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LA AFAMADA CANTAUTORA CHILENA VIOLETA PARRA COMPUSO “GRACIAS A LA VIDA” EN LA PAZ


Foto: Gilbert Favre y Violeta Parra, amores y desamores que se decantaron en Bolivia. / Sol de Pando. // Por: Silvia Antelo Aguilar / Sol de Pando, 23 de Marzo de 2014.

El testimonio de Luis Rico
1966. Conocí a Violeta Parra cuando volví a La Paz una noche de Peña Naira en que estaban anunciados Los Jairas, conjunto musical compuesto por Ernesto Cavour, pícaro y talentoso vecino de Ch´ijini, Yayo Jofré que “aferrado” a su instrumento, con timbrada voz inmortalizaba el yaraví de Juan Walparrimachi poeta indio hijo de Juana Azurduy, Julio Godoy eximio guitarrista dispuesto a amistades verdaderas, El Gringo Fávre (Fravré) talentoso flautista que después de encantar a los chilenos, vino (o escapó) a Bolivia embrujado por la quena, y Alfredo Domínguez, nuestro arquero tupiceño que por consejo de Liber Forti tenía que dejar la pelota de fútbol y dedicarse plenamente a tocar su guitarra.
Mientras “Los Choclos”, un conjunto musical de sicuris compuesto por seres humanos de eterna vocación de servicio como son los lustrabotas calentaba al público, los parroquianos que no pudimos caber en el recinto, conversábamos en el patio enterándonos de la novedad artística, ideal para la “comidilla”: La presencia de una talentosa mujer que imponía su personalidad tocando la guitarra y cantando canciones interesantes que conmovían el corazón, pero que adolecía de una “falta de bonitéz aguda”.
El vino y la ph´asankalla abonaban el terreno para entender el tiempo que vivía Bolivia: La dictadura del General René Barrientos O. ¿he? ¡O! ¡ha! (Olla de grillos)
La presencia del Che que después de pasear en El Prado, almorzar en el restaurante Ely´s desaparece rumbo a la Higuera donde es capturado por Gary Prado Salmón, es asesinado por orden superior y vuelve a nacer.
Una tarde, cuando Rudy Hendrich, animador-presentador de la Peña Naira es convocado al “nidito de amor” un cuartucho donde dormía, peleaba y se amaba la pareja, Violeta le expone la nueva canción recién compuesta: “Gracias a la vida”. Los bolivianos fuimos los primeros en entender la profundidad de esta canción cuando el cuartucho tenía la atmósfera pulcra de cualquier ciudad suiza y las telas, lienzos, hojas escritas por una mujer que hacía el esfuerzo de mostrarle su alma al mundo adverso de un compañero buscador de aventuras que escapaba del acoso de una mujer y que tenía la belleza en las entrañas.
1976. Tuve la oportunidad estar con Gilbert Favre en Ginebra Suiza, en 1983 con Isabel Parra y cantar en el concierto latinoamericano en el Lago Tiscapa de Nicaragua, en 1986 compartir un concierto en Zurich con Ángel Parra confirmando que los chilenos tienen en Violeta Parra, una bandera de dignidad y cultura.
Convocado por Oscar Marín, ser humano que tiene un cordón umbilical que termina bifurcado en Chile y Bolivia, el pasado año 2012 y por tercera vez, estuve en Sydney Australia allá trabajamos esta canción que hoy y en homenaje a Violeta Parra ofrecemos a quienes creen que la música es el instrumento para hermanar a los seres humanos de este planeta.
El testimonio de Ernesto Cavour; De cómo Violeta Parra se trajo a Chile un charango de Bolivia y también un revólver
La gran compositora y artista chilena trepó en dos oportunidades a La Paz en 1966. En ambas ocasiones fue en busca de su amor, Gilbert Favre. La última vez se trajo de regalo un charango y también un revólver con el que acaso se quitaría la vida algunos meses después. Tal la imensión de la revelación de Ernesto Cavour, uno de los charanguistas más grandes de Bolivia, quien fue amigo de Violeta Parra…

— Me dijeron que Violeta Parra se quedó a vivir en La Paz un mes…

Ernesto Cavour: Sí, se quedó un mes la primera vez, luego volvía constantemente. Iba y venía a Bolivia, incluso a nosotros nos llevaba a Santiago de Chile. La primera vez se los llevó a Los Choclos, unos músicos lustrabotas que tuvieron mucho éxito allá. Después se llevó a Los Jairas y Alfredo Domínguez a finales de 1966. En esa oportunidad, Violeta Parra nos dice a mí y a Julio Godoy, un guitarrista inteligente y vivo, que nos quedáramos en Chile. Y nosotros no queríamos porque en nuestra Bolivia había mucho trabajo. (…) Y Violeta viene a La Paz nuevamente y cuando cantaba lo hacía al estilo de la compositora chuquisaqueña Matilde Cazasola. Un estilo que no llamaba mucho la atención y que no era muy comercial. La señora iba y venía a La Paz y nosotros fuimos tres veces a Santiago.

