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FORTÍN BOQUERÓN, SEPTIEMBRE 22 DE 1932, BOQUERON NO DEBE SER ABANDONADO

Fuente: Boquerón: diario de campaña De: Alberto Taborga T. / Foto: Inmediaciones de Fortín Boquéron.

Son las siete de la mañana. En el sector Norte del reducto se siente el incesante tableteo de las ametralladoras; a esto le sigue un nutridísimo fuego de fusilería. Los disparos pasan a ras de tierra. Muchos de ellos se han incrustado en las paredes de los galpones que hacen de hospital. Un soldado que permanecía en la puerta del edificio, ha caído herido de gravedad.
No tiene salvación. El proyectil le ha atravesado el estómago, lo que ocasiona su fallecimiento a los pocos momentos. El tiroteo continúa en forma tremenda. Mientras los tiros de mortero se vacían dentro del fortín con sus detonaciones características. Otro ataque se perfila en el sector del teniente López Sánchez. Hace presumir que ésta sea otra pugna por romper la resistencia de los defensores que no atinan a qué sector acudir; pues se nota grandes claros entre los soldados.
Unos van hacia un sector para luego correr hacia otro. Hay desesperación entre los combatientes. Varios soldados han caído heridos en esta refriega que va resultando desastrosa para nuestras fuerzas. Los muertos no han sido retirados de las posiciones, porque el fuego es menudeado y se corre el peligro de causar más víctimas en esta empresa. La pieza de ametralladora que bate el sector del teniente López Sánchez pide ayuda a otra pieza que se encuentra en otro sector. El tirador y el sirviente corren como locos; pero el que lleva la ametralladora ha sido alcanzado por un proyectil. Caen al suelo él y la pieza. El sirviente que ha visto y le seguía por detrás, levanta la ametralladora y desde el lugar donde se encuentra el cadáver de su compañero, entrando en posición, empieza a disparar. Una nube de polvo se levanta entre los atacantes, que sorprendidos ante esta reacción, no saben si retroceder o continuar el avance. Momentos difíciles para las tropas atacantes.
Una nueva ametralladora dispara desde una “chapapa” en forma intermitente. Los fusileros paraguayos cogidos entre dos fuegos, retroceden alocados entre ayes y la desesperación de los que se encuentran dentro del monte que disparan buscando a las ametralladoras que no cesan de hacer fuego. Por fin, una nueva derrota marca el afán de querer rendir la defensa del reducto de Boquerón. Mientras tanto allí en el sector norte, el enemigo ha sido desalojado nuevamente de las posiciones, que en un momento habían creído ya suyas. Otra dura experiencia para las tropas atacantes. Boquerón continuaba como en el primer día, siempre con su espíritu combativo. 
Ha cesado el combate, dos horas de cruenta lucha, saldo fatal para los nuestros. Han caído muchos muertos esta vez, como en ningún día. Ascienden las bajas a nueve muertos y quince heridos. Y... ¿para los paraguayos? ¡Qué elocuentes son los ayes de los heridos que se encuentran en este momento desangrándose sin salvación; pues las posiciones paraguayas y bolivianas controlan el campo, donde no podrán venir los auxilios de ninguna de las partes. Varios heridos se van arrastrando, otros permanecen inconscientes en el campo de nadie. Estos morirán porque no hay miras de salvación. Han pasado tres horas. Nuestros muertos fueron recogidos y enterrados en una fosa común. Los tiros de morteros van cayendo en las posiciones que ocupan nuestros soldados; pero éstos han abandonado ese sector y vigilan desde otras posiciones que en forma apresurada construyen. La metralla cae en aquellas posiciones y el estruendo de las mismas hace retumbar todo el fortín. No hay cuidado. A las tres de la tarde se reinicia el fuego de la fusilería y de las ametralladoras. Nuevamente se comprueba que el enemigo ataca el mismo sector. Nuestros soldados vuelven a las posiciones primitivas donde explotaban los tiros de morteros y que ahora han cesado en previsión de herir a sus mismos compañeros.
