Olor nauseabundo a carne podrida, a muerte, a cementerio...
Nuestros mismos muertos hieden y ese miasma atrae millones de moscas que se van posando sobre las heridas de los nuestros. Triste fin de aquellos desdichados muchachos...! 
Son las doce del día, no se escucha ni un solo disparo. Parece que el enemigo, después de la cruenta lucha de ayer, estuviera restañando sus heridas recibidas en el combate. ¡Pobres paraguayos! También ellos tienen derecho a una voz de compasión... Han sufrido, quien sabe, más que nosotros... Porque ellos han llevado la peor parte en las batallas que se libran en los alrededores de Boquerón. Sus fuerzas diezmadas, con más de cinco a siete mil bajas; regimientos íntegros deshechos. Cuerpos de mando incompletos... Han muerto muchos de sus oficiales... Varios de ellos están a nuestras vistas, convertidos en masa pútrida. Hasta parece que los buitres están hartos, con tanta asquerosidad. Pero, continuará la matanza, continuará el sacrificio en aras de la Patria... Hasta que las energías sucumban y sólo queden espectros entre las sombras de las tétricas trincheras de Boquerón. 
Dos de la tarde; nueva andanada de shrapnells cae sobre Boquerón. Se va a iniciar un nuevo combate. Las ametralladoras se confunden con los disparos de la fusilería. Los asaltos se suceden uno tras otro; pero, sin resultados positivos para los paraguayos... Boquerón sigue su agonía; pero sigue peleando...
Las tropas paraguayas se estrellan contra las posiciones bolivianas en su desesperación. No les dejamos acercarse a nuestras trincheras, aunque sus oficiales, que vienen detrás, les arengan en guaraní. Otros, les insultan y les amenazan con disparos de pistolas. Estos son los blancos de nuestros fusileros “caza pilas”, se los busca más, son los preferidos de nuestros disparos, a ellos porque son los conductores de esta carnicería.
Mientras los atacantes van sufriendo otro revés, por décima vez, en el cielo se presenta otro enemigo, es la aviación paraguaya. Los defensores de Boquerón tienen que habérselas con enemigos del aire y de la tierra. Los primeros no nos importa nada; los más riesgosos son los que tenemos al frente. Estos, tienen cuchillos que brillan siniestramente a los rayos del sol de la tarde. 
En terrible combate han muerto al suboficial Primitivo Miranda y al sargento orureño Alberto Camacho. Este último, poco más o menos a las ocho, charlando con un teniente, le decía “—Mi teniente, ahora más que nunca soy un verdadero cristiano, ¿sabe por qué? Esta noche, cuando me encontraba en mi posición, sentí como en un susurro la venida de la Muerte, y, de un momento a otro, siento en el pecho el latigazo de una bala. ¡Qué golpe, mi teniente! La bala tropezó en una medallita de la Virgen de Copacabana que me regaló mi madiecita cuando yo partía al Chaco. ¿Quiere verla?— Y Camacho se descubrió el pecho y allí estaba la medalla totalmente doblada. El proyectil casi la había partido en dos... ¿Y ahora?
Alberto Camacho, el convencido cristiano, joven estudiante de uno de los colegios de Oruro, estaba tendido boca arriba entre los sepulcros, esperando el turno para ser enterrado. Camacho: ¿Qué te trajo aquí, a este lugar que más tarde le llamarán el “INFIERNO VERDE”? ¿Acaso, el acendrado patriotismo que engendraron las juventudes al grito estentóreo de ¡Guerra!? 
¿Cuáles fueron tus ideales al llevar el fusil a la bandolera y marchar a los sones de las marchas patrióticas? ¿Querías ser un héroe, sin sentir el hálito de la muerte? O creías que en medio del combate te iban a condecorar con la cruz del héroe, para después lucirlo en les desfiles? ¡Ingenuo...! ¡Idealista! ¡Iluso!... La Patria necesita muertos, heridos, mutilados... que vivan para ser los muestrarios de las guerras para las nuevas generaciones, y mantener así, el fuego del civismo que alienta a los pueblos hacia la civilización... ¡Pobre compañero! Estabas designado por el Destino para servir de holocausto a la Patria...
Ahora, descansa, mientras nosotros tus camaradas de armas, continuaremos con este sacrificio, sabe Dios hasta cuándo...
Mientras tanto sigue la Muerte su ronda alrededor nosotros... Acaso pronto, muy pronto te seguiremos... 
El coronel Peña envía un informe de las operaciones que se desarrollan en el frente de combate, dice así: “Por el desarrollo de las operaciones a partir de esta noche, se presenta una nueva fase, es la GUERRA DE DESGASTE, por fracciones paraguayas móviles que oponen resistencia en cada posición, con la única mira de evitarnos comunicación y aprovisionamiento con Boquerón. Debemos confesar que para esta clase de guerra, NO ESTAMOS PREPARADOS... que seguiremos luchando hasta agotar nuestras últimas energías; pero, que no debemos perder de vista que el Destacamento Marzana no puede tener una larga permanencia, si sigue prolongándose...” Y concluye: “La captura de los últimos prisioneros, nos demuestran que no están muriendo de hambre y sed los paraguayos...“ 
Más tarde continúa su comentario: “Así se cree que el desgaste perjudicará en mayor grado al enemigo, a pesar de ser diez veces más numeroso; hay que obligarlo a retirarse a su base, Isla Poí, y en fin, simultáneamente, que si la desproporción numérica impide el contraataque, deben los destacamentos atrincherados en sus sectores, contener al enemigo; pero si se deja el contraataque, que mantiene el contacto, y se atina apenas a contener al enemigo, guardándose en casa, queda por fuerza ABANDONADO BOQUERÓN, cuyo sostén motiva precisamente la obstinación del Comando…
Una escuadrilla de aviones paraguayos revuela por los aires de Boquerón. No disparan; parecen vuelos de reconocimiento y de patrullaje. No ha pasado ni dos minutos, cuando uno se desplaza hacia Yucra y el otro va descargando sus bombas dentro del fortín. Uno de ellos ha caído en forma certera a un depósito de arreos de las piezas de ametralladoras pesadas, aunque no ha causado víctimas. Una vez que ha terminado su bombardeo, también se dirige hacia Yucra, mientras el otro comienza a lanzar sus bombas. Estas no caen dentro; pero las explosiones son tan tremendas, que destrozan el sistema nervioso de los soldados. Al poco momento están de regreso y se dirigen a su base de Isla Poí. 
Probablemente llegan más contingentes de refuerzo para las tropas paraguayas. Se escucha a lo lejos un gran ruido de motores de camiones. ¿Estarán relevando a los que se encuentran cansados? ¿O habrán tropas frescas para una lucha nueva? ¿Qué es lo que se pretende? Sólo Dios sabe lo que será de nosotros... Pero Boquerón seguirá defendiéndose como lo ha hecho hasta este momento...

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Historias de Bolivia. Con la tecnología de Blogger.