— ¿Cómo conoció a Violeta Parra la primera vez?

E.C.: Ella llegó por primera vez a la Peña Naira. Vino a buscar al Gringo Favre que era su amor, su vida y quería llevárselo a su tierra. Pero el gringo no quería volver a Santiago, debido a que se había enamorado de la música de aquí. Estaba muy “acercado” a la música boliviana y no logró llevárselo. Y Violeta se queda en La Paz y logra hacer una exposición de pinturas en la Peña Naira. (…) Nosotros teníamos mucha afinidad con Violeta Parra y nos veía cómo tocábamos y cómo era Bolivia. Y también ella empieza a componer: Run run se fue pal norte / no sé cuando vendrá./ Vendrá para el cumpleaños / de nuestra soledad… (tararea Cavour). Y canta: Ya me voy me voy para Bolivia. Sonaron, sonaron los cascabeles. Después Violeta Parra compone Gracias a la Vida y temas más fuertes. Ella era folklorista y tocaba cuecas como la chaquera y la cueca chilena. Era estudiosa de estos ritmos. Posteriormente hizo una música neofolklórica que era lo contrario de Gracias a la Vida. Y en su despedida de La Paz, yo le regalé uno de mis charangos, porque tenía dos. Y Violeta se va a Chile, con ese charanguito graba un disco y verdaderamente su voz queda muy diferente a lo que ella tocaba.

— ¿En qué año regaló ese charango a Violeta Parra?

E.C.: Ha debido ser en 1967, más o menos. Fue el primer charango profesional, artístico y de quirquincho que se va a Santiago de Chile.

— ¿Quién construyó ese charango?

E.C.: Lo construyó el maestro chuquisaqueño Isaac Rivas Romero, quien ya ha fallecido y sólo sus hijos siguen su labor. Yo le di ese charango a Violeta Parra en nombre del conjunto Los Jairas. Hay que tener en cuenta que el charango ya había viajado a esas tierras con los emigrantes potosinos y comerciantes orureños, pero estos eran charangos campesinos. Los comerciantes minoristas de La Paz que viajaban a Arica ya llevaban charangos de afición. Pero el que regalé a Violeta Parra ha sido el primer charango comercial y artístico. Incluso Violeta incentivó al grupo Inti Illimani. Un grupo que nació en la Embajada de Bolivia en Chile, un 6 de Agosto. Este grupo fue a tocar a nuestra embajada y aún no tenía nombre. Y Eulogio Dávalos, un guitarrista virtuoso desde los 12 años de edad, fue a radicar a Santiago de Chile. Y les dijo a los jóvenes músicos chilenos que se llamasen Inti Illimani y así se llamaron. De ahí vino después Illapu que estaba dedicado a otro cerro, el Illampu. En realidad este grupo se llamaba Illampu, pero como se equivocaron en la prensa se llamó Illapu. Además, le quiero contar algo. Antes del golpe de Estado de Banzer, en la época cuando algunos presos logran escapar de la cárcel de San Pedro y también uno que estaba implicado en el gran robo de Calamarca, un individuo, cuyo nombre guardo en reserva, es el que vende el revólver a Violeta Parra. Y yo le digo a Violeta: ”¿Para qué quieres un revólver?” “Para matar perros”, me dijo. Ella tenía en Santiago una peña llamada La Reina. Este nombre tenía doble sentido, porque era Carpa de La Reina que era ella misma y porque la zona se llamaba la Reina. Y nosotros actuábamos también en la Peña El Carmen de los Parra.

— ¿Este revólver fue vendido por un boliviano?