Nueva oleada de asaltantes a nuestras trincheras. Esta vez las piezas del reducto funcionan magníficamente y el barrido se hace en forma sistemática. No hay poder humano que haga a los atacantes conseguir su objetivo. Todo esfuerzo de los paraguayos se estrella contra la barrera de fuego que los detiene y los va aniquilando en forma inmisericorde. Son las cinco de la tarde y aún continuaba la limpieza de tiradores aislados que han quedado en ese sector. Una pieza paraguaya se ha apostado sólo a doscientos metros y desde ese punto dispara contra las posiciones nuestras; pero ha sido descubierta y una andanada de disparos de fusilería ha puesto fin a ésta que mortificaba con sus disparos.
El silencio cae en el fortín. Desde este momento, más parece que se hubiese convertido en un cementerio. El cielo va cubriéndose poco a poco con el manto de la oscuridad. La noche cae, y con ella el combate llega a su término. Mientras, allí en el puesto sanitario continúa la labor de los médicos y sanitarios en la curación de los heridos. Dura ha sido la labor de los cirujanos, que en todo el día no descansaron ni un minuto. El puesto de socorro está totalmente colmado de heridos. Son en total ciento treinta. Lo único que se puede hacer por ellos, es colocarles encima de las heridas un retazo de colchoneta empapada en agua de permanganato... 
En tanto el combate arreciaba en el reducto de Boquerón, el telégrafo entre Muñoz y La Paz, funcionaba llevando los siguientes partes: 
Transmitido de Muñoz.- Cif. 780.- Esmayoral. La Paz.- Urgentísimo. Contesto su Cif. 640. La información de la Cuarta División respecto número días alcanzaría abastecimientos Boquerón resultó falsa. De informes tomados en terreno a oficiales acaban salir Boquerón, resulta aprovisionamiento alcanzar sólo para mañana más. Basados informaciones origen indicamos apreciación Comando Cuerpo Ejército es siguiente: 1. Boquerón puede sostenerse máximo hasta mañana noche, en que habría que desocuparlo para salvar sus defensores. 2. Refuerzos llegan tarde para salvar a Boquerón quebrantando enemigo; pero, haremos posible iniciación otras operaciones. Fdo. Gral. Quintanilla”.
No se dejó esperar la contestación de La Paz y fue ésta:
Recibido de La Paz.- Cif. 203.- C1CE Muñoz. Hrs. 23.30. Como último esfuerzo disponga Ud. suministro provisión Boquerón mediante aviones que pueden efectuar vuelos mañana temprano aprovechando oscuridad. Trimotor que sale mañana colaborará mismo objeto.- Gral. Osorio.” 
Y la orden de Muñoz, se dirige ahora a las tropas que se encuentran en el frente de batalla y dice ella:
Telegrama C1CE.- Muñoz 22-IX-32.- Cuarta División Arce.- Hrs. 24.30. Por orden Es mayoral BOQUERON NO DEBE SER ABANDONADO. Debiendo realizarse su aprovisionamiento por medio de aviones colaborados por el trimotor que debe llegar el día de mañana y en cuanto el tiempo lo permita, saldrán ésta los aviones llevando doscientos kilos charque para su lanzamiento Boquerón. A su vuelta deben recoger víveres que debe Ud. hacer esperar pista bien embalados y acondicionados para segundo lanzamiento. En cuanto llegue el trimotor será empleado igual misión. No obstante esto, ese Comando no debe escatimar esfuerzos para procurar el abastecimiento por tierra para que aprovisionamiento por aviación no sea reducido, ya que hállase sometido a estado atmosférico. Fdo. General Quintanilla.”
Vanas son las esperanzas de nuestros generales. Ni el aprovisionamiento por medio de aviones daría resultado, ni para qué pensar en el aprovisionamiento por tierra, ya que hace dos o tres días no entra ni sale ni un gato a media noche, por así decirlo. El cerco de los paraguayos se ha consolidado de tal manera, que todo el frente de Yucra y Ramírez, está cubierto de tropas enemigas bien atrincheradas. 

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