E.C.: Sí; fue por quien volvió a la cárcel nuevamente después de fugarse de ella. La señora Violeta se llevó el revólver y supimos después que se había matado. Tal vez fue con ese revolver, no sé. Yo pienso que se mató por soledad. Ella vivía sola y estaba desolada completamente y su amor la había abandonado. No podemos decir que fue por el Gringo Favre. Fue por otros motivos. Violeta Parra tenía un carácter especial, fuerte, muy duro y exigente. Era una señora geniecillo. Cuando íbamos a actuar a Viña del Mar o a Valparaíso, yo realmente me encontraba frente a una diosa de la canción. Era maravillosa y era una potencia musical, porque tenía conversaciones con Atahualpa Yupanqui y con Horacio Guaraní.

— ¿Usted le enseñó a tocar charango a Violeta Parra?

E.C.: No. Ella aprendió por sí sola, porque tocaba todo mirando. Cuando uno es músico, con experiencia en años, agarra un instrumento, y lo toca rápido y aúnmejor si uno lo ve. Si está bien afi nadito el instrumento que llega a las manos, uno le pesca mirando. Eso ha ocurrido con ella, porque yo bien tocaba el charango y ella nos chequeaba o miraba. Violeta era una forma de autodidacta. Ella aprendía a tocar instrumentos sólo mirando. Se puede decir que ella puso un nuevo estilo a la música en charango, más llano, más sublime y más suave. De esa manera conocimos a Violeta.

— ¿Cómo fue el primer encuentro con Violeta?

E. C.: Yo ya la conocía por referencias discográficas. La conocía como una recopiladora de cuecas y tonadas chilenas. Justamente ella y Margot Loyola eran los principales contrincantes en la recopilación de cuecas y tonadas chilenas. Después de la grabación de los discos, Violeta empezó a tomar otro estilo. Su música se fue convirtiendo más propia y personal. No sólo su canto, sino sus composiciones para arpa, guitarra y quena inclusive. También trabajé con su hermano Lautaro Parra, porque él vino a Bolivia. Con él viajamos por toda Bolivia. El era un payador, porque cantaba e improvisaba lindo. Luego vino aquí un compañero de ella, Alberto Zapicán, quien tocaba el bombo junto a ella y nos visitó por aquí. Pero como Favre, la dejaron sola. Algunas composiciones de Violeta Parra fueron inspiradas en Bolivia. Hay una dedicada al Gringo que decía: Ya me voy, ya me voy para Bolivia… Porque ella vino a nuestro país creo que dos veces. Aquí creó su canción Gracias a la Vida entre otros temas más. Y el charanguito que le regalé está en el disco que ella grabó en Santiago. Gracias a la vida era como la Misa Criolla de Ariel Ramírez. Ambas composiciones daban relevancia al canto latinoamericano, después de la muerte de Violeta Parra.

El testimonio de Leni Ballón. El cuarteto andino: Peña Ñaira, Pepe Ballón, Gilbert Favre y Violeta Parra

Leni Ballón nació en La Paz el 13 de mayo de 1946. Fue bailarina de ballet y de danza española, con Carmen Bravo y Melba Zárate respectivamente. Estudió en el Colegio Israelita. Su mamá se llamaba Elena Morales Sarco y su papá Luis Alberto Ballón Sanjinés, más conocido como Pepe Ballón. En la actualidad, vende libros y a veces trabaja como maquilladora profesional. (En diciembre del 2011 fue reconocida como meritoria trabajadora del cine, en su rol de maquilladora en las más importantes producciones cinematográficas del país en las últimas décadas, nr). Tiene un pequeño archivo con recortes de periódicos locales y revistas del extranjero que tratan de la muerte de Violeta Parra, y también de su tránsito en La Paz…

— Me he informado que el gringo Gilbert Favre estaba escapando de esta relación tan pasional…

Leni Ballón: Lo que pasa era que Violeta Parra era una mujer sumamente talentosa y virtuosa que se había enamorado del Gringo y éste de ella. Ella era mayor que el Gringo y además era muy absorbente y fuerte.

— Me han dicho que el gringo era muy mujeriego…

L. B.: No sé. De esa parte de mujeriego en Chile no sé. Pero lo que yo sé es que el gringo se cansa a tanto acoso de la Violeta Parra y decide escaparse. Incluso cuando sale de Chile, lo hace por el desierto de Atacama. Va seguramente a Arica y después sube al desierto de Atacama y se pierde el gringo y lo rescatan unos arqueólogos y llega a Bolivia.

Una señora muy desgreñada

— ¿Así fue su ingreso a Bolivia?

L. B.: Resulta que un día mi papi estaba en la galería a esa hora de la tarde y llega una señora muy desgreñada, de haber pasado un viaje terrible seguramente, con su maletita. Entra y le dice busco a Gilbert Favre. La impresión que tuvo mi padre de entrada fue un poco desagradable porque era una mujer que había viajado durante mucho tiempo por tierra y venía sucia. Además era fi erita y una mujer medio feita. Mi papá le contesta que Gilbert no está aquí. Pero pase por favor, tome asiento y si quiere esperarlo no creo que demore.

— ¿En qué fecha ocurre este memorable encuentro?

L. B.: Eso fue como el 67, porque Violeta Parra llega a La Paz a comienzos de año. Como te dije entra la señora, y mi padre se pone a charlar con ella y comienza a encontrar una mujer distinta a la que veía. O sea, ese aspecto tan peculiar que le dio de entrada se modifi ca a algo maravilloso, porque mi padre encuentra a una mujer de una cultura muy buena y una persona de una picardía sin igual y de una alta sensibilidad. Esa mujer comenzó a cambiar ante sus ojos.

— ¿Durante qué tiempo charlan y cómo ocurrió ese cambio?

L. B.: Charlan una hora o más o menos, creo. Y resulta que mi papá al oírle charlar tanto le preguntó: ¿Cuál es su nombre? Y ella le dice: Violeta Parra. “¿Pero cómo no? Si yo la conozco, Gilbert me ha hablado maravillas de usted y ahora veo que él realmente tenía toda la razón. Estoy sorprendido y feliz de que usted esté en Bolivia”. Y ese fue el encuentro de mi papá con Violeta Parra.

El nidito de amor

— ¿Qué sucede después?

L. B.: Entonces llega el gringo Favre y ambos se dan un gran abrazo. Para esto, Gilbert no tenía un lugar para morar. Lo que sacábamos en la galería era pues mínimo para sobrevivir. Viendo esta situación, mi padre le dice: “Oye gringo, aquí en el depósito atrás hay un cuartito que te lo podemos habilitar o tú habilítalo y vente a vivir, porque no tienes dónde vivir.” Y le cedemos dicho lugar que había en Peña Naira y era un lugar muy pequeñito que él lo arregló precioso. Entre ambos ponen unas tablas en el piso de tierra, encima colocan el colchón y unos estantes porque había una ventanita.

— ¿Eso sigue habiendo en Peña Naira?

L. B.: Claro. Ahora ahí hay un restaurante. Allí se acomodó el gringo y cuando llegó la Violeta, por supuesto se alojó con el gringo. La Violeta vino con la idea de rescatar al gringo, a quien amaba profundamente.

— ¿Quería llevárselo nuevamente a Santiago?

L. B.: Claro. Pero ella no estuvo mucho tiempo en La Paz. Se quedó un mes. Para este tiempo, el gringo ya era un mujeriego. Aquí sí era un mujeriego, porque además las mujeres lo perseguían porque era un hombre simpático, agradable, lleno de chispa, humor y de sabiduría. Era un gran músico. Y comienzan las chiquillas y las mujeres medio a acosarlo, y como cualquier hombre cedió acaso a la tentación y estuvo con gil y mil. Incluso nosotros teníamos miedo que cuando estaba Violeta Parra adentro llegara una de sus chicas, a la que llamábamos su Fotonovela. La cuestión es que pasó ahí la Violeta Parra, después actuó en la Galería Naira.

Violeta expone dibujos en La Paz

— ¿Qué noche sucedió esa presentación?

L. B.: Violeta Parra pide que le compremos cartulina y marcadores. Y comienza a pintar en la galería Naira. Además de pintar y exponer dibujos, la Violeta Parra actúa y canta. Esto ocurrió en mayo de 1966, después de varias semanas que llega a La Paz. Ella pintó algunos dibujos con marcadores. Hizo una pintura primitivista y muy especial. (Leni ve un recorte del periódico El Diario y lee lo siguiente: “Los dibujos emotivos trasuntan en su autora un espíritu que capta y expresa escenas y personajes que adquieren vida en sus rastros. Presentó anoche Violeta Parra en la Galería Naira. Sus numerosos trabajos merecieron elogiosos comentarios. Son obras que demuestran gran sensibilidad, no en vano Violeta tiene alma de artista. Luego de inaugurada la muestra tuvo lugar la 13 presentación de Violeta Parra en interpretaciones folklóricas de Gilbert Favre en su ya popular quena y del conjunto Los Caminantes, Los Choclos y el afuerino (Alfredo Domínguez). Todos ellos como siempre obtuvieron muchos aplausos”. Esto fue la noche del jueves 26 de mayo de 1966. Lo que sucedió es que se inauguró la exposición y se hizo después una especie de peña.

— ¿Puedes recordar algunas escenas de cómo ella preparaba sus dibujos para exponer en la Galería Naira?

L. B.: Violeta Parra preparó sus dibujos en cartulina. Se hace la inauguración de la exposición con músicos, con una especie de peña al final como te dije. Violeta vivía en la galería, vivía ahí adentro. Siempre teníamos contacto con ella. Me regaló una fotito suya que la guardo por ahí. Era una persona maravillosa, tal como la encontró mi papá la encontré yo, pese a mi juventud.

Gracias a la vida

— ¿Es cierto que la canción “Gracias a la vida” lo estrenó en la Galería Naira?

L. B.: Sí. Además Violeta Parra lo compuso en la Galería Naira. Había un colaborador nuestro que se llamaba Rudy Hendrich y este amigo había llegado un día a la galería y entró al depósito a saludar a la Violeta Parra. Y ella le dijo: “Mira Rudy lo que he escrito. Quiero que lo veas.” Y Rudy vio que Violeta había escrito la canción Gracias a la Vida con su puño y letra en un cartón de zapatos. En esa canción habla del Gilbert Favre, de sus ojos claros. También habla de la casa y del patio, porque saliendo del depósito donde ellos vivían había un patio delante de otro patio. Es que había dos patios en la Galería Naira. Violeta habla de todo eso. Ella compone aquí esa canción al gringo Favre. Es una canción bellísima…

— ¿Hubo una simpatía vivísima de tu padre con Violeta no sólo artística, sino política?

L. B.: Yo creo que además de la calidad de mujer que era Violeta Parra, el vínculo que hay sobre todo con mi padre es el arte y también las ideas políticas. Mi padre era un hombre de izquierda. Un hombre que había luchado toda la vida. Mi padre fue fundador del partido Comunista boliviano y ha estado vinculado toda la vida a la izquierda. Yo creo que eso fue también algo que inmediatamente los unificó. Los hizo ver que pucha, eran dos personas que se entendían en todo aspecto tanto cultural como artísticamente. Sin ser mi padre un artista, era un amante del arte. Yo creo que fue uno de los gestores más grandes de la cultura en La Paz. Yo alguna vez he contado esta historia de la Galería Naira, la Peña Naira y de Pepito en México. Mi padre estaba exiliado en México y la gente me decía: En vez de estar exiliado este señor debería ser ministro de cultura. Pero no, a mi papá lo combatieron, lo apresaban, lo confinaron y lo exiliaron varias veces.

— Hay algo que no está muy claro. ¿La primera llegada de Violeta Parra a La Paz, ella sólo expuso sus dibujos y no cantó?

L. B.: No. Violeta cantó. Qué no iba a cantar en la peña. Lo hizo en cuatro oportunidades. Y expuso una sola vez sus dibujos. Mientras que la segunda vez que ella vino a La Paz sólo cantó.

— ¿En las posteriores visitas de Violeta Parra a La Paz, a qué artistas se lleva a Santiago para actuar?

L. B.: Viene y se lleva a Los Jairas a tocar en su carpa en Santiago. También se lleva a Los Choclos, que eran unos muchachos lustrabotas de la Plaza Murillo que les gustaba tocar zampoñas. Todavía están vivos algunos…

El testimonio de Jorge Miranda
Entrevista: Juan Carlos Ramiro Quiroga

“Mar para Bolivia, habla Violeta Parra”

Tal la revelación sobre una de sus exclamaciones favoritas que utilizaba la gran artista chilena cuando atendía por teléfono, resaltada en una entrevista a don Jorge Miranda, 77 años, un integrante de Los Choclos, un conjunto musical boliviano que tocó en la famosa Peña Naira en La Paz y en el Circo La Reina de Violeta Parra en Santiago. Jrge Miranda nació en La Paz en 1931. Fue vendedor de periódicos y también billarista. Trabaja 56 años en la Plaza Murillo, centro del poder político en Bolivia, como lustrador de calzados. El 50 se licenció del cuartel y el 51, a la edad de 20 años, se fue a incorporar a Los Choclos…

— ¿Cómo se contactó con ustedes la señora Violeta Parra?

Jorge Miranda: Cuando ya estábamos actuando nosotros en la Peña Naira, llegó una señora chilena. No la conocíamos ni sabíamos quién era. Y cuando Violeta Parra nos ha escuchado tocar, ha dicho que por qué no vamos a Santiago de Chile.

— ¿Les ha invitado personalmente?

J.M.: Nos ha invitado ella y Gilbert Favre ha dicho sí. Vamos a juntar harto dinero para llevarlos. Después cinco personas del conjunto Los Choclos hemos viajado a la primera peña que había sido de los Parra en Santiago de Chile. Tocamos en dos oportunidades. Los hijos de Violeta Parra también tocaban y cantaba, y era lindo. Ahí hemos sabido que los políticos los estaban buscando, porque los hijos de Violeta Parra daban la contra al gobierno.

— ¿Qué les contaba Gilbert Favre de su relación con Violeta?

J.M.: Que le exigía mucho en todo, que trabaje. Y él no podía trabajar porque le gustaba la música, la quena. La fl auta tocaba lindo. También ella tocaba y nosotros tocábamos nuestros instrumentos. Le han gustado nuestros instrumentos andinos.

— ¿En qué año fueron a Santiago?

J.M.: Ha debido ser a fines de los años 60, no recuerdo muy bien.

— ¿Tocaron en la carpa de Violeta Parra?

J.M.: Primero fue en la peña de los Parra, después en la carpa de Violeta Parra. Ahí hemos tocado. Y recuerdo que cuando le llamaban por teléfono, ella hablaba y decía: “Mar para Bolivia, habla Violeta Parra”.

— Qué bueno, y ¿qué más decía?

J.M.: Y todo aquel que llamaba, quería el conjunto Los Choclos y nos invitaban a todas partes.

— ¿Qué temas tocaban allá en Santiago?

J.M.: Tocábamos todo, entre huayños, cuecas… Son muchas piezas y las tenemos hasta ahora mismo. Es muy difícil recordar tantas piezas antiguas.

— ¿Cómo era doña Violeta?

J.M.: Era muy buena persona. Caramba, nos decía: “¿Qué es lo que quieren?, ¿poroto quieren?, ¿café quieren?, pero ¿díganme qué?” Cada día poroto y poroto nos daba. Una vez hemos ido a actuar ante una de sus amistades. Doña Violeta había conseguido la pega para nosotros y nos iban a pagar. Ella cobró, nos dio y alcanzó para sus gastos. En la carpa nosotros actuábamos de noche nomás.

— ¿Cuánto tiempo se quedaron en Santiago?

J.M.: Casi un mes y medio.

— ¿Y Favre les acompañó?

J.M.: Sí, con él más hemos ido. Violeta Parra, Gilbert Favre y nosotros.

— ¿Otros grupos musicales les acompañaron en este viaje?

J.M.: Han ido otros grupos, pero no nos conocíamos bien. Éramos medio alejaditos. Con otros artistas más hemos viajado. Ahí hemos sabido que a los hijos de Violeta Parra los han asesinado en el Estadio.

— ¿Qué cosas más recuerda de doña Violeta?

J.M.: Cuando estábamos armando la carpa de doña Violeta, se caían todos los postes grandes y no podíamos armarla, porque el lugar era un cenizal. Y caía un aguacero y en 15 días no vimos el sol. Pura lluvia caía de día y de noche. Hemos subido al cerro San Cristóbal, cerro Santa Lucía; pero las fotografías que nos sacábamos salían bien opacas a causa de la neblina y la lluvia. Tenían funiculares para subir allí. Y nos bajábamos a pie, viendo de paso el zoológico que había ahí. Hemos aprovechado de conocer todos esos atractivos de Santiago de Chile. Pero lo que más me ha gustado era lo que Violeta Parra decía: “Mar para Bolivia, habla Violeta Parra.” Así decía cuando contestaba el teléfono. “Y quiero a los músicos”, añadía.

— ¿Y cuánto les pagaban por actuación?

J.M.: 50 a 40 pesos chilenos. Creo que era al cambio unos 100 bolivianos. Y cuando ya estábamos en La Paz, hemos logrado saber que doña Violeta Parra había fallecido en Santiago de Chile. Lo hemos sentido harto. Luego Gilbert Favre murió no sé en qué parte de Europa.

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